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domingo, 28 de diciembre de 2008

Verano III (siesta)

Anoche dormí poco y mal... Poco, primero, porque me quedé hasta bien entrada la madrugada leyendo y escribiendo. Poco y mal, en segundo término, porque el calor era insoportable, y la tormenta que llegó a las cuatro o las cuatro y media de la mañana no ayudó a refrescar el aire que entraba por la ventana. Así que hoy, después de almorzar, me acosté a leer y me quedé durmiendo una siesta impensada en la que soñé lo que sigue... Estaba en el patio de la casa de mis padres, pero al mismo tiempo ese patio era como una calle peatonal, con un montón de cahivaches tirados sobre la vereda, pero no exactamente basura. En eso veo venir hacia mí a tres personas, dos de ellas son niños varones, que sostienen a alguien más. Es decir, había que mirar con cierta atención para determinar lo que era en realidad ese "alguien más": otro niño, pero uno al que le ha sucedido una cosa que le cambió el aspecto físico de manera increíble. Lo que me hace acordar (en el mismo sueño) a lo que estaba escribiendo la noche anterior. Entonces les pregunto a los niños que van a los costados si ese que está en el medio es el que yo creo que es, o sea el personaje principal de mi cuento. Los dos niños abren los ojos demostrando no sólo sorpresa, sino algo de vergüenza ajena.
-¿En serio no te diste cuenta? -preguntan.
Y siguen de largo como ignorándome.
Cuando me desperté volví a la lectura de "La gitanilla", de Cervantes, y marqué en seguida un párrafo que me ha sorprendido por el cambio de la perspectiva del narrador. No se trata ya del narrador pudiendo opinar sobre cual o tal pensamiento o acción de un personaje, sino otra cosa que muchos podrán juzgar "cinematográfica", cuando sabemos que es al contrario: muchos recursos del cine son hallables en la literatura, si es que se puede dar hasta cierto punto eso de homologar recursos de un lenguaje a otro. Cuando el futuro Andrés Caballero, quien se sacrificará por lograr el amor de la gitanilla, lee por azar un soneto que le ha sido dedicado a esta por un paje, Preciosa no deja pasar el tiempo para infundir celos.
"-No es poeta, señor, sino un paje muy galán y muy hombre de bien -dijo Preciosa."
Hasta acá parece que vamos a encontrar la respuesta de Andrés o la reacción que tienen en él esas palabras. No del todo. Viene un aparte entre el narrador y Preciosa que crea una atmósfera de detención, como si todos los demás personajes se hubieran petrificado y sólo la gitanilla tuviera el don del movimiento. Parece ser un recurso que recuerda vagamente algo de la tragedia griega, pero acá es bastante cómico y no menos original. Dice el narrador a continuación:
"Mirad lo que habéis dicho, Preciosa, y lo que vais a decir, que ésas no son alabanzas del paje, sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés, que las escucha. ¿Queréislo ver, niña? Pues volved los ojos y veréisle desmayado encima de la silla, con un trasudor de muerte; no penséis, doncella, que os ama tan de burlas Andrés que no le hiera y sobresalte el menor de vuestros descuidos. (...)"
Lo mejor, viene luego, cuando la cinta vuelve a rodar y el narrador ya nos presenta un Andrés distinto: "Todo esto pasó así como se ha dicho: que Andrés, en oyendo el soneto, mil celosas imaginaciones le sobresaltaron. No se desmayó pero perdió la color (...)"



sábado, 27 de diciembre de 2008

Verano II (Cervantes)

Estoy también con las "Novelas ejemplares", de Cervantes. Releyendo algunas y leyendo por primera vez otras. Con Cervantes me pasa que debe ser el único dentro de todos los clásicos que me vuelve frenético. Simplemente no puedo jamás dejar de asombrarme del nivel de creación que desplegó en toda su vida. No hablo siquiera de la cantidad que escribió, sino de lo variado de sus argumentos y de las escenas que ha imaginado. En eso está lo prolífico. Pero además en lo apasionantes que se vuelven esas creaciones. ¡Mire que ocurrírsele a un escritor un personaje que de repente se cree que está hecho de vidrio! ¡Vaya! Cosas así, puntos de partida de ese tipo con sus subsiguientes desarrollos son los que me conmueven y me dejan, como ya dije, en un estado de frenesí inigualable. Pensar en Cervantes es pensar en escribir. Como me pasa con otro autor que, más allá de las obvias diferencias, yo junto con Cervantes en las afinidades de mi cabeza lectora: César Aira. A Aira va a haber que leerlo un día como a Cervantes se lo lee hoy en tomos de Aguilar. Yo creo que ahí, cuando se recopile todo Aira, se va a tener la muestra cabal de lo que es su poder de imaginación.
Volviendo a Cervantes, quiero terminar sin embargo este apunte copiando algunas frases que aparecen en el prólogo a las "Novelas ejemplares", y que se me han pegado como un chorro de helado derretido entre las uniones de los dedos:
"Y así te digo (otra vez, lector amable) que destas novelas que te ofrezco en ningún modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen pies ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca (...)"
"Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos donde cada uno pueda llegar a entretenerse sin daño de barras; digo, sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan.
Sí, que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean: horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse."