jueves, 12 de febrero de 2009

La peonza


En realidad la tormenta ya había pasado, pero el cielo continuaba completamente gris. Miré a través de las ventanas de la cocina y vi una tromba avanzando desde el este. Los árboles del fondo de la casa no estaban, o sus ramas estaban podadas, y pude ver el desplazamiento de aquello con toda claridad. Se mantenía muy lejos y ya sobre el oeste cuando comenzó a retroceder y yo les dije a los demás que no era una tromba, era una peonza. Unos segundos después sobrevolaba el barrio. Era una peonza oscura y tenía un par de metros de largo y uno y medio de ancho, y parecía también el tramo de un caño de saneamiento o un portalámparas de baquelita invertido. Entonces se detuvo suspendida sobre nuestra casa, yendo hacia arriba y abajo. Nosotros corríamos de una ventana a otra y la veíamos siempre a punto de caer sobre algún sector del techo. Hasta que sentimos el estruendo en la parte central y un hoyo de unos diez centímetros de diámetro se abrió en la planchada. La punta de la peonza amenazaba con seguir taladrando hacia abajo, y ya nos disponíamos a abandonar la casa cuando la peonza subió de golpe. Miramos a través del pequeño hoyo y vimos otro más, mucho más grande, en el techo del primer piso. La peonza había destrozado todo allá arriba. Luego abrí la puerta y salí y la busqué inútilmente. Parecía que se había marchado, pero el zumbido no había disminuído. Y entonces sí, apareció como de la nada a unos metros de mi cabeza. Yo me corrí inmediatamente y la peonza cayó rozándome y hundiéndose casi del todo en la tierra. Los demás habían observado todo desde la puerta. Cuando aquello terminó me fijé a mis espaldas y me di cuenta de que ya se parecía bastante a un caño de los del saneamiento. En seguida escuché unas voces en la puerta, me di vuelta y vi un conejo marrón entrando apresurado hacia el lado de la cocina, como si su manera de entrar a la casa dijera "Menos mal". Un segundo más tarde entraron mis dos gatas, hacia el mismo lado.

2 comentarios:

Archiduque de Applecore dijo...

Jajajajjaj. Muy divertidos tus sueños. Yo nunca podría detallar tanto un sueño mio; apenas recordaré algún instante, cuando mucho...

Abrazo!!!

Ignacio dijo...

El conejo marrón es el de Alicia, pero pasado por el caño del saneamiento.