domingo, 18 de mayo de 2008

¡Pero mire qué Sabor!


Tengo serias sospechas de que César Aira me está persiguiendo... De hecho han pasado cosas muy extrañas, tanto como que él se ma ha aparecido... Pero todo a su tiempo.
En un texto anterior ("Los malabarismos de un irresponsable") había mencionado la recurrencia que hacía Aira de la cotidianidad argentina, sobre todo los conflictos sociales. No me quedé muy conforme con lo que dije. Dije algo así como que Aira borraba todo rastro de ello. En realidad me parece que no es tan así. Me acordé del telón de fondo que es la Argentina pre-menemista en la novela "Embalse", pero también me topé con la tercera parte de "Las aventuras de Barbaverde", llamada "Los juguetes", y en donde puede leerse esto: "Un consorcio de laboratorios multinacionales había construído en medio del río un complejo de alta tecnología para la producción de células madre, por un acuerdo con los gobiernos de las dos provincias que compartían la jurisdicción de las islas. Los trabajos se habían hecho con poca publicidad, y fue la investigación de periodistas de El Orden la que sacó a la luz las implicancias del proyecto en términos de contaminación del medio y peligros para la salud de la población. La opinión pública se había movilizado, y el asunto no tardó en volverse una causa nacional". Suena muy conocido, ¿no? Bueno, el punto es que ahora me parece que Aira no toma un elemento de la realidad social para discutirlo, enfrentarlo, sino que lo usa como segundo o tercer plano, como un cañamazo alucinado donde va tejiendo la descripción de unos personajes. En el fondo, eso es, como había dicho, algo político, una réplica. Pero una réplica tan irónica, tan indirecta, que es difícil clasificarla como una toma de posición ante un conflicto social (en este caso el de las papeleras entre Argentina y Uruguay); más bien parece la intención de borronear algo. Sigo citando: "No tardaron en surgir disensiones en el seno de la resistencia. Se dividieron en res bandos: Asambleístas Duros, que exigían el desmantelamiento inmediato de las plantas, sin atender razones; Asambleístas Dialoguistas, que dejaban abierta la posibilidad de la instalación y la permanencia de las plantas, aunque mediando estudios fehacientes realizados por un comité científico independiente; y Ambientalistas, aliados con Greenpeace. Unos y otros se acusaban de connivencia con el gobierno y el consorcio, y los tres estaban infiltrados por militantes de distintos partidos políticos. Una buena docena de líderes de las distintas facciones habían alcanzado una notoriedad estelar." Por supuesto que el punto de lo que yo estaba diciendo radica en qué pasa con la narración luego de esta situación de partida. Y ahí está eso de que Aira lo toma para acomodar sus piezas según le convenga, ya que no le importa proseguir con las implicancias de ese supuesto conflicto, sino que termina siendo el lugar, el imperio de las causas y las consecuencias de uno más de los capítulos de la lucha entre Barbaverde y el profesor Frasca. Por ahí viene el borroneo.
Hace una semana, dentro del marco de mi asistencia anual a un cumpleaños de 15, estábamos con V. sentados a una mesa mientras charlábamos entre nosotros o con algunos conocidos, mirando el desarrollo del evento. De vez en cuando jugábamos a encontrar gente parecida a alguien. Llegado un momento de la noche o de la madrugada encontramos a un tipo muy parecido a Julio Ramón Ribeyro y a una viejita casi llevada en andas que se parecía a Marguerite Duras. Hasta que pasó lo que pasó. Se me acercó un mozo ofreciéndome algo, no me acuerdo qué. Era César Aira. Aira es muy polifacético, eso todo el mundo lo sabe. Y además es un burlón de primera. Por lo que esto de hacer de mozo en un cumpleaños de 15 de un pueblo perdido del Uruguay, para burlarse de un joven más o menos traumado con sus obras, esto, esto mismo, es muy de él. V. no lo vio. Me dijo que ya no jodiera más con lo mismo. Yo sabía que algo iba a tener que pasar. El mozo era demasiado parecido a César Aira como para no ser él mismo. Y lo que sucedió fue que en la vuelta siguiente se me aparecía con una bandeja enorme y me dijo:
-¿Salmón?...
En efecto, en la bandeja había algunas decenas de bocadillos de salmón. Todo ese color rosa era como el color de una broma.
Me acordé del primero de los capítulos de "Las aventuras de Barbaverde", que se llama "El gran salmón". Luego Aira, pensando en que yo dudaba mucho, dijo:
-¡Pero mire que tienen rico sabor, eh!...
Pronunció la palabra "sabor" de una forma demasiado evidente. Aldo Sabor es el protagonista de esta última novela.
Me seguí negando. Aira frunció el ceño y luego se encogió de hombros dirigiéndose hacia otro lugar de la mesa. V. me preguntó si no me gustaba el salmón. En realidad creo que nunca lo probé o que no tengo memoria de haberlo probado. Tendría que preguntarle a mi madre.
Después de esa vez, Aira no pasó más por mi mesa ni se vio más en el cumpleaños. Y yo me puse a pensar que había pifiado algo en mi texto del blog sobre su última obra.

1 comentario:

Hebert Zarrizuela dijo...

Me dejaste helado, Damiano. Recuerdo que Levrero cuenta un episodio familiar en "Lanovela luminosa". Espero que alguna vez me toque vivir algo así...
Seguí laburando así.
Un gran abrazo.
L.