domingo, 11 de julio de 2010

España y el resto del mundo


Primero tiempo

'0 Falta de van Persie.

'1 Primer ataque de España. Los jugadores de Holanda se juntan dentro del área, y con sus camisetas fluorescentes parecen una protesta de trabajadores de la vía pública. Mueven los brazos a todos lados. Parece que hay pozos.

'4 Centro de Xavi en un tiro libre. La cámara lo capta en un primer plano. Xavi es indiscutiblemente parecido al Robert Downey Jr. de la primera época. Ramos cabecea y tapa Stekelenburg en el medio del arco.

'6 "La pelota es la linterna que ilumina los caminos de España", Mario Bardanca (contemporáneo)

'8 Pica Villa entre los zagueros de Holanda. La atrapa Stekelenburg.

'11 Centro pasado. Villa remata de zurda y la pelota pega en la parte exterior de la red... "España ya no es el toro, es el torero que juega con la capa", Mario Bardanca.

'14 Amarilla para van Perise. Le protesta al juez describiendo un círculo con sus manos. Pero no hay posibilidad de que Howard Webb le crea. Por su tamaño, el gesto de van Persie recuerda más un embarazo de ocho meses que una pelota número cinco.

'15 La cámara muestra a la Reina Sofía de España y al Príncipe de Holanda, juntos en el palco, intercambiando algún que otro comentario.

'16 Falta de Puyol contra Robben. Amarilla para el español. La cámara ultralenta muestra una secuencia de una película de Jean-Claude van Damme.

'17 Primero tiro de Holanda al arco. Ataja Casillas. Holanda sabe, pero sabe, que empezó el partido.

'21 Falta de van Bommel contra Iniesta. Amarilla.

'22 Amarilla para Ramos por falta sobre Kuyt.

'24 Lo más emocionante hasta ahora: Dos ataques de España y como siete patadas.

'26 Zzzzzzzzz

'27 A despertarse. Amarilla para De Jong. En realidad fue tan sólo una plancha en el pecho a Xabi Alonso. De Jong le protesta a Webb diciéndole que no vio a Xabi Alonso. Quizás se refiera al otro, a Xavi. ¿Quién sabe?

'30 Robben y Kuyt, punteros, pasan a jugar ahora de laterales. Posesión de la pelota: España 56%, Holanda 44%. En faltas, gana Holanda 9 a 3. Pero si se cuenta bien la plancha al pecho de De Jong, que fue como un combo de Mortal Kombat, el resultado es 36 a 3.

'33 Heitinga quiere devolver la gentileza. Saca y casi la mete por encima de Casillas. Algo no anda bien.

'35 Los hinchas empiezan a cantar. No les importa la diferencia horaria.

'36 Zzzzzzzzzz

'40 Un par de ataques de España, que ha iniciado su trabajo de hipnosis.

'41 Otra falta karateka. Esta vez Sneijder.

'45 Remate apretado y abajo de Robben. Casillas manda al corner. No pasa mucho más.

Segundo tiempo

'2 Corner para España. Jugada entre Xavi e Iniesta.

'3 Empieza a llover acá en Maldonado.

'9 Amarilla para van Bronckhorst. El tiro libre de Xavi se va apenas desviado.

'10 Otra patada para Villa, de un holandés que no le había pegado hasta el momento.

'11 Amarilla a Heitinga. El árbitro Webb está 30 segundos atrasado.

'12 Falta de Iniesta. Tiro libre para Holanda.

'14 Sin querer parto el lápiz con el que hago estas anotaciones.

'15 Centro de Holanda. Cabezazos desprolijos. Ahora se la pegan a Piqué en la cabeza.

'16 Robben sirve un pase al medio para Sneijder. Casi gol. Casillas la saca al corner con una pierna.

'18 Zzzzzzzz

'19 España comienza a mover la pelota hacia los costados.

'21 Amarilla para Capdevila. Tiro libre de Robben. No... pasa... na...da...

'24 Ataque de España. Casi gol de Villa. España conoce las puntas de la cancha. Van Bronckhorst necesita ayuda.

'25 Se va Kuyt. Entra Elia.

'27 Falta sobre Iniesta al borde del área, del lado izquierdo. Villa patea afuera.

'31 Corner para España. Cabecea Ramos solo y lo erra por encima del travesaño.

'32 Se pica entre van Bommel e Iniesta.

'33 Complica Navas por la derecha.

'35 Pase de Alonso para Iniesta. Iniesta se mete en el área. Pregunta: ¿Por qué Iniesta engancha adentro donde están los holandeses y no hacia afuera para sacar el remate? Iniesta parece buscar la más difícil.

'37 Otra vez Robben tiene el gol de partido. Puyol lo molesta un poco en la carrera. Pero no es para tanto. Casillas se adelanta y toma la pelota seguro... Amarilla contra Robben en la jugada siguiente, por protestar. Sin embargo el juez sigue siendo hijo suyo.

'41 Se va Xabi Alonso. Entra Fábregas.

'44 Van Persie, al que se le ha sancionado off-side, se saca de encima a Casillas y define. La pelota da en el palo. No es así...

'46 Manejo de la pelota de España... Ambos equipos se cierran al final del segundo tiempo.

'47 Sneijder busca el gol de la victoria desde lejos con un remate sorpresivo. En su cabeza el mundo gira de una manera. La realidad está un poco lejos.

'48 Fin del segundo tiempo.

Primer tiempo del alargue

'0 Incursión de Robben por derecha. Lo marcan tres jugadores. La vida continúa.

'1 Navas ataca por derecha. Lo marcan algunos holandeses. La vida continúa siguiendo.

'2 Los españoles piden penal. El árbitro concede sólo un corner. Lo patea Xavi y no pasa nada.

'3 Primer plano de la pelada del árbitro Howard Webb. Se trasluce un cráneo impresionante.

'4 Iniesta para Fábregas, que define contra la salida de Stekelenburg. El arquero holandés la saca al corner con una pierna.

'5 Cabezazo de España por encima del horizontal.

'6 Tiro al arco de De Jong. Controla Casillas. La pelota va hacia Iniesta, que juega para Capdevila. Centro para Xavi. Corner.

'7 Puyol cabecea el tiro del corner hacia afuera, bastante desviado.

'8 Pase de Fábregas al vacío para Iniesta. Iniesta no define. Engancha y se la saca van Bronckhorst. ¿Qué tipo de gol quiere hacer España?

'9 Se va De Jong. Tiene que dirigir un curso de especialización en traqueotomía en la Universidad de Rotterdam y el avión sale en un rato.

'10 Remata Navas. La pelota pega en la parte de afuera de la red. Hay un corner que no lleva a nada.

'11 Holanda tiene ganas de hacer un gol.

'12 La Reina Sofía, con una manta roja cubriendo su falda, se acaricia los nudillos de la mano izquierda. El príncipe de Holanda sigue como siempre a su lado. Pero se ha abierto entre ellos un espacio. Al príncipe le cuelga largamente su bufanda naranja. Tiene cara de estar pensando qué es lo que van a servir a la hora de la cena. Linda foto para la revista ¡HOLA!

'13 Fábregas remata desde afuera. La pelota se va por fuera contra un palo.

'14 Se va van Bronckhorst. Entra otro holandés.

'15 El tiempo simplemente se consume para que podamos llegar al minuto '16

'16 Llega el minuto 16. Se termina el primer tiempo.

Segundo tiempo del alargue

Se va Villa. Entra Torres.

'3 Iniesta se va solo hacia el gol. Heitinga lo derriba y recibe doble amarilla y es expulsado.

'4 Xavi dispara el tiro libre por encima del travesaño. La cámara ultralenta muestra a Xavi mirando hacia atrás, con su cara de Robert Downey Jr. Lo tapan los rulos de Puyol, lentos, hacia arriba, hacia abajo, como los tentáculos de un pulpo deslizándose en el fondo del mar.

'5 Falta sobre Iniesta.

'6 Centro al área. Rechaza Stekelenburg.

'7 Robben se hace el vivo. Define cuando ya había sido cobrado el off-side. El árbitro le dice que no va más... que no va más a cobrarle nada, que le dé tranquilo.

'8 Tiro libre para Holanda. Queda postergado para el minuto siguiente por problemas en el armado y la colocación de la barrera. Una lástima...

'9 La barrera demora aún media hora más en armarse. Sneijder le respira encima. Los españoles se quejan del mal aliento de los integrantes de la barrera. Se realiza el tiro libre y el remate pega en uno de los hombros de los holandeses y se va al corner.

'10 ¡Gol de Iniesta! Lo dejan sólo en el área y remata fuerte y cruzado hacia el segundo palo.

'11 Toda Holanda protesta.

'12 y '13 Replays... Casillas llorando. La Reina Sofía saltando, volando podría decirse, con un promedio de elevación de unos 6,5 centímetros. El príncipe de Holanda apoyado contra la barandilla, definitivamente alejado de la Reina Sofía, observando para otro lado. No es changa lo que se tiene que aguantar por ser de la realeza.

'14 y '15 Aumenta el volumen de las vuvuzelas. Ataca Holanda con centros.

'16 Etcétera.

'17 ESPAÑA CAMPEÓN DEL MUNDO.

Los pulpos son de palo (II)

[próximamente... sepan disculpar...]

sábado, 10 de julio de 2010

Los pulpos son de palo (I)



Ver el partido por el tercer puesto de un Mundial es una forma de presenciar una variante de la misma final del mundo. Y es también uno de esos partidos tan importantes como poco dramáticos en los que llevarse la victoria no está nada mal, pero en los que no es ninguna desgracia mayor salir derrotado. Apenas si queda un registro anecdótico al costado del resultado de la propia final. Tampoco es que con esto le quiera quitar trascendencia a un partido que Uruguay nunca ganó en su historia, y que todos querían ganar hoy cuando apretaron los puños y los dientes en el último tiro libre del partido que Forlán estrelló en el travesaño y dejó el partido 3 a 2 a favor de los alemanes. Otra vez la bronca por el mismo resultado que nos dejó fuera de la final, y otra vez la bronca por la falta de suerte que en ambos partidos, sin despreciar que se perdió bien antes dos grandes rivales, nos torció el curso en los instantes menos indicados. Hace una semana, antes del partido contra Holanda, un amigo me confesó que sentía un miedo enorme de que hubiéramos agotado todas nuestras reservas de "fortuna" tras el partido contra Ghana, como si esto fuera un videojuego en el que se acumulan "poderes" y se los administra con mayor o menor conciencia. La verdad es que si se observa una y otra vez el penal que marra Asamoah Gyan, cumplida la hora del alargue, todavía es algo inconcebible. La presunción de mi amigo parece estar bien explicada ahora, luego de quedarnos definitivamente con el cuarto puesto; pero también todos sabemos en este país las cosas que habríamos sacrificado de nuevo por jugar una instancia semifinal. Una de ellas fue contundente: que Suárez se perdiera el partido ante Holanda.
En cambio ahora, cuando estamos más allá de las previsiones, los nervios, los cálculos y las arengas, lo que podemos sentir es un orgullo inconmensurable por la pasión que estos futbolistas demostraron en cada segundo de juego. Tan sólo la forma en que Diego Pérez va al suelo y le roba la pelota a Schweinsteiger para el empate de Cavani, pone de ejemplo una vez más la decisión de este equipo de querer llevarse el partido por delante, siempre. Ese hecho... O cada unos de los cierres de Jorge Fucile o de Diego Godín, o la corrida por derecha de Egidio Arévalo Ríos para meterle el centro a Diego Forlán en el segundo gol; todas esas incidencias de juego, como tantas otras (incluso como la desazón de Muslera y de Lugano en cada gol alemán), estuvieron para nosotros, los hinchas de Uruguay, y también para los televidentes del planeta entero, impregnadas de coraje, de amor propio. Eso. Y nada de bravuconería o de prepotencia, viendo el resultado antes de que este se manifestara. No. Nunca. Uruguay salía a cada partido sabiendo que su rival jugaba y que le podía hacer pasar malos ratos, tal como le sucedió. Sin embargo, uno de los aspectos que causan gran satisfacción de este Uruguay es la consideración extrema del rival y la aplicación de una respuesta inmediata al problema que surge ante cada equipo. Esa respuesta no está sólo marcada por el coraje, sino que a eso hay que agregarle la gran capacidad de juego. Como hoy contra Alemania, cuando Uruguay llegaba a ganar por 2 a 1 y los alemanes no encontraban la pelota por ninguna parte. Alemania es un gran equipo. Nadie se habría asombrado si le hubiera ganado a España en la semifinal y hubiera superado a Holanda en la final. Pero Uruguay demostró que se puso a la altura de esos grandes equipos porque reunió lo mismo que ellos: trabajo, temperamento y talento. Lo demás es circunstancial. El fútbol tiene mucho de circunstancial, y por eso es un deporte que amamos, porque también logra sorprendernos siempre. Pero no se llega a los lugares más altos de un torneo gracias a las circunstancias. Por eso da gusto ver a este Uruguay. Cuando se ve en la televisión que la gente regresa tranquila a sus hogares desde las pantallas gigantes ubicadas en las plazas de las ciudades, cuando se ve eso luego del partido contra Holanda y a los días contra Alemania, allí hay un equipo que logró algo igual de importante que un campeonato. Veintitrés jugadores y un cuerpo técnico alcanzaron a tocar una dimensión del espacio entre los individuos que no había sido explorada por mucho tiempo. Y lo lograron mediante una actividad tan inofensiva como el fútbol. Lo lograron trasladando un esférico de un sector a otro de un campo delimitado con líneas blancas, como si se tratara de un actividad abstracta o geométrica... Estos jugadores uruguayos no sólo le regalaron a la gente un cuarto puesto en el Campeonato del Mundo de Sudáfrica en 2010. Nos otorgaron un valor que ahora es necesario trasladar a nuestras vidas sencillas, donde no hay noventa minutos que nos agobien con su carrera loca. Ese valor se coloca en un punto que está a medio camino entre nuestras preocupaciones, nuestro dolor, y lo que nosotros tenemos para ofrecer. Y como el fútbol es metafórico a un nivel muy profundo de nuestras experiencia y sensibilidad, ahora le toca a cada uno sentarse a pensar cómo se tiene que utilizar este obsequio tan especial.

viernes, 9 de julio de 2010

Todos hipnotizados


Maradona ha empezado a hablar de nuevo. Parece que al ver la semifinal que España le ganó por 1 a 0 a Alemania concluyó que a la selección ibérica habría que colocarle las áreas en ambos costados de la cancha. Maradona parece hoy por hoy el sujeto menos indicado para opinar sobre cómo se le gana a Alemania. Con tal criterio habría que decir que a Argentina el área y el arco rivales habría que dejárselos por delante de la línea de defensas. Sin embargo, el Diego de esto algo sabe. Si Alemania se caracterizó (sobre todo en las victorias ante Australia, Inglaterra y Argentina) por aplicar un método de juego efectivo y hasta de una sencillez pasmosa, España se le paró enfrente como la caricatura de esa actitud. El primer tiempo pareció una tomadura de pelo enorme al fútbol alemán. España tomó la pelota y la paseó por todo el campo de juego, sobre todo de una banda a la otra. Si la defensa alemana se cerraba, los volantes españoles preferían una y mil veces pasarla hacia atrás, incluso hasta Iker Casillas, para devolverla hacia el medio campo, para un costado, luego para el otro, y de vuelta y de vuelta, y de vuelta y de vuelta, hasta que huuuummmm, ¡qué sueño! ¿no?... Los alemanes, que del tema saben, y mucho, la miraban pasar como si jugaran al "monito" con ellos. España, por lo pronto, ya puede ser considerada la campeona mundial de "monito", aunque le ganó a los germanos con un gol en el segundo tiempo traído de otro partido. Un gol poco extraordinario en el que vemos a Puyol corriendo desde detrás de la media luna y yendo a buscar el centro enviado desde el corner. Puyol cabecea con gran potencia y pone el 1 a 0 con el gol que menos habría querido hacer España para entrar en la final de un Mundial. España quería un gol como el segundo que le hizo a Chile, o como el gol con el que mandaron a casa al macaco de Cristiano Ronaldo y su selección. Una jugada por el sector izquierdo entre Iniesta y Xavi. Algo así. Como lo que intentaron una y otra vez en l segundo tiempo. Parece que España quiere entrar al arco con pelota. Parece que su actitud es la de querer driblear hasta el arquero para demostrarle a todo el mundo lo brillante de su forma de jugar. Para que todo el mundo entienda que nadie juega así, ni siquiera Brasil ya. Pero esos goles no le salen todo lo seguido que quisieran. En un Mundial se tienen que hacer también otras cosas. Sin embargo, los periodistas están embelesados con esto. Se babean cuando ven que España no renuncia a su estilo "de seda", cuando el mote de "Furia" se asemeja a la evocación de un pasado inconveniente. Los periodistas mueren de amor al observar que cuando a España un ataque no le sale la pelota deriva hasta el mismísimo Casillas y otra vez a empezar... Todos mueren con esas delicadezas. Pero en el fútbol hay que ser malo, hay que ser bastante sucio a veces y mandar todo al traste con un gol como el de Puyol, un gol de un equipo común y corriente, el tipo de gol al que los alemanes no renunciaron en ningún instante, y que casi lograron con seis o siete toques más despabiladores que el resto del partido cuando España se apoderó de la pelota.

Ahí

jueves, 1 de julio de 2010

Mamá, ¿cómo sé si tengo la garra charrúa?


Puesto ante el problema de tener que definir qué es la "garra charrúa" luego de la trabajosa victoria de la Celeste ante Corea del Sur por 2 a 1, un periodista de la agencia Reuters recurre a Pablo Forlán, mítico center-half de Uruguay en los Mundiales de México '70 y Alemania '74, y, obviamente, padre de Diego Forlán. La conclusión final afirma que la garra charrúa es alcanzar el triunfo cuando parecía algo imposible. Dicha conclusión, lo sabemos los uruguayos, está un poco recortada. La garra charrúa como tal podría definirse como un estado, una actitud ante el juego por encima incluso del resultado obtenido. Y aunque la garra charrúa se ha hecho valiosa a partir de los triunfos, uno puede incluso llegar a percibirla en los partidos de los que salimos derrotados. Pero la cuestión es que de un tiempo a esta parte, de muchos años a esta parte, la gente se cansó un poco de la garra charrúa. La gente comenzó a sentir que ante el panorama del fútbol mundial de las últimas décadas, recurrir a la garra charrúa ya se estaba convirtiendo en un recurso atávico. Nadie podía dejar de estar orgulloso de su presencia tutelar, pero todos se estaban dando cuenta de que en el fútbol de hoy no se puede salir adelante solamente con la garra charrúa. A menos que se tenga algo más, claro; a menos que se proponga algo más desde el juego. Y esta selección uruguaya lo propone.
Cuando los primeros 20 ó 25 minutos del partido anunciaban un camino de rosas para Uruguay, con un gol marcado a los 8 minutos por Luis Suárez tras un pase espectacular de Diego Forlán, con un manejo del partido que recordaba a los efectuados ante Sudáfrica y ante México, cuando el sol brillaba sobre la grama y todos podíamos pensar en seguir de largo, Corea del Sur cambió de repente. Aquel equipo timorato que muchos habíamos visto perder por goleada ante Argentina desapareció para siempre del Mundial. Las subidas de Park se hicieron insoportables. Corea del Sur comenzó a complicar a la Celeste con su buen manejo de la pelota. Los defensas uruguayos ahora pasaban a resolver situaciones impensadas unos pocos minutos atrás. El medio de la cancha, donde hasta hace poco rato habían mandado Diego Pérez y Egidio Arévalo Ríos, era propiedad exclusiva de los coreanos. Así culminaba el primer tiempo, con el anuncio de que si Tabárez no proponía algún cambio drástico, el rival iba a pasar de largo.
Pero a la vuelta del partido el cambio drástico fue la salida de Diego Godín, lesionado y reemplazado en el entretiempo por Mauricio Victorino. Con la entrada de Victorino, Uruguay no perdió para el segundo tiempo nada de entrega por parte de sus zagueros, pero sí algunos centímetros. Allí donde Godín podía resolver por arriba los problemas que la altura de los coreanos causaban, Victorino hacía lo que podía, y así y todo jugó un buen partido. Pero todo complicaba. Primero la aparición de la lluvia. Segundo la persistencia de Corea del Sur, jugando exactamente igual a como lo había hecho durante toda la segunda parte del primer tiempo. La pelota se volvió escurridiza y el terreno de juego una verdadera pista de hielo. Los coreanos, con toda su velocidad y su capacidad física desplegada, comenzaron a sentirse cada vez más a gusto con la situación. Llegó un instante en el que Uruguay extrañó aquella época en que nadie le pedía justificarse para cruzar la mitad de la cancha... Así que el merecido empate llegó en el minuto 68. El mareo entre los zagueros y los laterales y Muslera fue tan grande, que cuando cayó el centro ya nadie sabía a quién de los coreanos tenía que tomar. Lugano no llega a cubrir y Muslera sale a medias. Lee Chung Yong cabecea y pone el 1 a 1... El record de Muslera pasó a ser una anécodta para revisar al día siguiente. Tras ese tanto pasó a ser el arquero uruguayo con más minutos sin la valla vencida (390) en un campeonato del mundo, superando al gran Ladislao Mazurkiewicz. Pero todo eso no tenía trascendencia si uno miraba el festejo de los coreanos. A esa altura, aquello ni siquiera tenía olor a alargue. Los fantasmas de la Eliminatoria hacían su aparición cuando menos se los esperaba.
Mucho se escribió y se habló luego del partido acerca de la gran reacción de Uruguay apenas llegó ese gol. Los más con satisfacción y admiración. Otros, un poco dormidos, con cierto aire reprobatorio, se preguntaron por qué Uruguay se había dejado hacer un gol para tener que levantar su nivel de juego. Lo concreto es que la rebeldía de Uruguay, allí donde todos vieron la garra charrúa entrando en acción, estuvo apuntalada por un aspecto nada menor que tiene este equipo: el hecho de que juega bien. ¿Qué significa en este caso "jugar bien"? No es precisamente jugar de forma vistosa, sino saber lo que el partido tiene para darle y lo que a su vez el equipo puede hacer por el partido. Esta selección uruguaya tiene una capacidad de lectura y de manejo del partido importante. Sin ella, la garra charrúa habría terminado transformándose en un berrinche.
Hay un acto clave del partido un poco antes del segundo gol de Suárez, y ese acto no tuvo una consecuencia mayor sobre la incidencia del juego en el que se manifestó, pero sí sobre el resto del partido. Consistió en lo siguiente: En uno de los ataques de Uruguay, no del todo claros, la pelota queda picando dentro del área de Corea del Sur, a medio camino entre dos defensas. Es una de esas pelotas que aunque están dentro de la zona de peligro no llevan riesgo. Los defensas saben que cuentan con la ventaja del espacio y del tiempo para demorar la acción, levantar la cabeza y elegir al compañero mejor ubicado para continuar con el juego. En una jugada así, cuando la pelota queda picando en el área coreana, lejos de cualquier jugador uruguayo, por un callejón, desde muchos, muchos metros atrás, aparece la figura de Diego Pérez peleando por esa pelota y exigiendo a los defensas a realizar un plan de último momento. Diego Pérez no tenía porqué ir a buscar esa pelota. Las probabilidades de que la jugada tuviera un final feliz eran nulas, y las de que el medio de la cancha quedara descompensado, totales. Pero el partido no fue el mismo a partir de entonces. Ese solo acto, en apariencia gratuito, marcó el desarrollo posterior del encuentro.
Y unos instantes después llegó el segundo gol de Suárez; un tiro en diagonal, enroscándose contra el segundo palo. La situación es tan dura e impactante que tiene la misma fuerza y duración de un rayo cayendo en el segundo más desesperante de la tormenta que sacudía esa tarde de Port Elizabeth. Los comentarios sobre cómo ese gol de Suárez dio de lleno en la sensibilidad de la gente van a trascender con los días. Las lágrimas de muchos se vinieron al suelo. Uruguay clasificaba luego de cuarenta años a cuartos de final, pero el hecho más sustancial era cómo lo lograba. El alma o el corazón o la gallardía (todas categorías evanescentes para hablar de fútbol) que demostró este equipo logró conmover a las personas, a las que les gusta el fútbol y a las que entienden poco y se arriman en épocas de mundiales. Ahora todos quieren saber qué más puede lograr este equipo. Muchos se animan a soñar de verdad, sin temor alguno, sin vergüenza. Porque todos confían, todos aprendieron a confiar. Por eso, cuando al final del partido el remate de un coreano pasa entre las piernas de Muslera y se dirige lentamente a la línea de gol, todos, dentro de la ansiedad imperante, entendimos que esa pelota no iba a entrar. Vimos entonces al capitán Lugano trotar hacia ella y salir jugando contra la línea, con los brazos extendidos hacia los costados en la clara señal de "no pasa nada". No pasaba nada: Uruguay había logrado apoderarse del espacio, el tiempo y sus ventajas.

lunes, 28 de junio de 2010

Con la Voluntad no se juega


UN PULPO "VIDENTE" SE INCLINÓ POR ALEMANIA

Berlín (AP). - Un pulpo de dos años con poderes de "adivino" predijo que Alemania eliminará a Inglaterra en el choque de mañana. Tanja Munzig, vocera del acuario berlinés Sea Life, explicó que Paul (tal su nombre) escogió un mejillón del vaso que tenía la bandera germana por sobre el que llevaba la inglesa. Créase o no, el molusco ya predijo los éxitos alemanes ante Australia y Ghana, y la derrota frente a Serbia.


* * *

Las cosas ya no son lo que solían ser... O al menos no como lo fueron una vez, una vez sola.
La noche anterior al partido entre Inglaterra y Alemania me puse a leer algo sobre lo que era de la vida de Huster, uno de esos típicos casos de jugadores que irrumpen en un Mundial contra todos los pronósticos, saltando del banco de suplentes para revelar una personalidad sorprendente donde otros estaban llamados a hacer las grandes cosas. Y así fue. Huster saltó a la cancha en la selección de Inglaterra en 1966 y, entre otros goles, anotó el tanto con el que Inglaterra se aventajó a Alemania en el alargue de la final, el recordado gol que no fue gol, porque la pelota pegó en el travesaño, bajó contra la línea y regresó a la cancha. Pero como el línea lo validó, y como esto es lo que tiene el fútbol, terminó siendo gol. Con la Segunda Guerra Mundial terminada en la vuelta de esquina anterior, un hecho así se cargó de un sentido insoslayable.
Un poco por eso me dio gracia escuchar "I should have know better", de los Beatles, cuando anunciaron la formación de Inglaterra ante Alemania en Radio Oriental, de Montevideo, y mucho más ver después en el compacto de la noche que Mick Jagger estuvo presente en el palco entonando "God save the Queen", minutos antes del comienzo del partido. Había que ver las arrugas de la cara de Jagger para leer allí lo que fue, lo que pudo haber sido y, sin ningún lugar a dudas, lo que nunca más va a ser. El esplendor de una Inglaterra irrecuperable. La Reina aún bien entrada en carnes saludando a los jugadores y entregándole la copa Jules Rimet a Bobby Moore, los Beatles grabando "Revolver", la sonrisa socarrona de Winston Churchill presente en la conciencia de todos como la del mismísimo Gato de Cheshire, un misterio fugaz como el de una pelota apareciendo y desapareciendo. El gol de Huster fue el momento culminante de la múltiple perspectiva lunática que uno puede hallar en un diálogo de "Alicia en el país de la maravillas". Los alemanes se metieron a jugar al fútbol en un jardín inglés y quedaron patas arriba.
Pero el mundo ha cambiado. Por eso quedaron un poco anacrónicas algunas comparaciones históricas antes del partido hechas por algún que otro periodista deportivo trasnochado con el deseo fijo en la cabeza de dar un par de materias de Ciencias Sociales. Es más, si Churchill llegaba a ver lo que fue la paliza por 4 a 1 de Alemania a Inglaterra, seguro que la sonrisa socarrona se transformaba en la expresión de la constipación más dolorosa. Y qué decir de esta selección germana en la que, sin llegar a mencionar que hay un africano y un turco, los dos delanteros son polacos; es decir, una pesadilla común y corriente de Hitler.
Y, sin embargo, hay cosas que no parecen modificarse. Como la voluntad. O la Voluntad, con mayúscula.
Recordemos. Pese a las dudas antes del partido, Alemania, con un juego práctico, que parece engañosamente sencillo, de manual de principiante, logra ponerse encima por 2 a 0. Hay que ver el primer gol, de Miroslav Klose, por ejemplo. La defensa de Inglaterra hace todo mal. Saca Neuer, el arquero teutón, y la pelota pica una vez casi a las puertas del área inglesa. Klose seguido de un par de defensores sigue el curso de la pelota aguardando el segundo pique, y cuando este se produce en el área inglesa, James, la calamidad de arquero inglés, sale a destiempo y no logra impedir el gol. Ayudados por las diversas cámaras lentas de la televisación de este Mundial, podemos apreciar con un detallismo épico la embestida de Klose. Nada podía impedir que ese fuera su gol. Y, aún así, la Voluntad no sólo es eso.
Hay que aguardar a que Inglaterra se ponga 2 a 1 y atropelle en busca del empate con más de orgullo herido que de claridad. A unos pocos minutos del final del primer tiempo Lampard saca un disparo desde afuera del área. La pelota da en el travesaño, pica dentro del arco y luego se aleja otra vez hacia el interior de la cancha. Lampard comienza a gritar el gol, pero ni Larrionda, el árbitro uruguayo, ni Espinosa, el línea de ese sector, validan el gol. Los jugadores alemanes tuvieron un gran mérito: seguir jugando como si nada hubiera sucedido, como si dentro de su información genética estuviera ya registrada esa secuencia y supieran lo que hacer en consecuencia. Lampard observa entonces la repetición en la pantalla gigante y no puede dar crédito a lo que ve. Le han negado a Inglaterra el empate que de forma más que lícita había obtenido. Como decimos en el barrio: "Hoy por ti, mañana por mí".
En el segundo tiempo a Alemania le bastaron cinco minutos para ampliar la diferencia con dos goles de Mueller. Pero dos goles en los que el peso de la decisión, la conciencia del grupo y del ideal fue tan aplastante, que poco más podía hacer Inglaterra sino aguantar los embates de la marea aferrándose al madero carcomido de su propia improvisación en defensa. Como ocurrió con el tercer gol, que nació en un tiro libre de riesgo a favor de Inglaterra. La pelota da en la barrera y comienza el contragolpe alemán. La frialdad con la que Özil lleva la pelota por la izquierda lo hace casi todo. Sólo corre y observa al otro sector del campo esperando por la subida de Mueller. Después la pelota al medio y gol. Esa frialdad de daga tallada en algún lugar esquivo del próximo Oriente ilustra mucho de lo que tiene para ofrecer esta selección alemana de la que se tenían algunos reparos cuando cayó derrotada ante Serbia. Hay una convicción en cada uno de esos sencillos y pequeños movimientos que mete miedo. Algo como el destino golpeando para que lo atiendan.

* * *

UN PULPO DE ACUARIO ALEMÁN VATICINA LA DERROTA DE ARGENTINA EN CUARTOS

OBERHAUSEN, Alemania (AFP) - Paul, el pulpo del acuario de Oberhausen (oeste de Alemania) célebre por sus aciertos en las predicciones de los resultados del Mundial, dio este martes a Alemania como vencedor en el duelo de cuartos ante Argentina, previsto para el sábado.
Según un ritual bien establecido, dos cajas con los colores de los dos equipos fueron situadas en el fondo del acuario y Paul se dirigió de nuevo a la negra, roja y amarilla, dejando de lado a la azul y blanca de los sudamericanos.
El 'pitoniso' de los tentáculos mantiene hasta el momento un pleno de aciertos, incluyendo la caída inglesa en octavos... aunque él nació en Gran Bretaña.

Maradona: partes I, II y III


Luego de una primera fase prácticamente de paseo (1 a 0 a Nigeria; 4 a 1 a Corea del Sur; 2 a 0 a Grecia) parecía que en su partido de octavos de final Argentina iba a encontrar en México al primer rival que iba a salir a atacarlo. El día anterior, en una nota aparecida en La Nación, de Buenos Aires, el periodista Christian Leblebidjian sostenía: "Es lógico que el hincha esté entusiasmado y se contagie con las posibilidades del equipo, pero hay un ítem con puntos suspensivos: el funcionamiento defensivo. ¿Por qué? Simplemente porque todavía no la (sic) atacaron (...) Pero aun llegando poco, Nigeria, Corea y Grecia, con simples avisos, desnudaron sus falencias en el retroceso." Era así. Lo que valía para Alemania y para Brasil, valía también para la selección de Diego Armando Maradona.
Al principio del partido, pareció que México iba a proponerle un partido de cierta exigencia a Argentina. Es que México probablemente tenga un funcionamiento de conjunto algo superior al de Argentina, y eso desorientó a la albiceleste. El desarrollo del juego de la selección de Maradona está basado nada más que en hacerle llegar la pelota a ese triángulo mortal conformado por Messi, Tévez e Higuaín. Y con eso mismo, haciéndolo más o menos bien, a la Argentina le alcanzó y le sobró.
Algunas horas después, observando con un amigo las jugadas más destacadas que pasaban en la televisión, sacamos la conclusión de que debe de haber algún tipo de misterio alquímico en estos partidos de Argentina. O bien los equipos contra los que ha jugado son poca cosa, o bien, con el solo rendimiento de su ataque, transforma a los rivales en poca cosa. Lo cierto es que Argentina le ganó 3 a 1 a México casi sin despeinarse. Y aunque encontró en una jugada de off-side notorio de Carlos Tévez el primer gol, en un momento más o menos parejo, nunca se sintió que el equipo estuviera con el agua al cuello. Los ataques mexicanos en su mayoría fueron sólo intentos desde media distancia de Salcido o de Guardado, sobrecargados de intención, pero nada más que eso, como quien se conforma tirando besos desde lejos porque no puede acercarse a besar.
Ahora que su selección está entre las ocho mejores del Mundial y se enfrenta en unos días con Alemania, que sí la va a atacar, para todos los argentinos Maradona se ha anunciado. Maradona parece estar por regresar y manifestarse incluso dentro del mismo campo de juego.
Si Maradona es Dios, o digamos más bien el Padre, el designio arbitrario e indescifrable, Tévez es ahora el Hijo. Tévez es la encarnación más terrenal de ese Padre terrible, el Hijo dilecto que se sacude en el mundo pecaminoso y se siente a gusto en él. En cambio Messi es, a todas luces, el Espíritu Santo. Es esa presencia alejada del ruido mundanal, que con la etérea liviandad del vuelo de una paloma pasa por donde nadie pasa.
O de forma más deportiva... Maradona ha vuelto, pero en dos partes. Messi es la abstracción técnica más pura, lo inatrapable. Tévez es la villa, el potrero, la picardía, lo comprobable. No es raro que en el primer gol contra México cada uno haya representado su parte. Luego de que la pelota rebota en el arquero, Messi se eleva, se suspende un segundo y la toca con la cara interna de su pie izquierdo hacia el arco casi desprotegido. Entonces Tévez, en ese evidente off-side que todos vieron, la desvía apenas un poco de cabeza y la manda al fondo del arco. Los defensores mexicanos que retrocedían recién se pusieron en su línea en el instante del cabezazo. Algo debe haber intuido Tévez cuando observa hacia el otro lado para saber si el línea ha levantado el banderín. Pero el línea no hace nada. Tévez corre hacia el sector opuesto y se queda arrodillado, mordiendo su camiseta en la parte del escudo de la AFA. Sus compañeros corren hacía allí. Llega Messi. Se abrazan... Maradona sacude sus brazos y grita, grita por Argentina. Tévez corre ahora hacia él. Se abrazan. La figura se ha completado.

sábado, 26 de junio de 2010

Querido Cristiano Ronaldo:


Querido Cristiano Ronaldo:

Te voy a decir un par de cosas y no te las tomes a mal, ¿eh?... Porque, la verdad sea dicha, ya estuvo bueno, ¿no?... Ya está. Ya entendimos todos que eres un gran jugador, que puedes hacer el 99% de todas las variedades de taquitos. Ya sabemos que que sabes bajar una pelota que viene con la velocidad de un cometa, ya hemos visto tus bicicletitas, lo fuerte que le pegas a la pelota, las novias que tienes, todas esas cosas. Está bien. Hagamos un pacto. A partir de hoy haré de cuenta de que estás predestinado en serio, pero en serio, ¿eh?, a hacer algo grande por el fútbol mundial. Pero no me hagas más lo mismo de hoy, cuando salí corriendo del trabajo para ver el segundo tiempo contra Brasil y me encuentro con que cada vez que te enfocaban estabas protestando como una magdalena porque Lucio o Juan o el que fuera te había rozado y te obligaba a dejar una estela involuntaria del perfume de tu gel en el aire africano. Está bien, puedes dejar el rastro del perfume donde quieras y no donde te obliguen. Pero qué esperabas de los defensas de Brasil... ¿Que te prestaran a la hermana? ¿Que te mandaran una tarjeta por un agente para sacar consulta contigo? Entérate de esto: si ellos hubieran podido, de ser el fútbol la realización real, bien real, de los deseos, te habrían puesto una buena patada en tu culito modelado y hubieras terminado en medio de una de las tribunas atragantado con una vuvuzela y pronto para retirarte del fútbol y dar clases por señas a niños de siete años fascinados por aprender a pasar la pelota a la salida de la escuela en una tarde de fines de mayo en Lisboa. No, no son tipos amigables los defensas de Brasil. En realidad, tengo para mí que no quisieran ser ellos mismos a menos que lleguen a la final y se les termine el suplicio y levanten la Copa y se vuelvan a su casa con sus mujeres (de tenerlas) y sus hijos (de tenerlos con sus mujeres). Ellos son los primeros detractores del "jogo bonito". Una taradez que se manden y listo, el "jogo bonito" no sirve para nada, pasó a ser algo como un chiste de Lula que nadie entiende. Así que no vas a venir tú a amargarles la existencia con esas fintas y esos requiebros de caderas. Lo que tienes que hacer es solamente tomar esa pelotita y avanzar contra ellos y pasársela por la cara. Usa ese precioso cuello de becerro de oro que tienes y embiste contra ellos con toda tu fuerza, y no lo gastes girándolo para un lado y para otro como un periscopio salido de las profundidades de tu charco de Narciso, buscando la pantalla gigante en la que pasan tus primeros planos y tus piruetas en el aire o tu cara de póker o tu sonrisa de tapa de revista "¡Hola!".
Así que hazme el bien, muchacho, y haz alguna cosa por la vida contra España y tápame la boca con un gol, con una jugada, con algo que, aunque nadie lo recuerde ni a nadie se le ocurra presentarlo en la Bienal de Arte de Venecia, sirva para algo.

Atentamente...

Un amante del fútbol con caspa

viernes, 25 de junio de 2010

1 a 0 a México o ¡Bienvenidos a "Laputa"!


1:Este país está en el aire

Parece mentira. Parece un sueño. Parece una broma.
Minutos después de que termine el partido entre Uruguay y México, el relator observa la imagen de la tabla de posiciones del grupo A y pide que no lo pellizquen, que no lo sacudan si esto es un sueño. No quiere despertar. Quiere seguir contemplando la crudeza de las cifras que tiene enfrente. Uruguay 7 - México 4 - Sudáfrica 4 - Francia 1... Uruguay acaba de ganarle a México 1 a 0 su último partido por el grupo A, que se ha adjudicado, y espera al segundo del grupo B. Antes del Mundial, cualquiera, y no por pájaro de mal agüero, podía calcular que Uruguay andando bien salía segundo y, medio resignadamente, esperaba por Argentina (primera del grupo B, como resultó ser) en octavos de final, y que fuera lo que Dios quisiera.
Eso fue el martes, al mediodía. En los días siguientes nadie ha hablado de nada más en este país. Nadie ha hablado del Presidente. Nadie ha dicho mucho sobre el levantamiento del corte de Gualeguaychú. No se le da mucha importancia a la suba de precios de algunos artículos, a los hechos de violencia. Y seamos sinceros: ¡ni siquiera al fútbol! Es decir, el fútbol es un tema delicadísimo. Mejor no hablar de él que hablar mal. Mejor no hablar de la selección que hablar con apresuramiento y "secar su suerte". Este país está en el aire. El efecto es muy similar a haber saltado y de repente notar que uno ha quedado suspendido en el aire. Todo es demasiado delicado. Mejor respirar lo menos posible. Mejor no tener ningún pensamiento excedido. Estamos todos suspendidos en el aire. Miramos alrededor y vemos lo magnífico que es, pero nadie se anima a gritárselo al vecino. Calma.
La empleada de la biblioteca municipal que me atiende desde que tengo 15 años me dice siente un poco de pena por los jóvenes... Tiene entre 50 y 60 años, probablemente esté por jubilarse en un tiempo, y te da los libros como si fuera una buena abuela. Se asombra de que sea la cuarta vez que renuevo el préstamo de la novela. "No me digas que estás con todo esto del fútbol... ¿Viste qué bien que estamos jugando?"... Por supuesto, le respondo... He leído menos, he escrito sobre todo acerca del Mundial y he mirado un promedio de dos horas de fútbol por día, la cantidad de horas que suelo usar para leer. La mujer me habla de los festejos en San Carlos el día martes a la tarde. Pero tiene miedo. Tiene miedo de que los jóvenes se entusiasmen demasiado y se frustren con una derrota de Uruguay. Mejor no festejar nada por el momento: esa es su conclusión. Hacemos un par de chistes (malos) sobre Corea del Sur y nos despedimos. Regreso a casa y dejo la novela sobre la mesa del living. "Hasta otro momento, novela, ahora tengo que escuchar en la radio el partido entre Holanda y Camerún".
Pero sigo con algo de los libros en la cabeza. Esta idea del país en el aire, de todos abombados por un sentimiento demasiado placentero como para distraerse, no me parece original. Busco, busco, busco... Y claro, llego a "Los viajes de Gulliver", de Jonathan Swift. En la tercera parte de esta novela el capitán Gulliver llega a una isla flotante, un país pequeño llamado Laputa (así en su original en inglés). Esto parece broma, también. Me acuerdo de mi padre hablándome por teléfono "¡La puta! ¡Qué partido hizo Uruguay!". Me acuerdo también de un amigo comentándome el balinazo de Guardado que pudo haber sido gol de México antes del gol de Suárez: "¡La puta! ¡Qué guascazo que sacó el mexicano!". Etcétera, etcétera. Pero prestémosle un poco de atención a la descripción que el capitán Gulliver hace de los habitantes de Laputa apenas llega: "Al parecer, las mentes de esta gente están tan absortas en intensas especulaciones, que no pueden hablar ni escuchar lo que dicen los demás a menos que los despierten mediante algún contacto exterior sobre los órganos del habla y del oído"

2: La comprobación... El peso de la sangre...

Lo que se pensaba que era difícil sucedió. Uruguay confirmó contra México su brillante partido ante Sudáfrica. Controló a un rival quizás superior al conjunto africano. Se defendió muy bien y esperó hasta que Forlán agarró desacomodado el fondo de la selección azteca, tiró la pelota a la derecha para que Cavani a la carrera metiera el centro al segundo palo, bien medido para la cabeza de Luis Suárez. El arquero de México se estiró pero no llegó. No llegaba ni teletransportándose. En total, desde que la pelota fue tomada por Forlán, la jugada no duró ni cinco segundos. Suarez agita ambos dedos índices mientras corre hacia el corner, como si dijera entre su sonrisa dentuda "¡Yo les dije! ¡Yo les dije!". Antes habíamos pasado el susto de la pelota que Guardado metió contra el ángulo y que Muslera no atajaba ni en el replay. Pero también Uruguay había creado algunas buenas situaciones de gol como para merecer largamente el gol de Suárez. Y en seguida se vino el final del primer tiempo, y después el segundo, y las preocupaciones de los mexicanos, que se resistían a la suerte de tener que enfrentar a Argentina en octavos de final. Pero el partido pasó como un suspiro. Fue intenso. Pero de una intensidad mínima. Uruguay pudo haber hecho algún gol más y haber liquidado el encuentro. Incluso la posibilidad de que México empatara era casi nula, salvo un cabezazo que bien puedo haber sido el empate. Sin embargo todo era natural. Uruguay le daba la pelota a México y este equipo la hacía rodar por toda la cancha con cierta ilusión de llegar al gol. Pero nada. En realidad parecía más un juego de gato y ratón. Parecía todo irreal. No era eso el Uruguay del sufrimiento, el Uruguay de la sangre charrúa. Hasta que el peso de la sangre se reveló y lo vio todo el mundo en una reiteración. Diego Pérez salta a cabecear y su sien derecha se corta contra la cabeza de un rival. Y de ahí a la sangre, al derramamiento de sangre que alimentaba la presencia de nuestro dios particular y lo hacía fuerte. Pérez tuvo que salir del campo de juego, cambiarse de camiseta y esperar a que se le aplicara sobre la cabeza un apósito de color... ¡¡¡celeste!!! ¡De qué otro color iba a ser! Pero el color de la sangre opacaba al cabo de los minutos la claridad de la tela. La sangre estaba allí debajo, agolpándose. No había arreglo en el partido. Era lo que era. Uruguay ganaba bien. Y la sangre estaba y un pueblo lo agradeció suspirando aliviado.

miércoles, 23 de junio de 2010

Un drama


Terminada la segunda fecha de los partidos de cada grupo observamos dos cosas notables. Primero (lo que nos incumbe directamente) el invicto de los países sudamericanos. Tanto Uruguay, como Argentina, Paraguay, Brasil y Chile han ganado y mantienen sus chances de clasificar intactas. Y segundo: la decepción que han causado algunas selecciones, al menos sus primeros dos partidos. Se trata de Francia, Inglaterra e Italia, a las que se podría sumar Alemania con su traspié ante Serbia. Todos campeones del mundo en su momento, estos equipos tradicionales no terminan de convencer. Francia porque su nivel de juego es malísimo, y porque a eso hay que agregar sus problemas internos, como la expulsión de Anelka del equipo por un supuesto insulto al técnico Domenech. En Inglaterra, que empató 0 a 0 con la débil Argelia, parece seguir pesando el error de Robert Green (que fue reemplazado por "Calamity" James para ese partido) contra Estados Unidos, así como esa presión de ser largamente destinada a recuperar el trono que una vez ocupó en su propio país en 1966, y quizás también por esa insinuación del destino de que la Copa tendría que regresar una vez más a las manos de aquellos que inventaron este deporte (?¿). A Italia, por su parte, le duele, le duele muchísimo cuando la atacan. Le tocó esta vez contra la más cenicienta que blanca selección de Nueva Zelanda, y tras ir perdiendo por un sorpresivo gol al comienzo del partido, encontró una ayudita del juez y convirtió un penal tímido (de los que hay más o menos veinte por partido) en un gol de Iaquinta. Y terminó siendo un 1 a 1 penoso. Alemania cayó ante Serbia 1 a 0 con un gol que le convierten apenas es expulsado Miroslav Klose. Si bien tuvo la oportunidad de empatar de penal (Alemania no erraba un penal en un partido desde 1974), se encontró ante un equipo duro. Y lo que es más: luego de su rutilante presentación ganándole por 4 a 0 a Australia, Alemania parece ahora una selección que está en la cuerda floja de sus impedimentos: poco recambio, un plantel joven y la ausencia de Ballack por lesión. Miroslav Klose, que aspiraba en este Mundial a superar la histórica marca de Ronaldo como máximo goleador de la historia de los mundiales, va a tener que esperar hasta octavos para hacer algo al respecto.
Ante un cuadro así hay algo seguro: vamos a tener en octavos a equipos que no esperábamos en los sitios de clasificación que tampoco esperábamos. Las excepciones hasta el momento parecen ser la silenciosa Holanda (eterna aspirante al trono), que ya se clasificó, y Argentina y Brasil, selecciones estas dos que en realidad suelen hacer un tour por el Mundial previo a su paso por octavos de final. Lo de Argentina está más que comentado: es más una suma de individualidades que un equipo. La cohesión, la sustancia que parece unir todas las partes en el corazón de sus hinchas está asegurada por la presencia tutelar de Maradona, a quien esperan de vuelta en Argentina con la Copa, en el año del Bicentenario, casi con la misma expectación mesiánica con la que se aguardaba a Perón a fines de los '60. Brasil, por su lado, no juega tan bonito pero, dicen, se muestra más seguro en defensa. Como siempre, Brasil es una incógnita cuyo misterio recién desaparece en octavos de final, cuando tenga en frente a un equipo que le salga a patearle al arco.
Por cosas como estas sabemos que en este Mundial no se puede decir mucha cosa sobre el futuro. Y eso lo ha vuelto un Mundial más interesante de lo que se podía prever. Incluso, la tan elogiada defensa de Corea del Norte, que hizo un "gran" partido frenando al "scratch" brasilero en su debut, se comió siete goles contra Portugal. Hasta Cristiano Ronaldo hizo un gol. La pelota le quedó rebotando en la cabeza luego de trabar con el arquero y, como no tenía ni un miligramo de caspa en el coco, le cayó ante sus pies para aumentar la goleada con el arco libre.
Y nada ha ilustrado mejor lo angustiante y lo vano de estas caídas de ídolos como las vuvuzelas y las cámaras lentas de las reiteraciones.
Las vuvuzelas representan ese corneterío con algo de enjambre maligno que inunda el espacio de cada estadio desde los altoparlantes... Las vuvuzelas son las trompas llamando a cada cual a su propio destino. Nadie que vaya perdiendo u obteniendo un resultado inconveniente puede sentirse inmune al sonido de las vuvuzelas, que aportan el elemento de tragedia insoportable que el perdedor debe padecer. Las vuvuzelas son para los perdedores. Son la amarga verdad revelándose, el final de los tiempos llamando. Las vuvuzelas son lo perentorio. Las vuvuzelas atronan el relato del partido, igual que en una película de Hitchcock, cuando el protagonista descubre el peligro que estaba allí agazapado. Y entonces a correr o a hacer algo por tu vida.
Las cámaras lentas, las interminables reiteraciones en las que un segundo se siente a veces como una temporada en la cola de pagos de UTE o ANTEL, aportan a su vez lo cómico, y, en ciertas ocasiones, lo verdaderamente grotesco o lo que no teníamos intención de observar, como por ejemplo la pierna de Elano, sacudida por el planchazo de un defensa de Costa de Marfil. Tomemos ese mismo partido en el que Brasil ganó por 3 a 1. Primero gol de Luis Fabiano: los jugadores brasileros forman un racimo a un costado del arco. Kaká se acerca y queda cara a cara con el autor del gol. En la reiteración en cámara lenta, Kaká le expresa su alegría a Luis Fabiano y más se parece a una loca suelta, o cuando menos una drag queen, que a un jugador de fútbol. Lo mismo acontece cuando más tarde en otro replay observamos el rostro de Lucio, increpándole algo quizás a Juan. Parece que el partido hubiera sido guionado por Almodóvar o Manuel Puig. Es un poco ridículo. ¿Alguien avisó antes del Mundial que íbamos a tener que auscultar la campanilla de cada uno de los goleadores?
Sin embargo, las cámaras lentas completan el relato, porque le otorgan su faz descriptiva, ahondan donde la prisa por el seguimiento de la jugada no puede hacer nada. Es algo como decir: y bueno... mientras el pequeño Marcel hunde su magdalena en su taza de leche, pasa todo esto, toooooodo esto... ¡Por favor!... Si es como dicen, que Dios está atento a cada detalle de las acciones humanas, y hacerlo le lleva ver los acontecimientos de esta forma, pues bien, nadie va a querer saber nada con un tipo tan carente del mínimo sentido del pudor.

domingo, 20 de junio de 2010

Bardanca en el área con tulipanes


Y anoche soñé con Mario Bardanca... Atajaba en un equipo que podía ser Peñarol o Danubio, y ese equipo enfrentaba a Nacional por la final del Campeonato Uruguayo. Sobre la hora, en una jugada de ataque de Nacional, y con el resultado a favor, Bardanca sale a cortar un centro pasado casi sobre el extremo derecho de su área. Es una jugada arriesgada, aunque no hay jugadores rivales muy cerca. En pleno vuelo Bardanca sostiene entre sus manos el balón y se nota claramente que se sale del área; pero justo en ese momento el árbitro señala el final del partido. Sus compañeros comienzan a correr hacia todos lados y los hinchas de Peñarol o Danubio se meten en la cancha. Los jugadores de Nacional corren hacia el túnel. De pronto me doy cuenta de que en el área de Bardanca está lleno de tulipanes. Los jugadores y los fanáticos corren de un lado a otro, pero los tulipanes siempre permanecen sanos. Pareciera que todo el mundo los respeta. En la transmisión los comentaristas empiezan a analizar la victoria del equipo campeón. Uno de los comentaristas es el propio Mario Bardanca, que, pese a alguna sugerencia de sus colegas en el estudio televisivo, se muestra reticente a querer hablar de su actuación en el partido. Sus comentarios le ponen un freno a la emoción por el campeonato obtenido e intentan analizar algunos aspectos técnicos. Mientras tanto las cámaras enfocan a los hinchas de Nacional retirándose de las tribunas y cantando por su equipo. La voz de Bardanca, de fondo, vuelve sobre los conceptos de "mesura" o "tranquilidad". Y el sueño se termina.

viernes, 18 de junio de 2010

Bardanca me dice cosas


Veo los partidos del Mundial en canal 11 de Punta del Este, que retransmite a su vez la programación de canal 4, de Montevideo. Es el único canal que puedo ver en mi televisor. Para llegar a hacerlo, uso un cable que generalmente utilizo para conectar la computadora al equipo de audio. Conecto en el huequito donde va la antena, detrás del televisor, esa salida del cable similar a la de los auriculares, y dejo colgado contra la ventana el otro extremo, que se divide en dos conexiones de colores rojo y negro. Esas conexiones, mientras realizan su función de antena, se parecen bastante a las cabezas inclinadas de dos personas un poco tristes que cumplen un horario. Por eso es que veo todos los partidos del Mundial en el mismo canal, porque es imposible sintonizar con ese sistema los otros canales de Maldonado: el 7 y el 2. Eso quiere decir además que escucho a los mismos comentaristas del canal 4: a Federico Paz o a Eduardo Ribas en el relato; a Mario Uberti con sus detalles desde la misma Sudáfrica; a Santiago Ostolaza y Fernando Morena, como las voces de los ex-jugadores que pueden aportar aquello que el periodista deportivo no sabe porque no lo vivió; y, por último, a Mario Bardanca, que, si no me equivoco, ha sido un fichaje especial del canal 4 para la cobertura del Mundial. Bardanca es la voz principal en cada transmisión, sea con el relato de Eduardo Ribas o con el de Federico Paz. Bardanca es la voz de la conciencia, un poco como Pepe Grillo. Bardanca es el analista de las jugadas. Bardanca es el hombre que se da cuenta de lo que nadie parecía haberse dado cuenta mientras todos corren excitados de un lado para el otro con las estadísticas, los goles, las patadas, las mujeres en las tribunas. Bardanca es... Bardanca me dice cosas...
Desde hace dos noches, cuando los partidos de las 8 y de las 11 de la mañana, más el de las 3 de la tarde, son un eco tenue, Bardanca me dice cosas... Cuando la noche se hace profunda, cuando estoy ya en la cama solo con mis propios pensamientos, Bardanca me dice cosas...
La primera noche fue solamente su voz, como si su voz fuera el instrumento por el que yo tocaba mis pensamientos o las divagaciones previas al sueño profundo. Las palabras que recorrían mi cabeza, vívidas como un susurro, me las dijo todas Mario Bardanca, atravesadas por su manera de armar las frases.
Anoche estaba acostado, leyendo la biografía de Morosoli escrita por Óscar Brando, cuando me sorprendo ante la siguiente frase: "De manera que, aún sin remontarse como hace Bajtin a la antigüedad para ver los antecedentes, en este corto período de dos siglos cabe observar las variaciones de la clave de aprendizaje en el héroe novelesco." Juro que la representación sonora de todas esas palabras, en mi mente, estaba realizada por la voz de Bardanca...
Ahora Bardanca no sólo me dice cosas, sino que me las lee... Bardanca me pareció de repente tan bueno, tan dulce...
Y sin embargo, de golpe, como si alguien me hubiera gritado, cerré el libro, lo aparté, y busqué en la mesa de luz el fixture del Mundial y me fijé en la fecha de la final. 11 de julio. Entonces apagué la luz de la portátil y me acomodé para quedarme dormido. Pero en ese silencio expectante, con la insistencia de vuvuzelas, la voz de Bardanca, en varios canales, atravesaba el aire de mi habitación: las referencias de los laterales... / presión constante... / llama también poderosamente la atención... / por las bandas...

jueves, 17 de junio de 2010

Naaa, piensa que...


1) Hay que atacar a Argentina. Péguenle al arco de lejos. Apuren a de Michelis, etcétera.
2) No lo puedo superar. Cada vez que veo jugar a Corea del Sur o a Japón y hay un plano medio, o algo así, y el jugador se queda quieto, como pensando algo, se me viene a la cabeza "Super campeones". Mi teoría es: el fútbol asiático va a llegar a la cumbre el día en que puedan separar del todo el tiempo cronológico, que es el tiempo predominante en este deporte, del tiempo del relato, es decir todo lo que duran en su cabeza las cosas que se imaginan que van a hacer con la pelota mientras Argentina y Brasil les hacen los goles.
3) Sin embargo, un sin embargo como de aquí a la Luna, parece que Argentina se está durmiendo la terrible siesta del fauno. O, en términos de mecánica, tiene el motor en moderación. O está ganando como un boxeador que va volteando sparrings rumbo a la pelea final. Elíjase la comparación que se desee. O ninguna.
4) Si los cálculos no me fallan, Messi todavía está en un 68,373634 % de sus posibilidades como jugador, lo que quiere decir mucho.
5) ¡¡Anelka no puede ser el centrodelantero de Francia!! Henry sigue jugando al fútbol con los pies...
6) Francia, lamentablemente, ya parece una selección de patovicas recolectados en boliches de la Costa Azul, más algún buen jugador como Toulalan o Ribéry.
7) Por ende: ¡Viva México!
8) Si los cálculos no me fallan, estaríamos enfrentando a Corea del Sur en octavos de final. Y en cuartos jugaríamos contra Inglaterra. ¿Alguien quiere más? Bueno... ¿A quién no le gustaría una final entre sudamericanos?
9) Ver 10.
10) Díganme la verdad... ¿Quién no sintió miedo, miedo de verdad, miedo elemental, arcaico, cuando vio a Suárez regresar a la cancha con un algodón en la boca? Parecía que sus paletas se habían desarrollado de pronto o que, fruto de los tantos golpes que recibió, se le estiraron un cacho más desde la mandíbula. Me asusté tanto... Pensé que era la morsa.

Veinte años después


1: Yo tenía diez años. Estaba en cama, enfermo de hepatitis... De hecho estuve en cama todo lo que duró el Mundial de Italia '90. Mi padre abandonaba el mostrador del bar para verme cada tantas horas, y casi siempre me tiraba encima de la cama un par de sobres de figuritas del álbum del Mundial de Coca-Cola. Llegué a completar dos álbumes... Las imágenes del campeonato que retengo son muy vagas. Veía los partidos en un televisor Philips 14 pulgadas, blanco y negro, pero creo que no le prestaba la debida atención. Me parece que me interesaba más esa reducción del Mundial que podía encontrar en el álbum, porque mientras los partidos se sucedían yo trataba de ubicar a los jugadores que nombraban en el álbum y memorizar sus fechas de nacimiento, los clubes en los que jugaban, etc. Me acuerdo de que había un jugador de Escocia, Roy Aitken, que era igualito, idéntico a uno de los caddies del club, Elvis Rocha, que además fue goleador de Kennedy en muchos campeonatos. Cuando me recuperé, algunas semanas después, y me encontraba al caddie en el bar de mi padre, hacía todo el esfuerzo posible por llevarle el álbum e indicarle la figurita en la que estaba Aitken y esperar a ver cómo reaccionaba. Pero la vergüenza me vencía siempre a último momento. Volviendo al Mundial en sí, al primer Mundial del que tengo conciencia de haber visto jugar a Uruguay, sé que tengo relampagueos de imágenes que me llegan atropelladas. La primera de todas es la de Maradona. Maradona ya era un nombre terrible. Su imagen, cruzada por el anti-porteñismo y el embelesamiento que producía su juego, era un problema doble. A mí no me caía mal. Por eso retengo con placer el hecho de verlo dominar la pelota minutos antes del partido inaugural contra Camerún, y también la decepción de que Argentina perdiera ese partido contra todos los pronósticos. Sin embargo, la imagen principal es la del gol de cabeza Daniel Fonseca en la hora contra Corea del Sur. Eso le permitió a Uruguay vencer por 1 a 0 y clasificar a octavos de final. Fue la última vez en veinte años que Uruguay ganó un partido por la Copa del Mundo. Hasta hace unos días. No grité el gol. No tuve ningún sentimiento específico, más allá de cierto interés de querer enterarme del todo acerca de lo que ocurría. A mis padres no les interesaba mucho el fútbol. Mejor dicho: a mi padre sí, pero su interés era relativo. Era como el amor cansado de alguien que había amado demasiado. Por eso no había en mi casa una emoción específica. Cuando unos segundos después del replay del gol de Fonseca la cámara mostraba las caras de decepción de los jugadores suplentes y del técnico de Corea del Sur, escuché un comentario piadoso de parte de mi madre y que llegaba desde algún otro lugar de la casa. Esa compasión que percibí en el aire creo que me hizo pensar que algo estaba mal, de todos modos; algo no estaba bien a partir del gol de Fonseca, más allá de que nosotros ganáramos. Entre el comentario de mi madre y la imagen de los jugadores uruguayos festejando, yo no sabía bien qué tenía que sentir.

2: Como el Mundial se mostraba a la inversa de lo que todo el mundo esperaba, tal como incluso aconteció con la derrota de la tan esperada presentación de España en el turno anterior, ahora los acontecimientos revelan que si algo se da vuelta, necesariamente lo que estaba del otro lado, ignorado, aparece.

3: Creo que va a haber que buscar bastante para encontrar un partido en el que Uruguay haya jugado tan bien en un Mundial. Algunos quizás propongan que ese partido fue el Uruguay 0 - España 0 de Italia '90. Pero ese partido fue precisamente un 0 a 0. Si Uruguay jugó fenomenal, el resultado en realidad no te dice nada al respecto. Quizás los más veteranos puedan decir que la última gran actuación fue en México '70. No sé... Habrá que ver. Probablemente también muchos sostengan que Sudáfrica no era un rival tan exigente como se esperaba, y que haberle ganado por 3 a 0 fue justo. Pues bien... ¡Pero cuántas veces hemos jugado contra rivales supuestamente inferiores en rendimiento o plantel y no hemos sabido sacar ventaja de eso! Muchísimas veces. Contra Sudáfrica, Uruguay se vio absorbido por la lógica, o interpretó la lógica y se entregó a ella. Forlán jugó un poco más retrasado, de enganche, y reiterando lo que había hecho contra Francia cada vez que arrancaba a jugar desde ese sector: Retuvo la pelota, la administró pasándola con precisión, remató, supo jugar notablemente sin pelota... Forlán hizo un partido perfecto. Pero su actuación fue la parte visible del iceberg, porque todo el equipo uruguayo realizó un trabajo estupendo en cada una de las líneas. Se notaba que había una columna vertebral que ordenaba el juego uruguayo: en la defensa, Godía; en el mediocampo, Arévalo Ríos; y en la delantera, Forlán, y, sobre todo en el sugundo tiempo, Luis Suárez. Si no se nombra al arquero, Fernando Muslera, es porque el trabajo de Uruguay fue tan perfecto, que recién en el segundo tiempo Muslera tuvo que intervenir, sin demasiado apuro. De hecho, para Muslera fue un día soñado. Cumplir años atajando en un Mundial en Uruguay, y que tu equipo logre justo ese día la primera victoria en veinte años, y que no te hagan ni un gol, es más, que ni la toques, te convierte en un miembro privilegiado de esta República. Uruguay jugó tan bien (mezclando la omnipresente "garra" con una gran claridad para "leer" el partido), que eso se puede ver en algunos aspectos precisos de los que quizás no haya muchos antecedentes propios en competencias importantes (me refiero a esos aspectos todos juntos). Primero: cuando convirtió el 1 a 0 (golazo de Forlán) no le dio la pelota a su rival, o no se dejó avasallar, ni siquiera ante un equipo que era nada menos que el local. Segundo: cuando en el complemento Sudáfrica, con bastante amor propio más que fútbol, comenzó a dominar el juego buscando el empate, Uruguay aumentó la diferencia. Y tercero: cuando Sudáfrica se quedó con un jugador menos tras la expulsión del arquero Khune, Uruguay supo aprovecharlo y convirtió así el tercer gol, que ahora le permite liderar por saldo de goles el grupo. Con sólo un empate ante México, que a segunda hora sopapeó bien sopapeado a Francia, nuestra selección puede clasificarse como la ganadora del grupo A y esperar al segundo del B, que con toda probabilidad esté entre Corea del Sur y Grecia. Extraño, ¿no?...

4: El silencio del estadio de Pretoria era contundente. Tanto, que podía sentirse sobre el pecho a través incluso de una transmisión televisiva. Los baches entre las palabras de los comentaristas tenían algo de antinatural. Las vuvuzelas, de las que tan largamente se han quejado todos desde los pocos días que llevamos de competencia, esos cornetazos que se suman uno a uno y forman un sonido ominoso, desaparecieron. Así, de pronto. Las cámaras empezaban entonces a mostrar lo que nunca ha sucedido en un Mundial: los simpatizantes de la selección local se retiran apesadumbrados, decepcionados tras el segundo juego de la ronda inicial. Cada vez que Forlán, o Suárez, o Cavani corren tras una pelota y la dominan y levantan la cabeza para encontrar al compañero que está mejor ubicado, el silencio, o esa parte del ruido general que es sólo silencio duro y pesado, baja como el gesto de asentimiento de un terrible verdugo. Ahora nosotros somos el terrible verdugo. Y eso nos gusta. Se siente bien. Pero nos desacomoda. Al final de la transmisión de canal 4, cuando desde estudios aguardan unos minutos para entrevistar vía satélite a Diego Forlán y a Luis Suárez desde el mismo campo de juego, Mario Bardanca baja las revoluciones. Para Bardanca ahora es necesario que este triunfo no oculte la realidad, la realidad de que hay que seguir trabajando y y que hay que tranquilizarse porque esto es un Mundial y en pocos días más enfrentamos a México y eso nos puede doler. El festejo debe existir, pero el festejo debe ser amortiguado por un aire de mesura que todos debemos mostrar. Nada de emociones fuertes por ahora, parecieran decir las palabras de Bardanca. Nada de impulsos bárbaros ante la estructura racional de las inscripciones de los resultados y las posibilidades del fixture.

5: Al día siguiente anduve entre Maldonado y San Carlos e hice todo lo posible por hablar con personas de todo tipo sobre el partido. En dos liceos, en un bar donde almorcé en San Carlos, en las paradas del ómnibus, en una estación de servicio, en un quiosco, etc. Estoy seguro de que todos estaban orgulloso, verdaderamente felices de lo que hizo la selección de su país. Pero al final siempre había algo que le daba un tono nuevo a la felicidad. Y ese tono convertía a la felicidad en algo un poco turbador. El chico de quince años que me mira en el patio de un liceo me pide que no me deje llevar del todo por la emoción, que nos cuidemos de México y que tengamos en cuenta que no estamos clasificados aún. Un hombre mayor sentado en el banco de la parada de ómnibus que está sobre una de las avenidas de San Carlos, respira hondo y da la impresión de que se quiere hundir en medio de toda la luz de ese jueves de sol brillante y cielo celeste. "El verdadero Mundial", me dice "arranca en octavos, m'hijo". La muchacha del bar que me toma el pedido mientras mira de reojo cómo Grecia acaba de hacerle el segundo gol a Nigeria, está feliz. Pero ve los rostros de los jugadores nigerianos antes de que se reanude el partido y parece que eso le hace saltar un fusible: "¡Ay!... ¿Pero no te dio pena ver a todos lo negros tristes ayer?". Yo hago silencio como para darle a entender que me interesa que siga hablando. "Eso me partió el alma, al final".

miércoles, 16 de junio de 2010

Un problema medio barroco


Creo que es una realidad bastante comprobable: a la gente por acá no sólo le encantó que España perdiera hoy 1 a 0 ante Suiza, sino que se lo tomó como una cuestión moral. Hice la encuesta en el liceo, más tarde en la calle con los conocidos que me crucé, luego en el almacén, después por messenger y por facebook. Sólo un chico, vestido con una campera con el escudo de River Plate argentino, me dijo algo distinto en el almacén: "Me da lo mismo... Que se la den entre ellos.", y pidió medio kilo de galleta de campaña. En todos los casos tuve en cuenta el apellido paterno de cada una de las personas (cuando no lo sabía lo preguntaba un poco indiscretamente) y el resultado me dio que todos eran de origen español, menos uno, que era italiano. Al principio me pareció que llevar la cuenta de los apellidos podía ser algo anecdótico, inútil, pero un poco más tarde me quedé con la duda de que fuera realmente así.
El primer tiempo, fue aburrido, confirmando la sensación media de este Mundial, que es la de estar siempre esperando que las cosas sucedan. Pero ni siquiera eso. Se esperaron los goles de España y se vio muy poco. Suiza se paró muy firme y tampoco hizo mucho por llegar de forma clara al área rival. Me parece que del primer tiempo se puede rescatar la salida del jugador suizo Senderos. Este hombre perdió el rumbo: lo cruzó de una patada a uno de sus compañeros y terminó saliendo lesionado, aun cuando el que llevó la peor parte fue el otro. Es decir, si en vez de un compañero, Senderos talaba a un rival, por lo menos se ganaba la amarilla. Pero terminó saliendo lesionado. Y salir lesionado por pegarle una patada a un compañero, y que el jugador que te reemplace se apellide von Bergen, no es algo que puedas olvidar fácilmente. De ahí, saltemos al segundo tiempo...
España se dormía... Intentaba mediante todos los recursos posibles entrar al área suiza, pero se encontraba con una defensa bastante buena. Su rival entonces tentó un ataque más, apenas uno más de esos tímidos que había realizado hasta el momento. Y le salió de maravillas. Metieron la pelota al medio, frente a la media luna, en un hueco que se formó en la defensa española por una falta de referencias, por un error de relevos... Uno de los delanteros suizos la recibe y es ahogado inmediatamente por la salida de Casillas, que de forma literal lo levanta en peso. Para mí fue penal, pero como la pelota deriva hacia la izquierda el juego sigue. Entrando en el área chica remata Gelson Fernandes y la pelota es contenida por los brazos de Piquet, que caía al césped en su esfuerzo de llegar. Otro penal. Pero no interesa, porque penal y gol, es gol. A Fernandes la Jabulani le queda servida, y así Suiza convierte el gol de la victoria. A partir de ese instante, que fue sin duda una cachetada durísima, la selección española cumplió al pie de la regla con uno de los pedidos más recurrentes que suelen realizar los periodistas deportivos: demostrar tranquilidad. Y España demostró tranquilidad. Se agarró a su método de juego vistoso y ante la mirada de todos intentó hacer notar que no era para tanto el gol suizo, porque España no dejaba de ser España. Y a eso iban los jugadores, pues, a hacer que España siguiera siendo España. ¿Pero qué España, qué idea de España? En eso se le fue el partido. Hubo en el medio algunas ofensivas que con un poco de suerte le pudieron haber otorgado el empate, así como también se salvó de que Suiza ampliara la diferencia con un gol que de no haber sido por Casillas se habría transformado en el más impresionante de lo que va del Mundial.
Eso fue el partido, más o menos.
A la salida del liceo, un profesor me comenta su alegría por el resultado. Me comenta que vivió un tiempo en España, y que desde que este país entró en el Mercado Común Europeo sus habitantes son intratables en algunos aspectos, cambiaron... El profesor me habla de una sociedad que de pronto se volvió soberbia y consumista. En realidad, tanto en las palabras del profesor como en las de otras personas, percibí otra cuestión, y es la de las raíces desacomodadas. Por eso afirmo más arriba que lo de los apellidos no es un dato inútil. Creo que hay cierto malestar en todo el asunto de la inmigración latinoamericana en España, en el hecho de que sus leyes de migración sean tan duras con los hijos y los nietos de las personas de ese país que buscaron refugio y paz en esta parte del mundo y lo obtuvieron. En cierto modo es un problema de criollos: nuestras raíces no van solamente hacia el suelo que nos ve crecer, sino que se extienden a la narración de la vida de las personas que llegaron del otro mundo para formarnos, y ese otro mundo es también el nuestro, en definitiva.
Sea por lo que sea, todos en realidad critican la soberbia, la autosuficiencia, la imagen que quieren extender de sí mismos los españoles. Pero el tema se va más lejos; no es un asunto explicable solamente por la velocidad de las cosas de hoy en día, no es explicable este caso español por la explotación de la imagen de un equipo para generar más dinero a través de sponsors. En realidad es un tema español, bien español, un tema entre España y cómo lo mira ya no Europa, sino el resto del mundo. Porque para los españoles esta de hoy fue una caída a la española, una caída en la que se podía apreciar, que es decir lo mismo, su intención de dejar de ser españoles, o al menos de serlo en otro sentido, en un sentido nuevo. Creo que se me ocurrió esto leyendo la brillante crónica del partido escrita por José Sámano para el diario El País de Madrid. Transcribo un fragmento realmente iluminador: "(...) ante Suiza se creyó que los partidos se ganan solo por estilo. Y no. El estilo es el punto de partida. La exclusividad del balón no garantiza el éxito si su sustento no resulta dañino. La pelota se abrocha con mala intención. No la tuvo España, que durante una hora fue más ancha que larga. Cada futbolista se sentía complacido por el mero hecho de masajear el balón. No hubo atrevimiento, rupturas en vertical, alguien intrépido que citara en el mano a mano a un adversario. Al frente solo llegaban Ramos y Capedevila, dos laterales al fin y al cabo. España jugaba con cierta atrofia de izquierda a derecha, de derecha a izquierda. Suiza, siempre precavida ante el rango de su rival, poco a poco se sintió en el paraíso".
No hay vuelta. El fragmento no sólo está resuelto de forma admirable, sino que da en la tecla del verdadero problema que tuvo hoy en la cancha España, y que es un problema demasiado viejo, más viejo para ellos que el propio fútbol.
¿Alguien recuerda las reyertas verbales que sostuvieron en las primeras décadas del siglo XVII los poetas españoles Lope de Vega y Góngora, y algo después, el joven Quevedo contra el mismo Góngora? Es interesante para el caso, porque allí se puede apreciar el desgarro cultural español entre lo que España tiene que ser para sí misma y lo que España quiere mostrar de sí misma al exterior... Hagamos entonces un resumen aunque sea primitivo de cierto momento de la poesía barroca española. Para poetas como Lope de Vega, la poesía de Góngora, que se calificaba de "cultista" o "culterana", era una poesía despreciada por oscura, extranjerizante, artificiosa, de "puro ruido y colores", una poesía en definitiva que por un uso del lenguaje excesivo, olvidaba, para sus detractores, lo concreto, el concepto, lo que había que decir: terminaba perdiendo el objetivo, su vínculo con la realidad. Si se lo mira ahora desde el lado de Góngora se podría decir que este poeta buscó trascender, superar los límites que su propia cultura le ofrecía para mejorarla, para crear una nueva realidad del lenguaje y, por lo tanto, una nueva instancia de su cultura.
¿Qué tiene que ver todo esto con un partido de fútbol? Pues con lo que sigue: España fue a lo largo de todo el partido "gongorista". "Masajeó" (como dice Sámano) demasiado la pelota, intentó embellecer extremadamente el partido en el momento menos indicado, y eso le costó caro, murió con los ojos abiertos, observando cómo los suizos ya habían entendido todo. Le faltó a España la prédica ejemplar, lo que tenía para decir, para concretar: el gol. No en vano Sámano tituló su crónica "Le puede la retórica". España sucumbió ante esa preocupación tan propia de su historia cultural que es hacer lo posible para estar a la altura de los demás. En este caso, seguir demostrando por qué es la selección número uno en el ranking de FIFA. No le basta ser la número uno, le basta tener claro su destino, y como no lo tiene, como pierde el rumbo y todos la miran, se aferra a lo que queda bien demostrar mientras todos observan: el lujo. Y en la reverberación del lujo se desfigura.
Es por esa cosa del destino que en su momento José Ortega y Gasset se apoyó en el Quijote para realizar sus famosas meditaciones. El Quijote era el esplendor de la cultura española, era aquel salvavidas del que tomarse en el mar de la duda existencial, ante el problema de la contradicción de la realidad española, ante el golpeteo constante de "la magna pregunta: Dios mío, ¿qué es España?", una pregunta que bien pudo haber andado de un lado para otro dentro de la cabeza de cada uno de los jugadores antes de irse a la cama (¡Bah! Esto último puede ser otro acto poético...)

martes, 15 de junio de 2010

Cristiano Ronaldo + Cristiano Ronaldo = 0


Sigo esperando por el Mundial que nos vendió la prensa, la FIFA, la publicidad. El Mundial que nosotros mismos nos vendimos, en esa emoción histérica medio finisecular que nos llega uno o dos meses antes de su inicio. En el fin de una era, pensamos cómo va a ser la siguiente.
Un amigo me escribe diciéndome que a medida que ve más partidos del Mundial la mediocridad del juego uruguayo se le hace bastante relativa. Creo que tiene razón.
Acabo de ver Costa de Marfil y Portugal. Y salvo unos 15 ó 20 minutos del segundo tiempo en los que creo que Costa de Marfil se dio cuenta de que Portugal no era ningún cuco y lo empezó a atacar por todos lados, me pareció todo bastante aburrido. Demasiadas jugadas donde la pelota llega justa, muy justa y en el forcejeo un puntero o un lateral intenta sacar el centro, y el centro sale trabado y al corner, o mordido y fácil para el arquero u otro defensor, o simplemente se va lejos, sin que nadie pueda hacer nada por esa pelota.
Habíamos dejado de esperar a Didier Drogba en Costa de Marfil... Drogba se había fracturado un brazo en una jugada ridícula de un amistoso ante Japón hace menos de quince días, quizás. Pero la medicina, y el dinero, mejor dicho, hoy lo pueden todo. Drogba fue operado y hoy, con la precaución de haber aguardado todo el primer tiempo en el banco de suplentes, saltó a la cancha como una pantera con el orgullo herido. Su camiseta era de manga larga, así que no se podía ver qué era lo que revestía su brazo. De todos modos, pudo conectar un par de pelotas que causaron algo de peligro en el área portuguesa, sobre todo un pase al medio que nadie fue a buscar y que pudo haber sido perfectamente el gol de la victoria que rompiera con el segundo encuentro que ha terminado 0 a 0 en este Mundial. Por lo menos habría que decir que esperábamos al brazo de Drogba, y que apareció. Quizás, como muchas otras cosas que se aguardan de este campeonato, todo sea poco a poco, en capítulos. Hoy un brazo, mañana una cabeza, otro día una pierna respondiendo bien. Y así.
Y sigo esperando a Cristiano Ronaldo. Creo que me voy a poner a ver una compilación de publicidades suyas en internet; porque salvo ese gran disparo que metió en el palo en el primer tiempo, Cristiano Ronaldo volvió a jugar para el otro Cristiano Ronaldo, el que tiene que sostener día a día en las publicidades, en las revistas cuando aparece en un yate con alguna modelo en la Costa Azul, en los repasos de los informativos. Cristiano Ronaldo es una deriva de sí mismo. Un jugador que hace una buena jugada y al instante busca su imagen en la pantalla gigante, o que se saca un moco sabiendo de antemano cuál cámara lo capta. Cristiano Ronaldo, el que juega para otro, para un ser mefistofélico que busca ser saciado en su propio interior, que le pide bicicletitas, enganches intrascendentes. Es un gran jugador, sin duda, y un gran atleta. Dos por tres realiza una proeza de juego que te obliga a replantearte lo que estabas pensando de él. Y sin embargo, el problema persiste. El fútbol no necesita necesariamente a los grandísimos jugadores. O mejor dicho, los grandísimos jugadores no son los que nos deslumbran sólo con sus cualidades técnicas. Basta que ese tipo de jugadores puedan salir de sí mismos alumbrados, no encandilados, por su talento, y repartirlo entre los demás. Y entonces todos serán salvos. Por eso el ejemplo de Cristiano Ronaldo es monstruoso. Se asemeja en todo a un animal mitológico que, fascinado por su propia carne, se devora a sí mismo, hasta que la saciedad trae la misma consecuencia que el hecho de no haberse alimentado: la desaparición absoluta.

Apuntes del tipo "lo veo a Camoranesi y me dan ganas de llorar"


1: Mi padre es un tipo muy peculiar. Suele enviarme mensajes de textos en cualquier momento del día, y esos mensajes a veces me llegan en situaciones absolutamente irreconciliables. Por ejemplo: estás saliendo de la presentación de un libro, o llegás del supermercado con todas las bolsas cortándote los dedos, te suena el celular y recibís el siguiente mensaje: "Ajax para Lodeiro guacho bien". En momentos de cansancio por las actividades a lo largo de la jornada, esos mensajes son pequeños oasis de alegría, aun cuando el mensaje diga: "Pakistán terrible 5 muertos". Lo que posee esa especie de parte o telegrama deportivo, político o policial que se desarrolla día a día es simplemente la presencia de mi padre, que está ahí pensando en mí. No tiene nada de misterioso. Esta tarde, mientras caminaba por un pasillo del liceo yendo a buscar a un estudiante que no había asistido en toda la semana pasada, suena el celular: "paraguay 1 italia 0". Y me sentí dos veces contento.

2: No hincho nunca por Italia. No me simpatiza la selección de Italia. No me gusta cómo juega, y si me gustara, creo que el caso no sería distinto. Pocos de sus jugadores admiré (Roberto Baggio, Alessandro del Piero...). De niño yo ya escuchaba a mi madre hablar en italiano, mis bisabuelos eran italianos, mi abuelo era italiano, mi hermano vive en Italia y es ciudadano italiano, su pareja es italiana, admiro profundamente, hasta los huesos, a Federico Fellini, de niño en el club me llevaba de maravilla con cuatro o cinco italianos que llegaban cada verano, ansío conocer Mioglia, un pequeño pueblo de Savona cuya población es cada vez menor, hasta lo alarmante, y en donde nació en 1874 mi bisabuelo Giuseppe Bertolino. Giuseppe Bertolino fue uno de los primeros inmigrantes que se asentaron en el barrio Nuevo París, de Montevideo. Hoy en día Nuevo París es un sitio donde la mayoría de los hijos y los nietos de esos inmigrantes italianos, judíos, polacos, yugoslavos, armenios, continúan sus días en esas calles que demarcan los puntos absorbentes de las curtiembres de la zona. Incluso allí está establecida la editorial La Propia Cartonera, que publicó el año pasado mi relato "Los alienados", a tan sólo dos cuadras de la casa de la calle Triunfo en donde creció mi madre, rodeada de fincas con quintitas en el patio y con vides, y discusiones de viejos borrachines de vino dominguero gritando a sus hijos "Mascalzooooone!!!" como todos unos personajes de una novela de John Fante. Una cosa así es impactante. Parece que tengo motivos de sobra para hacer de Italia mi segunda selección del Mundial, luego de Uruguay, lógicamente.
Sólo una vez vibré y me emocioné con Italia, pero fue porque el rival, Alemania, me resultaba un tanto más insoportable. Fue durante una de las semifinales de Alemania 2006, cuando los italianos enfrentaron a los locales y los dejaron afuera. Mi hermano Franco vivía en Nuevo París porque por esa época cursaba una licenciatura en composición en la Facultad de Música. Yo había ido a visitarlos a él y a nuestra abuela Elcira (Devitta), aprovechando mis vacaciones de invierno. Cuando Grosso convierte aquel gol tan duro e inesperado casi al final del segundo tiempo del alargue, Franco y yo saltamos de la alegría. Y unos minutos después, cuando del Piero cierra la clasificación definiendo con calidad extraordinaria ante la salida de Lehman, abriendo la cara interna de su pie derecho y mandando el envío con comba al palo más alejado, en ese instante saltamos cantando "Iiiiitaaaaaaaalia... Iiitaaaalia...". El encuentro duró poco minutos más, y después salimos a la calle a escuchar los ruidos de los petardos que tiraban varios de los vecinos del barrio para festejar el pasaje a la final. Pero fue la única vez. Al siguiente partido, en plena final, ya estabábamos hinchando por Francia, totalmente fascinados por la reaparición merecida y sorprendente de Zinedine Zidane a partir de su partido de octavos de final ante España, un acontecimiento sobre el que ya escribí algunas cuantas líneas. Y por ahí queda la cuestión. No puedo, no puedo hacerlo. Me aburre excesivamente el calcio, no puedo soportar los compactos de goles de la liga italiana donde el 102.5 % de los goles (porque los replays son insufribles) son de jugadas surgidas desde amontonamientos, o rebotes, o tiros libres con forcejeos extremos en el área, etcétera, etcétera... Por eso un jugador como Ronaldinho Gaúcho terminó por no ir al Mundial. Pudo haber descollado en el fútbol español, acorde a sus movimientos, pero no en el Milan. ¿Una respuesta final?... No tengo idea. ¿Es la aversión al catenaccio una explicación? ¿Es lo prosaico y oportunista? No, nada de eso. Quizás lo sepa mucho después.

3: Consigo llegar a ver el segundo tiempo del partido....
Minuto 59. Sale Marchisio e ingresa Mauro Camoranesi en la selección italiana. Acapara el medio del terreno, convierte en un poco más ágil el trabajo de los volantes italianos. Es dinámico, despierto, inteligente, de buena técnica. Corre, marca, llega a las pelotas casi perdidas, pasa la pelota, se libera de la marca. La recibe, la distribuye de nuevo. Traba, llega a tiempo. No llega a tiempo. Se gana la amarilla. Algunos minutos después quizás merezca otra amarilla, pero el juez mexicano la deja pasar y sólo cobra foul. Italia ya ha logrado empatar el partido. Camoranesi es de los que sienten atravesando la lluvia que el partido puede ser ganado. Paraguay se repliega y busca el contragolpe milagroso para un gol de Vera o de Santacruz. Mauro Camoranesi....
Mauro Camoranesi. 33 años. Nacido en Tandil, provincia de Buenos Aires. Cada vez que lo veo jugando por Italia o por la Juventus, se me hace difícil no pensar en la pobreza de gran parte de nuestro fútbol y partir de allí hacia la impotencia. Mauro Camoranesi se consagró campeón del mundo en Alemania 2006. En 1997, había jugado toda la temporada en Wanderers, de Montevideo, y sus asentaderas tan cotizadas hoy en día calentaron las maderas despintadas de más de un banco de suplentes en muchos barrios de Montevideo. Camoranesi, sea por lo que sea, pasó de Wanderers a Banfield. No jugó ni en Peñarol ni en Nacional. Lo veo a Camoranesi y me dan ganas de llorar.

4: Bueno, hoy Japón le ganó a Camerún 1 a 0. El gol de Japón lo hizo un japonés. Y también Holanda le ganó a Dinamarca 2 a 0...

5: Desplazamientos. Uruguay. Paraguay. Charrúas. Guaraníes... Guaraníes. Guaraníes... Es ya sabido que la selección paraguaya, que empató con justicia hoy ante el último campeón del mundo, ocupó de por lo menos quince años a esta parte el lugar que Uruguay ocupaba en el concierto del grupo de los sudamericanos, es decir el lugar del telonero que a veces es invitado a subir al estrado donde cantan Brasil y Argentina. Ahora está allí Paraguay. Y Paraguay le pasó su sino a Uruguay. Viéndolo jugar a Paraguay como hoy lo vi jugar contra Italia, se me vino a la cabeza que quizás ofrezca un ideal de cómo tendría que ser en parte el juego de nuestra selección, o cómo podría evocar un pasado más o menos inmediato de la Celeste. Tiene fortaleza, decisión, cierta precisión y cierta contundencia que acá parecen haberse difuminado entre los elogios de la prensa, los negocios de Casal y las políticas de selección improvisadas o enclenques hasta, posiblemente, esta política de trabajo de Tabárez. Pero nosotros somos los charrúas, y ellos son los guaraníes. Si, como dice Daniel Vidart en su libro "La trama de la identidad nacional", no hay una presencia aún todavía debidamente documentada de esa tribu en nuestro territorio, como sí lo hay sobre la guaranítica, el mote de nuestra selección es un artificio, casi casi como lo podía ser la figura de Martín Fierro para Borges. O como sostiene Carlos Maggi en una nota de Marcha que el mismo Vidart recoge para otro de sus ensayos ("Sobre la identidad nacional"): "Hay quienes sostienen que tenemos sangre charrúa porque no tenemos charrúas". Desplazamientos... Los paraguayos son los guaraníes. De hecho, hablan la lengua guaraní: la sangre siempre caliente del lenguaje los nutre por igual.

6: Dudas. Iusiones. Dudas.... Dicen que Forlán va a jugar de enganche contra Sudáfrica, y que le cede su lugar en la cancha a Cavani. Más desplazamientos... Sacrificamos a los mejores por inaptitudes ajenas, nivelamos para abajo...

7: Messenger mental:
Xavi: "Si ganamos, me tiño el pelo con los colores de España." (en El País, de Madrid)
Yo: Te entiendo.