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sábado, 30 de octubre de 2010

Apuntes de fútbol (V)


Esta es la hora en que los niños se agarran con fuerza de una de las ramas más bajas de un árbol al que han estado subidos. Ahora tiran de ellos porque quieren llevarlos de una vez por todas a sus casas, a hacer lo que tienen que hacer en el mundo.
Más o menos a mediados de 1995 (después de la Copa América jugada aquí en Uruguay) empecé a interesarme con cierta seriedad por el fútbol. Escuchaba, por ejemplo, las campañas del Peñarol del Quinquenio de Oro a través de Radio Carve, de Montevideo, en la voz de Carlos Muñoz. En ese mismo 1995, luego de la excitación común que había dejado la obtención de la Copa América en todos nosotros, las autoridades de la AUF habían dispuesto que en la primera fecha del Campeonato Clausura, es decir el torneo inmediatamente posterior a la final de Uruguay contra Brasil en el Centenario, hubiera, nada más ni nada menos que un clásico. Un notorio golpe comercial. Esa tarde, una tarde de agosto, con sol pero mucho frío, me enojé con mi padre. Yo tenía quince años y aquello podía ser una cosa corriente. Pero a mi padre le sorprendió mucho el motivo. Quería quedarme en casa escuchando en la radio el partido entre Peñarol y Nacional. Mi padre, en cambio, me obligó a acompañarlo a recoger leña a un monte de eucaliptos que quedaba del otro lado del hoyo 15 del club de golf. Era un monte profundo que tenía, sin embargo, un inmenso claro donde entraba el sol y donde algunos muchachos de mi barrio que iban a soltar caballos a ese lugar habían encontrado personas ahorcadas en lo más alto de aquellos follajes. Al final, estuvimos algunas horas recogiendo leña y cortándola y acomodándola en el carro, y ninguna cosa de lo que había alrededor me comunicaba nada sobre actividad humana alguna, mucho menos con lo que podía estar sucediendo en un partido de fútbol jugado a 130 kilómetros. Cuando regresé a casa me enteré de que el clásico había sido un fiasco, un 0 a 0 que parecía devolvernos a las apuradas a nuestra cotidianeidad sin brillo. En Nacional, por ejemplo, jugaba Álvaro Gutiérrez un muy buen número cinco, aficionado a coleccionar guitarras y más recordado por no haber errado el penal en la final contra Brasil que por haberlo convertido. En Peñarol, desde luego, la estrella era Pablo Bengoechea, el autor del increíble gol de tiro libre que terminó poniendo el 1 a 1 en aquella final.
Pero también seguía muy de cerca, en los relatos de Víctor Hugo Morales, para Radio Continental de Buenos Aires, las campañas de River Plate y de Vélez Sársfield, que fueron los equipos más existosos y vistosos de por esos años. Esto, de forma curiosa, me unía profundamente a mi padre. Porque en el fútbol argentino él era hincha de esos dos clubes. Antes de conocer a mi madre, mi padre pasó una época en Buenos Aires. A él no le gusta o directamente, de pura pereza, no le dan ganas de hablar sobre su pasado. Es más, en el caso de esa temporada en Buenos Aires, ya ni siquiera recuerda de qué años se trata. Así que hay conformarse con que de vez en cuando en una conversación aislada suelte alguna perla un poco sucia a la que uno debe lustrar con paciencia para hallar, sea como sea, el brillo de toda una historia. Un día cayeron las pistas: los fines de semana iba al Monumental o algún otro estadio a ver a River Plate. Mi padre estaba fascinado con un jugador de River Plate que se terminó transformando uno de los más trascendentes de toda su historia: Norberto Alonso. Pero si un domingo River jugaba en algún lugar alejado al que mi padre no podía llegar con facilidad, entonces iba a ver a otro jugador que admiraba: Carlos Bianchi. Bianchi, más conocido hoy en día por su carrera como director técnico, fue en su época de jugador un goleador espectacular. De hecho, hasta el día de hoy, es el jugador argentino que más goles ha convertido en partidos oficiales en cualquier liga del mundo (385). Eso hacía mi padre cuando ver a Norberto Alonso se le hacía difícil: ir a entusiasmarse con el juego certero de aquel centrodelantero prematuramente calvo, como él mismo. También quizás le causara gracia que al salir del estadio de Vélez tuviera que pasar por un barrio llamado Kennedy, al igual que el lugar de Punta del Este donde se crió. Gracias a estos datos pude al final determinar más o menos la época en la que mi padre vivió en Buenos Aires. No fue más allá de 1973, ya que en ese año Bianchi fue traspasado al fútbol francés, al Stade de Reims. En 1975 mis padres se conocen y en 1976 se casan en Maldonado. En 1976, casualmente, Norberto Alonso es transferido a Francia, al Olimpique. En 1980 nazco yo y, a escondidas de mi madre, que seguía convaleciente en el sanatorio, mi padre rompe el pacto que ambos habían realizado de colocarme un solo nombre. En el registro, pronuncia para su primer hijo un segundo nombre que en esos años seguía revelando una pasión: Norberto. Tanto en la escuela como en el liceo, traté de ocultar mi "Norberto". Cuando aparecía llegaban las risas y la vergüenza. Después hice una especie de pacto y hasta lo terminé adoptando en un seudónimo con el que publiqué mis primeras cosas. De vez en cuando, al hacer zapping, veo a Norberto Alonso en uno de esos programas de opinión que hay en los canales deportivos del cable y no le presto mucha atención a lo que dice en un principio porque me llega de nuevo toda esa historia familiar. Así es cómo terminé más o menos acostumbrándome al nombre "Norberto", como quien al final se acostumbra a un pariente fastidioso que se va poniendo viejo y requiere, después de todo, algo de nuestra capacidad para la piedad. Hace muy poco, encontré un dato que revela otra interesante coincidencia entre Alonso y Bianchi. Cuando ambos regresaron del fútbol francés, fueron compañeros en Vélez Sársfield en las temporadas del '82 y el '83. No sé si mi padre lo sabe. En esos años él ya tenía 30 y estaba criando a sus primeros dos hijos.
Yo tenía quince o dieciséis años, entonces, cuando empezaba a descubrir que el fútbol me conectaba además con otros asuntos que lo excedían. En aquellos veranos escuchaba a Víctor Hugo Morales, y a veces la noche me agarraba en el club de golf sin que hubiera terminado de trabajar. Cuando llegaba a mi casa me podía encontrar con mi padre, que había escuchado también él el mismo partido. Una noche de un calor tormentoso, a mediados de diciembre, me sorprendí con la euforia de mi padre por un partido que había acabado de oír en Continental y en el que Vélez Sársfield (con Bianchi ahora como director técnico) había derrotado a Boca Juniors para coronarse como campeón. Mi padre me hablaba de lo que había jugado José Basualdo como si lo hubiera visto. Como no había podido escuchar ese partido, al otro día en el club corroboré todo en las páginas de Clarín y me apoderé del poster de Vélez que el diario traía. Ahora, cuando hago memoria de cómo era mi cuarto, veo aquel poster con jugadores como Patricio Camps o Fernando Pandolfi, y, por supuesto, el gran José Luis Chilavert, un arquero que en esos torneos terminaba siempre a la mitad en la tabla de goleadores y que le contagió las ganas de hacer goles a otros colegas del arco como Ignacio González, de Racing, o Bossio, de Estudiantes de la Plata. Pero junto a aquel poster de Vélez Sársfield estaba el del Peñarol campeón uruguayo de 1997, el que había jugado las finales ante Defensor Sporting. Ahí estaban grandes glorias como Pablo Bengoechea, Carlos Aguilera, pero también jugadores jóvenes como Antonio Pacheco o Marcelo Zalayeta.
Hace varias semanas, un miércoles de noche, vi por televisión un partido atrasado entre Peñarol y Wanderers que me hizo actualizar varios de esos viejos gustos y sentimientos de los '90 que describí más arriba. En el partido, que terminó ganando Peñarol por 2 a 1, pude observar a Antonio Pacheco, trece años más tarde desde que fue tomada la fotografía que terminó contra la pared de mi cuarto. Ya no tiene aquellos arranques explosivos de velocidad sobre la última zona del campo rival. Ni se lo ve tanto en el área para esos típicos remates ajustados forzando la pierna hacia abajo; entonces el gol se aseguraba, porque donde otros jugadores enviaban la pelota a las nubes, el mismo cuerpo de Pacheco anticipaba la trayectoria del balón, que picaba en el césped y salía disparado ya hacia la red. Ahora Pacheco juega un poco ocupando la estética y el criterio que Bengoechea dejó vacante en el equipo con su retiro. Pacheco arranca desde más atrás, lanza pases al vacío y definitivamente es el dueño de todos los corners y los tiros libres. Hay algo que se perdió, pero al mismo tiempo hay algo que hizo su aparición.
En el descanso de ese partido entre Peñarol y Wanderers, me dediqué a hacer un recorrido por los otros canales deportivos, y me quedé definitivamente en uno de esos compactos de goles de todas las ligas. La verdad es que lo que observé se me juntó con la conciencia de saber cómo estaba jugando Pacheco y el resultado fue como una especie de malestar impreciso.
Primero fue un gol de Michael Owen para el Manchester United. La voz en off del periodistas dijo algo así como "Michael Owen... el niño maravilla... Ya tiene treinta años el niño maravilla". Fue un comentario al pasar, pero me caló hondo. ¿En qué quedó para el fútbol inglés toda aquella promesa que incluía al mismo Owen haciéndole un gol espectacular a Argentina en Francia '98?, pensé. Me di cuenta de que ya estábamos viendo los últimos goles de Owen, y no ya los goles que anticipaban todos los que vendrían en un futuro... Hace goles ahora entre semana por la Carling Cup, pero nos quedamos con ganas de ver sus goles en el Mundial de Sudáfrica 2010... Después hubo un par de resúmenes más y tuve ante mí a Hernán Crespo, en su reciente nueva etapa en el Parma italiano, convirtiendo por fin su tan esperado gol en ese regreso. Cuando pasan el replay, se nota que es un gol realizado con un esfuerzo imponente. Crespo anticipa a los zagueros, estira la pierna y desvía casi sin ángulo hacia el fondo del arco la pelota que han desbordado. Unos segundos más tarde llegó Matías Almeyda, el mediocampista de River Plate, pero en este caso declarando algo acerca del próximo rival de su equipo.
Hernán Crespo y Matías Almeyda no son ni de lejos ya esas caritas repletas de lozanía y candidez que uno podía ver en las fotos de El Gráfico a mediados de los '90, cuando ambos formaban parte de aquel extraordinario equipo de River Plate que ganó la Copa Libertadores de 1996 y que en 1997 obtuvo en el campeonato argentino números como los de la histórica máquina de los años '40, cuyos delantera tenía a Moreno, Pedernera, Di Stéfano, Labruna y Loustau. En el ataque de aquel River del '96/'97, dirigido por Ramón Díaz estaban Francescoli, Berti, Ortega, Crespo y Cruz, y además iban y venían Gallardo (hoy en Nacional), Salas y Solari (hoy en Peñarol). Aquellos jugadores fueron parte de los primeros que comencé a admirar cuando me interesé de verdad por el fútbol. Cada martes, me subía a la bicicleta y llegaba hasta un quiosco a la altura de la parada 2 de la Brava para comprarme el último número de El Gráfico. Allí estaban todos esos jugadores.
Hace poco estaba hojeando El Gráfico del mes de setiembre (ahora que esta revista sale, desafortunadamente, de forma mensual). En la tapa vemos a Matías Almeyda y muy cerca de su pera la frase del titular: "Señor Milagro"... El año pasado, jugando en el equipo senior de River Plate, Enzo Francescoli se fijó en lo bien que seguía jugando uno de sus compañeros de equipo: Matías Almeyda. Le propuso de inmediato algo: que, teniendo en cuenta la pobre campaña del club en Primera División, sería de mucha ayuda que regresara al fútbol. Y así lo hizo. Hoy Almeyda tiene 37 años, una edad en la que muchos futbolistas están retirados de hace tiempo, y no sólo es titular en River, sino que es el líder espiritual que busca sobreponer a todo el mundo de una campaña final en 2009 que dejó al club al borde del descenso. La entrevista de El Gráfico está atravesada por el tema del tiempo. Almeyda, que ya no es hoy aquel "Pibe de Azul", como lo llamó Víctor Hugo Morales en sus comienzos, sabe que lo que está viviendo es un regalo, una última postergación antes del fin total. Dice que sus hijos están sorprendidos de que a la salida del colegio le pidan autógrafos, y que, incluso una de sus hijas, se niega rotundamente a acompañarlo al estadio para verlo jugar. Almeyda sabe que una lesión a su edad puede ser el final. Pero sabe también que hay una tensión mayor que lo afecta en su vida, en un nivel más amplio.
Fijándome de nuevo en las declaraciones de Almeyda para esa entrevista, puedo distinguir un poco mejor en qué consistía el "malestar impreciso" de esa noche en que pasé del partido de Peñarol a los goles de Owen y Crespo. El caso de Almeyda sintetiza en realidad bastante bien el conflicto del jugador que se resiste al abandono del juego, porque es abandonar al mismo tiempo un mundo mágico e infantil, un mundo donde el rigor de las referencias de la adultez o lo que llamamos la "cruda realidad" quedan suspendidos, postergados. Sin embargo, ese malestar no es ajeno. Me concierne. Estoy siendo testigo, en realidad, del agotamiento de las figuras que aparecieron junto con mi interés por este deporte. Y lo que es más importante: estos jugadores tienen más o menos mi edad. Ya no cuentan tanto las jugadas aisladas, ya no son tan determinantes los goles esforzados. Estos jugadores transmiten con sus movimientos eclipsados el fin de una época, el anuncio de la salida del universo ficcional que es el reducto del campo de juego, para entrar en el espacio abierto y de reglas más difusas de la propia vida.

domingo, 5 de setiembre de 2010

Apuntes de fútbol (IV)


Domingo de noche. Viendo Vélez Sársfield y River Plate por la tele. Vélez gana 2 a 1 y se apodera junto con Arsenal de la punta del Apertura. Las cámaras siguen a Santiago Silva, el delantero uruguayo del equipo de Liniers. Silva no deja de escupir y sacarse mocos a cada primer plano. Como al pasar digo que debe de secretar como un kilo de mocos por partido. Hay entonces un comentario femenino a mi lado: "¡Ay, pobres!... ¿No pueden usar pañuelitos?"
Unos minutos más tarde Silva busca su segundo gol personal. Fuera del área se la lleva desde la punta al medio y, aunque es derecho, le pega de zurda. El remate da en el palo derecho de Carrizo. Salto desde mi silla y me agarro la cabeza con ambas manos. ¿Por qué tengo que reaccionar así?... Bueno, explico, un gol así terminaba siendo un acto estético... No sé por qué, pero hablo así... Y sigo diciendo que en realidad lo que lamento es la no concreción de ese acto estético. Entonces se deja caer el nuevo comentario: "Por favor... Es un partido de mierda".

miércoles, 1 de setiembre de 2010

Apuntes de fútbol (III)


¡Pero vaya, vaya con la nota que el suplemento Ovación del diario El País le acaba de dedicar a Juan Ramón Carrasco!
Ya parecía raro que a la vuelta del Campeonato Uruguayo no se supiera nada de Carrasco luego de su alejamiento de River Plate.
Una periodista cae entonces por la casa, lleva un fotógrafo, y Juan Ramón se saca la siempre tranquilizadora y aleccionante foto del hombre de fútbol junto a su familia. Carrasco, vestido de equipo deportivo, sonríe de costado rodeado de niños.
"¿Qué está haciendo Carrasco?" es la obvia pregunta que le da impulso a la nota. Y es que al parecer Carrasco nos ha acostumbrado desde hace largo tiempo a la idea de que siempre está haciendo algo. En realidad, la idea es ahora la de una fuerza que se mueve casi de forma subrepticia, algo que se trama por detrás del escenario. Por eso el título: "Carrasco dispuesto a compartir sus secretos".
Primero es preciso ir al final de la nota y dejar que Carrasco opine sobre la reciente actuación de Uruguay en la Copa del Mundo. Dice que lo vivió con mucha alegría como todos los uruguayos. Conociéndolo a Carrasco, parece que a esa declaración devota le falta una post-data del tamaño de una bola hecha con todos los chicles que se mascó desde aquel partido contra Venezuela en 2004. Y la bola no se hace esperar mucho, baja desde la cima de su personalidad a todo lo que da, soltando baba vieja para todos lados... Claro que le gustó la participación de Uruguay en Sudáfrica, pero... pero... La nota contiene algunas declaraciones entrecomilladas al respecto, y ya imaginamos a Carrasco trabajando sus muelas de juicio antes de responder: "No se puede analizar cuando se vivieron tantas emociones. Obvio que tengo mi análisis, pero con lo que lograron hay que dejarlo de lado. ¡Fue impresionante!". No se sabe cuál es el análisis. Simplemente parece ser el momento menos indicado para hacerlo. Está bien. Acá tenemos entonces al ex- director técnico de la Selección Uruguaya preparando algo en su cocina mientras todos festejan en el living: Tabárez, los jugadores, la prensa, los dirigentes y el pueblo.
Entonces, cuando se vuelva al comienzo de la nota, esta ya no será la misma.
Hay algo luciferino en las declaraciones de Carrasco. Él, justo él, que fue expulsado del Paraíso Celeste por el pecado de los pecados de la autosuficiencia, o algo por el estilo, tiene un plan... Cada día de la vida de Carrasco, desde aquella fatídica derrota ante Venezuela en el Centenario, cada minuto, cada segundo, cada vuelta de cada una de sus neuronas yendo a buscar algún tipo de información al segundo palo o abriendo las piernas para dejar correr la pelota, han estado orientados no sólo a demostrar el error en el que vivió la gente desde aquel partido, sino a apoderarse de una vez por todas del fútbol uruguayo. Lo efectividad y lo vistoso del juego de River Plate no son nada al lado de lo que se viene. Ahora Carrasco no va a tener jugadores a los que cambiar de la noche a la mañana a su "filosofía de juego"... Ahora los va a moldear desde su más tierna infancia y van a salir todos en serie como de una fábrica con el "el chip Carrasco", porque se viene su academia de aprendizaje futbolístico. Junto a un equipo que incluye a un psicólogo y a un nutricionista, entre otros profesionales, Carrasco promete la llegada de una revolución para dentro de unos años con la aparición de un tipo de jugador que llevará su marca indiscutible. La gente apuntará con el dedo hacia la cancha de cualquier partido de América o de Europa y dirá: "¡Oh! ¡Aquel, sí, aquel a quien ves correr como nadie tras la pelota, ese, ese está hecho a imagen y semejanza de Juan Ramón."
A Carrasco no le preocupan las eventualidades, como el hecho de que en el próximo verano pueda transformarse en el nuevo técnico de la selección de Panamá. Todo está listo como para funcionar aun si él no estuviera en el país. Se trata, en síntesis, de la puesta en marcha de un mecanismo que no se interrumpirá con nada. No importa qué haga Carrasco de aquí en más. Con sólo activar la palanca dentro de unos días sus nuevos esbirros comenzarán a salir uno tras otro. Primero coparán el fútbol uruguayo, y serán el fútbol uruguayo; más tarde, ya llevando el germen de la nueva era, y como si observáramos en un mapa la extensión del desarrollo de una epidemia, los jugadores llegarán al fútbol argentino, y después al peruano, al paraguayo, al colombiano... Y no será noticia que un día no muy lejano le toque el turno a España, Italia e Inglaterra hasta que el impulso abarque el Mundo entero.
Como en un buen dibujo animado de un sábado por la mañana, el villano puede estar jugando a dos puntas. Ataca por un lado mientras en su laboratorio algo funciona en paralelo. Carrasco "is in the making", Carrasco se está haciendo a sí mismo...
¿Quién no lo ve? Carrasco volverá y será millones. Su cuerpo, su ya fláccido cuerpo de veterano retirado del fútbol con más de cuarenta años, más por imperio de la circunstancias que por aburrimiento, está pronto para dejar salir su alma ansiosa y transmigrar al cuerpo múltiple de su creación monstruosa.

lunes, 30 de agosto de 2010

Segundo partido entre escritores (resumen)

[Maldonado festeja uno de sus goles. González Bertolino alumbró los goles de su equipo luego de que Trujillo los preparara.]


Fecha:
Sábado 28 de agosto de 2010, hora 11:00

Cancha: Calle Treinta y Tres entre Lois y Centenario, Minas, Lavalleja.
Condiciones climáticas: Cielo cubierto. Tormentoso. Temperatura media: 22º. Humedad 94%
Árbitro: (sin árbitro)

Maldonado 12: Damián González Bertolino (5); Ignacio di Tullio (3); Ignacio Fernández de Palleja (1); Valentín Trujillo (1); Leonardo Cabrera (en contra) y Horacio Cavallo (en contra)
San José 6: Pedro Peña (4); Leonardo de León (1) y Leonardo Cabrera (1)

Tarjetas amarillas: Ignacio Fernández de Palleja (M); Ignacio di Tullio (M); Rodolfo Santullo (SJ).

Tarjetas rojas: No hubo.

PRIMER TIEMPO (Maldonado 3 - San José 1)

'1 GOL: González Bertolino, definiendo de primera tras pase al segundo palo (1 - 0)
'2 Intento de Cavallo
'3 Intento de Trujillo
'4 Intento de González Bertolino. Contragolpe: intento de Peña
'5 GOL: de León, con disparo cruzado y bajo (1 - 1)
'9 Tiro al arco de González Bertolino. Atajada de Santullo
'11 Tiro al arco de Trujillo, sale desviado. Tiro al arco de Cabrera, da en el palo. Remate de Trujillo desde la mitad de la cancha: ataja Santullo
'12 San José presiona buscando el segundo gol
'12 Remate de González Bertolino. Santullo rechaza al corner.
'13 Tiro de González Bertolino: ataja Santullo
'14 Intento desde media cancha de di Tullio: tiro de esquina
'14 Intento de Cavallo
'15 Dos llegadas de San José
'16 Tiro al arco González Bertolino
'17 Tiro al arco de di Tullio
'18 Tiro al arco de Peña: pega en el palo
'20 Llegada de Maldonado. Intento de González Bertolino
'21 Llegada peligrosa de Maldonado: tiro de González Bertolino: ataja Santullo
'22 Se salva Maldonado de nuevo: Remate desde lejos de Leonardo Cabrera: pega en el poste derecho del arco de Muniz.
'23 Dos llegadas consecutivas de San José, con remates de Cabrera y Cavallo, son atajadas por Muniz
'24 Llegada de Maldonado: sin peligro.
'25 Dos tiros de esquina seguidos para Maldonado: finalmente contiene Santullo.
'27 Tiro al arco de di Tullio, desviado.
'27 GOL: González Bertolino roba una pelota y define cayéndose y de puntín por entre las piernas de Santullo (2 - 1).
'28 Una llegada para cada lado. Los remates de González Bertolino y de Cavallo sin éxito.
'29 Tiro desde media distancia de Cabrera
'29 GOL: jugada conlectiva entre González Bertolino, Trujillo y di Tullio. Pase de di Tullio desde la izquierda al medio, González Bertolino remata de derecha y de primera con cara interna, la pelota da en el ángulo. González Bertolino captura el rebote y fusila a Santullo (3 - 1)
'30 Tiro peligroso de de León.
'31 Llegada de San José sin peligro.
'32 Llegada de Maldonado: tiro de Trujillo.
'32 Tiro de Cabrera y fin del primer tiempo

ENTRETIEMPO: Fernández de Palleja con serios problemas de descompostura.

SEGUNDO TIEMPO: (Maldonado 9 - San José 5)

'1 Tiro de Peña. Ataja Muniz.
'2 GOL: Peña recupera una pelota y encara a la defensa. Elude a un par y la pone contra un palo ante la salida de Muniz. (3 - 2)
'2 GOL: Nueva corrida y enganche de Peña para batir a Muniz. (3 - 3)
'3 Llegada de Maldonado: intento de cabeza de González Bertolino. Se va por encima del travesaño.
'4 GOL: Peña recibe la pelota, la frena, la pisa, mira el arco y patea alto y contra el travesaño fusilando a Muniz. Peña redondea en dos minutos una gran actuación personal, haciendo tres goles consecutivos y adelantando a su equipo. (3 - 4)
'4 GOL: di Tullio define suave y bajo ante la salida de Santullo. (4 - 4)
'5 Llegada de González Bertolino, remate desviado.
'6 Tiro de di Tullio
'6 GOL: Gol en contra de Leonardo Cabrera, no puede retener el balón y descoloca a Santullo. (5 - 4)
'8 GOL: Fernández de Palleja trepa por el lateral izquierdo y define bajo contra el pie de apoyo de Santullo. (6 - 4)
'9 Tiro al arco de di Tullio
'10 Intento de de León.
'11 GOL: di Tullio (7 - 4)
'11 GOL: Vistoso gol. González Bertolino recibe la pelota y la jopea sobre un costado de Leonardo Cabrera cuando este sale a marcarlo. González Bertolino la va a buscar por el otro lado y ajusta el remate hacia abajo ante la salida de Santullo. Estalla el equipo de Maldonado. (8 - 4) González Bertolino se lo dedica a su señora mamá en claro gesto. [Se siente el impacto del gol]
'13 Jugada personal de Trujillo: atajada de Santullo
'14 Tiro de di Tullio
'15 Jugada personal de González Bertolino. Elude dos jugadores y luego a Santullo. Define luego de zurda. La pelota da en el travesaño, baja, pica sobre la línea y sale.
'18 GOL: Gran jugada de Trujillo llevando la pelota desde su área casi hasta la rival, sacándose un par de hombres de encima. Pase al vacío para González Bertolino, que define picando la pelota para darse un autopase y eludir a Santullo, definiendo fuerte con el arco vacío. Quinto gol de González Bertolino, con el que se transforma en el goleador del partido. (9 - 4)
'19 Leonardo de León se retira extenuado del campo de juego. Sustituído por Agustín García (amigo, jugador invitado).
'21 GOL: Foul sobre Pedro Peña. Mientras algunos jugadores rivales se preocupan por la salud del jugador de San José, García saca rápidamente hacia atrás el tiro libre. Cabrera llega a la carrera y remata desde casi la mitad de la cancha. Es un golazo. El remate es violento y se cuela contra el palo ante la mirada atónita de los jugadores de Maldonado. (9 - 5)
'22 GOL: San José reacciona. Gran gol de Pedro Peña, dribbleando y definiendo ante salida de Muniz. (9 - 6)
'24 GOL: Cavallo en contra. (10 - 6)
'26 Sale lesionado Cabrera tras golpe de di Tullio (que recibe tarjeta amarilla). Entra de León de nuevo a la cancha.
'27 GOL: di Tullio (11 - 6)
'29 GOL: Trujillo (12 - 6)
'30: Fin del partido.

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Entrega de premios:

Mejor jugador del partido: Pedro Peña
Goleador: Damián González Bertolino (5)
Mejor arquero: Fabián Muniz



(*) Agradezco profundamente a Agustín García, quien tomó la gran base de estas notas mientras el partido se jugaba y me las cedió con total generosidad.

viernes, 27 de agosto de 2010

Apuntes de fútbol (II)


Al final Peñarol perdió 2 a 0 su partido amistoso ante Real Madrid en el Santiago Bernabeu. Fue una derrota decorosa, entendible y hasta gratificante para los hinchas de Peñarol y los simpatizantes del fútbol uruguayo en general. Y fue además el encuentro de dos realidades. Un probable campeón del fútbol español contra el campeón del fútbol uruguayo. El fútbol del campeón del Mundial contra el del cuarto del Mundial. Pero, como saben todos, las diferencias entre ambas realidades no se pueden medir con la velocidad que podría llevar contar del número uno al cuatro.
En este caso, tanto Real Madrid como Peñarol disputan este partido por el trofeo Santiago Bernabeu en conmemoración del medio siglo de la final de la Intercontinental entre ambos, tras la que se consagró el club español. Es un homenaje a lo que fueron, sólo que el Real Madrid lo sigue siendo. De ahí quizás la bronca de un titular en la página web de Don Balón, que sostenía que este compromiso "devaluaba" la Copa Santiago Bernabeu.
¿Qué le quedaba demostrar a Peñarol? En primera instancia, reivindicar la siempre redituable idea del decoro o de la vergüenza deportiva. Y lo logró, con un primer tiempo más que aceptable en el que tuvo períodos variados, entre ellos un brillante control del balón sobre el campo del Real Madrid entre los 15' y los 20'. El primer tiempo terminó yéndose con un 0 a 0 y la historia cambió después con un golazo del argentino Ángel di María.
Pero el resumen verdadero del partido está en el minuto 43 del primer tiempo, en un corner a favor de Real Madrid. De pronto el árbitro pita e impide que se realice el lanzamiento. Al parecer se ha dado en el área de Peñarol la típica situación de agarrones o empujones antes del centro. Nada del otro mundo. Sin embargo, unos instantes más tarde, cuando la acción ha quedado en nada y la pelota vuela hacia la mitad de la cancha, se ve en el replay el verdadero motivo de la interrupción. En las idas y vueltas, en los roces mientras aguardaban el envío al área, Marcelo Sosa ha visto el momento oportuno para hacer lo que tanto había deseado y anunciado antes de partir de Montevideo: despeinar a Cristiano Ronaldo. Antes de mencionar qué puede haber detrás de ese gesto que funciona como una de tantas avivadas que ahora pasan a engrosar el caudal de anécdotas pendencieras del fútbol uruguayo, cabe mirar un poco por separado a los dos jugadores. Por un lado tenemos a Cristiano Ronaldo, el que fracasó en el último Mundial, el que sale en las publicidades de shampoo o artículos por el estilo, el que tiene a las mujeres más finas, el que se perfuma antes de entrar a la cancha, el prototipo de la estrella total, el ególatra que todos resisten pero que varios hubieran querido ser. Por el otro lado, Marcelo "el Pato" Sosa: ni siquiera un delantero, el volante con algunas habilidades y otras rispideces varias, el que ya no juega en la Selección Uruguaya, el de los granos en la cara y el del pelo largo plantinado como en una presentación cumbiera, el que fue a jugar a la liga rusa y regresó espantado como Napoleón porque no sabía qué tanto frío hacía allí, el que trae la fuerza del cantegril para ganarse un lugar en la vida.
Si congelamos la imagen del segundo preciso en que el brazo de Marcelo Sosa se estira para llegar a la impoluta altitud de la cabellera de Cristiano Ronaldo, si congelamos esa imagen y los observamos a los dos, parece que se representa ante nuestros ojos una personificación de ambos equipos, una síntesis bastante elocuente. Si esto fuera una familia, una familia con varios años encima, Cristiano es el hijo que hizo todos los deberes, y Marcelo Sosa... bueno, en realidad se parece bastante a ese hermano un poco díscolo y medio bobo con el que no quisiéramos ni salir a la esquina.
Y ahora saquémosle el congelamiento a la imagen. La palma izquierda de Marcelo Sosa pasa fastidiosamente y a contrapelo por la cabellera de Cristiano Ronaldo, dejándole el particular aroma a Clear-Men. Así que Sosa lo logró... Por menos de un segundo redujo a uno de los mejores del mundo a cierta sumisión: su cabeza bajo su palma... Ven aquí y prostérnate ante un macho de verdad, loca suelta... Etcétera, etcétera... ¿Duración del acontecimiento? Muy poco. Bastante menos que la ilusión de todo el tiempo que puede llevar contar del número cuatro al número uno.

jueves, 26 de agosto de 2010

Apuntes de fútbol (I)


Empezó el Campeonato Uruguayo luego de la pausa por el Mundial y después de las vacaciones de los jugadores y las pretemporadas. Un día tenía que regresar el fútbol uruguayo. No el del cuarto puesto en Sudáfrica 2010. Se trata del fútbol uruguayo de las canchas vacías, de los céspedes raleados por los manchones ocres, el de El Tanque Sisley jugando de nuevo en Primera.
Empezó el Campeonato Uruguayo pero ni Nacional ni Peñarol jugaron en la primera fecha. Ambos postergaron sus partidos. Nacional ha tenido que aplazar su debut para el miércoles porque su rival, Wanderers, realiza una gira de amistosos por España. De todos modos, ha dado para que los tricolores realizaran un acto en el que presentaron su nuevo equipo: una especie de equipo de los sueños para el medio local, con la incorporación de último momento de Marcelo Gallardo, el 10 argentino que ya no va a ser tenido en cuenta por Ángel Cappa en River Plate de la vecina orilla.
En Peñarol, en cambio, las transferencias no han sido algo para hablar mucho. Además hay un detalle ambiguo. Egidio Arévalo Ríos, uno de los mejores mediocampistas del pasado Mundial, continúa en la institución. Sus posibles pases al fútbol italiano se han caído. Para el hincha de Peñarol es una alegría a medias ver a este jugador en el plantel. Por un lado se trata del único jugador mundialista que actúa en el medio local. Por otro lado, Arévalo Ríos ya tiene 28 años. Es ahora cuando se tiene que dar un pase a Europa. No más allá.
A todo esto, Peñarol prepara su partido amistoso ante Real Madrid en dos días, en el Santiago Bernabeu, y su compromiso contra Miramar Misiones por la primera fecha del Apertura ha quedado para comienzos de setiembre.
Por estos detalles se podría decir que el inicio del Apertura fue una fecha a medias. Y ni siquiera jugaron Defensor Sporting ni River Plate.
El equipo que ha quedado transitoriamente en la primera posición, por puntaje y por diferencia de goles, es Liverpool, que le ganó 3 a 1 a Rampla Jrs. El equipo del Cerro comenzó ganando, pero Liverpool se lo dio vuelta en cinco minutos como si se tratara de un par de cachetazos. La apoteosis llegó con un gol de chilena del "Viruta" Vera para poner el 2 a 1, y lo demás ya fue todo un traspié singular de Rampla Jrs.
Al día siguiente, el plantel entero debe asistir a la presentación en sociedad de la nueva infrastructura del club. Las nuevas autoridades anuncian las medidas de trabajo, los arreglos edilicios de la sede y hasta la nueva camiseta del equipo. Los dirigentes posan detrás de una mesa para las cámaras. Hay chicas lindas ("enrubiecidas") con la camiseta de Rampla Jrs. Sacan pecho bien hacia adelante como si allí sobre las tetas estuviera servido un cierto tipo de don que sólo Rampla Jrs. puede ofrecer. Hay contratistas, otros empresarios, más periodistas, etcétera. Pero faltan los propios jugadores. Entonces alguien da la voz y por entre los asientos, desde el fondo y hacia el centro, formando una columna despareja, hacen su entrada los jugadores, como si en realidad se tratase de un grupo de gente que se le coló al vigilante de la entrada. La voz en off del periodista del informativo donde pasan la nota asegura que los jugadores de Rampla Jrs. habrían querido haber empezado con una victoria en el Apertura. Y estuvo tan cerca. Le iban ganando 1 a 0 a Liverpool, y parpadearon y de repente ya estaban dos goles abajo... Ahora, en medio de la presentación del nuevo Rampla Jrs., los jugadores llevan todo ese fastidio en la cara. En realidad, todos tienen cara de no querer estar allí, o de una nostalgia de un lunes libre. Sobre la derecha hay unos asientos reservados para ellos. Cuando la cámara los enfoca ya sentados se ve que del uniforme del club sólo llevan puesta la camiseta. Unos llevan jeans o pantalones deportivos, y otros, los menos, un short. Los dirigentes hablan y hablan. Las chicas sonríen en automático. Los jugadores, pese a todo, permanecen de brazos cruzados. No hablan entre ellos. Así, todos uniformados, hacen que la diferencia jerárquica se torne indisimulable. Sólo que en esta oportunidad no se trata de una silenciosa protesta ante la patronal. Ahora cada cual, fruto de la derrota, sabe en qué lugar está. Ahora se sabe quiénes son los que tienen que rendir y quiénes son los que exigen; quiénes son los que no hicieron lo que tenían que hacer y quiénes están haciendo lo que hay que hacer. Por eso los jugadores de Rampla Jrs. no sonríen, no gesticulan. Son el rigor, el sufrimiento en sí mismos. No hay penitencia que no se puedan imponer, y eso no es nada al lado de los sacrificios que los dirigentes demuestran estar haciendo en esa conferencia de prensa. Así que, qué no podrían hacer los jugadores... Llevan en la cara el 3 a 1 contra Liverpool y se acabó. Sólo el capitán, sentado a la mesa junto a los dirigentes, pero también de brazos cruzados, se permite algún gesto mínimo, como un lugarteniente que da la cara por sus subordinados y que promete a todos los otros altos mandos que aquello no se va a repetir. Más tarde, consultado por los periodistas, el capitán trasuda vergüenza por traer la primera derrota a esa presentación en sociedad. No dice mucho. No hace falta tampoco que lo diga. Los actos de los futbolistas hablan por ellos mismos. Lo demás es todo replay.

miércoles, 25 de agosto de 2010

¡Mamá, ese escritor está jugando al fútbol!

En la imagen (arriba, de izq. a der.): Ignacio di Tullio, Pedro Peña, Ignacio Fernández de Palleja, Leonardo de León, Rodolfo Santullo, Valentín Trujillo, Martín Bentancor (cronista del partido); (debajo, de izq. a der.) Agustín García (jugador invitado), Gastón Brito (jugador invitado), Leonardo Cabrera, Damián González Bertolino y Fabián Muniz.

La obtención por parte de Leonardo de León del XVII Premio Nacional de Narrativa, por su libro "No vi la luna", es la causa perfecta, más que perfecta, para la revancha del encuentro fútbolístico del año pasado en Minas, cuando el representativo de escritores de Maldonado venció a su similar de San José por un ajustado 8 a 7.
La revancha se va a realizar en el mismo lugar de Minas: la cancha de fútbol-5 de la calle Treinta y Tres, a una cuadra de Avenida Centenario, el sábado 28 de agosto, a las 11 de la mañana.
Seguramente muchos de los asistentes y de los jugadores tienen todavía el recuerdo exacto de varias de las incidencias del cotejo anterior: la temprana salida por lesión de Leonardo de León que dejó a su equipo con el agua al cuello; los potentes remates de media distancia de Ignacio di Tullio; las atajadas estupendas de Rodolfo Santullo; el despliegue fervoroso de Leonardo Cabrera en el mediocampo; las pizarreadas de Valentín Trujillo; el estupendo gol de taco de Pedro Peña... No es poca cosa lo que se jugará el sábado 28, a pocas horas de la entrega de la Medalla Morosoli de Oro.
Las alineaciones son casi las mismas del año pasado, y en algunos casos presentan a jugadores invitados que defenderán con todo su honor los colores del departamento por el que jueguen. Ese es el caso de Ignacio di Tullio, poeta argentino que sin embargo vive en la localidad bonaerense de San Fernando (lo que lo acerca sin lugar a dudas a Maldonado). También ocurre algo similar en la formación de San José con Horacio Cavallo y Rodolfo Santullo, montevideanos, y con Leonardo de León, minuano.

Los equipos, ya confirmados, son los siguientes.

Maldonado: Fabian Muniz; Ignacio Fernández de Palleja, Ignacio di Tullio; Valentín Trujillo y Damián González Bertolino.

San José: Rodolfo Santullo; Horacio Cavallo; Leonardo de León, Leonardo Cabrera y Pedro Peña.

martes, 20 de julio de 2010

El regreso (II)


Había que quedarse unos minutos parado luego del paso del ómnibus que transportaba a la Selección Uruguaya por Avenida del Libertador para captar de otra forma lo que este equipo generó en las personas. No se trata ya de las imágenes repetidas una y otra vez por la televisión y los diarios, esos momentos de contacto mínimo en los que los jugadores reciben del pueblo la ofrenda justa y puntual de todos los que se les acercan.
Esto es sobre ese espacio, testigo de tanta intensidad, que el ómnibus ya ha dejado atrás, acortando las cuadras que lo separan en la recta final hacia el Palacio Legislativo. Papelitos picados, invariablemente con los colores blanco y celeste, amontonados contra el cordón de la vereda por el viento gélido que llega desde el Río de la Plata. La histeria beatlemaníaca repartida en pequeños grupos de trémulas adolescentes sentadas contra los edificios repitiendo frases como "¡¡Me miró!!... ¡¡Me miró!!" o "¡¡Lo toqué!!... ¡¡Lo toqué, boluda!!". Los rostros todavía traspasados por la emoción de los empleados que han abandonado la oficina o los comercios por unos instantes y que demoran en regresar a sus puestos. Una mujer que podría ser la hermana mayor de Washington Tabárez maldiciendo por los jugadores más "pendejos" que no le dejaron ver bien a Diego Forlán. Otra mujer, de unos 35 años, que le grita papito a Diego Lugano ante la mirada de su hijo adolescente que de pronto redescubre a su madre. Parejas besándose en las esquinas. Viejos conocidos que se reencuentran y se abrazan después de tanto tiempo en esas cuadras, porque hasta allí ha ido a parar todo el mundo. Las mejillas coloradas de una niña de cinco o seis años que ondula entre la multitud sobre los hombros de su padre. Hace demasiado frío en esa tarde del martes 13 de julio de 2010.
El ómnibus sube por Avenida del Libertador. La gente forma un remolino y busca el instante de la fotografía precisa, o el contacto con las manos de los jugadores o una mirada cómplice. Pero de todo eso se eleva el agradecimiento. Las fachadas de los edificios sobre la avenida exhiben hasta dedicatorias especiales para cada jugador del plantel celeste: BUENA LODEIRO... GRACIAS MAESTRO... TREMENDO CAVANI... MUCHO FUCI... GRANDE PALITO... HEROICO RUSO... SOBERBIO CACHA... ÍDOLO LOCO... GENIAL LUISITO... IMPECABLE MAURI... Todo es de dos colores, o tres, si se suma el amarillo del sol de nuestra bandera. Un simple paño que diga gracias con unos pocos trazos está expresando un sentido que se dispara hacia todas partes. Lo que hay que agradecer puede ser la totalidad de la campaña que terminó en el cuarto puesto, pero también algunos actos que representaron esa totalidad: la mano de Suárez, la picada en el penal de Abreu, alguno de los goles de Forlán o algún trancazo de Diego Pérez o un cierre de Diego Godín o Jorge Fucile... El ómnibus sigue de largo. Detrás queda el frente gris e impertérrito del IPA, con una pintada en negro en su parte superior reclamando coparticipación y reforma en el sistema educativo, casi como la idea de un país que esta tarde se ha esfumado. ENORME DIEGO... FENOMENAL MUSLERA... GLORIOSO TOTA... GRANDE PALITO... El duro viento golpea las lonas celestes contra las ventanas. Permanecen dadas vueltas hasta que el viento afloja y entonces las mayúsculas reaparecen otra vez más como los gritos salvadores de los hinchas que se cuelan en los momentos de silencio...
La ola de frío polar refuerza en realidad la idea del cariño que la gente quiere expresar. Nadie se echa atrás por el frío, salvo aquellos padres que ya deben guardar a sus hijos pequeños. Pero los otros, los que son más, perciben que el frío es la materia indicada por la que todos deben moverse para llegar hasta los jugadores, tal como si fuera una prueba de lealtad, o como si fuera el mínimo requisito para igualarse en algo al heroísmo de la entrega propio del medio campo integrado por Diego Pérez y Egidio Arévalo Ríos. A la gente le está gustando una cierta manera de padecer el frío cuando el ómnibus está cada vez más cerca del Palacio Legislativo, a eso de las tres y media de la tarde. Desde las ocho de la mañana cientos, y luego miles, se han agolpado contra las rejas colocadas frente al escenario y han esperado, esperado y esperado, apenas acicateados por los conductores y los grupos folklóricos o murgueros de turno. Y sin embargo el agradecimiento no es algo que sólo se pueda medir en horas o en kilómetros. Cada uno de los casi ochenta mil individuos que estuvieron presentes en el acto, o cada uno de los quinientos mil que formaron parte de la caravana por la rambla de Montevideo, quieren que el agradecimiento no sea medido por algo en especial. El agradecimiento debe ser algo que puedan renovar a cada segundo que transcurre.
¿Qué es lo que la gente ve en estos jugadores para causar tanta devoción, más allá de la estricta satisfacción deportiva? Puede encontrarse una respuesta en la gente que desanda el camino por la misma Avenida del Libertador una vez concluido el acto. No se puede ver a nadie que no se sienta feliz, en una ciudad que se caracteriza por sus caras largas en los ómnibus o en la extensa procesión que es 18 de Julio. Nadie que se tropiece con alguien deja de pedir disculpas y de sonreír, de mostrarse atento con el otro. Esto es algo para considerar. El Presidente Mujica, en el comienzo del acto, señaló de forma muy oportuna que la felicidad que se estaba viviendo era una cosa única, una cosa cuya propiedad no se la podía reservar ningún partido político, ningún club, nadie. Y eso se veía en la sorprendente escasez de banderas de Nacional o de Peñarol que había colgadas en los balcones, y en la apabullante presencia del Pabellón Nacional. Miles de Pabellones Nacional. El mismo Pabellón Nacional que se resignifica otra vez más, se carga de una fuerza nueva y hace ver el de la Plaza de la Bandera, levantado por el último gobierno militar, ahora como algo inédito... De hecho, una doble presencia de poderío como lo fue el paso de homenaje de dos jets de combate A37B, del Escuadrón de Caza de la Fuerza Aérea, que ensordecieron al público y que obligaron al "Maestro" Tabárez a interrumpir su discurso, fueron tomados por el público casi con el ánimo fascinado de un niño. O más: el mismo canto del Himno Nacional por miles y miles de personas al unísono expresó una unión que no se hallaba en este país desde hace mucho tiempo, y que los jugadores trajeron desde África con su capacidad para sacrificarse por un ideal, aspecto cuya expresión más ilustrativa sea quizás la "mano de Suárez" ante Ghana. Sin embargo, en esa desbandada por Avenida del Libertador, toda la gente tiene la sensación de haber asistido al reencuentro con personas queridas desde hace mucho tiempo... Y esto son los jugadores de Uruguay: buenas personas. De algún modo u otro llegaron a convencer al pueblo uruguayo de ello; algo tan simple y a la vez tan difícil de demostrar. Cuando Sebastián Abreu toma el micrófono y la conducción del acto, sorprendiendo a todos, y afirma que recibe la medalla de la Presidencia de la República como "mejor suplente del mundo" por ser el sustituto de Diego Forlán, las carcajadas estallan. Es preciso que haya un grupo humano muy muy bien consolidado, en el que cada uno sabe cuál es su sitio dentro del conjunto, para que una frase así sea leída sin doble interpretación. No hay líderes negativos en esta selección uruguaya, no hay un asomo de rencillas ni de lucha de identidades. La gente lo sabe de forma profunda. Y por eso, como en los grandes ciclos míticos, los jugadores de este equipo regresaron del otro continente y cumplieron con el único objetivo que les quedaba pendiente: el de derramar sobre su propio pueblo la certidumbre de una temporalidad nueva.

domingo, 11 de julio de 2010

España y el resto del mundo


Primero tiempo

'0 Falta de van Persie.

'1 Primer ataque de España. Los jugadores de Holanda se juntan dentro del área, y con sus camisetas fluorescentes parecen una protesta de trabajadores de la vía pública. Mueven los brazos a todos lados. Parece que hay pozos.

'4 Centro de Xavi en un tiro libre. La cámara lo capta en un primer plano. Xavi es indiscutiblemente parecido al Robert Downey Jr. de la primera época. Ramos cabecea y tapa Stekelenburg en el medio del arco.

'6 "La pelota es la linterna que ilumina los caminos de España", Mario Bardanca (contemporáneo)

'8 Pica Villa entre los zagueros de Holanda. La atrapa Stekelenburg.

'11 Centro pasado. Villa remata de zurda y la pelota pega en la parte exterior de la red... "España ya no es el toro, es el torero que juega con la capa", Mario Bardanca.

'14 Amarilla para van Perise. Le protesta al juez describiendo un círculo con sus manos. Pero no hay posibilidad de que Howard Webb le crea. Por su tamaño, el gesto de van Persie recuerda más un embarazo de ocho meses que una pelota número cinco.

'15 La cámara muestra a la Reina Sofía de España y al Príncipe de Holanda, juntos en el palco, intercambiando algún que otro comentario.

'16 Falta de Puyol contra Robben. Amarilla para el español. La cámara ultralenta muestra una secuencia de una película de Jean-Claude van Damme.

'17 Primero tiro de Holanda al arco. Ataja Casillas. Holanda sabe, pero sabe, que empezó el partido.

'21 Falta de van Bommel contra Iniesta. Amarilla.

'22 Amarilla para Ramos por falta sobre Kuyt.

'24 Lo más emocionante hasta ahora: Dos ataques de España y como siete patadas.

'26 Zzzzzzzzz

'27 A despertarse. Amarilla para De Jong. En realidad fue tan sólo una plancha en el pecho a Xabi Alonso. De Jong le protesta a Webb diciéndole que no vio a Xabi Alonso. Quizás se refiera al otro, a Xavi. ¿Quién sabe?

'30 Robben y Kuyt, punteros, pasan a jugar ahora de laterales. Posesión de la pelota: España 56%, Holanda 44%. En faltas, gana Holanda 9 a 3. Pero si se cuenta bien la plancha al pecho de De Jong, que fue como un combo de Mortal Kombat, el resultado es 36 a 3.

'33 Heitinga quiere devolver la gentileza. Saca y casi la mete por encima de Casillas. Algo no anda bien.

'35 Los hinchas empiezan a cantar. No les importa la diferencia horaria.

'36 Zzzzzzzzzz

'40 Un par de ataques de España, que ha iniciado su trabajo de hipnosis.

'41 Otra falta karateka. Esta vez Sneijder.

'45 Remate apretado y abajo de Robben. Casillas manda al corner. No pasa mucho más.

Segundo tiempo

'2 Corner para España. Jugada entre Xavi e Iniesta.

'3 Empieza a llover acá en Maldonado.

'9 Amarilla para van Bronckhorst. El tiro libre de Xavi se va apenas desviado.

'10 Otra patada para Villa, de un holandés que no le había pegado hasta el momento.

'11 Amarilla a Heitinga. El árbitro Webb está 30 segundos atrasado.

'12 Falta de Iniesta. Tiro libre para Holanda.

'14 Sin querer parto el lápiz con el que hago estas anotaciones.

'15 Centro de Holanda. Cabezazos desprolijos. Ahora se la pegan a Piqué en la cabeza.

'16 Robben sirve un pase al medio para Sneijder. Casi gol. Casillas la saca al corner con una pierna.

'18 Zzzzzzzz

'19 España comienza a mover la pelota hacia los costados.

'21 Amarilla para Capdevila. Tiro libre de Robben. No... pasa... na...da...

'24 Ataque de España. Casi gol de Villa. España conoce las puntas de la cancha. Van Bronckhorst necesita ayuda.

'25 Se va Kuyt. Entra Elia.

'27 Falta sobre Iniesta al borde del área, del lado izquierdo. Villa patea afuera.

'31 Corner para España. Cabecea Ramos solo y lo erra por encima del travesaño.

'32 Se pica entre van Bommel e Iniesta.

'33 Complica Navas por la derecha.

'35 Pase de Alonso para Iniesta. Iniesta se mete en el área. Pregunta: ¿Por qué Iniesta engancha adentro donde están los holandeses y no hacia afuera para sacar el remate? Iniesta parece buscar la más difícil.

'37 Otra vez Robben tiene el gol de partido. Puyol lo molesta un poco en la carrera. Pero no es para tanto. Casillas se adelanta y toma la pelota seguro... Amarilla contra Robben en la jugada siguiente, por protestar. Sin embargo el juez sigue siendo hijo suyo.

'41 Se va Xabi Alonso. Entra Fábregas.

'44 Van Persie, al que se le ha sancionado off-side, se saca de encima a Casillas y define. La pelota da en el palo. No es así...

'46 Manejo de la pelota de España... Ambos equipos se cierran al final del segundo tiempo.

'47 Sneijder busca el gol de la victoria desde lejos con un remate sorpresivo. En su cabeza el mundo gira de una manera. La realidad está un poco lejos.

'48 Fin del segundo tiempo.

Primer tiempo del alargue

'0 Incursión de Robben por derecha. Lo marcan tres jugadores. La vida continúa.

'1 Navas ataca por derecha. Lo marcan algunos holandeses. La vida continúa siguiendo.

'2 Los españoles piden penal. El árbitro concede sólo un corner. Lo patea Xavi y no pasa nada.

'3 Primer plano de la pelada del árbitro Howard Webb. Se trasluce un cráneo impresionante.

'4 Iniesta para Fábregas, que define contra la salida de Stekelenburg. El arquero holandés la saca al corner con una pierna.

'5 Cabezazo de España por encima del horizontal.

'6 Tiro al arco de De Jong. Controla Casillas. La pelota va hacia Iniesta, que juega para Capdevila. Centro para Xavi. Corner.

'7 Puyol cabecea el tiro del corner hacia afuera, bastante desviado.

'8 Pase de Fábregas al vacío para Iniesta. Iniesta no define. Engancha y se la saca van Bronckhorst. ¿Qué tipo de gol quiere hacer España?

'9 Se va De Jong. Tiene que dirigir un curso de especialización en traqueotomía en la Universidad de Rotterdam y el avión sale en un rato.

'10 Remata Navas. La pelota pega en la parte de afuera de la red. Hay un corner que no lleva a nada.

'11 Holanda tiene ganas de hacer un gol.

'12 La Reina Sofía, con una manta roja cubriendo su falda, se acaricia los nudillos de la mano izquierda. El príncipe de Holanda sigue como siempre a su lado. Pero se ha abierto entre ellos un espacio. Al príncipe le cuelga largamente su bufanda naranja. Tiene cara de estar pensando qué es lo que van a servir a la hora de la cena. Linda foto para la revista ¡HOLA!

'13 Fábregas remata desde afuera. La pelota se va por fuera contra un palo.

'14 Se va van Bronckhorst. Entra otro holandés.

'15 El tiempo simplemente se consume para que podamos llegar al minuto '16

'16 Llega el minuto 16. Se termina el primer tiempo.

Segundo tiempo del alargue

Se va Villa. Entra Torres.

'3 Iniesta se va solo hacia el gol. Heitinga lo derriba y recibe doble amarilla y es expulsado.

'4 Xavi dispara el tiro libre por encima del travesaño. La cámara ultralenta muestra a Xavi mirando hacia atrás, con su cara de Robert Downey Jr. Lo tapan los rulos de Puyol, lentos, hacia arriba, hacia abajo, como los tentáculos de un pulpo deslizándose en el fondo del mar.

'5 Falta sobre Iniesta.

'6 Centro al área. Rechaza Stekelenburg.

'7 Robben se hace el vivo. Define cuando ya había sido cobrado el off-side. El árbitro le dice que no va más... que no va más a cobrarle nada, que le dé tranquilo.

'8 Tiro libre para Holanda. Queda postergado para el minuto siguiente por problemas en el armado y la colocación de la barrera. Una lástima...

'9 La barrera demora aún media hora más en armarse. Sneijder le respira encima. Los españoles se quejan del mal aliento de los integrantes de la barrera. Se realiza el tiro libre y el remate pega en uno de los hombros de los holandeses y se va al corner.

'10 ¡Gol de Iniesta! Lo dejan sólo en el área y remata fuerte y cruzado hacia el segundo palo.

'11 Toda Holanda protesta.

'12 y '13 Replays... Casillas llorando. La Reina Sofía saltando, volando podría decirse, con un promedio de elevación de unos 6,5 centímetros. El príncipe de Holanda apoyado contra la barandilla, definitivamente alejado de la Reina Sofía, observando para otro lado. No es changa lo que se tiene que aguantar por ser de la realeza.

'14 y '15 Aumenta el volumen de las vuvuzelas. Ataca Holanda con centros.

'16 Etcétera.

'17 ESPAÑA CAMPEÓN DEL MUNDO.

Los pulpos son de palo (II)

[próximamente... sepan disculpar...]

sábado, 10 de julio de 2010

Los pulpos son de palo (I)



Ver el partido por el tercer puesto de un Mundial es una forma de presenciar una variante de la misma final del mundo. Y es también uno de esos partidos tan importantes como poco dramáticos en los que llevarse la victoria no está nada mal, pero en los que no es ninguna desgracia mayor salir derrotado. Apenas si queda un registro anecdótico al costado del resultado de la propia final. Tampoco es que con esto le quiera quitar trascendencia a un partido que Uruguay nunca ganó en su historia, y que todos querían ganar hoy cuando apretaron los puños y los dientes en el último tiro libre del partido que Forlán estrelló en el travesaño y dejó el partido 3 a 2 a favor de los alemanes. Otra vez la bronca por el mismo resultado que nos dejó fuera de la final, y otra vez la bronca por la falta de suerte que en ambos partidos, sin despreciar que se perdió bien antes dos grandes rivales, nos torció el curso en los instantes menos indicados. Hace una semana, antes del partido contra Holanda, un amigo me confesó que sentía un miedo enorme de que hubiéramos agotado todas nuestras reservas de "fortuna" tras el partido contra Ghana, como si esto fuera un videojuego en el que se acumulan "poderes" y se los administra con mayor o menor conciencia. La verdad es que si se observa una y otra vez el penal que marra Asamoah Gyan, cumplida la hora del alargue, todavía es algo inconcebible. La presunción de mi amigo parece estar bien explicada ahora, luego de quedarnos definitivamente con el cuarto puesto; pero también todos sabemos en este país las cosas que habríamos sacrificado de nuevo por jugar una instancia semifinal. Una de ellas fue contundente: que Suárez se perdiera el partido ante Holanda.
En cambio ahora, cuando estamos más allá de las previsiones, los nervios, los cálculos y las arengas, lo que podemos sentir es un orgullo inconmensurable por la pasión que estos futbolistas demostraron en cada segundo de juego. Tan sólo la forma en que Diego Pérez va al suelo y le roba la pelota a Schweinsteiger para el empate de Cavani, pone de ejemplo una vez más la decisión de este equipo de querer llevarse el partido por delante, siempre. Ese hecho... O cada unos de los cierres de Jorge Fucile o de Diego Godín, o la corrida por derecha de Egidio Arévalo Ríos para meterle el centro a Diego Forlán en el segundo gol; todas esas incidencias de juego, como tantas otras (incluso como la desazón de Muslera y de Lugano en cada gol alemán), estuvieron para nosotros, los hinchas de Uruguay, y también para los televidentes del planeta entero, impregnadas de coraje, de amor propio. Eso. Y nada de bravuconería o de prepotencia, viendo el resultado antes de que este se manifestara. No. Nunca. Uruguay salía a cada partido sabiendo que su rival jugaba y que le podía hacer pasar malos ratos, tal como le sucedió. Sin embargo, uno de los aspectos que causan gran satisfacción de este Uruguay es la consideración extrema del rival y la aplicación de una respuesta inmediata al problema que surge ante cada equipo. Esa respuesta no está sólo marcada por el coraje, sino que a eso hay que agregarle la gran capacidad de juego. Como hoy contra Alemania, cuando Uruguay llegaba a ganar por 2 a 1 y los alemanes no encontraban la pelota por ninguna parte. Alemania es un gran equipo. Nadie se habría asombrado si le hubiera ganado a España en la semifinal y hubiera superado a Holanda en la final. Pero Uruguay demostró que se puso a la altura de esos grandes equipos porque reunió lo mismo que ellos: trabajo, temperamento y talento. Lo demás es circunstancial. El fútbol tiene mucho de circunstancial, y por eso es un deporte que amamos, porque también logra sorprendernos siempre. Pero no se llega a los lugares más altos de un torneo gracias a las circunstancias. Por eso da gusto ver a este Uruguay. Cuando se ve en la televisión que la gente regresa tranquila a sus hogares desde las pantallas gigantes ubicadas en las plazas de las ciudades, cuando se ve eso luego del partido contra Holanda y a los días contra Alemania, allí hay un equipo que logró algo igual de importante que un campeonato. Veintitrés jugadores y un cuerpo técnico alcanzaron a tocar una dimensión del espacio entre los individuos que no había sido explorada por mucho tiempo. Y lo lograron mediante una actividad tan inofensiva como el fútbol. Lo lograron trasladando un esférico de un sector a otro de un campo delimitado con líneas blancas, como si se tratara de un actividad abstracta o geométrica... Estos jugadores uruguayos no sólo le regalaron a la gente un cuarto puesto en el Campeonato del Mundo de Sudáfrica en 2010. Nos otorgaron un valor que ahora es necesario trasladar a nuestras vidas sencillas, donde no hay noventa minutos que nos agobien con su carrera loca. Ese valor se coloca en un punto que está a medio camino entre nuestras preocupaciones, nuestro dolor, y lo que nosotros tenemos para ofrecer. Y como el fútbol es metafórico a un nivel muy profundo de nuestras experiencia y sensibilidad, ahora le toca a cada uno sentarse a pensar cómo se tiene que utilizar este obsequio tan especial.

viernes, 9 de julio de 2010

Todos hipnotizados


Maradona ha empezado a hablar de nuevo. Parece que al ver la semifinal que España le ganó por 1 a 0 a Alemania concluyó que a la selección ibérica habría que colocarle las áreas en ambos costados de la cancha. Maradona parece hoy por hoy el sujeto menos indicado para opinar sobre cómo se le gana a Alemania. Con tal criterio habría que decir que a Argentina el área y el arco rivales habría que dejárselos por delante de la línea de defensas. Sin embargo, el Diego de esto algo sabe. Si Alemania se caracterizó (sobre todo en las victorias ante Australia, Inglaterra y Argentina) por aplicar un método de juego efectivo y hasta de una sencillez pasmosa, España se le paró enfrente como la caricatura de esa actitud. El primer tiempo pareció una tomadura de pelo enorme al fútbol alemán. España tomó la pelota y la paseó por todo el campo de juego, sobre todo de una banda a la otra. Si la defensa alemana se cerraba, los volantes españoles preferían una y mil veces pasarla hacia atrás, incluso hasta Iker Casillas, para devolverla hacia el medio campo, para un costado, luego para el otro, y de vuelta y de vuelta, y de vuelta y de vuelta, hasta que huuuummmm, ¡qué sueño! ¿no?... Los alemanes, que del tema saben, y mucho, la miraban pasar como si jugaran al "monito" con ellos. España, por lo pronto, ya puede ser considerada la campeona mundial de "monito", aunque le ganó a los germanos con un gol en el segundo tiempo traído de otro partido. Un gol poco extraordinario en el que vemos a Puyol corriendo desde detrás de la media luna y yendo a buscar el centro enviado desde el corner. Puyol cabecea con gran potencia y pone el 1 a 0 con el gol que menos habría querido hacer España para entrar en la final de un Mundial. España quería un gol como el segundo que le hizo a Chile, o como el gol con el que mandaron a casa al macaco de Cristiano Ronaldo y su selección. Una jugada por el sector izquierdo entre Iniesta y Xavi. Algo así. Como lo que intentaron una y otra vez en l segundo tiempo. Parece que España quiere entrar al arco con pelota. Parece que su actitud es la de querer driblear hasta el arquero para demostrarle a todo el mundo lo brillante de su forma de jugar. Para que todo el mundo entienda que nadie juega así, ni siquiera Brasil ya. Pero esos goles no le salen todo lo seguido que quisieran. En un Mundial se tienen que hacer también otras cosas. Sin embargo, los periodistas están embelesados con esto. Se babean cuando ven que España no renuncia a su estilo "de seda", cuando el mote de "Furia" se asemeja a la evocación de un pasado inconveniente. Los periodistas mueren de amor al observar que cuando a España un ataque no le sale la pelota deriva hasta el mismísimo Casillas y otra vez a empezar... Todos mueren con esas delicadezas. Pero en el fútbol hay que ser malo, hay que ser bastante sucio a veces y mandar todo al traste con un gol como el de Puyol, un gol de un equipo común y corriente, el tipo de gol al que los alemanes no renunciaron en ningún instante, y que casi lograron con seis o siete toques más despabiladores que el resto del partido cuando España se apoderó de la pelota.

Ahí

jueves, 1 de julio de 2010

Mamá, ¿cómo sé si tengo la garra charrúa?


Puesto ante el problema de tener que definir qué es la "garra charrúa" luego de la trabajosa victoria de la Celeste ante Corea del Sur por 2 a 1, un periodista de la agencia Reuters recurre a Pablo Forlán, mítico center-half de Uruguay en los Mundiales de México '70 y Alemania '74, y, obviamente, padre de Diego Forlán. La conclusión final afirma que la garra charrúa es alcanzar el triunfo cuando parecía algo imposible. Dicha conclusión, lo sabemos los uruguayos, está un poco recortada. La garra charrúa como tal podría definirse como un estado, una actitud ante el juego por encima incluso del resultado obtenido. Y aunque la garra charrúa se ha hecho valiosa a partir de los triunfos, uno puede incluso llegar a percibirla en los partidos de los que salimos derrotados. Pero la cuestión es que de un tiempo a esta parte, de muchos años a esta parte, la gente se cansó un poco de la garra charrúa. La gente comenzó a sentir que ante el panorama del fútbol mundial de las últimas décadas, recurrir a la garra charrúa ya se estaba convirtiendo en un recurso atávico. Nadie podía dejar de estar orgulloso de su presencia tutelar, pero todos se estaban dando cuenta de que en el fútbol de hoy no se puede salir adelante solamente con la garra charrúa. A menos que se tenga algo más, claro; a menos que se proponga algo más desde el juego. Y esta selección uruguaya lo propone.
Cuando los primeros 20 ó 25 minutos del partido anunciaban un camino de rosas para Uruguay, con un gol marcado a los 8 minutos por Luis Suárez tras un pase espectacular de Diego Forlán, con un manejo del partido que recordaba a los efectuados ante Sudáfrica y ante México, cuando el sol brillaba sobre la grama y todos podíamos pensar en seguir de largo, Corea del Sur cambió de repente. Aquel equipo timorato que muchos habíamos visto perder por goleada ante Argentina desapareció para siempre del Mundial. Las subidas de Park se hicieron insoportables. Corea del Sur comenzó a complicar a la Celeste con su buen manejo de la pelota. Los defensas uruguayos ahora pasaban a resolver situaciones impensadas unos pocos minutos atrás. El medio de la cancha, donde hasta hace poco rato habían mandado Diego Pérez y Egidio Arévalo Ríos, era propiedad exclusiva de los coreanos. Así culminaba el primer tiempo, con el anuncio de que si Tabárez no proponía algún cambio drástico, el rival iba a pasar de largo.
Pero a la vuelta del partido el cambio drástico fue la salida de Diego Godín, lesionado y reemplazado en el entretiempo por Mauricio Victorino. Con la entrada de Victorino, Uruguay no perdió para el segundo tiempo nada de entrega por parte de sus zagueros, pero sí algunos centímetros. Allí donde Godín podía resolver por arriba los problemas que la altura de los coreanos causaban, Victorino hacía lo que podía, y así y todo jugó un buen partido. Pero todo complicaba. Primero la aparición de la lluvia. Segundo la persistencia de Corea del Sur, jugando exactamente igual a como lo había hecho durante toda la segunda parte del primer tiempo. La pelota se volvió escurridiza y el terreno de juego una verdadera pista de hielo. Los coreanos, con toda su velocidad y su capacidad física desplegada, comenzaron a sentirse cada vez más a gusto con la situación. Llegó un instante en el que Uruguay extrañó aquella época en que nadie le pedía justificarse para cruzar la mitad de la cancha... Así que el merecido empate llegó en el minuto 68. El mareo entre los zagueros y los laterales y Muslera fue tan grande, que cuando cayó el centro ya nadie sabía a quién de los coreanos tenía que tomar. Lugano no llega a cubrir y Muslera sale a medias. Lee Chung Yong cabecea y pone el 1 a 1... El record de Muslera pasó a ser una anécodta para revisar al día siguiente. Tras ese tanto pasó a ser el arquero uruguayo con más minutos sin la valla vencida (390) en un campeonato del mundo, superando al gran Ladislao Mazurkiewicz. Pero todo eso no tenía trascendencia si uno miraba el festejo de los coreanos. A esa altura, aquello ni siquiera tenía olor a alargue. Los fantasmas de la Eliminatoria hacían su aparición cuando menos se los esperaba.
Mucho se escribió y se habló luego del partido acerca de la gran reacción de Uruguay apenas llegó ese gol. Los más con satisfacción y admiración. Otros, un poco dormidos, con cierto aire reprobatorio, se preguntaron por qué Uruguay se había dejado hacer un gol para tener que levantar su nivel de juego. Lo concreto es que la rebeldía de Uruguay, allí donde todos vieron la garra charrúa entrando en acción, estuvo apuntalada por un aspecto nada menor que tiene este equipo: el hecho de que juega bien. ¿Qué significa en este caso "jugar bien"? No es precisamente jugar de forma vistosa, sino saber lo que el partido tiene para darle y lo que a su vez el equipo puede hacer por el partido. Esta selección uruguaya tiene una capacidad de lectura y de manejo del partido importante. Sin ella, la garra charrúa habría terminado transformándose en un berrinche.
Hay un acto clave del partido un poco antes del segundo gol de Suárez, y ese acto no tuvo una consecuencia mayor sobre la incidencia del juego en el que se manifestó, pero sí sobre el resto del partido. Consistió en lo siguiente: En uno de los ataques de Uruguay, no del todo claros, la pelota queda picando dentro del área de Corea del Sur, a medio camino entre dos defensas. Es una de esas pelotas que aunque están dentro de la zona de peligro no llevan riesgo. Los defensas saben que cuentan con la ventaja del espacio y del tiempo para demorar la acción, levantar la cabeza y elegir al compañero mejor ubicado para continuar con el juego. En una jugada así, cuando la pelota queda picando en el área coreana, lejos de cualquier jugador uruguayo, por un callejón, desde muchos, muchos metros atrás, aparece la figura de Diego Pérez peleando por esa pelota y exigiendo a los defensas a realizar un plan de último momento. Diego Pérez no tenía porqué ir a buscar esa pelota. Las probabilidades de que la jugada tuviera un final feliz eran nulas, y las de que el medio de la cancha quedara descompensado, totales. Pero el partido no fue el mismo a partir de entonces. Ese solo acto, en apariencia gratuito, marcó el desarrollo posterior del encuentro.
Y unos instantes después llegó el segundo gol de Suárez; un tiro en diagonal, enroscándose contra el segundo palo. La situación es tan dura e impactante que tiene la misma fuerza y duración de un rayo cayendo en el segundo más desesperante de la tormenta que sacudía esa tarde de Port Elizabeth. Los comentarios sobre cómo ese gol de Suárez dio de lleno en la sensibilidad de la gente van a trascender con los días. Las lágrimas de muchos se vinieron al suelo. Uruguay clasificaba luego de cuarenta años a cuartos de final, pero el hecho más sustancial era cómo lo lograba. El alma o el corazón o la gallardía (todas categorías evanescentes para hablar de fútbol) que demostró este equipo logró conmover a las personas, a las que les gusta el fútbol y a las que entienden poco y se arriman en épocas de mundiales. Ahora todos quieren saber qué más puede lograr este equipo. Muchos se animan a soñar de verdad, sin temor alguno, sin vergüenza. Porque todos confían, todos aprendieron a confiar. Por eso, cuando al final del partido el remate de un coreano pasa entre las piernas de Muslera y se dirige lentamente a la línea de gol, todos, dentro de la ansiedad imperante, entendimos que esa pelota no iba a entrar. Vimos entonces al capitán Lugano trotar hacia ella y salir jugando contra la línea, con los brazos extendidos hacia los costados en la clara señal de "no pasa nada". No pasaba nada: Uruguay había logrado apoderarse del espacio, el tiempo y sus ventajas.

lunes, 28 de junio de 2010

Con la Voluntad no se juega


UN PULPO "VIDENTE" SE INCLINÓ POR ALEMANIA

Berlín (AP). - Un pulpo de dos años con poderes de "adivino" predijo que Alemania eliminará a Inglaterra en el choque de mañana. Tanja Munzig, vocera del acuario berlinés Sea Life, explicó que Paul (tal su nombre) escogió un mejillón del vaso que tenía la bandera germana por sobre el que llevaba la inglesa. Créase o no, el molusco ya predijo los éxitos alemanes ante Australia y Ghana, y la derrota frente a Serbia.


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Las cosas ya no son lo que solían ser... O al menos no como lo fueron una vez, una vez sola.
La noche anterior al partido entre Inglaterra y Alemania me puse a leer algo sobre lo que era de la vida de Huster, uno de esos típicos casos de jugadores que irrumpen en un Mundial contra todos los pronósticos, saltando del banco de suplentes para revelar una personalidad sorprendente donde otros estaban llamados a hacer las grandes cosas. Y así fue. Huster saltó a la cancha en la selección de Inglaterra en 1966 y, entre otros goles, anotó el tanto con el que Inglaterra se aventajó a Alemania en el alargue de la final, el recordado gol que no fue gol, porque la pelota pegó en el travesaño, bajó contra la línea y regresó a la cancha. Pero como el línea lo validó, y como esto es lo que tiene el fútbol, terminó siendo gol. Con la Segunda Guerra Mundial terminada en la vuelta de esquina anterior, un hecho así se cargó de un sentido insoslayable.
Un poco por eso me dio gracia escuchar "I should have know better", de los Beatles, cuando anunciaron la formación de Inglaterra ante Alemania en Radio Oriental, de Montevideo, y mucho más ver después en el compacto de la noche que Mick Jagger estuvo presente en el palco entonando "God save the Queen", minutos antes del comienzo del partido. Había que ver las arrugas de la cara de Jagger para leer allí lo que fue, lo que pudo haber sido y, sin ningún lugar a dudas, lo que nunca más va a ser. El esplendor de una Inglaterra irrecuperable. La Reina aún bien entrada en carnes saludando a los jugadores y entregándole la copa Jules Rimet a Bobby Moore, los Beatles grabando "Revolver", la sonrisa socarrona de Winston Churchill presente en la conciencia de todos como la del mismísimo Gato de Cheshire, un misterio fugaz como el de una pelota apareciendo y desapareciendo. El gol de Huster fue el momento culminante de la múltiple perspectiva lunática que uno puede hallar en un diálogo de "Alicia en el país de la maravillas". Los alemanes se metieron a jugar al fútbol en un jardín inglés y quedaron patas arriba.
Pero el mundo ha cambiado. Por eso quedaron un poco anacrónicas algunas comparaciones históricas antes del partido hechas por algún que otro periodista deportivo trasnochado con el deseo fijo en la cabeza de dar un par de materias de Ciencias Sociales. Es más, si Churchill llegaba a ver lo que fue la paliza por 4 a 1 de Alemania a Inglaterra, seguro que la sonrisa socarrona se transformaba en la expresión de la constipación más dolorosa. Y qué decir de esta selección germana en la que, sin llegar a mencionar que hay un africano y un turco, los dos delanteros son polacos; es decir, una pesadilla común y corriente de Hitler.
Y, sin embargo, hay cosas que no parecen modificarse. Como la voluntad. O la Voluntad, con mayúscula.
Recordemos. Pese a las dudas antes del partido, Alemania, con un juego práctico, que parece engañosamente sencillo, de manual de principiante, logra ponerse encima por 2 a 0. Hay que ver el primer gol, de Miroslav Klose, por ejemplo. La defensa de Inglaterra hace todo mal. Saca Neuer, el arquero teutón, y la pelota pica una vez casi a las puertas del área inglesa. Klose seguido de un par de defensores sigue el curso de la pelota aguardando el segundo pique, y cuando este se produce en el área inglesa, James, la calamidad de arquero inglés, sale a destiempo y no logra impedir el gol. Ayudados por las diversas cámaras lentas de la televisación de este Mundial, podemos apreciar con un detallismo épico la embestida de Klose. Nada podía impedir que ese fuera su gol. Y, aún así, la Voluntad no sólo es eso.
Hay que aguardar a que Inglaterra se ponga 2 a 1 y atropelle en busca del empate con más de orgullo herido que de claridad. A unos pocos minutos del final del primer tiempo Lampard saca un disparo desde afuera del área. La pelota da en el travesaño, pica dentro del arco y luego se aleja otra vez hacia el interior de la cancha. Lampard comienza a gritar el gol, pero ni Larrionda, el árbitro uruguayo, ni Espinosa, el línea de ese sector, validan el gol. Los jugadores alemanes tuvieron un gran mérito: seguir jugando como si nada hubiera sucedido, como si dentro de su información genética estuviera ya registrada esa secuencia y supieran lo que hacer en consecuencia. Lampard observa entonces la repetición en la pantalla gigante y no puede dar crédito a lo que ve. Le han negado a Inglaterra el empate que de forma más que lícita había obtenido. Como decimos en el barrio: "Hoy por ti, mañana por mí".
En el segundo tiempo a Alemania le bastaron cinco minutos para ampliar la diferencia con dos goles de Mueller. Pero dos goles en los que el peso de la decisión, la conciencia del grupo y del ideal fue tan aplastante, que poco más podía hacer Inglaterra sino aguantar los embates de la marea aferrándose al madero carcomido de su propia improvisación en defensa. Como ocurrió con el tercer gol, que nació en un tiro libre de riesgo a favor de Inglaterra. La pelota da en la barrera y comienza el contragolpe alemán. La frialdad con la que Özil lleva la pelota por la izquierda lo hace casi todo. Sólo corre y observa al otro sector del campo esperando por la subida de Mueller. Después la pelota al medio y gol. Esa frialdad de daga tallada en algún lugar esquivo del próximo Oriente ilustra mucho de lo que tiene para ofrecer esta selección alemana de la que se tenían algunos reparos cuando cayó derrotada ante Serbia. Hay una convicción en cada uno de esos sencillos y pequeños movimientos que mete miedo. Algo como el destino golpeando para que lo atiendan.

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UN PULPO DE ACUARIO ALEMÁN VATICINA LA DERROTA DE ARGENTINA EN CUARTOS

OBERHAUSEN, Alemania (AFP) - Paul, el pulpo del acuario de Oberhausen (oeste de Alemania) célebre por sus aciertos en las predicciones de los resultados del Mundial, dio este martes a Alemania como vencedor en el duelo de cuartos ante Argentina, previsto para el sábado.
Según un ritual bien establecido, dos cajas con los colores de los dos equipos fueron situadas en el fondo del acuario y Paul se dirigió de nuevo a la negra, roja y amarilla, dejando de lado a la azul y blanca de los sudamericanos.
El 'pitoniso' de los tentáculos mantiene hasta el momento un pleno de aciertos, incluyendo la caída inglesa en octavos... aunque él nació en Gran Bretaña.