lunes, 9 de febrero de 2009

Verano XVI (papá tiene 56)


Una vez me dijo mi madre (una de esas cosas que se les cuentan a los niños para hacerlos pensar por un rato) que en determinado momento de la vida uno siempre va a tener la mitad de la edad de alguien, y viceversa: alguien siempre va a tener el doble de la edad de uno. Claro, tampoco exageremos... Si cuando naciste tu abuela llegó al centenario, ella no se va a quedar sentada esperándote por un jueguito matemático de nivel 1.
Ayer pensaba en eso mientras iba desde el barrio Treinta y Tres al Kennedy en bicicleta, por el camino de la perrera, donde hay un barco partido al medio puesto en medio del campo. Era el cumpleaños de mi padre y caí en la cuenta de que cumplía 56, el doble de mi edad. Uno puede decir que el tiempo, el transcurso del tiempo, tiene espesores diferentes, que puede ser más o menos dilatado, que en su percepción entra allí la conciencia, lo psicólogico, etc., pero lo cierto es que mi padre ya ha pasado por este mundo el doble de tiempo que yo, y eso me da para pensar algunas cosas. Cosas como el hecho de que cada vez que voy a verlo sé que hago un viaje a ciertas narraciones. No creo que sea un modo de hacer reductible la relación o el afecto por mi padre, sino todo lo contrario, la narración que voy encontrando poco a poco en él, esa narración de la que me he hecho consciente hace no mucho tiempo, le ha dado una hondura añadida al vínculo. Son 28 años más, como si a mí se me ocurriera dar media vuelta y empezar a ver qué hay. O como si hubiera nacido al revés, creciendo hacia 1953 en vez de hacia 2009. En esas cosas estoy.
En su casa me encontré con Franco, que se estaba yendo para un concierto o un ensayo, y con mi abuela, su madre. Miro a la madre y a su hijo y les saco varias fotos casuales mientras discuten cosas relacionadas con el recuerdo de conocidos en común. Mi padre sacude un brazo como dándose vencido, mi abuela niega con la cabeza torciendo los labios hacia un costado. No se ponen de acuerdo, parece que entre ellos se abriría un abismo de incomprensión, y sin embargo siento de golpe que ese espacio es mutuo, que ellos se encuentran allí y que eso trae una historia, la historia de ellos dos. Miro más fijamente a mi abuela, veo sus brazos arrugados y fofos, sus dedos pulgares dan vueltas entre sí mientras mi padre se apoya en una pequeña mesa para hablar con más comodidad sobre el micrófono de la computadora en una charla con mi hermana, que está del otro lado del Atlántico. En un momento ambos quedan de costado y sus perfiles se hacen casi idénticos. Luego ella se levanta de la silla, va hacia el sillón y conversa aparte conmigo. No sé por qué, nunca sé por qué, pero siempre saca temas sin ningún motivo aparente, y allí nomás comienza a hablarme de los inicios del Deportivo Gardel, un equipo de fútbol de San Carlos, y me habla de un tal Celestino que salía por el pueblo a reclutar a los niños para formar el primer equipo del club, o algo por el estilo. Siempre que la veo pienso en su padre, que va a ser el personaje principal de una novela que quiero escribir dentro de tres o cuatro años. Veo sus rasgos y pienso cuántos de ellos se corresponderían con aquel hombre. Es más, de dónde viene toda esa gente que de pronto en determinado acto fue necesaria para constituirnos. Ese es el misterio más grande de la vida, para mí.

8 comentarios:

Ignacio dijo...

Justo ayer hablaba con el parrillero de al lado -un salteño- de nuestros respectivos tiempos en estos parajes. Caí en la cuenta de que sobre fines de febrero cumpliré diez años aquí, un tercio de lo que llevo vivo. Llovía, aunque no tanto como un brazo con experiencia.

Ignacio dijo...

Creo que eso tiene algo que ver con lo que pusiste.

Anónimo dijo...

Muy bueno, Damián. Hay ciertos rasgos de la familia que describís que terminn siendo lo que define una persona cronológicament. como si uno fuera la mitad de su padre, las arrugas de su abuela, y tantas otras cosas...
Un abrazo grande!

NACHO

Archiduque de Applecore dijo...

Lindo. Yo me cuelgo escuchando historias de mi abuela, aunque no son futbolísticas...
Esa novela tiene que salir. Ojalá te den la beca de escritor.

Abrazo!!
A.A

Jhonny dijo...

Me gusta la forma clara que tenés de contar algo en lo que muchos suelen ponerse densos, filosóficos, afectados. Lográs una escritura que es sencilla de leer a la vez que te deja reflexionando. Saludos.

Damián González Bertolino dijo...

Muchas a gracias a todos por sus palabras, sinceramente. Gracias por leer...
Johnny: ¿Sos vos el Johnny del Cenáculo de Firpo? ¡¡No lo puedo creer!! ¡Bienvenido!
Archiduque: ¿Beca?

Damián González Bertolino dijo...

"El mundo de nuestros padres reside dentro de nosotros. Más de diez mil generaciones. Una forma sin historia propia no es capaz de perpetuarse. Lo que no tiene pasado no tiene futuro. En el meollo de nuestra vida está la historia de la cual se compone y en ese meollo no hay idiomas sino únicamente el acto de saber, y es esto lo que compartimos dentro y fuera de los sueños."
Cormac McCarthy: 'Ciudades de la llanura"

Maribel dijo...

Lindas estas reminiscências de família... Isso, à medida que os anos passam, acaba fazendo toda a diferença!