martes, 7 de setiembre de 2010

Procesión


Estábamos caminando con un amigo por las afueras de Maldonado, cuando nos topamos con una procesión que venía andando por donde antes había unas vías de tren. Como el tendido estaba en una parte alta del terreno, veíamos a las personas de la procesión un poco desde abajo. No llegué a darme cuenta de qué llevaban quienes iban al frente, pero en el medio de todo venía caminando trabajosamente, como si fuera lo último que le quedaba por hacer, un buey blancuzco al que le habían colocado unas alas inmensas. Lo que le habían hecho es lo siguiente: lo habían abierto a cada costado de la columna y allí le habían encajado las alas, que eran tan largas como su lomo. Pero las alas iban como muertas y caían hacia un lado y otro. Donde se producía la unión entre el cuerpo del buey y las alas había una mescolanza de sangre, emplastos y crema. Mi amigo, o alguien más que no llegaba a ver bien, me decía que no había dado el tiempo como para que las cicatrices se cerraran del todo, y que era probable que las alas se soltaran un poco de la carne del buey. En cierto momento, la procesión se detuvo. El buey, que había estado avanzando todo el tiempo entre resoplidos, se había desviado un poco y había comenzado a trastabillar. Entonces empezó a desender por la pendiente de la vía sin poder afirmarse por completo. Parecía que en cualquier instante se iba a caer sobre su ala izquierda y que terminaría rodando hacia el lugar en que estábamos nosotros. Pero cuando las patas iban marcando surcos en la bajada, el buey de pronto se irguió y levantó un breve vuelo. La procesión se desbandó y todos empezaron a gritar. Mientras el buey avanzaba a media altura aleteando casi sin poder batir las alas, le pregunté a mi amigo si eso era un pegaso. "Eso no es un pegaso", me respondió. De pronto, como a unos cien metros, el buey se acercó al suelo y se quedó quieto. No fue una caída. Después todos corrimos hasta el lugar y nos quedamos parados frente al buey, que comenzaba a morirse. Sin embargo, no le podías ver los ojos.

3 comentarios:

F. de P. dijo...

Un pegue.

Leonardo dijo...

Quizá no tenga nada que ver, pero me acuerdo de aquel pasaje del Éxodo en que Jehová le dice a Moisés (traducción libre): Bo, Moisés, dale, bajá de acá que ya tu pueblo, el que trajiste de Egipto, la está cagando feo. Ni bien les digo lo que no pueden hacer, van y lo hacen. Se hicieron un becerro de oro y le rezan. Los veo y me doy cuenta de que tendría que haber elegido a los sumerios, porque estos son de mollera muy dura, pero ya está hecha la macana, así que bajá y deciles que la corten con lo del becerro antes de que me caliente mal y los extermine a todos. Moisés baja y uno puede hacerse a la idea de que Jehová queda arriba, meneando la cabeza y escupiendo al costado, con la calentura de un técnico al que el puntero izquierdo no le entiende las instrucciones.

Diva Elena dijo...

Que sueño mas despiadado! Es muy feo lo que le hacen , como lo torturan lentamente al pobre buey , que no tiene culpa alguna .
PD: Muy bueno el texto!
Saluda cordialmente Diva Elena .