sábado, 27 de diciembre de 2008

Verano II (Cervantes)

Estoy también con las "Novelas ejemplares", de Cervantes. Releyendo algunas y leyendo por primera vez otras. Con Cervantes me pasa que debe ser el único dentro de todos los clásicos que me vuelve frenético. Simplemente no puedo jamás dejar de asombrarme del nivel de creación que desplegó en toda su vida. No hablo siquiera de la cantidad que escribió, sino de lo variado de sus argumentos y de las escenas que ha imaginado. En eso está lo prolífico. Pero además en lo apasionantes que se vuelven esas creaciones. ¡Mire que ocurrírsele a un escritor un personaje que de repente se cree que está hecho de vidrio! ¡Vaya! Cosas así, puntos de partida de ese tipo con sus subsiguientes desarrollos son los que me conmueven y me dejan, como ya dije, en un estado de frenesí inigualable. Pensar en Cervantes es pensar en escribir. Como me pasa con otro autor que, más allá de las obvias diferencias, yo junto con Cervantes en las afinidades de mi cabeza lectora: César Aira. A Aira va a haber que leerlo un día como a Cervantes se lo lee hoy en tomos de Aguilar. Yo creo que ahí, cuando se recopile todo Aira, se va a tener la muestra cabal de lo que es su poder de imaginación.
Volviendo a Cervantes, quiero terminar sin embargo este apunte copiando algunas frases que aparecen en el prólogo a las "Novelas ejemplares", y que se me han pegado como un chorro de helado derretido entre las uniones de los dedos:
"Y así te digo (otra vez, lector amable) que destas novelas que te ofrezco en ningún modo podrás hacer pepitoria, porque no tienen pies ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca (...)"
"Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos donde cada uno pueda llegar a entretenerse sin daño de barras; digo, sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan.
Sí, que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean: horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse."


4 comentarios:

Martín Bentancor dijo...

En algún momento, o a través de una larga sucesión de momentos o, tal vez, durante toda su vida como escritor, Cervantes fundó (sin saberlo) la Novela, ese ente casi perfecto que se alza vencedor por sobre el cuento y las demás variantes del género. Pretendidos reseñistas y estudiosos han visto en algunas de las "Novelas ejemplares" a un Cervantes menor, un escritor a desgano y a un conjunto de textos que desfallecen ante su obra mayor. Es que fundar un universo es harto difícil y es, definitivamente, muy fácil hablar desde tierra firme.
Un saludo y buen descanso.

Damián González Bertolino dijo...

¡Gracias, Martín!
Me gustó mucho y estoy completamente de acuerdo con tu frase final. Fundar un universo es harto difícil, y, como decís, el problema está en los que lo juzgan desde tierra firme. Te respondo y/o apoyo con una frase del propio prólogo a las Novelas Ejemplares. Dice Cervantes: "A esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinación, y más que me doy a entender (y es así) que yo soy el primero que he novelado en lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan impresas todas son traducidas de lenguas extranjeras; y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma y van creciendo en los brazos de la estampa."
Un abrazo y feliz año nuevo.

Rubén A. Arribas dijo...

Epa, qué madrileña esa placa de Cervantes, qué familiar me suena.

Por ahora, no puedo con César Aira: dos veces intenté "Congreso de literatura" y dos veces lo abandoné en la página 70. También abandoné "Las curas milagrosas del doctor Aira". Sólo puede terminar "Haikus", que es tamaño miniatura, más acotado en su verborragia.

Sus traducciones están bien. Leí las que hizo de Joseph Campbell y Raymond Chandler para Emecé. Zafan.

Eso sí, lo de elevarlo a la altura de Cervantes... Más bien diría yo que a César Aira habría que aplicarle eso que dice don Quijote de «hay algunos que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos». O si no aquella de «Cada uno mire cómo habla o cómo escribe de las presonas, y no ponga a trochemoche lo primero que se le viene al magín».

Aún no intenté leer "Cómo me hice monja", que es una de sus obras más reputadas; con todo, veo complicado que logre conectar con él... Me molesta tanta metaliteratura y, en términos kafkianos, siento que su discurso no es verdadero, que es pura invención, que sólo intenta ser ingenioso, que no pone el cuerpo en la escritura, cosa que si hace por ejemplo Cervantes.

Un abrazo. Feliz año.

PD: Como suele pasarme, después de dar una opinión algo taxativa como esta, seguro que doy con el libro de Aira que me hace cambiarla. Ya lo verás.

Damián González Bertolino dijo...

Rubén:

Gracias por pasar. Es bueno contarte como lector. Bueno, una lástima que no congeniemos con Aira. Sí comparto contigo lo de la metatextualidad que a veces termina siendo muy artificiosa en Aira, hay libros en los que no puedo con ella. Lo que emparento de Aira con Cervantes es esa capacidad de inventar argumentos que me parece abrumadora. Sí, "Cómo me hice monja" me parece una gran obra, mucho más "La costurera y el viento", y también "Una novela china" y "La liebre" y "La fuente". De repente puede sonar fuerte lo de equiparar su nivel autoral con el de Cervantes, puedo decir por lo menos, que hay cosas de Aira que se me hacen muy cervantinas.
Un abrazo grande y buen 2009 también para vos.