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lunes, 30 de agosto de 2010

Segundo partido entre escritores (resumen)

[Maldonado festeja uno de sus goles. González Bertolino alumbró los goles de su equipo luego de que Trujillo los preparara.]


Fecha:
Sábado 28 de agosto de 2010, hora 11:00

Cancha: Calle Treinta y Tres entre Lois y Centenario, Minas, Lavalleja.
Condiciones climáticas: Cielo cubierto. Tormentoso. Temperatura media: 22º. Humedad 94%
Árbitro: (sin árbitro)

Maldonado 12: Damián González Bertolino (5); Ignacio di Tullio (3); Ignacio Fernández de Palleja (1); Valentín Trujillo (1); Leonardo Cabrera (en contra) y Horacio Cavallo (en contra)
San José 6: Pedro Peña (4); Leonardo de León (1) y Leonardo Cabrera (1)

Tarjetas amarillas: Ignacio Fernández de Palleja (M); Ignacio di Tullio (M); Rodolfo Santullo (SJ).

Tarjetas rojas: No hubo.

PRIMER TIEMPO (Maldonado 3 - San José 1)

'1 GOL: González Bertolino, definiendo de primera tras pase al segundo palo (1 - 0)
'2 Intento de Cavallo
'3 Intento de Trujillo
'4 Intento de González Bertolino. Contragolpe: intento de Peña
'5 GOL: de León, con disparo cruzado y bajo (1 - 1)
'9 Tiro al arco de González Bertolino. Atajada de Santullo
'11 Tiro al arco de Trujillo, sale desviado. Tiro al arco de Cabrera, da en el palo. Remate de Trujillo desde la mitad de la cancha: ataja Santullo
'12 San José presiona buscando el segundo gol
'12 Remate de González Bertolino. Santullo rechaza al corner.
'13 Tiro de González Bertolino: ataja Santullo
'14 Intento desde media cancha de di Tullio: tiro de esquina
'14 Intento de Cavallo
'15 Dos llegadas de San José
'16 Tiro al arco González Bertolino
'17 Tiro al arco de di Tullio
'18 Tiro al arco de Peña: pega en el palo
'20 Llegada de Maldonado. Intento de González Bertolino
'21 Llegada peligrosa de Maldonado: tiro de González Bertolino: ataja Santullo
'22 Se salva Maldonado de nuevo: Remate desde lejos de Leonardo Cabrera: pega en el poste derecho del arco de Muniz.
'23 Dos llegadas consecutivas de San José, con remates de Cabrera y Cavallo, son atajadas por Muniz
'24 Llegada de Maldonado: sin peligro.
'25 Dos tiros de esquina seguidos para Maldonado: finalmente contiene Santullo.
'27 Tiro al arco de di Tullio, desviado.
'27 GOL: González Bertolino roba una pelota y define cayéndose y de puntín por entre las piernas de Santullo (2 - 1).
'28 Una llegada para cada lado. Los remates de González Bertolino y de Cavallo sin éxito.
'29 Tiro desde media distancia de Cabrera
'29 GOL: jugada conlectiva entre González Bertolino, Trujillo y di Tullio. Pase de di Tullio desde la izquierda al medio, González Bertolino remata de derecha y de primera con cara interna, la pelota da en el ángulo. González Bertolino captura el rebote y fusila a Santullo (3 - 1)
'30 Tiro peligroso de de León.
'31 Llegada de San José sin peligro.
'32 Llegada de Maldonado: tiro de Trujillo.
'32 Tiro de Cabrera y fin del primer tiempo

ENTRETIEMPO: Fernández de Palleja con serios problemas de descompostura.

SEGUNDO TIEMPO: (Maldonado 9 - San José 5)

'1 Tiro de Peña. Ataja Muniz.
'2 GOL: Peña recupera una pelota y encara a la defensa. Elude a un par y la pone contra un palo ante la salida de Muniz. (3 - 2)
'2 GOL: Nueva corrida y enganche de Peña para batir a Muniz. (3 - 3)
'3 Llegada de Maldonado: intento de cabeza de González Bertolino. Se va por encima del travesaño.
'4 GOL: Peña recibe la pelota, la frena, la pisa, mira el arco y patea alto y contra el travesaño fusilando a Muniz. Peña redondea en dos minutos una gran actuación personal, haciendo tres goles consecutivos y adelantando a su equipo. (3 - 4)
'4 GOL: di Tullio define suave y bajo ante la salida de Santullo. (4 - 4)
'5 Llegada de González Bertolino, remate desviado.
'6 Tiro de di Tullio
'6 GOL: Gol en contra de Leonardo Cabrera, no puede retener el balón y descoloca a Santullo. (5 - 4)
'8 GOL: Fernández de Palleja trepa por el lateral izquierdo y define bajo contra el pie de apoyo de Santullo. (6 - 4)
'9 Tiro al arco de di Tullio
'10 Intento de de León.
'11 GOL: di Tullio (7 - 4)
'11 GOL: Vistoso gol. González Bertolino recibe la pelota y la jopea sobre un costado de Leonardo Cabrera cuando este sale a marcarlo. González Bertolino la va a buscar por el otro lado y ajusta el remate hacia abajo ante la salida de Santullo. Estalla el equipo de Maldonado. (8 - 4) González Bertolino se lo dedica a su señora mamá en claro gesto. [Se siente el impacto del gol]
'13 Jugada personal de Trujillo: atajada de Santullo
'14 Tiro de di Tullio
'15 Jugada personal de González Bertolino. Elude dos jugadores y luego a Santullo. Define luego de zurda. La pelota da en el travesaño, baja, pica sobre la línea y sale.
'18 GOL: Gran jugada de Trujillo llevando la pelota desde su área casi hasta la rival, sacándose un par de hombres de encima. Pase al vacío para González Bertolino, que define picando la pelota para darse un autopase y eludir a Santullo, definiendo fuerte con el arco vacío. Quinto gol de González Bertolino, con el que se transforma en el goleador del partido. (9 - 4)
'19 Leonardo de León se retira extenuado del campo de juego. Sustituído por Agustín García (amigo, jugador invitado).
'21 GOL: Foul sobre Pedro Peña. Mientras algunos jugadores rivales se preocupan por la salud del jugador de San José, García saca rápidamente hacia atrás el tiro libre. Cabrera llega a la carrera y remata desde casi la mitad de la cancha. Es un golazo. El remate es violento y se cuela contra el palo ante la mirada atónita de los jugadores de Maldonado. (9 - 5)
'22 GOL: San José reacciona. Gran gol de Pedro Peña, dribbleando y definiendo ante salida de Muniz. (9 - 6)
'24 GOL: Cavallo en contra. (10 - 6)
'26 Sale lesionado Cabrera tras golpe de di Tullio (que recibe tarjeta amarilla). Entra de León de nuevo a la cancha.
'27 GOL: di Tullio (11 - 6)
'29 GOL: Trujillo (12 - 6)
'30: Fin del partido.

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Entrega de premios:

Mejor jugador del partido: Pedro Peña
Goleador: Damián González Bertolino (5)
Mejor arquero: Fabián Muniz



(*) Agradezco profundamente a Agustín García, quien tomó la gran base de estas notas mientras el partido se jugaba y me las cedió con total generosidad.

miércoles, 25 de agosto de 2010

¡Mamá, ese escritor está jugando al fútbol!

En la imagen (arriba, de izq. a der.): Ignacio di Tullio, Pedro Peña, Ignacio Fernández de Palleja, Leonardo de León, Rodolfo Santullo, Valentín Trujillo, Martín Bentancor (cronista del partido); (debajo, de izq. a der.) Agustín García (jugador invitado), Gastón Brito (jugador invitado), Leonardo Cabrera, Damián González Bertolino y Fabián Muniz.

La obtención por parte de Leonardo de León del XVII Premio Nacional de Narrativa, por su libro "No vi la luna", es la causa perfecta, más que perfecta, para la revancha del encuentro fútbolístico del año pasado en Minas, cuando el representativo de escritores de Maldonado venció a su similar de San José por un ajustado 8 a 7.
La revancha se va a realizar en el mismo lugar de Minas: la cancha de fútbol-5 de la calle Treinta y Tres, a una cuadra de Avenida Centenario, el sábado 28 de agosto, a las 11 de la mañana.
Seguramente muchos de los asistentes y de los jugadores tienen todavía el recuerdo exacto de varias de las incidencias del cotejo anterior: la temprana salida por lesión de Leonardo de León que dejó a su equipo con el agua al cuello; los potentes remates de media distancia de Ignacio di Tullio; las atajadas estupendas de Rodolfo Santullo; el despliegue fervoroso de Leonardo Cabrera en el mediocampo; las pizarreadas de Valentín Trujillo; el estupendo gol de taco de Pedro Peña... No es poca cosa lo que se jugará el sábado 28, a pocas horas de la entrega de la Medalla Morosoli de Oro.
Las alineaciones son casi las mismas del año pasado, y en algunos casos presentan a jugadores invitados que defenderán con todo su honor los colores del departamento por el que jueguen. Ese es el caso de Ignacio di Tullio, poeta argentino que sin embargo vive en la localidad bonaerense de San Fernando (lo que lo acerca sin lugar a dudas a Maldonado). También ocurre algo similar en la formación de San José con Horacio Cavallo y Rodolfo Santullo, montevideanos, y con Leonardo de León, minuano.

Los equipos, ya confirmados, son los siguientes.

Maldonado: Fabian Muniz; Ignacio Fernández de Palleja, Ignacio di Tullio; Valentín Trujillo y Damián González Bertolino.

San José: Rodolfo Santullo; Horacio Cavallo; Leonardo de León, Leonardo Cabrera y Pedro Peña.

jueves, 15 de julio de 2010

No vi la luna


Y ahora una noticia que me ha dejado muy feliz, así como a todos los amigos lectores de este blog. Leonardo de León (Minas, 1984) es el flamante ganador del XVII Premio Nacional de Narrativa, Narradores de la Banda Oriental.

Leonardo ha trabajado, entre otros medios, en las revistas La Letra Breve e Iscariote, publicando cuentos y artículos literarios. En 2007 recibió una de las menciones de honro del Primer concurso de cuentos Francisco Espínola. Además es docente de Literatura en liceos de Minas y un lector insaciable y curioso. También es un padre de familia que en su tiempo libre condesciende a jugar algún que otro partido de ping-pong o de paddle con los amigos que llegan hasta Minas para visitarlo.
Por su libro de cuentos titulado "No vi la luna" (que aparecerá en setiembre en Ediciones de la Banda Oriental), Leonardo se ha transformado ahora en el ganador más joven de la historia de este premio, con 25 años. Y también es el primero que puede decir que la medalla Morosoli de Oro, que le va a ser otorgada en la ceremonia de premiación, queda en la tierra del entrañable autor de "Tierra y tiempo".
¡Felicitaciones, Leonardo!

viernes, 3 de julio de 2009

Ta, ta, ta, ta, ta, ta, ta...


La idea comenzó con un post en el que Pedro Peña establecía ciertas analogías (que estarán por comprobarse, de todos modos) entre la manera de narrar y la forma de jugar al fútbol. Días después, charlando por messenger con Ignacio Fernández, se nos vino la idea de que una buena manera de reencontrarnos, para algunos, y de vernos por primera vez, para otros, sería la de jugar un partido de fútbol 5 en la ciudad de Minas el mismo día de la premiación del Premio Nacional de Narrativa. Ese fue el inicio, digamos... Con el correr de las horas me puse a sondear las distintas posibilidades de asistencia al partido. Y resultó que muchos podían jugarlo. Algunos días más tarde, Valentín comentó el asunto en Banda Oriental y a Heber Raviolo lo entusiasmó de tal manera que no sólo quiere ser espectador del match entre escritores, sino que ofreció que la editorial lo auspiciara. Y en esas estamos... Lo cierto es que Banda Oriental puso ciertas condiciones. Primero: que el partido se juegue de mañana para que más tarde haya un almuerzo de camaradería. Segundo: que el encuentro sea entre San José y Maldonado. Esto último, sobre todo, encauzó de forma más o menos indiscutible las alineaciones. Pero como cada equipo no llega a completar con naturales de cada departamento, se hizo la excepción de permitir jugadores "extranjeros".
Acá van las alineaciones:

MALDONADO: Ignacio di Tullio (invitado desde Buenos Aires), Ignacio Fernández de Palleja, Damián González Bertolino, Alfonso Larrea y Valentín Trujillo.

SAN JOSÉ: Leonardo Cabrera, Leonardo de León (invitado desde Minas), Gastón (apellido a confirmar), Pedro Peña y Rodolfo Santullo (invitado desde Montevideo).
Veedor del partido: Martín Bentancor (representante de la liga de árbitros de fútbol-cinco de Los Cerrillos)

(Nota: la imagen de ilustración de este texto es obra de Leonardo Cabrera, y fue pensada en un momento para la tapa de "El increíble Springer". En ella se puede ver, además, la alineación de un equipo en particular: La Barra, categoría 9 años, de 1962. La fotografía tiene un aspecto emotivo para mí, porque en ella se ve a mi padre, que es el tercero de derecha a izquierda, mirando a un niño un poco separado del resto. Esto tiene que ver con el hecho de que el cuento "El increíble Springer" está, justamente, dedicado a mi padre, por cosas que los lectores del mismo ya sabrán o calcularán)


miércoles, 17 de setiembre de 2008

Visita a Leonardo


Más sociales...
Como el lunes cumplía años Leonardo de León (LDL), el domingo a la tarde me tomé un ómnibus en la parada 25 de la Mansa rumbo a Minas. Era una tarde helada, gris y ventosa, con algo de llovizna insustancial y al mismo tiempo molesta.
A la ida no pasó mucha cosa. No pude escuchar mucha cosa tampoco. Me coloqué los auriculares y empecé a escuchar "Modern guilt", el último disco de Beck. En los intervalos entre las canciones, o haciendo pausa para hablar con el guarda, oía las voces de los asientos de atrás. Un montón de adolesentes que formaban una banda de rock más algunos amigos. Todos rumbo a Pan de Azúcar. Uno dice algo sobre escuchar a los Doors haciendo carretera. Yo tengo apretado en la mochila el disco de carretera de mis últimos tiempos: "Highway 61 revisited", de Dylan. Está ahí agazapado para cuando Beck deje de ser una novedad.
Llegué a Minas a eso de las nueve de la noche. Charlamos algunas horas con Leonardo y Estefanía, más tarde con Gorge y Rosa, y después nos fuimos a comprar algunas hamburguesas para la cena.
Al otro día, cuando me levanté y me encontré solo en el apartamento, sabiendo que los dueños de casa estarían trabajando hasta el mediodía, bajé a la calle y fui hasta la librería de Gorge a desayunar. Entonces me di cuenta de que de a poco comenzaba a bajar sobre mí, muy lentamente, como una sábana leve que se aboveda, una manera de sentir el aire y las cosas a mi alrededor. Ahí pensé que ese era uno de los viajes más raros que había hecho a Minas en mucho tiempo. No supe qué lo produjo, pero eso estaba ahí. Era un modo de recibir las palabras de los demás y de considerarlas más allá de todo, sin necesidad de replicarlas.
Almorzamos con los padres de Leonardo, más la abuela paterna y Gorge. Es un estado entre la somnolencia y la claridad más dura. Nos quedamos de sobremesa un par de horas. Sonrío. Hago comentarios. Me siento bien. Volvemos al centro. Damos algunas vueltas. Saco el pasaje de vuelta, compro chocolate para V. y silvapenes para la niña M, hablo con Leonardo de literatura, de los Beatles, de la noche perpleja en que fuimos a ver a Dylan, quizás hablamos de muchas cosas más, pero no lo recuerdo. Sí recuerdo estar en el medio de esa sensación, una sensación que me revelaba las cosas del entorno como suficientes. Leonardo me pregunta qué me gusta de Minas, o esa cuestión surge de mí mismo, no me acuerdo bien. Respondo que Minas me recuerda a los años 80. Miro hacia arriba en la estructura de hierro del techo de la terminal; observo la cartelería de los comercios, las esquinas, la gente que llega del campo o del agún pueblo del interior del departamento. Eso ya no existe en Maldonado. Todo eso fue borrado acá para bien y para mal. En Minas los ochenta están ahí y veo cosas, cosas del pasado, cosas que comienzan como a pasar por primera vez. (Una noche, en el invierno de 2004, salía del liceo nocturno de Minas, sería pasada la medianoche, y me quedé solo en la vereda esperando algo, no sé, quizás a algún alumno para acompañarlo a pie hasta su casa; sé que de repente miré el cielo y me dije: "las cosas pasan como si no hubieran pasado"... Yo estaba empezando una novela que nunca terminé y no quiero terminar, que se llamaba en el comienzo "El primero de todos los días", y ahí había encontrado la esencia de lo que el narrador trataba de decir al llegar a un pueblo que no conocía y lo atraía, como a mí). Vamos de la terminal hasta la librería de Gorge, así nos despedimos. En el camino nos cruzamos con Ana María, la hija menor de Morosoli. Lleva un montón de libros apretados en un bolsito de lana, sobre un costado. Me da un beso y un abrazo. Dice que nos vemos en seguida en la librería. Cuando llega allí, yo estoy sentado en una silla de plástico sin mayor reacción posible a lo que me rodea, o más bien entregado. Sé que me voy a despedir, sé que voy a prometer regresar en breve, sé que me voy a subir a ese ómnibus. Ana María me habla sobre la pasión de su padre por las obras de Curzio Malaparte. Leonardo me pregunta en la calle qué hago cuando voy en el ómnibus. Me sorprende la pregunta. Pienso que es una de esas cosas de las que no hemos hablado en mucho tiempo de amistad. No sé, digo, nunca me duermo, salvo que esté muy cansado. A veces, sigo, busco hablar con la persona que tengo en el asiento de al lado. Si es una señora mejor, porque las mujeres tienen una capacidad de desenvoltura en el discurso en ese tipo de situaciones que los hombres carecen por completo. Y le cuento de una mujer de edad que me habló una vez de la historia de su familia en el campo. Todo muy interesante. Me despido de Leonardo, subo los primeros peldaños del ómnibus y veo su espalda desapareciendo tras un muro. Después dejo de verlo. Unos niños con túnicas y moñas andan por todo el ómnibus. Hay olor fuerte. Uno se orinó. Ocupo mi asiento. No hay nadie al lado. me pongo los auriculares. El ómnibus arranca y comienza a sonar "Like a rolling stone". La tormenta se ha retirado. Minas es ahora un cuenco gris que recoge la luz cálida del sol del fin del invierno. Un sol que aparece y desaparece por las calles. Un sol que dora las cimas de los cerros donde terminan los caminos de la ciudad contra el arroyo. Suena "Tombstone's blues". Salimos de la ciudad. Entramos en el campo. Hay unas nubes bajas y alargadas sobre los cerros, como otra cuchilla suspendida en el aire. El sol pasa en el medio de ambas. A veces se eclipsa. Miro hacia mi izquierda. Las caras de los otros pasajeros están rojas. Una niña me mira, me sostiene la mirada varios segundos. Seguro que le parece un espectáculo raro mi cabeza aureolada, sacándole el sol. Nadie se sentó al final en el asiento de al lado. Unos minutos después empieza "It takes a lot to laugh, it takes a train to cry". Retengo los primeros versos. Es el muchacho que cruza los campos. Soy el que lleva el correo en el tren, nena... soy el que no se puede comprar ninguna emoción. Hacia Maldonado la tormenta sigue instalada. En unos minutos llegaremos a una parte en la que el sol dejará de verse. Podría dormirme en cualquier segundo. Pero no quiero.

jueves, 31 de julio de 2008

Leo Ping y Leo Pong

El sábado pasado viajé a Minas. Fui a encontrarme con Leonardo Cabrera (LAC), a quien le iban a entregar la mención en el último Premio Nacional de Narrativa por "Mecanismos sensibles". Allá, obviamente, nos íbamos a ver también con Leonardo de León (LDL).
Esa mañana, al sacar pasaje, las cosas se me empezaron a complicar. No me dio el tiempo para bañarme, desayunar y aprontar las cosas. LAC quería que le llevara algunos libros, pero no pude poner ninguno en la mochila, ni los cuentos completos de Flannery O'Connor ni los de Carson Mc Cullers. Salí disparado otra vez a la terminal, pero antes le escribí un mail a LDL. Le decía que llegaba a Minas antes de las tres y que desgraciadamente me había tocado el asiento 14 y no el 15. Fue una estupidez para rellenar un poco el mail, pero la estupidez se transformó en otra cosa cuando subí al ómnibus. El asiento 14 daba al pasillo, y a mí siempre me gusta viajar contra la ventana. Pero el 15 de momento estaba vacío. Así que me tranquilicé un poco y me puse los auriculares para escuchar "Highway 61 revisited" de Dylan (clásico disco rutero para ir por las sierras, junto con el "Bringing it all back home"). La cuestión es que el ómnibus arrancó y nadie se sentó en el 15; esperé un poco más pensando en que alguien lo ocuparía al llegar a la parada de la 25 de la Mansa, pero no, el 15 siguió vacío. Entonces me moví un poco para sentarme contra la ventana y mi asiento, el 14, salió despedido hacia atrás. La parte de la cabecera le dio en el medio del pecho a una mujer que estaba detrás, pensando en cualquier cosa de su vida. Me gritó algo de forma ahogada y me miró como para pegarme con el bolso en la cabeza. Pero yo me adelanté.
-¡¡¡Está roto, señora!!! ¡¡¡Está roto!!!... -dije.
En realidad creo que grité. Fue una reacción espontánea, desmedida, producida por el volumen alto que tenía en los auriculares. Varias personas se dieron vuelta y nos miraron. Pero yo estaba de suerte. La mujer abrió un poco los ojos, miró cómo hacía el asiento cuando yo lo manipulaba de un lado a otro como si fuera una palanca, y después me sonrió. Por lo demás, el viaje fue lo más bien. El ómnibus fue directo a Pan de Azúcar, sin dar toda la vuelta por Piriápolis, y de ahí por la 60 rumbo a Minas. Había sol.
Siempre me gusta ir a Minas cuando hay sol. Es una ciudad para llegar con sol. Me recuesto en el asiento 15 con la cabeza pegada al vidrio y dejo que la luz me atraviese los párpados y me envuelva.
* * *
Me bajo en la esquina de la plaza, camino quince o veinte metros y llego al apartamento de LDL. Lo encuentro con LAC. Ambos están almorzando empanadas. En una fuente de metal, incluso, hay una partida al medio, como si la hubieran retorcido sin ningún propósito; la carne le cuelga por todos lados. Miro a LAC y a LDL, alternativamente. Con LDL no nos veíamos desde abril o mayo, cuando vino a Maldonado; con LAC, sin embargo, nos habíamos visto por última vez en las vacaciones de julio, en la presentación de la antología-achugariana "El descontento y la promesa" (ediciones Trilce), en Montevideo.
De eso, de las palabras iniciales con las que nos saludamos me acuerdo bastante. Fue más o menos normal: abrazos, intercambios de libros, complementos a algunos diálogos de messenger o a ciertos mails, etc. LAC vestía buzo beige con pantalón al tono, muy coqueto. LDL vestía con colores claros, a medio camino entre el jogging y la deconstrucción. Pero como siempre que uno se encuentra con amigos el tiempo se enrosca. De repente estamos saliendo a caminar. Con LDL conducimos a LAC a una de las catedrales de la narrativa uruguaya. Un galpón abandonado sobre la calle Sarandí, casi en la esquina con 18 de julio, en pleno centro. Las puertas del galpón son unas hojas de chapa despintada, oxidadas, entre rojizas y marrones, que tapan el espacio interior donde se dieron diálogos que quizás luego leímos. El resto de la fachada es gris. Arriba, una leyenda lleva más de medio siglo sin deteriorarse: BARRACA MOROSOLI. Por encima, contra el cielo, hay una cabeza de palmera; es lo que se llega a ver de la vereda de enfrente. Nos queda como una hora todavía para que empiece la entrega de premios. Seguimos hasta la plaza Rivera y allí LAC cuenta una historia que me hace acordar a ese momento de la película "Eraser head", de David Lynch, en la que una muchacha baila en un escenario y del techo caen como fetos. Estábamos sentados sobre el murito de protección de la fuente. El sol se iba rápido. Los únicos que lo tenían para sí antes de que se ocultara del todo tras los árboles de la plaza, esos, eran unos jubilados del lado opuesto de la fuente. Parecía una protesta. Cuando terminó la historia de LAC apareció un niño de unos tres años, con una pelota. Se internó en la plaza por una diagonal, hacia nosotros. La madre lo vigilaba desde la esquina. Parecía que la pelota se le iba a ir larga y que yo iba a poder pegarle. Pero no. El niño llegó antes. Al volver hacia su madre, pisó la pelota o hizo un movimiento raro y se cayó hacia adelante. No lloró. Incluso se cayó otra vez más y tampoco lloró. En verdad, no sé de qué más hablamos. Sé que miré alrededor y me acordé sin parar de cuando vivía a cinco o seis cuadras de allí.
Minutos después nos encontramos con Gorge, otro amigo, en la esquina del hotel donde va a ser la ceremonia. Es entonces que bajan los premios. Miro de pronto para la vereda de enfrente y aparecen como hormigas. Son muchos, demasiados, todos juntos, no llego a procesar el movimiento dentro del conjunto: Hugo Fontana, Luis Fernando Iglesias y Guillermo Álvarez Castro merodean la puerta del hotel. Iglesias nos pasa por al lado y compra fósforos o algo así en el kiosko de al lado. (No sé si eran fósforos o cigarrillos, pero queda bien literario eso del escritor fumando o por fumar... ¿Gauloises?...). Después me parece que, desde la esquina cruzada, los ojos de Fontana encuentran la línea de los míos. Es un momento raro, no sé si llegó a darse efectivamente porque nunca antes había experimentado una cosa así. Es un temblorcito raro. Me miro los zapatos y me doy cuenta de que los cordones de ambos están desatados. Cuando vuelvo la mirada hacia la esquina Fontana ya no me mira. Tal cual. Fuma La Paz. Álvarez Castro, el premiado en la ocasión, se acerca en un movimiento espiral al hall del hotel; luego aparece Heber Raviolo como una madre que llama para la comida, y cruzamos la calle.
El acto es todo lo acartonado de siempre, una especie de dialéctica surrealista á la Fellini que se da entre lo provinciano y lo capitalino (que es un provincianismo más estilizado). Se caracterizó por los siguientes acontecimientos:
1- Lectura del acta del fallo por parte de la maestra de ceremonias: todos se terminaron de acomodar en los asientos y se callaron.
2- Palabras (leídas) de la directora de cultura de la Intendencia de Lavalleja: prosodia entre conmoverdoramente escolar y geriátrica; se me humedeció el ojo derecho.
3- Palabras (inventadas) de uno de los popes de la Fundación Lolita Rubial: no me acuerdo bien de ninguna frase en especial, sólo que hablaba de lo importante que era para el interior del país que existiera este premio.
4- Palabras de Rosario Peyrou: parecido a lo del pope, pero desde Montevideo.
5- Una maestra de escuela lee un fragmento de uno de los cuentos premiados de Álvarez Castro: de lo mejor, porque no nos hizo olvidar que afuera estaba la tarde, así, tan quietecita y friíta, y que te daba ganas de dormir, y mejor era olvidarse del cuento porque lo podías leer otro día o cuando te viniera el libro cuando te lo mandara Banda Oriental por correo. Ahhh... Era de un tipo que chocaba, y la mujer se le moría, y se bajaba y ponía las valizas. Conclusión: maestras de escuela, no lean más en público, no estamos preparados.
6- Un gordo se durmió y se puso a roncar en el fondo cuando promediaba la lectura de la maestra: momento de tensión uniformemente acelerado. Gorge, que está cubriendo el evento para un diario local, me mira a través de varios asientos. Le tiro un besito a la distancia. Se tienta y la panza le sube y le baja. Es impresionante, se ríe con la panza.
7- Le dan los premios a los escritores.
8- Habla Álvarez Castro. Sobresaliente muy bueno.
9- Lo mejor... Una chica canta karaoke. Son dos temas de Patricia Sosa. Las voluntades de todos los presentes se ponen a prueba. Los labios de LAC se vuelven una sola y apretadísima línea de compostura desopilante. Peyrou se busca a sí misma en un ladrillo del techo, entre dos tirantes. Yo miro el piso. LDL, a mi lado, no me mira. Un verso que me quedó: "Aunque te duela, grita".
10- Fin del acto.
11- Cóctel: había sandwichitos y unos refuercitos de salame. Gorge nos saca fotos a los tres. (A los días, cuando me llegan por mail, me doy cuenta de que todos salimos mal, con caras de drogados o como si nos hubieran metido un gancho a la quijada; así que para ilustrar este post tuve que recurrir al asesoramiento fotoyópico de LAC. Gracias, LAC) Gorge después me acusa de que le descompuse la cámara digital cuando quise sacar mis propias fotos. Un atrevido. Lo único que hice fue cambiar la función a filmadora.
12- Nos fuimos.
Del hotel fuimos hasta una confitería a merendar. Yo pedí un capuchino, LAC un cortado y Gorge lo mismo. Pero LDL pidió un café irlandés con mucho chocolate, con cognac, no sé, con Castrol dos tiempos. La cosa es que se fue a dar una clase y con LAC nos fuimos a su apartamento a esperarlo. Al rato le llega a LAC un mensaje de texto de LDL, algo así como que se le estaba dando vuelta el mundo. No me acuerdo sobre qué era la clase que dio, pero parece que sólo había cuatro alumnos y que a LDL le parecía que los pibes subían y bajaban del techo y que él era Joyce y les decía: "la estrella, la estrella... Shakespeare... Una estrella, un halo que se le clavó entre las bragas, bien en la luna llena, a la impoluta Isabel...". Cuando regresó, casi dos horas más tarde, todo eso se le había pasado, y nos pareció bueno, porque luego de mirar algunos libros y comentar cosas de esas de Literatura nos fuimos a hacer lo que estábamos esperando: a jugar al ping-pong.
La verdad es que nos divertíamos mucho. Pero todos queríamos ganar, desde un principio. Cada uno tenía sus propias estrategias. LDL, por ejemplo, decía que los ojos le lloraban, entonces se los restregaba sacándose los lentes y te pedía tiempo para ir al baño. Entonces te sacaba de partido. Ibas ganando, es un decir, 14 a 10, y el tipo no sé qué hacía en el baño que regresaba con los ojos sanos y te hacía partido a la vuelta, porque te agarraba en frío y te tenías que cuidar de no tirarte de punta a punta así nomás, por cualquier desgarro. Lo de LAC, aunque no menos cruel, llevaba menos tiempo. Lo que hacía era, en el momento de jugar el tanto inicial para ver quién sacaba (momento más que cortés del partido), fajarte de una, así, desprevenidamente. Entonces el tipo te bajaba la autoestima y sacaba y de seguro se te iba tres o cuatro puntos de ventaja. Por mi parte, mis estretegias, se daban dentro del partido mismo y tenían que ver con mis saques, mi capacidad de reacción, etc, etc. Pero tuve complicaciones que no me permitieron acceder a la primera posición en cuanto a partidos ganados, sobre todo en los partidos contra LAC. Se trató de una hernia cerca de mi entrepiera, sobre la izquierda, hernia que me hacía ver las estrellas cada vez que la pelota me era jugada a ese lado. LAC, que tenía los lentes puestos, se dio cuenta de esa situación, y me empezó a mandar reveses cruzados para ahí y pum pam paf prammm... me revolví como pude... la cuestión es que después, de vuelta en lo de LDL, descubrí que no tenía ninguna hernia, que quizás la incomodidad se hubiera originado en una pésima elección de calzoncillo, pero el punto es que cuando uno se figura una cosa, por improbable que sea (pongamos como ejemplo eso mismo: la existencia de una hernia) el cerebro, nuestra sensibilidad toda, dirige nuestra voluntad en arreglo a esa realidad, por empíricamente indemostrable que sea. Así, yo jugué con una hernia. Bueno, las posiciones: LAC, 8 partidos ganados; DGB, 5; LDL, 0. Todo esto por una hora de ping-pong, ¿no?
A la vuelta compramos pizza, deliramos con la historia inventada de un superhéroe judío llamado Goldman (por influjo de un afiche de Ironman que vimos en la pizzería), leímos el diario de Bioy Casares sobre Borges (nos reímos mucho, sobre todo con los rótulos que les ponían a algunos libros: "curiosa ortografía"; "malo, malazo"; "entusiasta y agrícola), escuchamos la teoría de LAC de imponer una veda mundial de ficción por diez años (nadie puede publicar ficción por diez años, creo que para que podamos leer lo atrasado, no me acuerdo bien, estaba apasionado por la pizza), vimos "No country for old men" (bah! la vieron ellos dos, yo me quedé dormido a un costado en un colchón y de vez en cuando escuchaba algo, pero por suerte la película no tenía banda sonora).
Al otro día, cuando cantaban los pajaritos de la plaza, nos levantamos, desayunamos y salimos a jugar al paddle. En realidad jugaron ellos dos. Yo jugué un solo partido con LAC porque no quería ni transpirar, ni ensuciarme ni nada de eso. Además saqué una pelota al carajo y cayó como a dos casas de distancia. Pero gané un game. Los que jugaron todo el tiempo entonces fueron LDL y LAC. Yo fui hasta la terminal en una escapada a reservar el pasaje de vuelta a Maldonado, y cuando regresé los encontré cansados, dando raquetazos como si fueran monteadores dándose en las cabezas con hachas de goma hasta la extenuación total. Esa extenuación total, esa resaca de la intensidad del cuerpo fue ganando la tarde, se comió algunas milanesas napolitanas deliciosas y se disolvió con la partida de un par de ómnibus, uno para cada lado del país.