Mostrando las entradas con la etiqueta Clínica de apoyo al escritor trabado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Clínica de apoyo al escritor trabado. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de agosto de 2008

Clínica de apoyo al escritor trabado (1)

Recibimos el siguiente mensaje:
Lic. Johan Bombay:
Soy (o intento ser) un escritor. Estoy frustrado porque hace tiempo intento finalizar algunos relatos y sólo queda en mí un sabor amargo de inconformidad. He estado escribiendo pero ninguna palabra representa dignamente las ideas que acometen mi cabeza. Puedo especificar algunas de mis fallas para facilitarte la ayuda y los consejos:
1- Finales truncos, no resuelven correctamente.
2- Brevedad cuantitativa.
3- Complejidad extrema en algunos enunciados.
4- Demasiada síntesis, poco desarrollo, desenlace inmediato.
Espero me pueda asistir...
Cariñosamente
Archiduque de Applecore
* * *
Estimado Archiduque de Applecore:

Por supuesto que te quiero agradecer el hecho de que escribas buscando consejos a esta página, así como te quiero felicitar por escribirme, porque por lo visto sos un muchacho/escritor con ansias de llegar a cosas tremendas.
Leí con interés sumo tus inquietudes. Después las leí de vuelta...
Lo que manifestás de tus preocupaciones acerca de no poder conseguir ciertos detalles en tus narraciones no es para preocuparte tanto, es normaaaaaaal, diría yo, porque esas cosas un día se terminan, por una cosa u otra, pero se terminan. Bueno, sigo... A ver...
Te cito: "He estado escribiendo pero ninguna palabra representa dignamente las ideas que acometen mi cabeza."... Ahora, digo yo, ¿y qué tal si las representa "indignamente"? En una de esas nos sale por ahí un Henry Miller, qué sé yo, algún tipo así de retorcido.
Continúo comentando el punteo de lo que considerás "fallas":

1- Finales truncos, no resuelven correctamente. (No te precupés, m'hijo, los finales son lo de menos, como en el tango, ¿viste?... Dos notas y a otra cuestión... Bueno, en literatura es similar, hay finales buenos, no te voy a decir que no, pero por lo general los lectores no leen libros por el final que tengan, sino por el comienzo, así que dale para adelante...)
2- Brevedad cuantitativa. (¿Eso qué quiere decir? ¿Qué escribís poco? ¿Qué falta desarrollo? ¡¡Es normaaaaaaaaal!!... A mí me pasó mucho en una época. Seguramente querés escribir relatos largos tipo Hemingway o directamente novelas; y bueno, listo, para eso lo que se precisa es el ripio. O sea, en criollo viejo: el relleno, mi negro, el cascoterío más o menos fino que tiene que haber en toda historia. Para eso te recomiendo que te hagas instalar frente a la ventana de donde escribís una volqueta con desperdicios de alguna construcción. Es muy útil. Si estás trabado te levantás, salís y mirás todo el cascotaje distinto. Es interesante. Ahí nomás te imaginás cosas distintas que entren en la volqueta de tu imaginación.)
3- Complejidad extrema en algunos enunciados. (Seguramente eso sea, cuando no un gongorismo mal curado, una influencia desmedida del ciego Borges... Vas a tener que darle al contrapeso, viejo, y para empezar te recomiendo "La bruja de Portobello" de Paulo Coelho. La verdad que la prefiero de entre todas sus novelas porque hay algo que la hace distinta, que es la teta que hay en la tapa.)
4- Demasiada síntesis, poco desarrollo, desenlace inmediato. (Te podría decir que releyeras mi consejo para la preocupación 2, pero sería poco ético de mi parte, como no querer aplicar todo el tiempo posible en tu ayuda. Así que yo te digo esto... Pensá, pensá, Duque de Applecore, que un cuento, un relato, lo que quieras, es un repollo arriba de una mesa, y que vos agarrás y vas desgajando el repollo. Un cuento sintético es un repollo cerrado, sin pelar.
Gracias por tu consulta. Espero tus resultados.
Lic. Johan Bombay

martes, 5 de agosto de 2008

Clínica de apoyo al escritor trabado (presentación)

El benemérito e infalible Lic. Johan Bombay

El servicio que los asiduos lectores de la tartatextual estaban esperando. El crucifijo que viene a ahuyentar al vampiro de la falta de ideas. La bala de plata en el pecho del hombre-lobo de la página en blanco. La caricia de la madre que enciende la luz del cuarto para que el cuco de la inseguridad no se atreva a sacar sus afiladas garras de debajo de la cama. Basta, señores escritores, de amilanarse ante su propia ineptitud
Es tiempo de dejar en el pasado esa condición que tan famosos los ha hecho a los ojos del mundo: la condición de seres pusilánimes, aterrados ante el duro desafío de contar una historia.
"Uy, uy. Qué miedo. Quiero contar algo pero no sé cómo empezar, no sé qué palabras usar, no sé dónde meterme el punto y coma, no sé si quiero que el protagonista se llame Waldemar o Asdrúbal, no sé si quiero que use lentes de carey y sombrero de bombín, no sé si quiero sonar como un nihilista o como un creyente empedernido, ¿imito a Bukowski o a Tom Wolfe?, no sé, es todo tan difícil, ah, ah, qué insoportable sufrimiento el del artista que aspira a la fama y la fortuna.
¡Pero por Cheever! ¡Basta de autocompasión! Desde este blog nos hemos propuesto transformar a estas personas (más para no tener que seguir soportando sus desgarradores quejas que por un espíritu altruista que no poseemos) en gente más recia, más confiada, menos pelotuda. Así que damos comienzo a partir de este momento al curso on-line y gratuito para escritores bloqueados: la Clínica de Apoyo al Escritor Trabado.
Para ello hemos hecho el esfuerzo de contratar a un especialista infalible en la materia: el Lic. Johan Bombay, conocido en el ambiente como "el maestro", pero que se define a sí mismo como el plomero que ha destapado las cañerías creativas de cientos de autores discretos en los cinco continentes.
De aquí en más los lectores de tartatextual, más precisamente aquellos que tengan en sí el germen, la voluntad de traspasar a papel aquello que aparece en su cerebro, tendrán en Bombay el receptáculo idóneo para depositar sus inquietudes.

(idea y producción: DGB y LAC)