martes, 21 de abril de 2009

Los alienados (I)


Mucho tiempo sin publicar... Vuelvo con un poco de ficción, en este caso un cuento que escribí en diciembre. Va por partes. Un abrazo grande...

a Franco


Hola, amigos... Estaba pensando en el amor...
Solamente eso. Yo sé que puede sonar raro lo que estoy diciendo, o sea, me refiero al hecho de saludar y decir de inmediato que estaba pensando en algo como el amor; porque, después de todo, quizás alguno de ustedes se esté preguntando quién soy o cómo soy y qué hago o a qué me dedico y por qué tengo que venir a decirles algo sobre el amor... ese tipo de cosas. Bueno, no sé... me parece que eso puede esperar un poco o dejar de importarnos, según sea. Aunque para ser sincero (voy a ser muy sincero todo el tiempo... En realidad, yo soy un hombre sincero, siempre lo fui...) tendría que agregar que no hace falta dar muchos datos acerca de quién soy. Ustedes se van a dar cuenta, ¿no? En cierto modo, eso siempre se revela de una manera u otra, ¿verdad? En fin... ustedes leen, son personas inteligentes, etcétera. Ya está, dejémoslo de lado. Ahí están ustedes, acá estoy yo, y algo tiene que pasar. Lo que pasa es que a veces uno tiene que dar más vueltas. Y con los años me voy dando cuenta de que no se puede pensar nada si no se va de un lado para el otro, como si uno tuviera de repente en el aire todos los platos de la casa y empezaran a caer todos juntos. Es como algo salido de un sueño. Uno sale al patio a ver cómo está el día y se encuentra con eso, con gran parte de la vajilla a punto de romperse como si alguien fuera a decir tres, dos, uno y al piso. ¿Y entonces qué hacemos? ¿Cuál agarrar primero?... ¿Los hondos? ¿Los llanos? ¿Uno hondo y uno llano? ¿Luego uno de postre y otro hondo? ¿U otro llano?... Porque, a ver si me explico mejor: uno tampoco quiere que se caigan y se rompan todos... Mmmm... Me gustó esto de los platos en el aire, porque si vamos al caso tiene mucho que ver con la historia que quiero contar. Es una especie de comparación lo que hice, ¿no?... Como si los platos suspendidos en el aire fueran todos los puntos que uno quiere considerar de un asunto... y esos puntos son importantes y uno no quiere descuidar ninguno, pero todos son igual de urgentes, y los platos bajan y bajan y y no le dejan a uno mucho tiempo para atajarlos a todos. Entonces siempre tiene que haber algún plato que se rompa... Esto también me gusta, lo de pensar que los platos que se terminan rompiendo son puntos de un tema que uno no llega a solucionar o que a uno se le escapan porque no entiende del todo.
Ya sé que no tenía que haberlo explicado, que es como algo descortés de mi parte haberlo hecho. Sólo que... Nada, nada... Olvídense de lo que dije recién. Bórrenselo de la cabeza...
Me estoy dando cuenta de que parezco serio o de que quiero dar la sensación de que lo que voy a contar es algo serio y necesita una introducción adecuada. En realidad no es así. Tengo en mente una historia bastante estúpida, o quizás bastante tonta, para que no suene tan fuerte. Ya dije al comienzo que estaba pensando en el amor, en el amor como tema. Es algo que nos toca o nos tocó en algún momento de la vida. Es también uno de los temas más profundos sobre los que piensa el Hombre. Eso, increíblemente, hace que sea otro de los temas más tontos en los que piensa el Hombre. Y sí, me sigue pareciendo increíble... Bueno, de pronto todo esto se explique diciendo que estoy solo, que ya no tengo que trabajar y que por lo tanto me la paso mirando a través de la ventana a ver cómo se va otro día más, y que entonces me pongo a pensar, a pensar demasiado. Pero no es así, tengo muchas otras cosas que hacer. Me importa mucho la quiniela, por ejemplo, y no me pierdo ni uno de los sorteos de la semana. Me quedo pegado a la radio esperando que la voz del niño cantor dé el número exacto en el que yo estuve pensando. Eso es vida, o eso hace que uno viva, mejor dicho, y que no se entregue a cualquier pensamiento idiota todo el tiempo. ¡Ese es el gran problema de la juventud de este país, que a mí me perdonen! Fíjense en toda la gente que tiene entre veinte y treinta y que termina en el suicidio. ¿Qué hacen?... No sé muy bien las cosas que hacen. En realidad no conozco a casi nadie que tenga esa edad, pero si hay una cosa que sí sé es que no juegan a la quiniela. La quiniela ya es una cosa de viejos en este país, y cuando nosotros, los que tenemos de cincuenta para arriba, vayamos a desaparecer o a morir, la quiniela se acaba, porque con pocos apostantes el juego no se sostiene, me parece a mí. Es así de fácil: si uno tiene el marote dándole vueltas siempre a las mismas cosas se queda frito. Y con la quiniela no. La quiniela hace que todo sea nuevo. Uno mira el día de mañana y se ve con plata, comprando esto y lo otro. Y si llega el día de mañana y uno continúa con las facturas de luz y teléfono atrasadas, por lo menos sabe que el día de mañana (otro "día de mañana", viene a ser como una segunda parte del "día de mañana", o un reenganche...) va a verse a sí mismo jugando a la quiniela. Eso es seguro. Lo que no quiere decir que yo no me pueda entregar a reflexionar sobre temas que a uno le llevan tiempo y tiempo. Por ejemplo con el tema del amor, como venía diciendo. Mi madre decía que el amor era como un vaso de vidrio lleno de agua en el medio de una habitación a oscuras. La imagen es fuerte, ¿no? Es oscura. Y seguramente ustedes se estén preguntando cuál era el significado que mi madre le daba más allá del que se le pueda ocurrir a ustedes. Bueno, mi madre decía cosas por decir nomás, y no tendría ni puta idea de lo que quería llegar a sugerir con una cosa así. Era una mujer muy tosca que se dedicó toda la vida a lavar y a planchar ropa de los vecinos y no le sobraba el tiempo para pensar en cosas que le quitaran concentración para las tareas que había que realizar en la casa. Tenía un marido, que era mi padre, cinco hijos (uno de los cuales era yo), una madre que se pasaba babeando toda la mañana en una silla de ruedas al sol del invierno en un patio lleno de perros y una vecina que vivía muro por medio y que le servía para enterarse de lo que ocurría en las otras casas del barrio. De esa otra mujer habrá sacado mi madre la frase esa. Esa mujer sí que tenía frases para todo, y como mi madre se creía que nosotros en casa no sabíamos los dichos de la vecina, entonces los repetía y se hacía la misteriosa haciéndonos pensar. Pero después a la noche mi padre juntaba bronca de no entender nada y la hacía confesar. Y ahí se sabía de dónde venían las frases. Sin embargo, los significados seguían en el aire. La cuestión en todo esto es que mi madre repetía siempre la misma frase cada vez que miraba las telenovelas o que se enteraba del desenlace de algún amorío en el barrio. Era infalible, la frase te caía encima como si fuera granizo de mierda. Nos quedábamos esperando la continuación, la explicación, y ella lo que hacía era mirar para la otra pared dejándonos picados. Pero estaba bien, no tenía que tener sentido. Las telenovelas que miraba mi madre, todas llenas de amores frustrados o encontrados, no tenían sentido. No se podían entender. Por eso cada año le cambian los actores y los escenarios a una telenovela y la pasan de nuevo con otro nombre. Porque la gente que las ve no las puede entender. Es imposible. Y lo mismo pasa con las otras historias que parecen más elevadas. Con Shakespeare, si vamos a hablar de algo bueno y que todo el mundo más o menos conoce. ¿Qué es "Romeo y Julieta"?... ¡Mi Dios!... ¡Hay gente que llora y todo cuando la ve en el teatro o la pasan en una película en la tele! ¡Es verdad! !No embromo!... Yo la fui a ver dos veces al teatro, con varios años de separación entre una vez y otra, y en ambas ocasiones sentí lo mismo sobre el final de la obra. Estuve por pararme arriba de mi butaca y gritarle al actor que hacía de Romeo en el instante en que se llevaba el veneno a la boca: "¡Estúpido! ¡Enfermo mental!... ¡No está muerta! ¡Date cuenta!". Pero no, el imbécil se baja de un saque el frasco con el veneno y cae diciendo un par de boludeces. No estoy insultando a Shakespeare ni nada parecido, aclaro. A lo que voy es que Shakespeare, que era un genio, ojo al gol, se vio en la necesidad de plantear esa estupidez de un muchacho que se viene abajo y se lamenta como una magdalena sólo porque a él, a Romeo, claro, le parece, leeeeee pareeeeeece, que la novia está muerta. ¿Para qué? Para mostrar lo que el amor hace con la gente, sobre todo con la gente joven. Y después, como se sabe, Julieta despierta y encuentra al otro nabo durmiendo para siempre y se encaja el puñal. Ahí yo estaba a punto de saltar de nuevo desde mi butaca: "¡Ni te gastes, mongólica!... ¿No ves que ese vejiga ni siquiera esperó a ver si podías revivir? ¡No fue a llamar a nadie!... ¡Ni siquiera se le cruzó por la cabeza que podías tener catalepsia!..."
El ejemplo de "Romeo y Julieta" es bastante bueno, la verdad, creo yo... Por algo Shakespeare es un genio, ¿no?... Un tipo que se puso a pensar en serio lo que era la vida, como Mussolini, o Schiaffino.
A lo que voy es que las buenas historias de amor son cada vez menos. Capaz que una puede ser "Romeo y Julieta". Puede ser... Puede ser... A mí me parece que las buenas historias de amor quedaron en el pasado, que ya a nadie le importa el amor en sí. Las películas o las letras de las canciones de ahora hablan del amor en segunda o tercera instancia. Me parece a mí... Bueno, a lo mejor estoy divagando, hablando de más y diciendo lo primero que se me ocurre. Pero, ¿no creen que por algo las cosas se nos ocurren, que por algo vienen a nuestras cabezas ciertas ideas?... No sé por qué exactamente... Igual es interesante pensarlo, ¿no?... Mmmm... No, en una de esas no...
¡"Casablanca"!... Se me ocurre algo con "Casablanca", que es una película que todo el mundo conoce, o casi todo el mundo, y que además nadie vio, sólo los críticos de cine divorciados, con mucho tiempo. ¿A quién le puede gustar "Casablanca"? Prueben a ver "Casablanca" sin volumen. Es cierto que no se va a entender nada, ni siquiera se va a poder oír a Sam, pero ahí uno observa que la trama es tonta. El final mismo... Ella se va y lo deja, o él se tiene que ir y la abandona, o se van los dos, no me acuerdo bien... Si uno mira toda la secuencia sin sonido no se sabe qué hacer con esa parte, nunca se va a entender. Y así nos damos cuenta de que el sonido agrega algo. Agrega el amor... Igual no importa, la película tampoco sirve mucho... ¡Humphrey Bogart! Me olvidaba... Humphrey Bogart no es real... No puede haber una historia de amor con Humphrey Bogart. Es antiestético y tiene cara de estar festejando el día del golero. Está, obviamente, colocado ahí a propósito, para demostrar que el amor es tonto, que nadie se puede enamorar de eso. Y cuando eso sucede, entonces nos damos cuenta de que algo marcha mal, contraflecha. (Bueno, esa frase me gustó, me quedó muy bien, digamos... O la idea, en vez de la frase. Porque la frase en sí podría ser: "El amor surge cuando algo marcha mal". Es linda. Es mejor que la de mi madre, me parece.)
Y mi historia empieza con las cosas yendo muy mal... Mmmm... Pienso que es una historia que les va a gustar mucho, y seguro que nunca habían pensado leer una cosa así. Nunca más se van a olvidar de ella en la vida, van a ver. Créanme... Porque es algo que no pasa seguido. Bueno, las historias de amor tampoco pasan seguido, si nos ponemos muy exquisitos, es cierto... Pero ustedes ya saben... Además, como muchas historias de amor, esta que voy a contar también está basada en hechos reales. Sucedió en nuestra ciudad, y puede ser que cuando la terminen, mañana, o dentro de un rato, caminen por las calles fijándose bien en donde caminan y con quiénes se cruzan. Y bueno... No me gustaría que diera inicio sin que yo dijera que es una historia tonta, como si fuera otra cosa en realidad... Le puse de título "Los alienados" porque me pareció que tenía que ver mucho con lo que pasaba en cierto modo con los personajes, pero eso lo van encontrar más o menos cuando vayan por la mitad de la lectura, quizás un poco más adelante. Algunos pueden notarlo antes, otros después, en síntesis, pero no quería dejar pasar el momento de hablar del título y de decirles que no es nada complicado, que no tiene un sentido profundo, que es un título cualquiera como pudo haber sido otro, como "Romeo y Julieta".

4 comentarios:

Ignacio dijo...

Tus narradores son de la madre.

Hebert Zarrizuela dijo...

Antes de entrar y de leer el comentario de Nacho, iba a decir lo siguiente: "Ya me hice amigo el narrador".
Y bueno... Lo dije igual.
Un abrazo y espero la segunda parte.

Archiduque de Applecore dijo...

El narrador es el pendejo de "El fondo", pero de grande. ¿No se dieron cuenta? Hay pistas:

"Tenía un marido, que era mi padre, cinco hijos (uno de los cuales era yo)"

Además tiene una forma de narrar muy parecida, yo qué sé...

PD:
"¡Estúpido! ¡Enfermo mental!... ¡No está muerta! ¡Date cuenta!".

(la maaaaata)

"Un tipo que se puso a pensar en serio lo que era la vida, como Mussolini, o Schiaffino."

(la kill heeeer)

Espero con ansias las otras partes

Abrazo!!!
A.A

Damián González Bertolino dijo...

¡¡Muchas gracias a todos por sus comentarios!! De veras...
Mañana viernes, quizás en la misma madrugada del viernes, llega la segunda entrega de "Los alienados".
Un abrazo grande.