lunes, 30 de agosto de 2010

Segundo partido entre escritores (resumen)

[Maldonado festeja uno de sus goles. González Bertolino alumbró los goles de su equipo luego de que Trujillo los preparara.]


Fecha:
Sábado 28 de agosto de 2010, hora 11:00

Cancha: Calle Treinta y Tres entre Lois y Centenario, Minas, Lavalleja.
Condiciones climáticas: Cielo cubierto. Tormentoso. Temperatura media: 22º. Humedad 94%
Árbitro: (sin árbitro)

Maldonado 12: Damián González Bertolino (5); Ignacio di Tullio (3); Ignacio Fernández de Palleja (1); Valentín Trujillo (1); Leonardo Cabrera (en contra) y Horacio Cavallo (en contra)
San José 6: Pedro Peña (4); Leonardo de León (1) y Leonardo Cabrera (1)

Tarjetas amarillas: Ignacio Fernández de Palleja (M); Ignacio di Tullio (M); Rodolfo Santullo (SJ).

Tarjetas rojas: No hubo.

PRIMER TIEMPO (Maldonado 3 - San José 1)

'1 GOL: González Bertolino, definiendo de primera tras pase al segundo palo (1 - 0)
'2 Intento de Cavallo
'3 Intento de Trujillo
'4 Intento de González Bertolino. Contragolpe: intento de Peña
'5 GOL: de León, con disparo cruzado y bajo (1 - 1)
'9 Tiro al arco de González Bertolino. Atajada de Santullo
'11 Tiro al arco de Trujillo, sale desviado. Tiro al arco de Cabrera, da en el palo. Remate de Trujillo desde la mitad de la cancha: ataja Santullo
'12 San José presiona buscando el segundo gol
'12 Remate de González Bertolino. Santullo rechaza al corner.
'13 Tiro de González Bertolino: ataja Santullo
'14 Intento desde media cancha de di Tullio: tiro de esquina
'14 Intento de Cavallo
'15 Dos llegadas de San José
'16 Tiro al arco González Bertolino
'17 Tiro al arco de di Tullio
'18 Tiro al arco de Peña: pega en el palo
'20 Llegada de Maldonado. Intento de González Bertolino
'21 Llegada peligrosa de Maldonado: tiro de González Bertolino: ataja Santullo
'22 Se salva Maldonado de nuevo: Remate desde lejos de Leonardo Cabrera: pega en el poste derecho del arco de Muniz.
'23 Dos llegadas consecutivas de San José, con remates de Cabrera y Cavallo, son atajadas por Muniz
'24 Llegada de Maldonado: sin peligro.
'25 Dos tiros de esquina seguidos para Maldonado: finalmente contiene Santullo.
'27 Tiro al arco de di Tullio, desviado.
'27 GOL: González Bertolino roba una pelota y define cayéndose y de puntín por entre las piernas de Santullo (2 - 1).
'28 Una llegada para cada lado. Los remates de González Bertolino y de Cavallo sin éxito.
'29 Tiro desde media distancia de Cabrera
'29 GOL: jugada conlectiva entre González Bertolino, Trujillo y di Tullio. Pase de di Tullio desde la izquierda al medio, González Bertolino remata de derecha y de primera con cara interna, la pelota da en el ángulo. González Bertolino captura el rebote y fusila a Santullo (3 - 1)
'30 Tiro peligroso de de León.
'31 Llegada de San José sin peligro.
'32 Llegada de Maldonado: tiro de Trujillo.
'32 Tiro de Cabrera y fin del primer tiempo

ENTRETIEMPO: Fernández de Palleja con serios problemas de descompostura.

SEGUNDO TIEMPO: (Maldonado 9 - San José 5)

'1 Tiro de Peña. Ataja Muniz.
'2 GOL: Peña recupera una pelota y encara a la defensa. Elude a un par y la pone contra un palo ante la salida de Muniz. (3 - 2)
'2 GOL: Nueva corrida y enganche de Peña para batir a Muniz. (3 - 3)
'3 Llegada de Maldonado: intento de cabeza de González Bertolino. Se va por encima del travesaño.
'4 GOL: Peña recibe la pelota, la frena, la pisa, mira el arco y patea alto y contra el travesaño fusilando a Muniz. Peña redondea en dos minutos una gran actuación personal, haciendo tres goles consecutivos y adelantando a su equipo. (3 - 4)
'4 GOL: di Tullio define suave y bajo ante la salida de Santullo. (4 - 4)
'5 Llegada de González Bertolino, remate desviado.
'6 Tiro de di Tullio
'6 GOL: Gol en contra de Leonardo Cabrera, no puede retener el balón y descoloca a Santullo. (5 - 4)
'8 GOL: Fernández de Palleja trepa por el lateral izquierdo y define bajo contra el pie de apoyo de Santullo. (6 - 4)
'9 Tiro al arco de di Tullio
'10 Intento de de León.
'11 GOL: di Tullio (7 - 4)
'11 GOL: Vistoso gol. González Bertolino recibe la pelota y la jopea sobre un costado de Leonardo Cabrera cuando este sale a marcarlo. González Bertolino la va a buscar por el otro lado y ajusta el remate hacia abajo ante la salida de Santullo. Estalla el equipo de Maldonado. (8 - 4) González Bertolino se lo dedica a su señora mamá en claro gesto. [Se siente el impacto del gol]
'13 Jugada personal de Trujillo: atajada de Santullo
'14 Tiro de di Tullio
'15 Jugada personal de González Bertolino. Elude dos jugadores y luego a Santullo. Define luego de zurda. La pelota da en el travesaño, baja, pica sobre la línea y sale.
'18 GOL: Gran jugada de Trujillo llevando la pelota desde su área casi hasta la rival, sacándose un par de hombres de encima. Pase al vacío para González Bertolino, que define picando la pelota para darse un autopase y eludir a Santullo, definiendo fuerte con el arco vacío. Quinto gol de González Bertolino, con el que se transforma en el goleador del partido. (9 - 4)
'19 Leonardo de León se retira extenuado del campo de juego. Sustituído por Agustín García (amigo, jugador invitado).
'21 GOL: Foul sobre Pedro Peña. Mientras algunos jugadores rivales se preocupan por la salud del jugador de San José, García saca rápidamente hacia atrás el tiro libre. Cabrera llega a la carrera y remata desde casi la mitad de la cancha. Es un golazo. El remate es violento y se cuela contra el palo ante la mirada atónita de los jugadores de Maldonado. (9 - 5)
'22 GOL: San José reacciona. Gran gol de Pedro Peña, dribbleando y definiendo ante salida de Muniz. (9 - 6)
'24 GOL: Cavallo en contra. (10 - 6)
'26 Sale lesionado Cabrera tras golpe de di Tullio (que recibe tarjeta amarilla). Entra de León de nuevo a la cancha.
'27 GOL: di Tullio (11 - 6)
'29 GOL: Trujillo (12 - 6)
'30: Fin del partido.

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Entrega de premios:

Mejor jugador del partido: Pedro Peña
Goleador: Damián González Bertolino (5)
Mejor arquero: Fabián Muniz



(*) Agradezco profundamente a Agustín García, quien tomó la gran base de estas notas mientras el partido se jugaba y me las cedió con total generosidad.

viernes, 27 de agosto de 2010

Apuntes de fútbol (II)


Al final Peñarol perdió 2 a 0 su partido amistoso ante Real Madrid en el Santiago Bernabeu. Fue una derrota decorosa, entendible y hasta gratificante para los hinchas de Peñarol y los simpatizantes del fútbol uruguayo en general. Y fue además el encuentro de dos realidades. Un probable campeón del fútbol español contra el campeón del fútbol uruguayo. El fútbol del campeón del Mundial contra el del cuarto del Mundial. Pero, como saben todos, las diferencias entre ambas realidades no se pueden medir con la velocidad que podría llevar contar del número uno al cuatro.
En este caso, tanto Real Madrid como Peñarol disputan este partido por el trofeo Santiago Bernabeu en conmemoración del medio siglo de la final de la Intercontinental entre ambos, tras la que se consagró el club español. Es un homenaje a lo que fueron, sólo que el Real Madrid lo sigue siendo. De ahí quizás la bronca de un titular en la página web de Don Balón, que sostenía que este compromiso "devaluaba" la Copa Santiago Bernabeu.
¿Qué le quedaba demostrar a Peñarol? En primera instancia, reivindicar la siempre redituable idea del decoro o de la vergüenza deportiva. Y lo logró, con un primer tiempo más que aceptable en el que tuvo períodos variados, entre ellos un brillante control del balón sobre el campo del Real Madrid entre los 15' y los 20'. El primer tiempo terminó yéndose con un 0 a 0 y la historia cambió después con un golazo del argentino Ángel di María.
Pero el resumen verdadero del partido está en el minuto 43 del primer tiempo, en un corner a favor de Real Madrid. De pronto el árbitro pita e impide que se realice el lanzamiento. Al parecer se ha dado en el área de Peñarol la típica situación de agarrones o empujones antes del centro. Nada del otro mundo. Sin embargo, unos instantes más tarde, cuando la acción ha quedado en nada y la pelota vuela hacia la mitad de la cancha, se ve en el replay el verdadero motivo de la interrupción. En las idas y vueltas, en los roces mientras aguardaban el envío al área, Marcelo Sosa ha visto el momento oportuno para hacer lo que tanto había deseado y anunciado antes de partir de Montevideo: despeinar a Cristiano Ronaldo. Antes de mencionar qué puede haber detrás de ese gesto que funciona como una de tantas avivadas que ahora pasan a engrosar el caudal de anécdotas pendencieras del fútbol uruguayo, cabe mirar un poco por separado a los dos jugadores. Por un lado tenemos a Cristiano Ronaldo, el que fracasó en el último Mundial, el que sale en las publicidades de shampoo o artículos por el estilo, el que tiene a las mujeres más finas, el que se perfuma antes de entrar a la cancha, el prototipo de la estrella total, el ególatra que todos resisten pero que varios hubieran querido ser. Por el otro lado, Marcelo "el Pato" Sosa: ni siquiera un delantero, el volante con algunas habilidades y otras rispideces varias, el que ya no juega en la Selección Uruguaya, el de los granos en la cara y el del pelo largo plantinado como en una presentación cumbiera, el que fue a jugar a la liga rusa y regresó espantado como Napoleón porque no sabía qué tanto frío hacía allí, el que trae la fuerza del cantegril para ganarse un lugar en la vida.
Si congelamos la imagen del segundo preciso en que el brazo de Marcelo Sosa se estira para llegar a la impoluta altitud de la cabellera de Cristiano Ronaldo, si congelamos esa imagen y los observamos a los dos, parece que se representa ante nuestros ojos una personificación de ambos equipos, una síntesis bastante elocuente. Si esto fuera una familia, una familia con varios años encima, Cristiano es el hijo que hizo todos los deberes, y Marcelo Sosa... bueno, en realidad se parece bastante a ese hermano un poco díscolo y medio bobo con el que no quisiéramos ni salir a la esquina.
Y ahora saquémosle el congelamiento a la imagen. La palma izquierda de Marcelo Sosa pasa fastidiosamente y a contrapelo por la cabellera de Cristiano Ronaldo, dejándole el particular aroma a Clear-Men. Así que Sosa lo logró... Por menos de un segundo redujo a uno de los mejores del mundo a cierta sumisión: su cabeza bajo su palma... Ven aquí y prostérnate ante un macho de verdad, loca suelta... Etcétera, etcétera... ¿Duración del acontecimiento? Muy poco. Bastante menos que la ilusión de todo el tiempo que puede llevar contar del número cuatro al número uno.

jueves, 26 de agosto de 2010

Apuntes de fútbol (I)


Empezó el Campeonato Uruguayo luego de la pausa por el Mundial y después de las vacaciones de los jugadores y las pretemporadas. Un día tenía que regresar el fútbol uruguayo. No el del cuarto puesto en Sudáfrica 2010. Se trata del fútbol uruguayo de las canchas vacías, de los céspedes raleados por los manchones ocres, el de El Tanque Sisley jugando de nuevo en Primera.
Empezó el Campeonato Uruguayo pero ni Nacional ni Peñarol jugaron en la primera fecha. Ambos postergaron sus partidos. Nacional ha tenido que aplazar su debut para el miércoles porque su rival, Wanderers, realiza una gira de amistosos por España. De todos modos, ha dado para que los tricolores realizaran un acto en el que presentaron su nuevo equipo: una especie de equipo de los sueños para el medio local, con la incorporación de último momento de Marcelo Gallardo, el 10 argentino que ya no va a ser tenido en cuenta por Ángel Cappa en River Plate de la vecina orilla.
En Peñarol, en cambio, las transferencias no han sido algo para hablar mucho. Además hay un detalle ambiguo. Egidio Arévalo Ríos, uno de los mejores mediocampistas del pasado Mundial, continúa en la institución. Sus posibles pases al fútbol italiano se han caído. Para el hincha de Peñarol es una alegría a medias ver a este jugador en el plantel. Por un lado se trata del único jugador mundialista que actúa en el medio local. Por otro lado, Arévalo Ríos ya tiene 28 años. Es ahora cuando se tiene que dar un pase a Europa. No más allá.
A todo esto, Peñarol prepara su partido amistoso ante Real Madrid en dos días, en el Santiago Bernabeu, y su compromiso contra Miramar Misiones por la primera fecha del Apertura ha quedado para comienzos de setiembre.
Por estos detalles se podría decir que el inicio del Apertura fue una fecha a medias. Y ni siquiera jugaron Defensor Sporting ni River Plate.
El equipo que ha quedado transitoriamente en la primera posición, por puntaje y por diferencia de goles, es Liverpool, que le ganó 3 a 1 a Rampla Jrs. El equipo del Cerro comenzó ganando, pero Liverpool se lo dio vuelta en cinco minutos como si se tratara de un par de cachetazos. La apoteosis llegó con un gol de chilena del "Viruta" Vera para poner el 2 a 1, y lo demás ya fue todo un traspié singular de Rampla Jrs.
Al día siguiente, el plantel entero debe asistir a la presentación en sociedad de la nueva infrastructura del club. Las nuevas autoridades anuncian las medidas de trabajo, los arreglos edilicios de la sede y hasta la nueva camiseta del equipo. Los dirigentes posan detrás de una mesa para las cámaras. Hay chicas lindas ("enrubiecidas") con la camiseta de Rampla Jrs. Sacan pecho bien hacia adelante como si allí sobre las tetas estuviera servido un cierto tipo de don que sólo Rampla Jrs. puede ofrecer. Hay contratistas, otros empresarios, más periodistas, etcétera. Pero faltan los propios jugadores. Entonces alguien da la voz y por entre los asientos, desde el fondo y hacia el centro, formando una columna despareja, hacen su entrada los jugadores, como si en realidad se tratase de un grupo de gente que se le coló al vigilante de la entrada. La voz en off del periodista del informativo donde pasan la nota asegura que los jugadores de Rampla Jrs. habrían querido haber empezado con una victoria en el Apertura. Y estuvo tan cerca. Le iban ganando 1 a 0 a Liverpool, y parpadearon y de repente ya estaban dos goles abajo... Ahora, en medio de la presentación del nuevo Rampla Jrs., los jugadores llevan todo ese fastidio en la cara. En realidad, todos tienen cara de no querer estar allí, o de una nostalgia de un lunes libre. Sobre la derecha hay unos asientos reservados para ellos. Cuando la cámara los enfoca ya sentados se ve que del uniforme del club sólo llevan puesta la camiseta. Unos llevan jeans o pantalones deportivos, y otros, los menos, un short. Los dirigentes hablan y hablan. Las chicas sonríen en automático. Los jugadores, pese a todo, permanecen de brazos cruzados. No hablan entre ellos. Así, todos uniformados, hacen que la diferencia jerárquica se torne indisimulable. Sólo que en esta oportunidad no se trata de una silenciosa protesta ante la patronal. Ahora cada cual, fruto de la derrota, sabe en qué lugar está. Ahora se sabe quiénes son los que tienen que rendir y quiénes son los que exigen; quiénes son los que no hicieron lo que tenían que hacer y quiénes están haciendo lo que hay que hacer. Por eso los jugadores de Rampla Jrs. no sonríen, no gesticulan. Son el rigor, el sufrimiento en sí mismos. No hay penitencia que no se puedan imponer, y eso no es nada al lado de los sacrificios que los dirigentes demuestran estar haciendo en esa conferencia de prensa. Así que, qué no podrían hacer los jugadores... Llevan en la cara el 3 a 1 contra Liverpool y se acabó. Sólo el capitán, sentado a la mesa junto a los dirigentes, pero también de brazos cruzados, se permite algún gesto mínimo, como un lugarteniente que da la cara por sus subordinados y que promete a todos los otros altos mandos que aquello no se va a repetir. Más tarde, consultado por los periodistas, el capitán trasuda vergüenza por traer la primera derrota a esa presentación en sociedad. No dice mucho. No hace falta tampoco que lo diga. Los actos de los futbolistas hablan por ellos mismos. Lo demás es todo replay.

miércoles, 25 de agosto de 2010

¡Mamá, ese escritor está jugando al fútbol!

En la imagen (arriba, de izq. a der.): Ignacio di Tullio, Pedro Peña, Ignacio Fernández de Palleja, Leonardo de León, Rodolfo Santullo, Valentín Trujillo, Martín Bentancor (cronista del partido); (debajo, de izq. a der.) Agustín García (jugador invitado), Gastón Brito (jugador invitado), Leonardo Cabrera, Damián González Bertolino y Fabián Muniz.

La obtención por parte de Leonardo de León del XVII Premio Nacional de Narrativa, por su libro "No vi la luna", es la causa perfecta, más que perfecta, para la revancha del encuentro fútbolístico del año pasado en Minas, cuando el representativo de escritores de Maldonado venció a su similar de San José por un ajustado 8 a 7.
La revancha se va a realizar en el mismo lugar de Minas: la cancha de fútbol-5 de la calle Treinta y Tres, a una cuadra de Avenida Centenario, el sábado 28 de agosto, a las 11 de la mañana.
Seguramente muchos de los asistentes y de los jugadores tienen todavía el recuerdo exacto de varias de las incidencias del cotejo anterior: la temprana salida por lesión de Leonardo de León que dejó a su equipo con el agua al cuello; los potentes remates de media distancia de Ignacio di Tullio; las atajadas estupendas de Rodolfo Santullo; el despliegue fervoroso de Leonardo Cabrera en el mediocampo; las pizarreadas de Valentín Trujillo; el estupendo gol de taco de Pedro Peña... No es poca cosa lo que se jugará el sábado 28, a pocas horas de la entrega de la Medalla Morosoli de Oro.
Las alineaciones son casi las mismas del año pasado, y en algunos casos presentan a jugadores invitados que defenderán con todo su honor los colores del departamento por el que jueguen. Ese es el caso de Ignacio di Tullio, poeta argentino que sin embargo vive en la localidad bonaerense de San Fernando (lo que lo acerca sin lugar a dudas a Maldonado). También ocurre algo similar en la formación de San José con Horacio Cavallo y Rodolfo Santullo, montevideanos, y con Leonardo de León, minuano.

Los equipos, ya confirmados, son los siguientes.

Maldonado: Fabian Muniz; Ignacio Fernández de Palleja, Ignacio di Tullio; Valentín Trujillo y Damián González Bertolino.

San José: Rodolfo Santullo; Horacio Cavallo; Leonardo de León, Leonardo Cabrera y Pedro Peña.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Me encanta el pescado pero me encanta el pescado


En una sala de espera.
Llego. Saludo. Me siento en uno de los sillones.
Del lado de la pared opuesta hay otros dos pacientes. Hombre y mujer. La mujer es más vieja que el hombre, tendrá cerca de ochenta años, y el hombre unos sesenta y pico, pero de a poco se ponen a hablar fácilmente con un lenguaje común y un tipo de pasión demasiado descontrolada que hace que se entiendan de inmediato. O quizás ya se estaban entendiendo a la perfección; quiero decir, mucho antes de que yo llegara. Como hay una mesa con un gran florero con enormes flores de plástico en el medio, ninguno de los dos me puede ver, pero yo busco sus caras por entre los tallos y las hojas de las flores artificiales con total desvergüenza. Sé que no me pueden ver. Así que por más que haya sacado un libro y simule leer, yo no existo para ellos, soy del pedazo del mundo que quedó tapado por el florero.
Al comienzo lo que hacen estas dos personas es darle vueltas al asunto de la puerta nueva que tiene la sala de espera. Ahora no es como antes, cuando uno simplemente entraba desde la calle sin llamar. Ahora hay que pulsar un botón, en cierto modo posar un par de segundos para la cámara, luego esperar a que suene una especie de chicharra y, al fin, empujar la puerta para ingresar. Pero ese asunto parece ser sólo una digresión. De a poco regresan a algo de lo que hablaban antes de que yo los hubiera interrumpido con mi aparición, algo que parece referirse a la vida del hombre. Me cuesta ponerme a tono con lo que dicen, porque se trata de ese tipo de conversaciones medio masculladas, medio consabidas, en las que los interlocutores sueltan una frase corta y sentenciosa y asienten con la cabeza mirando un punto más o menos determinado en el piso. Quiero decir... quizás les faltaba escupir para completar el cuadro del aburrimiento perfecto.
Entonces el hombre dijo:
-Pesco...
Fue como si a la vieja le hubieran pegado una patada en el culo desde el fondo de su sillón.
-¡Ah! ¿Sí? -empezó a chillar -¿Y qué pesca?
El hombre se acomodó en su asiento y dijo:
-Y... Me gusta pescar sargo, lenguado...
-¿Sargo? -preguntó la vieja de golpe -El sargo es riquísimo. Y bien hecho más rico todavía...
-Pero mire que tiene espinas, ¡eh!...
-¡Ah! Hay que tener paciencia...
El hombre se inclinó un poco hacia adelante como a punto de pasar a contarle algo privado.
-Usted sabe... Mi consuegra lo hace de una manera al sargo que usted lo prueba y ni siente las espinas.
-¿Y cómo lo hace? Si se puede saber...
El hombre empezó entonces a explicarle el procedimiento hasta donde él lo conocía.
Tengo que agregar que mientras las explicaciones sobre cómo cocinar pescado se sucedían, los dos continuaban casi sentados como al principio. Es decir, uno al lado del otro, apenas separados sus sillones por un revistero pequeño, y haciendo el esfuerzo por no dejar de mirar hacia adelante, con lo que el resultado final se parecía bastante al de dos alumnos intentando pasarse las respuestas cuando el profesor se da vuelta hacia el pizarrón.
Así continuaron hablando. Del pejerrey, de la palometa, del congrio... Ambos coincidían en que los buenos tiempos para la pesca se habían acabado ya en Punta del Este por: a) los pesqueros brasileros que se meten de forma ilegal en nuestras aguas; b) los pescadores del puerto que tienden grandes redes por las noches; c) los lobos marinos, que, como no los matan, tienen que comer más o menos diez kilos de pescado por día; d) el turismo; e) otros; f) etcétera...
Hay momentos de la charla en los que el hombre y la vieja ya no lo pueden evitar y terminan mirándose de frente, como cuando sale el tema de la corvina.
De pronto alguien se acerca desde la vereda a la puerta del consultorio y trata de abrirla. Evidentemente la persona no conoce el nuevo sistema de ingreso, y prueba abrir la puerta hacia adentro, hacia afuera, e incluso de forma corrediza. Entonces, cuando el hombre está por levantarse para abrir, la persona se da cuenta de que hay que apretar el botón en el portero automático. Suena la chicharra y la puerta por fin se abre.
Se trata de una mujer de unos cuarenta años o poco más. Llega despeinada, con la bufanda aflojada y descubriéndole el pecho. Toma asiento a mi lado; así que ella también queda semioculta a la vista de los otros dos. Se hace un breve silencio.
Varios segundos después se oye caer la siguiente observación:
-¡Qué tiempito, eh!
Ha sido la vieja, que ha visto por la ventana del lado de la calle los densos nubarrones que pasan lentamente sobre Maldonado al final de la tarde.
El hombre le contesta hablándole del viento.
-¡Ah, sí! -mira un poco al costado, apenas de refilón, donde está la vieja -Parece que no sopla, pero sopla...
La vieja hace que sí con la cabeza.
-Hace unos días -vuelve a decir el hombre -tuve que cruzar a la isla Gorriti para pescar allá y...
-¿Va a pescar a la isla Gorriti?...
De reojo, me doy cuenta de que la mujer sentada a mi lado parece haberse apartado un poco de sus propios pensamientos y hace un intento por colocar su mirada entre las plantas artificiales.
La vieja pregunta qué se pesca del otro lado de la isla y el hombre empieza en seguida una serie comentarios en los que describe cosas sobre los vientos, las mareas y las estaciones. Cuando pasan un par de minutos ya están casi mirándose de frente una vez más.
Pero el asunto no dura mucho más. Se oye abrirse y cerrarse una puerta y luego unos pasos entrecortados.
-Ahí viene mi hija...
Y entonces aparece la hija. Debe tener unos treinta años menos que su madre, pero en cierto aspecto no del todo descifrable parece más antigua.
La vieja se levanta y le extiende un abrigo a la hija. Luego se despide del hombre con un "Buenas tardes", abre la puerta y su figura y la de su hija se pierden en la vereda.

martes, 20 de julio de 2010

El regreso (II)


Había que quedarse unos minutos parado luego del paso del ómnibus que transportaba a la Selección Uruguaya por Avenida del Libertador para captar de otra forma lo que este equipo generó en las personas. No se trata ya de las imágenes repetidas una y otra vez por la televisión y los diarios, esos momentos de contacto mínimo en los que los jugadores reciben del pueblo la ofrenda justa y puntual de todos los que se les acercan.
Esto es sobre ese espacio, testigo de tanta intensidad, que el ómnibus ya ha dejado atrás, acortando las cuadras que lo separan en la recta final hacia el Palacio Legislativo. Papelitos picados, invariablemente con los colores blanco y celeste, amontonados contra el cordón de la vereda por el viento gélido que llega desde el Río de la Plata. La histeria beatlemaníaca repartida en pequeños grupos de trémulas adolescentes sentadas contra los edificios repitiendo frases como "¡¡Me miró!!... ¡¡Me miró!!" o "¡¡Lo toqué!!... ¡¡Lo toqué, boluda!!". Los rostros todavía traspasados por la emoción de los empleados que han abandonado la oficina o los comercios por unos instantes y que demoran en regresar a sus puestos. Una mujer que podría ser la hermana mayor de Washington Tabárez maldiciendo por los jugadores más "pendejos" que no le dejaron ver bien a Diego Forlán. Otra mujer, de unos 35 años, que le grita papito a Diego Lugano ante la mirada de su hijo adolescente que de pronto redescubre a su madre. Parejas besándose en las esquinas. Viejos conocidos que se reencuentran y se abrazan después de tanto tiempo en esas cuadras, porque hasta allí ha ido a parar todo el mundo. Las mejillas coloradas de una niña de cinco o seis años que ondula entre la multitud sobre los hombros de su padre. Hace demasiado frío en esa tarde del martes 13 de julio de 2010.
El ómnibus sube por Avenida del Libertador. La gente forma un remolino y busca el instante de la fotografía precisa, o el contacto con las manos de los jugadores o una mirada cómplice. Pero de todo eso se eleva el agradecimiento. Las fachadas de los edificios sobre la avenida exhiben hasta dedicatorias especiales para cada jugador del plantel celeste: BUENA LODEIRO... GRACIAS MAESTRO... TREMENDO CAVANI... MUCHO FUCI... GRANDE PALITO... HEROICO RUSO... SOBERBIO CACHA... ÍDOLO LOCO... GENIAL LUISITO... IMPECABLE MAURI... Todo es de dos colores, o tres, si se suma el amarillo del sol de nuestra bandera. Un simple paño que diga gracias con unos pocos trazos está expresando un sentido que se dispara hacia todas partes. Lo que hay que agradecer puede ser la totalidad de la campaña que terminó en el cuarto puesto, pero también algunos actos que representaron esa totalidad: la mano de Suárez, la picada en el penal de Abreu, alguno de los goles de Forlán o algún trancazo de Diego Pérez o un cierre de Diego Godín o Jorge Fucile... El ómnibus sigue de largo. Detrás queda el frente gris e impertérrito del IPA, con una pintada en negro en su parte superior reclamando coparticipación y reforma en el sistema educativo, casi como la idea de un país que esta tarde se ha esfumado. ENORME DIEGO... FENOMENAL MUSLERA... GLORIOSO TOTA... GRANDE PALITO... El duro viento golpea las lonas celestes contra las ventanas. Permanecen dadas vueltas hasta que el viento afloja y entonces las mayúsculas reaparecen otra vez más como los gritos salvadores de los hinchas que se cuelan en los momentos de silencio...
La ola de frío polar refuerza en realidad la idea del cariño que la gente quiere expresar. Nadie se echa atrás por el frío, salvo aquellos padres que ya deben guardar a sus hijos pequeños. Pero los otros, los que son más, perciben que el frío es la materia indicada por la que todos deben moverse para llegar hasta los jugadores, tal como si fuera una prueba de lealtad, o como si fuera el mínimo requisito para igualarse en algo al heroísmo de la entrega propio del medio campo integrado por Diego Pérez y Egidio Arévalo Ríos. A la gente le está gustando una cierta manera de padecer el frío cuando el ómnibus está cada vez más cerca del Palacio Legislativo, a eso de las tres y media de la tarde. Desde las ocho de la mañana cientos, y luego miles, se han agolpado contra las rejas colocadas frente al escenario y han esperado, esperado y esperado, apenas acicateados por los conductores y los grupos folklóricos o murgueros de turno. Y sin embargo el agradecimiento no es algo que sólo se pueda medir en horas o en kilómetros. Cada uno de los casi ochenta mil individuos que estuvieron presentes en el acto, o cada uno de los quinientos mil que formaron parte de la caravana por la rambla de Montevideo, quieren que el agradecimiento no sea medido por algo en especial. El agradecimiento debe ser algo que puedan renovar a cada segundo que transcurre.
¿Qué es lo que la gente ve en estos jugadores para causar tanta devoción, más allá de la estricta satisfacción deportiva? Puede encontrarse una respuesta en la gente que desanda el camino por la misma Avenida del Libertador una vez concluido el acto. No se puede ver a nadie que no se sienta feliz, en una ciudad que se caracteriza por sus caras largas en los ómnibus o en la extensa procesión que es 18 de Julio. Nadie que se tropiece con alguien deja de pedir disculpas y de sonreír, de mostrarse atento con el otro. Esto es algo para considerar. El Presidente Mujica, en el comienzo del acto, señaló de forma muy oportuna que la felicidad que se estaba viviendo era una cosa única, una cosa cuya propiedad no se la podía reservar ningún partido político, ningún club, nadie. Y eso se veía en la sorprendente escasez de banderas de Nacional o de Peñarol que había colgadas en los balcones, y en la apabullante presencia del Pabellón Nacional. Miles de Pabellones Nacional. El mismo Pabellón Nacional que se resignifica otra vez más, se carga de una fuerza nueva y hace ver el de la Plaza de la Bandera, levantado por el último gobierno militar, ahora como algo inédito... De hecho, una doble presencia de poderío como lo fue el paso de homenaje de dos jets de combate A37B, del Escuadrón de Caza de la Fuerza Aérea, que ensordecieron al público y que obligaron al "Maestro" Tabárez a interrumpir su discurso, fueron tomados por el público casi con el ánimo fascinado de un niño. O más: el mismo canto del Himno Nacional por miles y miles de personas al unísono expresó una unión que no se hallaba en este país desde hace mucho tiempo, y que los jugadores trajeron desde África con su capacidad para sacrificarse por un ideal, aspecto cuya expresión más ilustrativa sea quizás la "mano de Suárez" ante Ghana. Sin embargo, en esa desbandada por Avenida del Libertador, toda la gente tiene la sensación de haber asistido al reencuentro con personas queridas desde hace mucho tiempo... Y esto son los jugadores de Uruguay: buenas personas. De algún modo u otro llegaron a convencer al pueblo uruguayo de ello; algo tan simple y a la vez tan difícil de demostrar. Cuando Sebastián Abreu toma el micrófono y la conducción del acto, sorprendiendo a todos, y afirma que recibe la medalla de la Presidencia de la República como "mejor suplente del mundo" por ser el sustituto de Diego Forlán, las carcajadas estallan. Es preciso que haya un grupo humano muy muy bien consolidado, en el que cada uno sabe cuál es su sitio dentro del conjunto, para que una frase así sea leída sin doble interpretación. No hay líderes negativos en esta selección uruguaya, no hay un asomo de rencillas ni de lucha de identidades. La gente lo sabe de forma profunda. Y por eso, como en los grandes ciclos míticos, los jugadores de este equipo regresaron del otro continente y cumplieron con el único objetivo que les quedaba pendiente: el de derramar sobre su propio pueblo la certidumbre de una temporalidad nueva.

jueves, 15 de julio de 2010

No vi la luna


Y ahora una noticia que me ha dejado muy feliz, así como a todos los amigos lectores de este blog. Leonardo de León (Minas, 1984) es el flamante ganador del XVII Premio Nacional de Narrativa, Narradores de la Banda Oriental.

Leonardo ha trabajado, entre otros medios, en las revistas La Letra Breve e Iscariote, publicando cuentos y artículos literarios. En 2007 recibió una de las menciones de honro del Primer concurso de cuentos Francisco Espínola. Además es docente de Literatura en liceos de Minas y un lector insaciable y curioso. También es un padre de familia que en su tiempo libre condesciende a jugar algún que otro partido de ping-pong o de paddle con los amigos que llegan hasta Minas para visitarlo.
Por su libro de cuentos titulado "No vi la luna" (que aparecerá en setiembre en Ediciones de la Banda Oriental), Leonardo se ha transformado ahora en el ganador más joven de la historia de este premio, con 25 años. Y también es el primero que puede decir que la medalla Morosoli de Oro, que le va a ser otorgada en la ceremonia de premiación, queda en la tierra del entrañable autor de "Tierra y tiempo".
¡Felicitaciones, Leonardo!

domingo, 11 de julio de 2010

España y el resto del mundo


Primero tiempo

'0 Falta de van Persie.

'1 Primer ataque de España. Los jugadores de Holanda se juntan dentro del área, y con sus camisetas fluorescentes parecen una protesta de trabajadores de la vía pública. Mueven los brazos a todos lados. Parece que hay pozos.

'4 Centro de Xavi en un tiro libre. La cámara lo capta en un primer plano. Xavi es indiscutiblemente parecido al Robert Downey Jr. de la primera época. Ramos cabecea y tapa Stekelenburg en el medio del arco.

'6 "La pelota es la linterna que ilumina los caminos de España", Mario Bardanca (contemporáneo)

'8 Pica Villa entre los zagueros de Holanda. La atrapa Stekelenburg.

'11 Centro pasado. Villa remata de zurda y la pelota pega en la parte exterior de la red... "España ya no es el toro, es el torero que juega con la capa", Mario Bardanca.

'14 Amarilla para van Perise. Le protesta al juez describiendo un círculo con sus manos. Pero no hay posibilidad de que Howard Webb le crea. Por su tamaño, el gesto de van Persie recuerda más un embarazo de ocho meses que una pelota número cinco.

'15 La cámara muestra a la Reina Sofía de España y al Príncipe de Holanda, juntos en el palco, intercambiando algún que otro comentario.

'16 Falta de Puyol contra Robben. Amarilla para el español. La cámara ultralenta muestra una secuencia de una película de Jean-Claude van Damme.

'17 Primero tiro de Holanda al arco. Ataja Casillas. Holanda sabe, pero sabe, que empezó el partido.

'21 Falta de van Bommel contra Iniesta. Amarilla.

'22 Amarilla para Ramos por falta sobre Kuyt.

'24 Lo más emocionante hasta ahora: Dos ataques de España y como siete patadas.

'26 Zzzzzzzzz

'27 A despertarse. Amarilla para De Jong. En realidad fue tan sólo una plancha en el pecho a Xabi Alonso. De Jong le protesta a Webb diciéndole que no vio a Xabi Alonso. Quizás se refiera al otro, a Xavi. ¿Quién sabe?

'30 Robben y Kuyt, punteros, pasan a jugar ahora de laterales. Posesión de la pelota: España 56%, Holanda 44%. En faltas, gana Holanda 9 a 3. Pero si se cuenta bien la plancha al pecho de De Jong, que fue como un combo de Mortal Kombat, el resultado es 36 a 3.

'33 Heitinga quiere devolver la gentileza. Saca y casi la mete por encima de Casillas. Algo no anda bien.

'35 Los hinchas empiezan a cantar. No les importa la diferencia horaria.

'36 Zzzzzzzzzz

'40 Un par de ataques de España, que ha iniciado su trabajo de hipnosis.

'41 Otra falta karateka. Esta vez Sneijder.

'45 Remate apretado y abajo de Robben. Casillas manda al corner. No pasa mucho más.

Segundo tiempo

'2 Corner para España. Jugada entre Xavi e Iniesta.

'3 Empieza a llover acá en Maldonado.

'9 Amarilla para van Bronckhorst. El tiro libre de Xavi se va apenas desviado.

'10 Otra patada para Villa, de un holandés que no le había pegado hasta el momento.

'11 Amarilla a Heitinga. El árbitro Webb está 30 segundos atrasado.

'12 Falta de Iniesta. Tiro libre para Holanda.

'14 Sin querer parto el lápiz con el que hago estas anotaciones.

'15 Centro de Holanda. Cabezazos desprolijos. Ahora se la pegan a Piqué en la cabeza.

'16 Robben sirve un pase al medio para Sneijder. Casi gol. Casillas la saca al corner con una pierna.

'18 Zzzzzzzz

'19 España comienza a mover la pelota hacia los costados.

'21 Amarilla para Capdevila. Tiro libre de Robben. No... pasa... na...da...

'24 Ataque de España. Casi gol de Villa. España conoce las puntas de la cancha. Van Bronckhorst necesita ayuda.

'25 Se va Kuyt. Entra Elia.

'27 Falta sobre Iniesta al borde del área, del lado izquierdo. Villa patea afuera.

'31 Corner para España. Cabecea Ramos solo y lo erra por encima del travesaño.

'32 Se pica entre van Bommel e Iniesta.

'33 Complica Navas por la derecha.

'35 Pase de Alonso para Iniesta. Iniesta se mete en el área. Pregunta: ¿Por qué Iniesta engancha adentro donde están los holandeses y no hacia afuera para sacar el remate? Iniesta parece buscar la más difícil.

'37 Otra vez Robben tiene el gol de partido. Puyol lo molesta un poco en la carrera. Pero no es para tanto. Casillas se adelanta y toma la pelota seguro... Amarilla contra Robben en la jugada siguiente, por protestar. Sin embargo el juez sigue siendo hijo suyo.

'41 Se va Xabi Alonso. Entra Fábregas.

'44 Van Persie, al que se le ha sancionado off-side, se saca de encima a Casillas y define. La pelota da en el palo. No es así...

'46 Manejo de la pelota de España... Ambos equipos se cierran al final del segundo tiempo.

'47 Sneijder busca el gol de la victoria desde lejos con un remate sorpresivo. En su cabeza el mundo gira de una manera. La realidad está un poco lejos.

'48 Fin del segundo tiempo.

Primer tiempo del alargue

'0 Incursión de Robben por derecha. Lo marcan tres jugadores. La vida continúa.

'1 Navas ataca por derecha. Lo marcan algunos holandeses. La vida continúa siguiendo.

'2 Los españoles piden penal. El árbitro concede sólo un corner. Lo patea Xavi y no pasa nada.

'3 Primer plano de la pelada del árbitro Howard Webb. Se trasluce un cráneo impresionante.

'4 Iniesta para Fábregas, que define contra la salida de Stekelenburg. El arquero holandés la saca al corner con una pierna.

'5 Cabezazo de España por encima del horizontal.

'6 Tiro al arco de De Jong. Controla Casillas. La pelota va hacia Iniesta, que juega para Capdevila. Centro para Xavi. Corner.

'7 Puyol cabecea el tiro del corner hacia afuera, bastante desviado.

'8 Pase de Fábregas al vacío para Iniesta. Iniesta no define. Engancha y se la saca van Bronckhorst. ¿Qué tipo de gol quiere hacer España?

'9 Se va De Jong. Tiene que dirigir un curso de especialización en traqueotomía en la Universidad de Rotterdam y el avión sale en un rato.

'10 Remata Navas. La pelota pega en la parte de afuera de la red. Hay un corner que no lleva a nada.

'11 Holanda tiene ganas de hacer un gol.

'12 La Reina Sofía, con una manta roja cubriendo su falda, se acaricia los nudillos de la mano izquierda. El príncipe de Holanda sigue como siempre a su lado. Pero se ha abierto entre ellos un espacio. Al príncipe le cuelga largamente su bufanda naranja. Tiene cara de estar pensando qué es lo que van a servir a la hora de la cena. Linda foto para la revista ¡HOLA!

'13 Fábregas remata desde afuera. La pelota se va por fuera contra un palo.

'14 Se va van Bronckhorst. Entra otro holandés.

'15 El tiempo simplemente se consume para que podamos llegar al minuto '16

'16 Llega el minuto 16. Se termina el primer tiempo.

Segundo tiempo del alargue

Se va Villa. Entra Torres.

'3 Iniesta se va solo hacia el gol. Heitinga lo derriba y recibe doble amarilla y es expulsado.

'4 Xavi dispara el tiro libre por encima del travesaño. La cámara ultralenta muestra a Xavi mirando hacia atrás, con su cara de Robert Downey Jr. Lo tapan los rulos de Puyol, lentos, hacia arriba, hacia abajo, como los tentáculos de un pulpo deslizándose en el fondo del mar.

'5 Falta sobre Iniesta.

'6 Centro al área. Rechaza Stekelenburg.

'7 Robben se hace el vivo. Define cuando ya había sido cobrado el off-side. El árbitro le dice que no va más... que no va más a cobrarle nada, que le dé tranquilo.

'8 Tiro libre para Holanda. Queda postergado para el minuto siguiente por problemas en el armado y la colocación de la barrera. Una lástima...

'9 La barrera demora aún media hora más en armarse. Sneijder le respira encima. Los españoles se quejan del mal aliento de los integrantes de la barrera. Se realiza el tiro libre y el remate pega en uno de los hombros de los holandeses y se va al corner.

'10 ¡Gol de Iniesta! Lo dejan sólo en el área y remata fuerte y cruzado hacia el segundo palo.

'11 Toda Holanda protesta.

'12 y '13 Replays... Casillas llorando. La Reina Sofía saltando, volando podría decirse, con un promedio de elevación de unos 6,5 centímetros. El príncipe de Holanda apoyado contra la barandilla, definitivamente alejado de la Reina Sofía, observando para otro lado. No es changa lo que se tiene que aguantar por ser de la realeza.

'14 y '15 Aumenta el volumen de las vuvuzelas. Ataca Holanda con centros.

'16 Etcétera.

'17 ESPAÑA CAMPEÓN DEL MUNDO.

Los pulpos son de palo (II)

[próximamente... sepan disculpar...]

sábado, 10 de julio de 2010

Los pulpos son de palo (I)



Ver el partido por el tercer puesto de un Mundial es una forma de presenciar una variante de la misma final del mundo. Y es también uno de esos partidos tan importantes como poco dramáticos en los que llevarse la victoria no está nada mal, pero en los que no es ninguna desgracia mayor salir derrotado. Apenas si queda un registro anecdótico al costado del resultado de la propia final. Tampoco es que con esto le quiera quitar trascendencia a un partido que Uruguay nunca ganó en su historia, y que todos querían ganar hoy cuando apretaron los puños y los dientes en el último tiro libre del partido que Forlán estrelló en el travesaño y dejó el partido 3 a 2 a favor de los alemanes. Otra vez la bronca por el mismo resultado que nos dejó fuera de la final, y otra vez la bronca por la falta de suerte que en ambos partidos, sin despreciar que se perdió bien antes dos grandes rivales, nos torció el curso en los instantes menos indicados. Hace una semana, antes del partido contra Holanda, un amigo me confesó que sentía un miedo enorme de que hubiéramos agotado todas nuestras reservas de "fortuna" tras el partido contra Ghana, como si esto fuera un videojuego en el que se acumulan "poderes" y se los administra con mayor o menor conciencia. La verdad es que si se observa una y otra vez el penal que marra Asamoah Gyan, cumplida la hora del alargue, todavía es algo inconcebible. La presunción de mi amigo parece estar bien explicada ahora, luego de quedarnos definitivamente con el cuarto puesto; pero también todos sabemos en este país las cosas que habríamos sacrificado de nuevo por jugar una instancia semifinal. Una de ellas fue contundente: que Suárez se perdiera el partido ante Holanda.
En cambio ahora, cuando estamos más allá de las previsiones, los nervios, los cálculos y las arengas, lo que podemos sentir es un orgullo inconmensurable por la pasión que estos futbolistas demostraron en cada segundo de juego. Tan sólo la forma en que Diego Pérez va al suelo y le roba la pelota a Schweinsteiger para el empate de Cavani, pone de ejemplo una vez más la decisión de este equipo de querer llevarse el partido por delante, siempre. Ese hecho... O cada unos de los cierres de Jorge Fucile o de Diego Godín, o la corrida por derecha de Egidio Arévalo Ríos para meterle el centro a Diego Forlán en el segundo gol; todas esas incidencias de juego, como tantas otras (incluso como la desazón de Muslera y de Lugano en cada gol alemán), estuvieron para nosotros, los hinchas de Uruguay, y también para los televidentes del planeta entero, impregnadas de coraje, de amor propio. Eso. Y nada de bravuconería o de prepotencia, viendo el resultado antes de que este se manifestara. No. Nunca. Uruguay salía a cada partido sabiendo que su rival jugaba y que le podía hacer pasar malos ratos, tal como le sucedió. Sin embargo, uno de los aspectos que causan gran satisfacción de este Uruguay es la consideración extrema del rival y la aplicación de una respuesta inmediata al problema que surge ante cada equipo. Esa respuesta no está sólo marcada por el coraje, sino que a eso hay que agregarle la gran capacidad de juego. Como hoy contra Alemania, cuando Uruguay llegaba a ganar por 2 a 1 y los alemanes no encontraban la pelota por ninguna parte. Alemania es un gran equipo. Nadie se habría asombrado si le hubiera ganado a España en la semifinal y hubiera superado a Holanda en la final. Pero Uruguay demostró que se puso a la altura de esos grandes equipos porque reunió lo mismo que ellos: trabajo, temperamento y talento. Lo demás es circunstancial. El fútbol tiene mucho de circunstancial, y por eso es un deporte que amamos, porque también logra sorprendernos siempre. Pero no se llega a los lugares más altos de un torneo gracias a las circunstancias. Por eso da gusto ver a este Uruguay. Cuando se ve en la televisión que la gente regresa tranquila a sus hogares desde las pantallas gigantes ubicadas en las plazas de las ciudades, cuando se ve eso luego del partido contra Holanda y a los días contra Alemania, allí hay un equipo que logró algo igual de importante que un campeonato. Veintitrés jugadores y un cuerpo técnico alcanzaron a tocar una dimensión del espacio entre los individuos que no había sido explorada por mucho tiempo. Y lo lograron mediante una actividad tan inofensiva como el fútbol. Lo lograron trasladando un esférico de un sector a otro de un campo delimitado con líneas blancas, como si se tratara de un actividad abstracta o geométrica... Estos jugadores uruguayos no sólo le regalaron a la gente un cuarto puesto en el Campeonato del Mundo de Sudáfrica en 2010. Nos otorgaron un valor que ahora es necesario trasladar a nuestras vidas sencillas, donde no hay noventa minutos que nos agobien con su carrera loca. Ese valor se coloca en un punto que está a medio camino entre nuestras preocupaciones, nuestro dolor, y lo que nosotros tenemos para ofrecer. Y como el fútbol es metafórico a un nivel muy profundo de nuestras experiencia y sensibilidad, ahora le toca a cada uno sentarse a pensar cómo se tiene que utilizar este obsequio tan especial.

viernes, 9 de julio de 2010

Todos hipnotizados


Maradona ha empezado a hablar de nuevo. Parece que al ver la semifinal que España le ganó por 1 a 0 a Alemania concluyó que a la selección ibérica habría que colocarle las áreas en ambos costados de la cancha. Maradona parece hoy por hoy el sujeto menos indicado para opinar sobre cómo se le gana a Alemania. Con tal criterio habría que decir que a Argentina el área y el arco rivales habría que dejárselos por delante de la línea de defensas. Sin embargo, el Diego de esto algo sabe. Si Alemania se caracterizó (sobre todo en las victorias ante Australia, Inglaterra y Argentina) por aplicar un método de juego efectivo y hasta de una sencillez pasmosa, España se le paró enfrente como la caricatura de esa actitud. El primer tiempo pareció una tomadura de pelo enorme al fútbol alemán. España tomó la pelota y la paseó por todo el campo de juego, sobre todo de una banda a la otra. Si la defensa alemana se cerraba, los volantes españoles preferían una y mil veces pasarla hacia atrás, incluso hasta Iker Casillas, para devolverla hacia el medio campo, para un costado, luego para el otro, y de vuelta y de vuelta, y de vuelta y de vuelta, hasta que huuuummmm, ¡qué sueño! ¿no?... Los alemanes, que del tema saben, y mucho, la miraban pasar como si jugaran al "monito" con ellos. España, por lo pronto, ya puede ser considerada la campeona mundial de "monito", aunque le ganó a los germanos con un gol en el segundo tiempo traído de otro partido. Un gol poco extraordinario en el que vemos a Puyol corriendo desde detrás de la media luna y yendo a buscar el centro enviado desde el corner. Puyol cabecea con gran potencia y pone el 1 a 0 con el gol que menos habría querido hacer España para entrar en la final de un Mundial. España quería un gol como el segundo que le hizo a Chile, o como el gol con el que mandaron a casa al macaco de Cristiano Ronaldo y su selección. Una jugada por el sector izquierdo entre Iniesta y Xavi. Algo así. Como lo que intentaron una y otra vez en l segundo tiempo. Parece que España quiere entrar al arco con pelota. Parece que su actitud es la de querer driblear hasta el arquero para demostrarle a todo el mundo lo brillante de su forma de jugar. Para que todo el mundo entienda que nadie juega así, ni siquiera Brasil ya. Pero esos goles no le salen todo lo seguido que quisieran. En un Mundial se tienen que hacer también otras cosas. Sin embargo, los periodistas están embelesados con esto. Se babean cuando ven que España no renuncia a su estilo "de seda", cuando el mote de "Furia" se asemeja a la evocación de un pasado inconveniente. Los periodistas mueren de amor al observar que cuando a España un ataque no le sale la pelota deriva hasta el mismísimo Casillas y otra vez a empezar... Todos mueren con esas delicadezas. Pero en el fútbol hay que ser malo, hay que ser bastante sucio a veces y mandar todo al traste con un gol como el de Puyol, un gol de un equipo común y corriente, el tipo de gol al que los alemanes no renunciaron en ningún instante, y que casi lograron con seis o siete toques más despabiladores que el resto del partido cuando España se apoderó de la pelota.

Ahí

jueves, 1 de julio de 2010

Mamá, ¿cómo sé si tengo la garra charrúa?


Puesto ante el problema de tener que definir qué es la "garra charrúa" luego de la trabajosa victoria de la Celeste ante Corea del Sur por 2 a 1, un periodista de la agencia Reuters recurre a Pablo Forlán, mítico center-half de Uruguay en los Mundiales de México '70 y Alemania '74, y, obviamente, padre de Diego Forlán. La conclusión final afirma que la garra charrúa es alcanzar el triunfo cuando parecía algo imposible. Dicha conclusión, lo sabemos los uruguayos, está un poco recortada. La garra charrúa como tal podría definirse como un estado, una actitud ante el juego por encima incluso del resultado obtenido. Y aunque la garra charrúa se ha hecho valiosa a partir de los triunfos, uno puede incluso llegar a percibirla en los partidos de los que salimos derrotados. Pero la cuestión es que de un tiempo a esta parte, de muchos años a esta parte, la gente se cansó un poco de la garra charrúa. La gente comenzó a sentir que ante el panorama del fútbol mundial de las últimas décadas, recurrir a la garra charrúa ya se estaba convirtiendo en un recurso atávico. Nadie podía dejar de estar orgulloso de su presencia tutelar, pero todos se estaban dando cuenta de que en el fútbol de hoy no se puede salir adelante solamente con la garra charrúa. A menos que se tenga algo más, claro; a menos que se proponga algo más desde el juego. Y esta selección uruguaya lo propone.
Cuando los primeros 20 ó 25 minutos del partido anunciaban un camino de rosas para Uruguay, con un gol marcado a los 8 minutos por Luis Suárez tras un pase espectacular de Diego Forlán, con un manejo del partido que recordaba a los efectuados ante Sudáfrica y ante México, cuando el sol brillaba sobre la grama y todos podíamos pensar en seguir de largo, Corea del Sur cambió de repente. Aquel equipo timorato que muchos habíamos visto perder por goleada ante Argentina desapareció para siempre del Mundial. Las subidas de Park se hicieron insoportables. Corea del Sur comenzó a complicar a la Celeste con su buen manejo de la pelota. Los defensas uruguayos ahora pasaban a resolver situaciones impensadas unos pocos minutos atrás. El medio de la cancha, donde hasta hace poco rato habían mandado Diego Pérez y Egidio Arévalo Ríos, era propiedad exclusiva de los coreanos. Así culminaba el primer tiempo, con el anuncio de que si Tabárez no proponía algún cambio drástico, el rival iba a pasar de largo.
Pero a la vuelta del partido el cambio drástico fue la salida de Diego Godín, lesionado y reemplazado en el entretiempo por Mauricio Victorino. Con la entrada de Victorino, Uruguay no perdió para el segundo tiempo nada de entrega por parte de sus zagueros, pero sí algunos centímetros. Allí donde Godín podía resolver por arriba los problemas que la altura de los coreanos causaban, Victorino hacía lo que podía, y así y todo jugó un buen partido. Pero todo complicaba. Primero la aparición de la lluvia. Segundo la persistencia de Corea del Sur, jugando exactamente igual a como lo había hecho durante toda la segunda parte del primer tiempo. La pelota se volvió escurridiza y el terreno de juego una verdadera pista de hielo. Los coreanos, con toda su velocidad y su capacidad física desplegada, comenzaron a sentirse cada vez más a gusto con la situación. Llegó un instante en el que Uruguay extrañó aquella época en que nadie le pedía justificarse para cruzar la mitad de la cancha... Así que el merecido empate llegó en el minuto 68. El mareo entre los zagueros y los laterales y Muslera fue tan grande, que cuando cayó el centro ya nadie sabía a quién de los coreanos tenía que tomar. Lugano no llega a cubrir y Muslera sale a medias. Lee Chung Yong cabecea y pone el 1 a 1... El record de Muslera pasó a ser una anécodta para revisar al día siguiente. Tras ese tanto pasó a ser el arquero uruguayo con más minutos sin la valla vencida (390) en un campeonato del mundo, superando al gran Ladislao Mazurkiewicz. Pero todo eso no tenía trascendencia si uno miraba el festejo de los coreanos. A esa altura, aquello ni siquiera tenía olor a alargue. Los fantasmas de la Eliminatoria hacían su aparición cuando menos se los esperaba.
Mucho se escribió y se habló luego del partido acerca de la gran reacción de Uruguay apenas llegó ese gol. Los más con satisfacción y admiración. Otros, un poco dormidos, con cierto aire reprobatorio, se preguntaron por qué Uruguay se había dejado hacer un gol para tener que levantar su nivel de juego. Lo concreto es que la rebeldía de Uruguay, allí donde todos vieron la garra charrúa entrando en acción, estuvo apuntalada por un aspecto nada menor que tiene este equipo: el hecho de que juega bien. ¿Qué significa en este caso "jugar bien"? No es precisamente jugar de forma vistosa, sino saber lo que el partido tiene para darle y lo que a su vez el equipo puede hacer por el partido. Esta selección uruguaya tiene una capacidad de lectura y de manejo del partido importante. Sin ella, la garra charrúa habría terminado transformándose en un berrinche.
Hay un acto clave del partido un poco antes del segundo gol de Suárez, y ese acto no tuvo una consecuencia mayor sobre la incidencia del juego en el que se manifestó, pero sí sobre el resto del partido. Consistió en lo siguiente: En uno de los ataques de Uruguay, no del todo claros, la pelota queda picando dentro del área de Corea del Sur, a medio camino entre dos defensas. Es una de esas pelotas que aunque están dentro de la zona de peligro no llevan riesgo. Los defensas saben que cuentan con la ventaja del espacio y del tiempo para demorar la acción, levantar la cabeza y elegir al compañero mejor ubicado para continuar con el juego. En una jugada así, cuando la pelota queda picando en el área coreana, lejos de cualquier jugador uruguayo, por un callejón, desde muchos, muchos metros atrás, aparece la figura de Diego Pérez peleando por esa pelota y exigiendo a los defensas a realizar un plan de último momento. Diego Pérez no tenía porqué ir a buscar esa pelota. Las probabilidades de que la jugada tuviera un final feliz eran nulas, y las de que el medio de la cancha quedara descompensado, totales. Pero el partido no fue el mismo a partir de entonces. Ese solo acto, en apariencia gratuito, marcó el desarrollo posterior del encuentro.
Y unos instantes después llegó el segundo gol de Suárez; un tiro en diagonal, enroscándose contra el segundo palo. La situación es tan dura e impactante que tiene la misma fuerza y duración de un rayo cayendo en el segundo más desesperante de la tormenta que sacudía esa tarde de Port Elizabeth. Los comentarios sobre cómo ese gol de Suárez dio de lleno en la sensibilidad de la gente van a trascender con los días. Las lágrimas de muchos se vinieron al suelo. Uruguay clasificaba luego de cuarenta años a cuartos de final, pero el hecho más sustancial era cómo lo lograba. El alma o el corazón o la gallardía (todas categorías evanescentes para hablar de fútbol) que demostró este equipo logró conmover a las personas, a las que les gusta el fútbol y a las que entienden poco y se arriman en épocas de mundiales. Ahora todos quieren saber qué más puede lograr este equipo. Muchos se animan a soñar de verdad, sin temor alguno, sin vergüenza. Porque todos confían, todos aprendieron a confiar. Por eso, cuando al final del partido el remate de un coreano pasa entre las piernas de Muslera y se dirige lentamente a la línea de gol, todos, dentro de la ansiedad imperante, entendimos que esa pelota no iba a entrar. Vimos entonces al capitán Lugano trotar hacia ella y salir jugando contra la línea, con los brazos extendidos hacia los costados en la clara señal de "no pasa nada". No pasaba nada: Uruguay había logrado apoderarse del espacio, el tiempo y sus ventajas.

lunes, 28 de junio de 2010

Con la Voluntad no se juega


UN PULPO "VIDENTE" SE INCLINÓ POR ALEMANIA

Berlín (AP). - Un pulpo de dos años con poderes de "adivino" predijo que Alemania eliminará a Inglaterra en el choque de mañana. Tanja Munzig, vocera del acuario berlinés Sea Life, explicó que Paul (tal su nombre) escogió un mejillón del vaso que tenía la bandera germana por sobre el que llevaba la inglesa. Créase o no, el molusco ya predijo los éxitos alemanes ante Australia y Ghana, y la derrota frente a Serbia.


* * *

Las cosas ya no son lo que solían ser... O al menos no como lo fueron una vez, una vez sola.
La noche anterior al partido entre Inglaterra y Alemania me puse a leer algo sobre lo que era de la vida de Huster, uno de esos típicos casos de jugadores que irrumpen en un Mundial contra todos los pronósticos, saltando del banco de suplentes para revelar una personalidad sorprendente donde otros estaban llamados a hacer las grandes cosas. Y así fue. Huster saltó a la cancha en la selección de Inglaterra en 1966 y, entre otros goles, anotó el tanto con el que Inglaterra se aventajó a Alemania en el alargue de la final, el recordado gol que no fue gol, porque la pelota pegó en el travesaño, bajó contra la línea y regresó a la cancha. Pero como el línea lo validó, y como esto es lo que tiene el fútbol, terminó siendo gol. Con la Segunda Guerra Mundial terminada en la vuelta de esquina anterior, un hecho así se cargó de un sentido insoslayable.
Un poco por eso me dio gracia escuchar "I should have know better", de los Beatles, cuando anunciaron la formación de Inglaterra ante Alemania en Radio Oriental, de Montevideo, y mucho más ver después en el compacto de la noche que Mick Jagger estuvo presente en el palco entonando "God save the Queen", minutos antes del comienzo del partido. Había que ver las arrugas de la cara de Jagger para leer allí lo que fue, lo que pudo haber sido y, sin ningún lugar a dudas, lo que nunca más va a ser. El esplendor de una Inglaterra irrecuperable. La Reina aún bien entrada en carnes saludando a los jugadores y entregándole la copa Jules Rimet a Bobby Moore, los Beatles grabando "Revolver", la sonrisa socarrona de Winston Churchill presente en la conciencia de todos como la del mismísimo Gato de Cheshire, un misterio fugaz como el de una pelota apareciendo y desapareciendo. El gol de Huster fue el momento culminante de la múltiple perspectiva lunática que uno puede hallar en un diálogo de "Alicia en el país de la maravillas". Los alemanes se metieron a jugar al fútbol en un jardín inglés y quedaron patas arriba.
Pero el mundo ha cambiado. Por eso quedaron un poco anacrónicas algunas comparaciones históricas antes del partido hechas por algún que otro periodista deportivo trasnochado con el deseo fijo en la cabeza de dar un par de materias de Ciencias Sociales. Es más, si Churchill llegaba a ver lo que fue la paliza por 4 a 1 de Alemania a Inglaterra, seguro que la sonrisa socarrona se transformaba en la expresión de la constipación más dolorosa. Y qué decir de esta selección germana en la que, sin llegar a mencionar que hay un africano y un turco, los dos delanteros son polacos; es decir, una pesadilla común y corriente de Hitler.
Y, sin embargo, hay cosas que no parecen modificarse. Como la voluntad. O la Voluntad, con mayúscula.
Recordemos. Pese a las dudas antes del partido, Alemania, con un juego práctico, que parece engañosamente sencillo, de manual de principiante, logra ponerse encima por 2 a 0. Hay que ver el primer gol, de Miroslav Klose, por ejemplo. La defensa de Inglaterra hace todo mal. Saca Neuer, el arquero teutón, y la pelota pica una vez casi a las puertas del área inglesa. Klose seguido de un par de defensores sigue el curso de la pelota aguardando el segundo pique, y cuando este se produce en el área inglesa, James, la calamidad de arquero inglés, sale a destiempo y no logra impedir el gol. Ayudados por las diversas cámaras lentas de la televisación de este Mundial, podemos apreciar con un detallismo épico la embestida de Klose. Nada podía impedir que ese fuera su gol. Y, aún así, la Voluntad no sólo es eso.
Hay que aguardar a que Inglaterra se ponga 2 a 1 y atropelle en busca del empate con más de orgullo herido que de claridad. A unos pocos minutos del final del primer tiempo Lampard saca un disparo desde afuera del área. La pelota da en el travesaño, pica dentro del arco y luego se aleja otra vez hacia el interior de la cancha. Lampard comienza a gritar el gol, pero ni Larrionda, el árbitro uruguayo, ni Espinosa, el línea de ese sector, validan el gol. Los jugadores alemanes tuvieron un gran mérito: seguir jugando como si nada hubiera sucedido, como si dentro de su información genética estuviera ya registrada esa secuencia y supieran lo que hacer en consecuencia. Lampard observa entonces la repetición en la pantalla gigante y no puede dar crédito a lo que ve. Le han negado a Inglaterra el empate que de forma más que lícita había obtenido. Como decimos en el barrio: "Hoy por ti, mañana por mí".
En el segundo tiempo a Alemania le bastaron cinco minutos para ampliar la diferencia con dos goles de Mueller. Pero dos goles en los que el peso de la decisión, la conciencia del grupo y del ideal fue tan aplastante, que poco más podía hacer Inglaterra sino aguantar los embates de la marea aferrándose al madero carcomido de su propia improvisación en defensa. Como ocurrió con el tercer gol, que nació en un tiro libre de riesgo a favor de Inglaterra. La pelota da en la barrera y comienza el contragolpe alemán. La frialdad con la que Özil lleva la pelota por la izquierda lo hace casi todo. Sólo corre y observa al otro sector del campo esperando por la subida de Mueller. Después la pelota al medio y gol. Esa frialdad de daga tallada en algún lugar esquivo del próximo Oriente ilustra mucho de lo que tiene para ofrecer esta selección alemana de la que se tenían algunos reparos cuando cayó derrotada ante Serbia. Hay una convicción en cada uno de esos sencillos y pequeños movimientos que mete miedo. Algo como el destino golpeando para que lo atiendan.

* * *

UN PULPO DE ACUARIO ALEMÁN VATICINA LA DERROTA DE ARGENTINA EN CUARTOS

OBERHAUSEN, Alemania (AFP) - Paul, el pulpo del acuario de Oberhausen (oeste de Alemania) célebre por sus aciertos en las predicciones de los resultados del Mundial, dio este martes a Alemania como vencedor en el duelo de cuartos ante Argentina, previsto para el sábado.
Según un ritual bien establecido, dos cajas con los colores de los dos equipos fueron situadas en el fondo del acuario y Paul se dirigió de nuevo a la negra, roja y amarilla, dejando de lado a la azul y blanca de los sudamericanos.
El 'pitoniso' de los tentáculos mantiene hasta el momento un pleno de aciertos, incluyendo la caída inglesa en octavos... aunque él nació en Gran Bretaña.

Maradona: partes I, II y III


Luego de una primera fase prácticamente de paseo (1 a 0 a Nigeria; 4 a 1 a Corea del Sur; 2 a 0 a Grecia) parecía que en su partido de octavos de final Argentina iba a encontrar en México al primer rival que iba a salir a atacarlo. El día anterior, en una nota aparecida en La Nación, de Buenos Aires, el periodista Christian Leblebidjian sostenía: "Es lógico que el hincha esté entusiasmado y se contagie con las posibilidades del equipo, pero hay un ítem con puntos suspensivos: el funcionamiento defensivo. ¿Por qué? Simplemente porque todavía no la (sic) atacaron (...) Pero aun llegando poco, Nigeria, Corea y Grecia, con simples avisos, desnudaron sus falencias en el retroceso." Era así. Lo que valía para Alemania y para Brasil, valía también para la selección de Diego Armando Maradona.
Al principio del partido, pareció que México iba a proponerle un partido de cierta exigencia a Argentina. Es que México probablemente tenga un funcionamiento de conjunto algo superior al de Argentina, y eso desorientó a la albiceleste. El desarrollo del juego de la selección de Maradona está basado nada más que en hacerle llegar la pelota a ese triángulo mortal conformado por Messi, Tévez e Higuaín. Y con eso mismo, haciéndolo más o menos bien, a la Argentina le alcanzó y le sobró.
Algunas horas después, observando con un amigo las jugadas más destacadas que pasaban en la televisión, sacamos la conclusión de que debe de haber algún tipo de misterio alquímico en estos partidos de Argentina. O bien los equipos contra los que ha jugado son poca cosa, o bien, con el solo rendimiento de su ataque, transforma a los rivales en poca cosa. Lo cierto es que Argentina le ganó 3 a 1 a México casi sin despeinarse. Y aunque encontró en una jugada de off-side notorio de Carlos Tévez el primer gol, en un momento más o menos parejo, nunca se sintió que el equipo estuviera con el agua al cuello. Los ataques mexicanos en su mayoría fueron sólo intentos desde media distancia de Salcido o de Guardado, sobrecargados de intención, pero nada más que eso, como quien se conforma tirando besos desde lejos porque no puede acercarse a besar.
Ahora que su selección está entre las ocho mejores del Mundial y se enfrenta en unos días con Alemania, que sí la va a atacar, para todos los argentinos Maradona se ha anunciado. Maradona parece estar por regresar y manifestarse incluso dentro del mismo campo de juego.
Si Maradona es Dios, o digamos más bien el Padre, el designio arbitrario e indescifrable, Tévez es ahora el Hijo. Tévez es la encarnación más terrenal de ese Padre terrible, el Hijo dilecto que se sacude en el mundo pecaminoso y se siente a gusto en él. En cambio Messi es, a todas luces, el Espíritu Santo. Es esa presencia alejada del ruido mundanal, que con la etérea liviandad del vuelo de una paloma pasa por donde nadie pasa.
O de forma más deportiva... Maradona ha vuelto, pero en dos partes. Messi es la abstracción técnica más pura, lo inatrapable. Tévez es la villa, el potrero, la picardía, lo comprobable. No es raro que en el primer gol contra México cada uno haya representado su parte. Luego de que la pelota rebota en el arquero, Messi se eleva, se suspende un segundo y la toca con la cara interna de su pie izquierdo hacia el arco casi desprotegido. Entonces Tévez, en ese evidente off-side que todos vieron, la desvía apenas un poco de cabeza y la manda al fondo del arco. Los defensores mexicanos que retrocedían recién se pusieron en su línea en el instante del cabezazo. Algo debe haber intuido Tévez cuando observa hacia el otro lado para saber si el línea ha levantado el banderín. Pero el línea no hace nada. Tévez corre hacia el sector opuesto y se queda arrodillado, mordiendo su camiseta en la parte del escudo de la AFA. Sus compañeros corren hacía allí. Llega Messi. Se abrazan... Maradona sacude sus brazos y grita, grita por Argentina. Tévez corre ahora hacia él. Se abrazan. La figura se ha completado.

sábado, 26 de junio de 2010

Querido Cristiano Ronaldo:


Querido Cristiano Ronaldo:

Te voy a decir un par de cosas y no te las tomes a mal, ¿eh?... Porque, la verdad sea dicha, ya estuvo bueno, ¿no?... Ya está. Ya entendimos todos que eres un gran jugador, que puedes hacer el 99% de todas las variedades de taquitos. Ya sabemos que que sabes bajar una pelota que viene con la velocidad de un cometa, ya hemos visto tus bicicletitas, lo fuerte que le pegas a la pelota, las novias que tienes, todas esas cosas. Está bien. Hagamos un pacto. A partir de hoy haré de cuenta de que estás predestinado en serio, pero en serio, ¿eh?, a hacer algo grande por el fútbol mundial. Pero no me hagas más lo mismo de hoy, cuando salí corriendo del trabajo para ver el segundo tiempo contra Brasil y me encuentro con que cada vez que te enfocaban estabas protestando como una magdalena porque Lucio o Juan o el que fuera te había rozado y te obligaba a dejar una estela involuntaria del perfume de tu gel en el aire africano. Está bien, puedes dejar el rastro del perfume donde quieras y no donde te obliguen. Pero qué esperabas de los defensas de Brasil... ¿Que te prestaran a la hermana? ¿Que te mandaran una tarjeta por un agente para sacar consulta contigo? Entérate de esto: si ellos hubieran podido, de ser el fútbol la realización real, bien real, de los deseos, te habrían puesto una buena patada en tu culito modelado y hubieras terminado en medio de una de las tribunas atragantado con una vuvuzela y pronto para retirarte del fútbol y dar clases por señas a niños de siete años fascinados por aprender a pasar la pelota a la salida de la escuela en una tarde de fines de mayo en Lisboa. No, no son tipos amigables los defensas de Brasil. En realidad, tengo para mí que no quisieran ser ellos mismos a menos que lleguen a la final y se les termine el suplicio y levanten la Copa y se vuelvan a su casa con sus mujeres (de tenerlas) y sus hijos (de tenerlos con sus mujeres). Ellos son los primeros detractores del "jogo bonito". Una taradez que se manden y listo, el "jogo bonito" no sirve para nada, pasó a ser algo como un chiste de Lula que nadie entiende. Así que no vas a venir tú a amargarles la existencia con esas fintas y esos requiebros de caderas. Lo que tienes que hacer es solamente tomar esa pelotita y avanzar contra ellos y pasársela por la cara. Usa ese precioso cuello de becerro de oro que tienes y embiste contra ellos con toda tu fuerza, y no lo gastes girándolo para un lado y para otro como un periscopio salido de las profundidades de tu charco de Narciso, buscando la pantalla gigante en la que pasan tus primeros planos y tus piruetas en el aire o tu cara de póker o tu sonrisa de tapa de revista "¡Hola!".
Así que hazme el bien, muchacho, y haz alguna cosa por la vida contra España y tápame la boca con un gol, con una jugada, con algo que, aunque nadie lo recuerde ni a nadie se le ocurra presentarlo en la Bienal de Arte de Venecia, sirva para algo.

Atentamente...

Un amante del fútbol con caspa

viernes, 25 de junio de 2010

1 a 0 a México o ¡Bienvenidos a "Laputa"!


1:Este país está en el aire

Parece mentira. Parece un sueño. Parece una broma.
Minutos después de que termine el partido entre Uruguay y México, el relator observa la imagen de la tabla de posiciones del grupo A y pide que no lo pellizquen, que no lo sacudan si esto es un sueño. No quiere despertar. Quiere seguir contemplando la crudeza de las cifras que tiene enfrente. Uruguay 7 - México 4 - Sudáfrica 4 - Francia 1... Uruguay acaba de ganarle a México 1 a 0 su último partido por el grupo A, que se ha adjudicado, y espera al segundo del grupo B. Antes del Mundial, cualquiera, y no por pájaro de mal agüero, podía calcular que Uruguay andando bien salía segundo y, medio resignadamente, esperaba por Argentina (primera del grupo B, como resultó ser) en octavos de final, y que fuera lo que Dios quisiera.
Eso fue el martes, al mediodía. En los días siguientes nadie ha hablado de nada más en este país. Nadie ha hablado del Presidente. Nadie ha dicho mucho sobre el levantamiento del corte de Gualeguaychú. No se le da mucha importancia a la suba de precios de algunos artículos, a los hechos de violencia. Y seamos sinceros: ¡ni siquiera al fútbol! Es decir, el fútbol es un tema delicadísimo. Mejor no hablar de él que hablar mal. Mejor no hablar de la selección que hablar con apresuramiento y "secar su suerte". Este país está en el aire. El efecto es muy similar a haber saltado y de repente notar que uno ha quedado suspendido en el aire. Todo es demasiado delicado. Mejor respirar lo menos posible. Mejor no tener ningún pensamiento excedido. Estamos todos suspendidos en el aire. Miramos alrededor y vemos lo magnífico que es, pero nadie se anima a gritárselo al vecino. Calma.
La empleada de la biblioteca municipal que me atiende desde que tengo 15 años me dice siente un poco de pena por los jóvenes... Tiene entre 50 y 60 años, probablemente esté por jubilarse en un tiempo, y te da los libros como si fuera una buena abuela. Se asombra de que sea la cuarta vez que renuevo el préstamo de la novela. "No me digas que estás con todo esto del fútbol... ¿Viste qué bien que estamos jugando?"... Por supuesto, le respondo... He leído menos, he escrito sobre todo acerca del Mundial y he mirado un promedio de dos horas de fútbol por día, la cantidad de horas que suelo usar para leer. La mujer me habla de los festejos en San Carlos el día martes a la tarde. Pero tiene miedo. Tiene miedo de que los jóvenes se entusiasmen demasiado y se frustren con una derrota de Uruguay. Mejor no festejar nada por el momento: esa es su conclusión. Hacemos un par de chistes (malos) sobre Corea del Sur y nos despedimos. Regreso a casa y dejo la novela sobre la mesa del living. "Hasta otro momento, novela, ahora tengo que escuchar en la radio el partido entre Holanda y Camerún".
Pero sigo con algo de los libros en la cabeza. Esta idea del país en el aire, de todos abombados por un sentimiento demasiado placentero como para distraerse, no me parece original. Busco, busco, busco... Y claro, llego a "Los viajes de Gulliver", de Jonathan Swift. En la tercera parte de esta novela el capitán Gulliver llega a una isla flotante, un país pequeño llamado Laputa (así en su original en inglés). Esto parece broma, también. Me acuerdo de mi padre hablándome por teléfono "¡La puta! ¡Qué partido hizo Uruguay!". Me acuerdo también de un amigo comentándome el balinazo de Guardado que pudo haber sido gol de México antes del gol de Suárez: "¡La puta! ¡Qué guascazo que sacó el mexicano!". Etcétera, etcétera. Pero prestémosle un poco de atención a la descripción que el capitán Gulliver hace de los habitantes de Laputa apenas llega: "Al parecer, las mentes de esta gente están tan absortas en intensas especulaciones, que no pueden hablar ni escuchar lo que dicen los demás a menos que los despierten mediante algún contacto exterior sobre los órganos del habla y del oído"

2: La comprobación... El peso de la sangre...

Lo que se pensaba que era difícil sucedió. Uruguay confirmó contra México su brillante partido ante Sudáfrica. Controló a un rival quizás superior al conjunto africano. Se defendió muy bien y esperó hasta que Forlán agarró desacomodado el fondo de la selección azteca, tiró la pelota a la derecha para que Cavani a la carrera metiera el centro al segundo palo, bien medido para la cabeza de Luis Suárez. El arquero de México se estiró pero no llegó. No llegaba ni teletransportándose. En total, desde que la pelota fue tomada por Forlán, la jugada no duró ni cinco segundos. Suarez agita ambos dedos índices mientras corre hacia el corner, como si dijera entre su sonrisa dentuda "¡Yo les dije! ¡Yo les dije!". Antes habíamos pasado el susto de la pelota que Guardado metió contra el ángulo y que Muslera no atajaba ni en el replay. Pero también Uruguay había creado algunas buenas situaciones de gol como para merecer largamente el gol de Suárez. Y en seguida se vino el final del primer tiempo, y después el segundo, y las preocupaciones de los mexicanos, que se resistían a la suerte de tener que enfrentar a Argentina en octavos de final. Pero el partido pasó como un suspiro. Fue intenso. Pero de una intensidad mínima. Uruguay pudo haber hecho algún gol más y haber liquidado el encuentro. Incluso la posibilidad de que México empatara era casi nula, salvo un cabezazo que bien puedo haber sido el empate. Sin embargo todo era natural. Uruguay le daba la pelota a México y este equipo la hacía rodar por toda la cancha con cierta ilusión de llegar al gol. Pero nada. En realidad parecía más un juego de gato y ratón. Parecía todo irreal. No era eso el Uruguay del sufrimiento, el Uruguay de la sangre charrúa. Hasta que el peso de la sangre se reveló y lo vio todo el mundo en una reiteración. Diego Pérez salta a cabecear y su sien derecha se corta contra la cabeza de un rival. Y de ahí a la sangre, al derramamiento de sangre que alimentaba la presencia de nuestro dios particular y lo hacía fuerte. Pérez tuvo que salir del campo de juego, cambiarse de camiseta y esperar a que se le aplicara sobre la cabeza un apósito de color... ¡¡¡celeste!!! ¡De qué otro color iba a ser! Pero el color de la sangre opacaba al cabo de los minutos la claridad de la tela. La sangre estaba allí debajo, agolpándose. No había arreglo en el partido. Era lo que era. Uruguay ganaba bien. Y la sangre estaba y un pueblo lo agradeció suspirando aliviado.