domingo, 21 de junio de 2009

La calle hacia el mar


El viernes pasado salimos a andar en bicicleta con un amigo y pasamos por la calle Juan José Morosoli, que atraviesa Rincón del Indio y desemboca en la rambla de la playa Brava, más o menos en la parada 26. Verla y empezar a sacarnos fotos fue cosa de un segundo. Después, sin embargo, empecé a pensar en la delicadeza de la ubicación de esta calle, quizás (ojalá que no) desatendida por quienes manejaron en aquel momento la nomenclatura de Punta del Este. La calle Morosoli es una de tantas de las de Rincón del Indio: estrecha hasta el punto de hacerse íntima en la proximidad con los bosques y las casas de jardines apretados, hecha con un pedregullo trasegado hasta el cansancio y levemente poceada. Su particularidad, en cambio, viene del nombre que convoca y de una pequeña historia. La historia me la contó una vez una nieta de Morosoli... Cuando el escritor minuano fallece a fines de 1957 dejó, como se sabe, interrumpidas varias aspiraciones. Una de ellas era la continuación de Muchachos (1950). Las otras dos (u otras dos) estaban ligadas de forma directa con el mar. Una era visitar por fin Ticino, el cantón suizo del que sus padres eran originarios. Era un viaje hacia el mar que lo llevaría a sus propias raíces. La otra era vivir, o pasar bastante tiempo del año, cerca del mar, en una casa en La Floresta. De ahí que me guste tanto la ubicación de la calle Morosoli en Punta del Este.

(Y, bueno, ahora que estoy escribiendo todo esto, me doy cuenta de otra cosa... Más o menos por allí, en la misma orilla de la playa Brava, acontece un episodio de El increíble Springer que es bastante crucial.)

5 comentarios:

Hebert Zarrizuela dijo...

Cuando vengas, tengo algunos chismes morosolianos para compartir.

Un abrazo grande.
Leo.

Telemías dijo...

Si no me equivoco LAC vive en calle Francisco Espínola. No tiene nada que ver, pero tiene.

fernanda dijo...

Es lindo cuando el nombre de una calle nos dice algo. Una vez alquilé por internet una habitación en la montaña, en la casa de una señora. No había fotos ni ninguna otra información, y como costaba tres veces menos que todas las habitaciones de hotel, yo iba preparada para lo peor. Lo que me alegraba, sin embargo, era que la casa quedara en el "Callejón de las ardillas". Eso me parecía una buena señal.

Ni que decir que la habitación resultó ser hermosa, con muebles a la Katherine Mansfield (como yo me imagino que tendría, bah) y que la señora era un encanto. Nos servía un desayuno con mermeladas caseras...

Yo vivo en la Calle de los Bordes, y en la esquina está la Calle de Coser y un poco más allá la Calle del Horno. Ja ja, es en serio.


Cariños, F

Ignacio dijo...

Una vez, me senté en un cantero de la Avenida Shakespeare, esquina Lope de Vega, a leer un libro de García Márquez. Apostado contra mi árbol vi venir en su Chevette a Horacio.

franco gonzález bertolino dijo...

Hijoetigre!!!!! estas igualito a papa!!!!!!!!!! que sorete!!!!! jajajajaaj....
Uh.. dentro de poco ya haremos esas bicicleteadas!!!!....
Ah, conozco ese buzo!!!!
ja!
Abrazos.
Fratello desde el Musconetcong River.