miércoles, 31 de diciembre de 2008

Verano V (Dumplings)

Ayer vi una película que literalmente me afectó. Pero su influencia se dio más allá de determinados logros técnicos, más allá de la temática o más bien la cuestión ética que suscitaba. Lo que me dejó reflexionando hasta la madrugada, lo que me dejó dándome vueltas en la cama pensando en cosas y cosas fue la elaboración del argumento, un argumento que a primera vista parece innovador, pero que si se lo mira entrecerrando los ojos deja aparecer una referencia antigua, anclada en el seno de nuestra cultura.
La película es "Dumplings" (2004), del chino Fruit Chan y trata acerca de una ex actriz y modelo casada con un magnate. Esa es la señora Lee, una mujer que entra en la madurez repudiando lo que el tiempo pueda hacer con su cuerpo, sobre todo porque de fondo están el rechazo y la infidelidad de su marido. Es así que la Sra. Lee busca ser joven de nuevo y contrata los servicios de una mujer que le prepara unos platos con un ingrediente secreto que no falla para mantenerse joven: fetos humanos. Lo repugnante sobrevuela toda la película, pero la historia no se queda en actualizar la repugnancia, lo que habría hecho de la misma un producto más de tantos (por más que ese efecto de lo repugnante aumente hasta el final). Hay otra cosa que viene a ser lo repugnante mayor, algo que está por encima del canibalismo y que tiene que ver con el hombre ignorando su debilidad ante el tiempo, instalándose en un sitio de la experiencia que genera sofocamiento.
Lo primero que me impactó de esta película estuvo en el desarrollo del argumento. El relato no se queda en la resolución convencional, sigue un poco más, y ese es su valor, el valor de la vuelta de tuerca.
Lo segundo también estuvo en el argumento, pero en cómo la forma del mismo disimula un argumento conocido: el del mito del dios Cronos, o al menos un solo episodio de todo el mito, el momento en el que el dios devora a sus hijos, como muchos recordarán que aparece plasmado en la pintura de Goya. La Sra. Lee se traga los dumplings en su carrera por detener el tiempo, porque en el tiempo, en esos niños no nacidos, está el signo de la muerte, lo que está por venir y desplazar a lo anterior; así como para Cronos devorar su descendencia es asegurarse a sí mismo. Y esto me lleva a una de tantas aseveraciones de Borges (ya no sé de dónde, Borges es como una internet en sí mismo), una que sostiene que, al igual que las metáforas, las historias que se pueden contar son siempre las mismas, no pasan de un número acotado de proposiciones. A veces, por más que los estructuralistas, Lévi-Strauss y Joseph Campbell hayan demostrado la validez de esa idea, yo me resisto a pensar que sea del todo así, aunque más no sea para que la imaginación siga ilusa e ingenuamente, pero andando al fin. Me digo: no puede ser que todas las historias sean en el fondo griegas o judías, pero en fin... Lo que me llegó de "Dumplings" tan profundamente es que me hizo olvidar por un buen rato cualquier intención de comparación y posterior constatación. Creo que una buena historia te hace olvidar del modelo original, o lo vuelve parcialmente innecesario, o lo disimula tanto que lo borronea de la memoria arquetípica de cada cual. ¿Por qué di tantas vueltas en la cama como escribí al comienzo? Porque Fruit Chan me pegó directo donde más me dolía, en una parte de mí mismo que está hace días y días escribiendo un cuento largo y que se ha dado cuenta ahora de que esa historia no sólo debe tener otra vuelta de tuerca, sino que se parece mucho a una historia de esas arquetípicas, tanto, que con cada vuelta en la cama pensaba en una variante distinta.
(Una curiosidad: por la web me encontré con que Fruit Chan nació un 15 de abril, igual que yo, igual que Henry James, el patrón de la tuerca.)

6 comentarios:

Ignacio dijo...

La gracia es hacer origami con el papel del arquetipo. Los pliegues son los de cada alma particular.

Leonardo dijo...

Borges hablando de las kennigar, esas metáforas nórdicas...

Telemías dijo...

Creo que dentro del estructuralismo fue Propp el que diseñó esas 31 funciones de los personajes dentro de la trama. Combinatorias de 31 en todas sus variantes daría el resultado de historias posibles, que no es infinito, pero se acerca. Yo, por mi parte, estoy de acuerdo con Ignacio y el origami.
Saludos, D.
gran año!!!

Hebert Zarrizuela dijo...

Damián: muy bueno este texto y también los previos .
Borges cita, para tal caso de temáticas recursivas, a Morris West, quien aseveró la misma idea y habla de "una o dos docenas" de elementos primigenios. Concuerdo con Nacho. Lo interesante de la recursividad -y de esto los griegos supieron basante- es que, al prever la reiteración del esquema, uno puede concentrarse en las variantes personales del autor.

Damián González Bertolino dijo...

PEdro: Es cierto, no me quise saltear la "Morfología del cuento" de Propp, pero estaba cantada. Hay otro libro sobre el tema, de por esos años, que me encanta "La formación de las leyendas", de Albert van Gennep.
Leo y Nacho: that's the way! (ahora, no me acordaba de Borges hablando de Morris West)
Abrazos desde el trigésimo tercer vecindario de San Fernando, en el día en que culmina 2008, tomando café con leche, escribiendo, sintiendo una rama que roza el techo con el viento y escuchando a Ray Charles. Ah! Dense una vueltita, che...

fernanda dijo...

Habrá que ver esa película, me diste ganas... Acá están como locos con el cine chino, pero yo no me he adentrado en esos vecindarios. Borges es un Internet en sí mismo, ja ja. ¡Muy bueno!

Qué lindo lo que dice Ignacio sobre el origanmi y los pliegues...

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