lunes, 14 de mayo de 2007

En el medio del camino (Yo soy la loba...)

El sábado a la tarde estaba en Montevideo. Como tenía un compromiso a las ocho de la noche y ni siquiera eran las cuatro de la tarde, anduve desde Tres Cruces hacia Ciudad Vieja buscando en qué ocupar mis horas. Digamos que estaba licencioso. Fui derecho hasta 18 de julio y fui entrando alternativamente en librerías y disquerías (bueno… conseguí después de tanto tiempo la versión de "Porgy and Bess" hecha por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong) hasta llegar al Centro Cultural de España, donde observé una muestra sobre Juan José Morosoli, recordado a propósito del medio siglo de su fallecimiento, muestra sobre la que creo que voy a tener que hablar en otro momento. En el tránsito entre estos lugares, en las veredas, me fui viendo asediado por muchachos que, apostados contra umbrales en desuso o contra paredes de comercios cerrados, me interceptaban para darme papeles soltando un breve rumor entre cómplice y subordinado. Me refiero a aquellos que reparten esos pequeños y discretos volantitos que promocionan las gracias de algunas damas que fumando y mirando el techo esperan al hombre que llene la tarde [verbi gratia]. Mi reacción común es aceptar los papeles (al fin y al cabo es imprescindible que uno los recoja para que ese sea el trabajo de esos muchachos) guardarlos en el bolsillo y allí estrujarlos hasta pasar por un tacho, en el que termino por tirar cuatro o cinco bolitas. Pero esta vez elegí guardarlos y después leerlos cuando estuviera en un asiento de la terminal o del ómnibus de regreso a Maldonado. Así que acá van los textos, como señas de un derrotero no sólo personal, sino de cualquiera de los transeúntes de esa tarde, o de los derroteros probables de muchos.
Veamos el primero. Es azul, mide unos cinco por seis centímetros y en el centro hay un recuadro de dos por tres con una fotografía del rostro de una muchacha de pelo negro. Nada propiamente lascivo, todo insinuante. Dice: "Te invitamos a pasar por nuestro apartamento…", y luego viene un teléfono. Los puntos suspensivos con que termina la frase, más la familiaridad y el desplazamiento que connota la palabra "apartamento", parecen hablar de algo entre casero y picantito, levemente pecaminoso, pero muy poquito. Nada de lupanares o serrallos. Claro que el plural del sujeto del enunciado, contrapuesto a la singularidad de la imagen del volante, sugiere que la chica vive con varias amigas o algo de eso. ¿O está con el marido? Me pregunto también qué tan inocentemente, en un ejercicio imaginativo, se puede tomar el texto: "Te invitamos a pasar por nuestro apartamento…" (más el teléfono). Imaginemos un adolescente que no sabe nada de nada, qué sé yo, un distraído crónico… A mí el plural tampoco me puede dejar de sonar a mafia. En fin… pasemos al siguiente ejemplo.
Segundo ejemplo: "Todos los días desde las 10 AM a tu entero placer… SENSACIONES… [luego vienen el teléfono y la dirección, más un dibujito de una fachada de una casa] T.V. Aire acondicionado". Todo en tinta roja sobre fondo blanco. ¿La foto de la chica? Es una rubia de pelo lacio, vuelta y mirando por sobre su hombro izquierdo con una sonrisa que está por empezar o está por terminar. El pelo se agita en el aire. Bueno, ¿qué me llama la atención de este volantito?... En primer lugar lo del horario. Como no se dice hasta qué hora, me imagino un tipo que, munido con lo que deba munirse, empieza a esa hora y termina veinticuatro horas después, cuando todo vuelve a estar dispuesto a su "entero placer". La hora parece la de un punto muerto que se hace un punto lleno de vida. Una muerte que se hace nacimiento. Lo otro que me parece significativo son las palabras "tu entero placer". El placer para esta gente no está compartimentado, ¡ojo al gol!. Es una cosa indivisible, única. ¡Ah! Otra cosa, las ventanas de la casita que aparece dibujada tienen rejas. ¿Un anuncio residual de la contemplación de desviaciones o conductas juguetonas del tipo "Yo soy la milica y vos el malandro"?
Tercer ejemplo: Este ejemplo me gusta. Papel blanco con tinta negra. En un cuadrito de tres por tres unas nalgas con una bombacha en parte hecha jirones, transparente en cierto modo. A través de la transparencia, en la unión de las nalgas, entreveo muy dificultosamente algo. Juro que no es un consolador, y eso me desconcierta. No sé por qué pienso en una cajita de chicles. Como sea… Sobre la cintura, a la izquierda, está la parte baja de un tatuaje casi irreconocible. El texto dice así: "LA CLINICA… aquí hacemos tus fantasías realidad only here your fantasies come trae… [luego la dirección] de Lunes a Sábados"… En el ángulo izquierdo y superior hay una cruz médica pero en el mismo negro del resto del volantito. Pasando a la consideración del texto, no puedo dejar de ver algo psicoanalítico, prácticamente freudiano, entre el nombre de la casa y su leyenda (más allá del bilingüismo). Aparte, si consideramos la fotito y dos o tres aspectos psicoanalíticos, esas nalgas son el fin de la angustia de Occidente (o al menos el fin de la angustia judía y burguesa). Ya está más que claro, la fantasía ya deja de serlo, luego no es ni más ni menos que la pura "realidad". ¿Sublimación?... Además, seamos sinceros… hablando de traumas y esas cosas, ¿quién fue el que le reveló a Edipo la fuente de sus pesares y lo trajo a la "realidad"?... ¡Pues el oráculo! ¿Y qué es lo que vemos en la fotografía del volantito! Un oráculo (el tilde no se lo saco a esa palabra porque soy fanático de la ortografía)… En lo que tiene que ver con los días de atención al público, con eso de "de Lunes a Sábados", digamos que en el séptimo día el Señor se tomó un descansito.
Cuarto ejemplo: El cuarto ejemplo lo recibí por partida doble. Papel negro satinado con tinta blanca. En un recuadrito de dos por tres aparecen dos chicas morochas y pelo enrulado, de espaldas, pero un poco dadas vueltas y mirando por encima de sus hombros. Se toman de la mano, las nalgas quedan en un lugar destacado, y a cada una se le ve un seno. La de la izquierda tiene cara de que se va a reír en cualquier momento; la de la derecha tiene una cara como si estuviera diciendo "Ya te dije que la comida estaba pronta. No te voy a llamar de nuevo." El texto dice: "AMIGA’S y algo más… Autorizado por la I.M.M Y M.S.P. … Abierto todos los días de 9 a 1 hs." Después hay otro recuadro más grande con un plano para poder llegar al lugar, luego el teléfono y la dirección y, en letra muy pequeña: "No arrojar en la vía pública". Está bien eso… Bueno, si la leyenda "AMIGA’S y algo más… se refiere a las chicas de la fotografía, es una pura reafirmación que no viene al caso. Parece estar dirigido a alguien más o menos dormido. Por otro lado: lo de "Autorizado por la I.M.M. Y M.S.P." crea una especie de inquietud y suena a pica entre varios comercios del ramo.
Quinto ejemplo: Tinta verde sobre papel blanco. Texto: "Privée… Mes de Promoción… a pasitos de Tres Cruces… Las 24 horas [luego la dirección y el teléfono]". Estos parecen ser los únicos laburantes, están las 24 horas. Casi a todo lo largo del volantito aparece una chica, también en tinta verde, y, como las otras, como todas diría ya a esta altura, vuelta sobre sí misma, mirando por sobre el hombro derecho. La boca parcialmente abierta. Si no fuera verde sería rubia.
Sexto ejemplo: El sexto ejemplo me vino por partida triple, y debe ser otro de los que más me llamó la atención. Letras e imágenes blancas sobre papel negro satinado. Texto: "Disfrutá de lo que más querés. El mejor staff de chicas las 24 hs. Todo el año. … DIVAS… habitaciones con baño privado y aire acondicionado… ABIERTO LAS 24 HS. … NUESTRA PÁGINA WEB: [y la dirección]… [luego la dirección del local y el teléfono]… Local habilitado… Visítanos. Evitate molestias. … [y más chiquito, de costado, sobre el borde izquierdo] Se entrega en mano. No arrojar en la vía pública.". La chica que aparece está recostada "panza abajo", tiene facciones delicadas y orientales, unas flores en el pelo a la altura de la oreja izquierda y ambas manos reunidas bajo el mentón. El texto que anuncia la página web va desde los codos apoyados hasta el final de sus nalgas. La frase que quiero comentar es la que dice: "Visítanos. Evitate molestias." Creo que en ella reside todo el marketing y, por qué no, el proyecto ético de la empresa que brinda ese servicio. Más allá de la alternancia confusa entre el tuteo ("Visítanos") y el voseo ("Evitate") que revisten esas palabras, creo que eso de ir hasta allí para evitarse molestias es el centro duro de la cuestión. ¿Cuáles son esas molestias? ¿Una culpa masturbatoria? ¿Pelos y cayos en las manos? ¿El terrible riesgo de engañar a la mujer con la vecina y de vivir con la permanente acechanza de la verdad? Como sea, DIVAS propone un espacio neutro donde la moral judeo cristiana no entra. Un no-lugar que suprime las diferencias…
Séptimo ejemplo: Esto de que hayan sido siete ejemplos, siete tipos distintos de volantitos es, por lo menos para mí, fruto de un designio que se me escapa… El que tenga ojos que mire. Tinta azul sobre papel blanco. (Me dieron dos volantitos). Texto: "LOBAS… ¡¡¡para tu mejor momento!!!... Te esperamos con las nenas más dulces en el mejor lugar de la city… [y luego la dirección y los dos teléfonos, uno de línea y otro celular]". La chica de la foto cruza la pierna izquierda por sobre la derecha y se lleva ambas manos hacia la cabeza revolviendo allí sus cabellos castaños. Tiene puesto un bikini, y de la parte de abajo cuelgan algunas cadenitas de fantasía. No tengo mucho para decir de este volantito salvo una observación de cómo el habla coloquial masculina al referirse al otro sexo desplaza a veces frases o nociones que en otro contexto sonarían a franca pedofília… ¡Bah! En la poesía amatoria hay otro tanto… Pero lo de "LOBAS", así, en medio de un tránsito, me parecía demasiado. Otra vez la cuestión de los valores y los "contra-valores". Se hacía de noche. Tenía que llegar al Centro Cultural de España. Dante… Dante… Per me si va a la cittá… ¿a la "cittá" qué?...

1 comentario:

ignacio dijo...

Dear Llarvinho:
También anduve por Montevideo y me dieron papelitos, pero me llamó más la atención un loco que caminaba por una cuerda. La soga colgaba laxa entre dos columnas de semáforos situadas a unos cuatro metros una de la otra y, parados los autos por la roja, el tigre arrancó a caminar de ida y vuelta por la propia cuerda floja. ¿Símbolo facilongo del equilibrismo vernáculo? I'm the witness.