
Estábamos en India.
Íbamos caminando por una zona del norte cerca de las montañas. El suelo era pedregoso y había matorrales dispersos. A lo lejos vimos que una vaca se acercaba. Nos quedamos quietos por algún motivo que no recuerdo y entonces la vaca, cuando ya estuvo más cerca, se paró a unos metros arrastrando la nariz sobre el suelo. Alrededor del cuello tenía algo atado. En un primer momento me pareció que podía ser un cencerro, pero mi acompañante me dijo que esperara que ya me iba a enterar de lo que era. Y así fue. En seguida llegó una persona del lugar con algo de comida para la vaca. Luego de que el animal terminó de alimentarse, el hombre sacó un par de cosas de aquello que colgaba del cuello. Mi acompañante me comentaba que en esa zona era muy común que las vacas recorrieran a veces muchos kilómetros con una bolsa de cuero colgando del cuello, y que dentro de esa bolsa había determinada cantidad de dinero y un papel. De esa manera los dueños del animal se aseguraban que no pasara hambre. Alguien, cualquiera, se le acercaba, le daba de comer y a continuación sacaba el papel y anotaba que ese día la vaca ya había tenido su ración. Después de eso la persona sacaba el dinero equivalente y cerraba la bolsa. Yo hice de inmediato un gesto que mi acompañante captó con rapidez. "A nadie en este lugar", me dijo, "jamás se le ocurriría robarse el dinero que lleva la vaca, y mucho menos anotar cualquier cosa en el papel.