viernes, 7 de abril de 2006

El desfile de Roberto Giordano. Punta del Este. Enero de 2006.


De los textos que escribí en el último verano, al del viaje a La Paloma se agrega este que presento hoy, en el que jugueteo un tanto sobre las representaciones que se ofrecían del más famoso de los peluqueros argentinos tanto en la televisión como en los diarios. Roberto Giordano es un personaje inusual, a veces mal interpretado y mal odiado por los "opinadores" de buena moral pública. Si Giordano fue o va a ser procesado por un delito efectivamente cometido, eso es harina de otro costal. Pero en cuanto al fenómeno en sí, las opiniones dejan mucho que desear, sobre todo si entran a analizarse las ideologías que se agazapan en los discursos.

Yo, Roberto

En alguno de sus ensayos Borges deslizaba la convicción de una tradición argentina que consiste en situar determinadas pasiones en la Banda Oriental. Algunos de sus propios cuentos son buenos ejemplos, también lo son La tierra purpúrea, de William H. Hudson o El uruguayo, de Copi. Hoy en día esta religión persiste con ejecuciones más modestas y se sitúa en Punta del Este.
Charly García le metió una piña a un fotógrafo de la revista New Men en un boliche de La Barra. Cuando la denuncia fue formulada, el músico ya había declarado “Me chupa un huevo” y se había subido al primer avión que encontró hacia Argentina. Ahora es un prófugo de la justicia uruguaya hasta que la denuncia prescriba recién dentro de cuatro años según la legislación.
No obstante, los capítulos más interesantes y recientes del verano son autoría del pope de la peluquería en el Río de la Plata: Roberto Giordano. Su tradicional desfile, efectuado el día domingo 15 de enero, fue uno de los acontecimientos más interesantes de la temporada si se lo observa como la asunción de una personalidad que pareció llegar a su punto de máxima revelación y / o evolución; algo que ameritaría la realización de un documental que no muchos (ya sea por prejuicio o por incapacidad) se animarían a rodar.
Los antecedentes, las declaraciones de Giordano y las distintas notas que se le dedicaban en la prensa, auguraban un espectáculo imperdible, pleno de tensión entre instituciones más o menos tangibles pertenecientes a ambas orillas del Plata. De un lado estaba la legislación uruguaya para los menores (concentrada en el INAU: Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay), por el otro lado todo el glamour argentino (Giordano, por supuesto). El conflicto se desató cuando el INAU tomó conocimiento de que en el evento se emplearía a una adolescente de 14 años, algo ilegal. A esto se le debe sumar la bronca de los titulares del INAU ante el tradicional uso del nombre de la institución que ha hecho Giordano para promover sus desfiles con supuestos fines benéficos. En una nota aparecida en El País el 13/1, Roberto Arévalo, titular de INAU Maldonado, no ahorró comentarios al respecto: “(...) no hubo ninguna negociación , ni ninguna conversación para el uso del nombre del instituto”. “En el año 2003 entregó algunos cuadernitos, unos lápices de colores y algunas cositas”.
(Al mismo tiempo, alrededor de cuatro mil personas se preparaban para una marcha convocada por FUCVAM (Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda de Ayuda Mutua) desde La Mano hasta la Plaza de los Artesanos de Punta del Este, reclamándole al gobierno de Vázquez la supresión del 7% de interés por las viviendas sociales).
Pero la lluvia que cayó a lo largo de todo el día sábado obligó a que el espectáculo fuera suspendido para el día siguiente. Hubo que esperar veinticuatro horas más para conocer al nuevo Giordano. Porque esa era una de las novedades del desfile. El peluquero pasó de un estado a otro rompiendo la crisálida glamorosa en la que ayer nomás se revolvía. En el verano de 2005 el desfile había tenido por escenario las instalaciones del hotel Conrad, a lo que se debe agregar la milimétrica adecuación que el contexto requería. Giordano asumía allí una suerte de ética torremarfilista, preciosista y etérea por demás
i. Pero algo ha ocurrido. Giordano se está haciendo a sí mismo. En unas breves declaraciones aparecidas en la edición del diario Clarín de Buenos Aires del 14/1, afirma: “Antes hacía desfiles en lugares limitados, pero este será para todos”. “Volví a lo natural, me fui a vivir a las sierras uruguayas y lo que importa son los afectos.” (En esos días el canal 11 de Punta del Este emitía un spot publicitario en el que Giordano exhortaba a la población de todos los barrios de Maldonado a asistir a su desfile llevando una prenda de color azul, el color de su vida...)
Como todo discurso, fenómeno o mito, Roberto Giordano admite ser segmentado en dos. Existe el Roberto Giordano superficial y existe el Roberto Giordano profundo. El superficial está constituido por la imagen que él brinda y vende de sí mismo, esa imagen que algunos comunicadores de audacia a corto plazo se tragan como un caramelo en el que se han relamido con excesiva delectación. Cosa que ocurre en el caso de la entrevista aparecida en la prensa local, en el Estediario del 13/1, firmada por Soledad Bauzá, quien se despacha con una larga introducción previa al diálogo con Giordano y en la que lo somete a una maratón de epítetos del tipo “comunicador fallido”, “peluquero poco activo”, “esteta poco probable e indudable buen negociante”, “figura (...) ridícula”, “falaz benefactor de la belleza” y “dudoso promotor de Punta del Este”. Ya casi como gritando, y como no parece tener más nada que agregar, Bauzá pega más bajo algunas líneas más adelante: “Por momentos su mirada nerviosa y paranoica incapaz de posarse en los ojos del interlocutor da lástima y parece que fuera a brotar de sus labios un angustiado ‘no me peguen, soy Giordano’”... Todo esto constituye finalmente, y no más que eso, una celebración del Giordano superficial, en el que la periodista pasa a creer punto por punto. Giordano pasa a tener todas las de ganar; las preguntas, a priori provocativas, caen sobre el entrevistado y este se las sacude como si fuera caspa en sus hombros (imagen indigna para Giordano, pero imagen al fin). El sumo ejemplo son las dos últimas preguntas y respuestas; la indisposición latente de la periodista le impide continuar la charla justo llega al centro neurálgico del asunto: Bauzá: “Punta del Este, entonces, nuevamente le dará el escenario y ganancias de su desfile . ¿Qué le da Giordano a Punta del Este? Giordano: “No, yo no le doy nada. Es grande, y tiene lo suyo. Lo que yo hago es disfrutarlo porque es muy grande , es la celebración de la belleza.” Bauzá: ¿La celebración de la belleza o de los números? Giordano: “Los números cuando tenía veinte años me importaban, ahora tengo sesenta y me importa mi familia. ¡Te quiero mucho, hasta siempre!”. La frase “Lo que yo hago es disfrutarlo (a Punta del Este)” es importante porque sitúa a Giordano como un turista más que como un empresario.
Bastó ver sólo algunos minutos el desfile de este año para apreciar qué poca relación mantenía con cualquier otro desfile que se pueda encontrar en la televisión. La diferencia era, obviamente, Giordano. Cerca de la hora de comienzo, aún con la amenaza cierta de tener que suspender por lluvia, las cámaras registraban los últimos detalles previos a la fiesta. Una cámara fija, a lo lejos, como si hubiera sido encendida por descuido, captaba un Giordano histérico que comenzaba a dar órdenes a un sector del público, demandando al acción inminente de los funcionarios de la prefectura. “¡¡Prefectura!! ¡¡Prefectura!! ¡A ver los de Prefectura! ¡A trabajar! ¡A trabajar aquí! Si no se sienta esta gente no empiezo el desfile... ¡A ver, vos, te sentás! ¡Te sentááááás, te digo! ¡Sí, a vos, te sentás! ¡¡¡Te sentás!!! ¡Vamos que está lloviendo en Punta Ballena y en cinco minutos llueve acá”. Cuando el desfile pudo comenzar, lo que se vio a continuación fue una fiesta, pero la fiesta exclusiva de Giordano en la que este se había dignado invitar al pueblo. Las modelos pasaban por la pasarela, pero la cámara recogía su imagen una y otra, y su voz se escuchaba dando rienda suelta a su improvisación (la suya). parecía un desfile de los años anteriores, pero algo empezó a cambiar, algo se puso extraño. Primero fue la abierta provocación al INAU (cuyos inspectores habían tratado en vano de realizar sus funciones previo al inicio gracias al séquito del peluquero) cuando la tan mentada adolescente de 14 años cruzó por primera vez la pasarela con la unción de Giordano: “¡La nueva Valeria Mazza!”. Después fueron los cortes continuos, irreverentes y disparatados con que cortaba el desfile para realizar una mini-entrevista a alguna modelo... “Pará, pará la música”, decía... Luego estuvo la tradicional pasada de las modelas vestidas con los colores del club de los amores de Giordano: Boca Jrs. Nuevamente deja su lugar junto a Teté Coustarot y se abandona en un arrebato de talud en medio de la pasarela, agitando una bandera del club argentino. “¡Sos lo más grande, Boca!”. Le alcanzan una bolsa con pelotas y empieza a lanzarlas hacia el público. Pasa la lluvia de pelotas; ahora Giordano, mientras pasan una canción de Juanes, dice que si todo el mundo no se para y se pone a bailar se termina todo, que hay que divertirse. Algunos invitados bailan, la mayoría se miran un poco perplejos y se mueven un poco con cada frase de aliento / advertencia que llega de la pasarela. Pero el momento más llamativo se da cuando le acercan un botellón de Chandon; lo agita empapando a las modelos y algunos técnicos y bebe, luego lo pasa hacia la parte más VIP del público, donde el Chandon comienza un curso imprevisto en el que cada cual a su turno se lleva el botellón a la boca y bebe brevemente. Los primeros planos de las tomas muestran a algunos notables con el champagne chorréandole por las comisuras de los labios.
¿A qué hemos asistido? ¿A un desfile? No, tanto... Asistimos a una fiesta personal, a la fiesta personal de Giordano, que, a diferencia de otras de Punta del Este, es abierta al público; una fiesta que no se realiza en la privacidad de ningún jardín de San Rafael, Rincón del Indio o La Barra y que tiene como fin único celebrar la figura de Giordano, satisfacer todos sus caprichos y convicciones, hacer que lo miremos solamente a él. Una orgía en clave para la televisión y en la que las modelos son meros bufones en la corte de este peluquero.
Se ha hablado a menudo, realizando determinadas interpolaciones, del carácter surrealista de Giordano, quizás por lo divagante. Pero donde más cómoda queda su figura es en la imagen ligeramente romántica, plena de ideal, capricho y persecución de sí mismo, con la que parece hacer lo que quiere llevándose todo por delante, desarrollando un impulso de voluntad que lo afirma una y otra vez. Y este es el Roberto Giordano profundo, un tipo que se hace pasar por tonto para pasarla bien, para crear a su alrededor aquello lo haga vivir su fantasía. (La búsqueda del dinero no es suficiente, no lo puede ser llegado un momento)
La tensión con la Justicia es un índice de apoteosis en el camino que ha trazado. Porque, como si fuera poco, como una entidad que se manifiesta y se deja ver a su sola voluntad, Giordano desapareció inmediatamente después de terminado el desfile. Los inspectores de INAU lo acechaban y no pudieron dar con él. Ahora tendrá que responder a algunas denuncias que han sido formuladas en su contra. Giordano ha rozado los límites que le imponía la sociedad, ahora la provocación que ha hecho a las instituciones lo erige como un verdadero “maldito”. Y no se trata solamente de emplear a menores para trabajar en el desfile. Otra nota de Estediario, del día 17/1, deja entrever algo más abominable, algo que quien firma la nota no se atreve a nombrar: “¿Por qué las niñas permanecen tanto tiempo en Uruguay si el desfile se realiza durante una sola jornada? ¿Dónde se alojan? ¿Quién es responsable por ellas durante su permanencia en el país?” En su breve espacio televisivo del mismo día (emitido a través de canal 4 y retransmitido por canal 11 de Punta del Este), Roberto Giordano comenzó diciendo: “Ustedes se preguntarán dónde estoy, qué está haciendo Giordano. Bueno, estoy con la modelo...”, luego dice el nombre de la modelo y pasa a hablar de ella. Pero sus palabras sonaron como un eco de Bin Laden, como una bravata contra aquellos que no pueden acceder a él, como esas transmisiones en que los villanos toman por asalto la televisión desde un lugar ignoto para transmitir su voluntad. Y por allí debe andar Roberto, flotando y brillando en algún lugar inaccesible para las convenciones y las razones. Un puro gusto.

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