sábado, 10 de enero de 2009

Verano X (intimidad)

Antes que nada creo que es conveniente no matar a las aguavivas.
Iba cruzando unos semáforos por Roosevelt hace un rato, de camino a la compra de un paquete de hamburguesas para la cena, cuando sorprendí la intimidad de alguien. Y ahí me di cuenta de que eso fue lo distintivo hoy: ser sorprendido o ser asediado por las intimidades de los demás. Hace un rato, como decía, fue un hombre, que esperaba ante el semáforo en rojo. Era un obrero que habría estado haciendo horas extras, que volvía agotado en su bicicleta a su hogar. Yo crucé haciendo una U frente a él y de golpe nuestras miradas se tocaron, justo en el instante en el que él se hurgaba la nariz con ferocidad. Hubo algo ahí. De repente mi mirada significaba yo paso casi sobre la medianoche, entre todas estas luces y sombras de la avenida y tú te sacas los mocos como lo podrías hacer en la soledad del descanso en la hora de trabajo o frente al espejo muy temprano en la mañana, pero ahora paso yo y tú no te aguantas y controlas al menos ese placer, el único placer que podrías tener hasta caer rendido en tu casa igual que un animal que se regodea con las primeras mordidas de lo que ha cazado ante la vista de sus competidores. Todo por un par de mocos, me dirán. Está bien. Pero por un momento yo tuve que mirarlo y darle un poco más de conciencia a eso de todos los días. Así que de esa forma te sacas los mocos. No sé nada de tu vida, quizás no te cruce nunca más en el resto de mis días, pero ya sé cómo es que haces con la boca cuando entra el dedo índice. El labio superior se repliega, se tuerce un tanto a la derecha y luego aparecen los dientes de arriba hasta las encías...
Tengo que reconocer que me encanta escuchar conversaciones ajenas. En la playa a veces uno lo hace sin que se lo proponga, las voces llegan solas... Pero también esto ocurre con el uso de los celulares. Así, hoy al mediodía, en la cola para pagar una factura de Antel me entero con el señor que hablaba por celular a mis espaldas que el afiche de la maratón San Fernando, que es auspiciada por Reebok, tiene en realidad la figura de un atleta que está suspendido en medio de una zancada llevando ropa Nike. Pero también me entero de que la última película de vampiros que están dando en un cine de Punta del Este "se puede ver", y que en una óptica de allí mismo están en ofertas los anteojos de sol Nike. Con esto de los celulares me parece que a veces pierdo el interés por lo que pueda sacar de pre-literario (por si se pudiera rescatar algo en cierto modo), ya que no pasa un minuto de escuchar una charla en cualquier lugar público cuando comienzo a sentir vergüenza ajena, como una vergüenza de ser yo mismo el que está hablando por ese teléfono y desnudándose así ante los demás, dándole rienda suelta a las vanidades de curso común... Una chiquilina, a la tarde en la playa, salta jugando con sus amigas y un seno se escapa del corpiño. En cierto modo, más allá de que mis anteojos oscuros pudieran hacerla dudar, sabe que yo tuve que haber visto la escena. Y así fue. Y lo mismo, la sensación bastante duradera de que nadie sino yo había visto eso en toda la playa. ¿Para qué? ¿Para qué soprender de nuevo la intimidad de alguien? Un hecho, una imagen imprecisa que al final se borró igual que las huellas que dejan los que caminan junto al agua. No hay modo. La intimidad de los otros nos llega de una manera u otra, y nosotros mismos dejamos por ahí las marcas de nuestra propia intimidad como huellas dactilares sobre un vidrio empañado. ¿Y qué hacer? ¿Seguir el juego? ¿Superponerlo a otro juego?
A las aguavivas todo esto les interesa un pepino. Y ni siquiera saben lo que es un pepino. Ellas sí que saben lo que es la intimidad. En realidad, si la intimidad está dada por algo con lo que confrontarla o distinguirla, creo que de las aguavivas se puede decir casi-casi que de ellas no emana algo que los demás podríamos reconocer como "intimidad". Ellas son la INTIMIDAD. El aguaviva es un misterio total. Hoy había un hombre sacando del mar con el baldecito de sus hijos un montón de aguavivas del tamaño de una pelota de fútbol. Las dejaba tiradas cerca de la orilla y el sol empezaba su lento trabajo de resecamiento. Tuve ganas de agarrarlas una por una y devolverlas al agua, pero eso iba a traer problemas para los que yo no estaba preparado (entiéndase que el tipo pesaba el doble que yo, por ejemplo). Era lo que hacíamos hace un par de años con Felipe en el muelle de la parada 3. La gente las sacaba y nosotros las llevábamos de nuevo al agua. Un tipo se nos acercó y nos insultó invocando las salud de su hija. Nos hicimos los tontos y seguimos. La cuestión fue que unos minutos después subimos al muelle y observamos la superficie del mar desde allí. Era como ver una nube calada. Cientos, miles de circunferencias blanquecinas flotaban por todas partes. Por eso decía, es conveniente no matarlas. Ni siquiera se justifica desde el punto de vista práctico. Pero el padre-que-demuestra-en-verano-en-el-balneario-que-él-es-el-padre-antipeligro seguía sacándolas, y así vine a ver un prodigio. Uno de esos cangrejos que habitan a veinte o más metros de profundidad en lo más oscuro de la bahía se hamacaba colgando de una de sus pinzas de los tentáculos de un aguaviva. Entonces se formó el gentío, porque es raro ver un cangrejo de esos de La Barra hacia el oeste. Un ser agrisado, pinchudo y chato que no quedaba bien bajo la luz del sol. Pero al final el cangrejo pudo recuperar su libertad. Era algo demasiado extraño, demasiado impropio como para poder contemplarlo por mucho más tiempo. Era algo que quizás no teníamos que haber visto, que había salido de un sitio que no era el nuestro; ni siquiera las patas arquéandose dejaban de transmitir la idea de que aquello no encajaba con nada. Entonces el padre lo puso en el baldecito y lo aventó unos metros más allá. La niña M había mirado todo el tiempo por entre el círculo de piernitas que habían formado todos los otros niños que sí se habían animado a acercársele. Me pregunta por qué los cangrejos tienen "agarraderas" (por las pinzas) y salimos caminando hacia donde tenemos las cosas. Trato de seguir con la lectura pero después un hombre habla con la familia de su hermana sobre los últimos días del divorcio de su última esposa. La llamaba una tarde y ella le decía: "Estoy en el shopping". La llamaba al día siguiente y ella respondía: "Estoy en las uñas". Imitaba la voz chillona de la mujer mientras su hermana y su cuñado y los hijos más grandes lo miraban simular con la mano la forma irrenunciable de un teléfono.

13 comentarios:

fernanda dijo...

Hermoso texto. Y hermoso todo lo de las aguavivas. Me dejó pensando en la initimidad.. tal vez sea, ella también, una nube calada.

Abrazo, f

Damián González Bertolino dijo...

¡Muchas gracias, Fernanda!
Lo de la intimidad como una nube calada... Claro. Después de escribir este texto me puse a pensar en (dormir) que el hecho de escribir en un blog (mi caso al menos) es un ejercicio de entregar permanentemente algo de nuestra intimidad. ¿Por qué? Quizás por el esfuerzo de sacarla un poco de la banalidad en la que las horas la sumergen.
Un abrazo.

Ignacio dijo...

Pensé en contar una historia que me pasó con las medusas, pero decidí dejarla petrificada en la intimidad.

Damián González Bertolino dijo...

¡Epa!, que hoy salimos a dar una vuelta con el Archiduque (en la que casi chocamos con valentín trujillo en una calle perdida, sólo que él iba en auto y nosotros en las bicis) y nos pusimos a hablar de medusas y él me contó que normalmente ha visto cómo estas llevan dentro un cangrejo. Así que nada de prodigio, como digo en el texto. ¿alguien sabe la causa del fenómeno?
Bah! Es medio prodigioso, sí... Un animal como el cangrejo viviendo adentro de otro...

fernanda dijo...

¡Atención! Creo que estamos siendo invadidos...

¿No fue Stapledon quien escribió sobre una civilización muy avanzada en la que unos cangrejos vivían en simbiosis con unos peces o animales acuáticos? ¿Vaticinio? ¿Profecía?

Esta es toda la información que tengo por el momento. Cambio y fuera.

Damián González Bertolino dijo...

mmm... creo que encontré una explicación. Cuando los cangrejos mudan su caparazón o exosqueleto pasan a tener uno nuevo que demora mucho tiempo en endurecerse, lo que los vuelve muy vulnerables. Por lo tanto se refugian dentro de animales como la medusa hasta el momento en que el caparazón tenga la consistencia adecuada.
Si hay alguna réplica, por favor exponerla aquí debajo.
Gracias.

Damián González Bertolino dijo...

¡Ja! Estábamos escribiendo al mismo tiempo, prácticamente.
¿sabés qué? Hoy de tarde estuvimos con el Archiduque en casa y estuvimos hojeando el "Hacedor de estrellas", de Stapledon. Mirá vos, siguen las casualidades.
Y otra cosa, también estuvimos dándole algunas vueltas a "Los primeros hombres en la Luna", de H.G. Wells, y ahora con tu comentario caigo en el recuerdo del final de otra de sus novelas. "La máquina del tiempo". En una prueba temeraria, el viajero del tiempo va hacia el futuro, movido por la curiosidad de saber qué será del planeta en sus últimos momentos. Y junto con el sol desfalleciente, lo que ve son, solamente, enormes, enoooormes cangrejos que habitan la Tierra, como lo único que quedó de todo lo que hubo.
Abrazo.

Cristian dijo...

Hola Damián,

Tengo texto para rato con tu serie Verano. Gracias por el comentario en mi blog. En este momento me disocié de todos los horarios. Iré de a poco retomando el ritmo.

Abrazo

Damián González Bertolino dijo...

Hola, Crisitian. Gracias por pasar. Un abrazo grande.

borrosebi dijo...

me gustó muchisimo el texto! la verdad te felicito. No sé todavía como sacaste una reflexión de la intimidad basada en las aguavivas. mucha materia gris, supongo.
Saludos de otro aficionado a los pájaros.

Damián González Bertolino dijo...

Sebastián:
Muchísimas gracias por tus palabras y bienvenido al blog, de corazón.
Nada de materia gris, por otra parte. Sólo mirar, mirar por ahí.
Un abrazo grande...

Diva dijo...

Muy lindo el texto! ahora me puse apensar sobre la intimidad gracias a él,tiene toda la razón.Desde ahora en adelante hablaré más bajo por teléfono.Saludos

Damián González Bertolino dijo...

Diva: Muchísimas gracias por tu comentario.
Es lindo para uno saber que los textos siguen siendo leídos aún meses después de ser publicados. Un abrazo y bienvenida al blog.
Y no te preocupes por hablar bajo por teléfono. Los escritores tienen sus métodos... jajaja