viernes, 5 de octubre de 2007

1 + 1 = 1 (ó 3)

En el epílogo a sus Obras Completas en colaboración, Borges dice lo siguiente: "El arte de la colaboración literaria es el de (...) lograr que dos sean uno. Si el experimento no marra, ese aristotélico tercer hombre suele diferir de sus componentes, que lo tienen en poco." Hace ya algunos años, cuando empecé a leer ese tomo, caí inmediatamente en la fascinación de esa frase, que se cumple, a mi entender, estrictamente en lo que Borges escribió de ficción junto a Bioy Casares, y no en lo que Borges dictó de ensayístico y sus secretarias le animaron a ordenar, etc. Borges y Bioy (Biorges...) crearon a Honorio Bustos Domecq, el genial y divertidísimo narrador de las investigaciones esencialmente quietas de uno de los grandes de los relatos de misterio policial: Isidro Parodi. Me acuerdo que me mataba de risa leyendo los diálogos de esos cuentos o ciertas descripciones de personajes, y llegaba un momento que me decía que Borges y Bioy, más allá del trabajo que lleva escribir relatos magistrales, debieron de haberse divertido muchísimo, haberse reído hasta las lágrimas. Y así fue: una vez leí en una entrevista a Bioy sobre el final de su vida estas lacónicas y sentidas palabras (más o menos): "Lo extraño. Jugábamos." Por esos tiempos yo conocía muy pocos ejemplos de escritura en colaboración, pocos en cuanto a ficción. Por supuesto que allí estaban las citas liceales de Marx y Engels (bueno, se hicieron su cuentito también, ¿no?...), o Barrán y Nahum, que eran dos, no como Batlle y Ordóñez, pero no contaban como tales. Me acuerdo, por otra parte, de que traté de escribir, quizás en 1996, un relato de fútbol con un amigo de la adolescencia y fue todo un fracaso, una frustración. Así que de chico yo tenía esa idea de querer compartir el acto creativo con alguien. Pero no fue sino hasta llegar a Borges y Bioy que supe que sí, que era posible, que la gente podía divertirse escribiendo de a dos (por supuesto, los ejemplos tienen que ser de verdaderos "monstruos", si no, no son ejemplos). Además, creo que el ejemplo de ambos autores debe ser único a nivel universal en términos literarios. Porque, ¿qué dos grandes, grandes de veras, sumaron esfuerzos, dejaron cosas de lado para producir ficción? Por supuesto que muchos me dirán que varios guionistas de cine trabajan así, pero yo me refiero a escribir cuentos, novelas, porque escribir un guión es un paso previo, se está pensando en otra cosa, no en el guión-en-sí-mismo. En nuestro país conozco el caso de Roberto de las Carreras y Julio Herrera y Reissig, quienes presuntamente empezaron a escribir juntos (¿por qué se dice "a cuatro manos", si cada uno escribe con una?) lo que Herrera y Reissig terminó dando forma y llamando "Tratado de la imbecilidad del país..."; pero tampoco es exactamente ficción. Puede que se me escape algo, pero es muy inusual lo de la colaboración literaria. Por ahí uno encuentra, sobre todo en internet, los llamados "hipertextos", o también novelas de múltiple factura, pero para mí no pasan de experimentos más o menos higiénicos. No noto ciertamente eso de remangarse y meter las manos en el barro y dejar de querer demostrar por unos minutos que uno no es tan, pero tan inteligente como le quiere hacer creer a los demás y que también tiene sus fisuras, sus limitaciones. Escribir en colaboración es deponer los egos, es, como decía Bioy: jugar. No queda otra posibilidad. Y yo lo juzgo una experiencia riquísima. Hace un par de años, le comenté a un amigo mío una idea que se me vino a la cabeza al despertar una mañana. Nos tentamos a escribir un relato largo pseudo-policial metafísico en base a esa idea y cada uno terminó redactando un párrafo. El título de trabajo era "Buscando, buscando, buscando", y de seguro él ni siquiera tiene copia de estos párrafos, los únicos, que transcribo:

"Fue evidente (o razonable) el alboroto producido desde una de las calles del barrio aquella cercana mañana; pues mientras unos pelaban papas y otros aprontaban a sus hijos para ir a la escuela o escuchaban la radio, o daban algún retoque a la limpieza de la casa, todos, sin embargo, cuando desviaron por un segundo la vista a través de las ventanas que daban hacia la calle, adquirieron la transparente certidumbre de que aquel que acababa de pasar en bicicleta por la cuadra no era otro sino Dios.
Los atravesó una comprensión tan inobjetable como la del sol que brillaba, brumoso, abriéndose paso entre la neblina matinal. En bicicleta, plato, cadena, manillar, pedales, y Dios ahí encima, atravesando la mañana. Cuando, tras la esquina de la panadería, Dios se perdió de vista, llegó el miedo. Familias enteras, reunidas a la mesa del desayuno, se quedaron inmóviles y en silencio. ¿Ahora qué?, pensaban todos. No puede ser que Dios aparezca y luego haya que ir a la escuela, al trabajo, a comprar la leche, a dictar clases, a cargar medias reses sobre los hombros cansados, pensó Miguel, que ya estiraba la mano hacia las botas de goma, el delantal de hule blanco, los cuchillos, la cofia, y ordenaba el bolso con prisa porque ya era la hora y el camión no se atrasaba nunca, aunque hoy debería atrasarse, hoy pasó Dios en bicicleta frente a mi casa, dijo Miguel, al menos el camión podría atrasarse."


La cosa no pasó de allí. Pero siempre quedó como una materia pendiente. Hace cosa de un mes, la idea vino de nuevo y comenzamos a barajar distintas posibilidades de argumentos. Al día de hoy, luego de tres o cuatro días de escritura, de mails que van y vienen con borradores, propuestas, cosas que se consideran definitivas o casi, llevamos ya unos dos capítulos redactados casi de forma completa. Y la cosa sigue... El frenesí creativo no para. Anotamos páginas enteras de ideas; en el MSN las posibles salidas a ciertas situaciones hacen chiquitita la barrita de búsqueda al costado derecho del cuadro de diálogo. Ahora... el asunto es que mi amigo decidió permanecer en el anonimato, no quiere saber nada con que se sepa quién es él. Por supuesto que algunos ya lo saben o deben saberlo. Lo que yo puedo decir hasta el momento es que (si bien la responsabilidad aumenta, porque el juez que pesa sobre uno, si uno no escribe, pasa a ser doble) me he divertido y entusiasmado como no pensé que fuera a suceder, incluso en esos instantes espinosos en los que la historia parece estancarse, cosa que ocurre poco. ¿Por qué? Por lo siguiente, por algo que me comentó mi amigo en el MSN ayer:
"Estaba mirando Discovery, un programa especial que se llama 'A prueba de todo'; un tipo se mete en terrenos difíciles y te enseña técnicas de supervivencia, cosas de esas... En un momento, queda colgando de un acantilado, en los Alpes franceses, sujeto sólo por los tiros del paracaídas... Entonces muestra cómo hacer un nudo especial, que es una especie de estribo, es decir, la misma cuerda te da un punto de apoyo, entonces ponés el pie ahí, subís por la piola, hacés otro nudo, y así vas subiendo... Bueno... escribir de a dos se parece a eso... cuando te parece que te quedaste colgando a la buena de Dios, aparece el otro y hace ese nuedo especial... que es un punto de apoyo, todo lo que necesitabas."

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué plaga tu amigo, che, que dé la cara, ¿o se las tira de escritor oculto? ¿Quién se cree que es? ¿Pynchon se cree? ¿Salinger se cree? Dejate de joder, hermano... si no querés dar la cara algo habrás hecho vos, en algo raro andás...

Damián González Bertolino dijo...

Bueno, compañero, bajemos la pelota al piso... The writer is in the making...
Usted aguarde que creo que en una de esas el hombre aparece. Nada más debe estar durmiendo la siesta de su propia timidez... ¿Quién lo sabe?

Ignacio dijo...

ya sé, es Lissardi!

Damián González Bertolino dijo...

¡¡¡Sssshhhhh!!!

Rafael Tortt dijo...

Ufff…me izo pensar tanto este texto que ya estoy sudando…Si la verdad que fue una lectura que a la par se vio acompañada de una reflexión muy compleja. Sentí un sensación rara, que creo debe tener su base en la palabra “experimento”.Me parece divisar en mi cabeza la imagen de dos escritores (en este caso usted y su amigo “X” [aunque ya lo delataron]), con un tubo de ensayos, que toman entre los dos, y le van agregando elementos hasta que está completa la poción o experimento.

Damián González Bertolino dijo...

Bueno, hoy vengo a darme cuenta de que me salteé un ejemplo de escritura en colaboración en nuestras letras. Es el de Mario Delgado Aparaín con el escritor chileno Luis Sepúlveda. El libro es "Los peores cuentos de los hermanos Grimm".