miércoles, 17 de octubre de 2007

Anales de la literatura uruguaya (I)

Una temprana imagen de Ronnie "Chelo" Martinelli (Durazno, 1960-2004), entre la halterofilia y la conversión al eto-ecologismo

Con este texto de hoy se da por inaugurada la serie ANALES DE LA LITERATURA URUGUAYA, un esfuerzo a fondo que trae por detrás el otro esfuerzo, el de varios colaboradores de tartatextual todos desparramados por el país y que no se cansan de buscar y de también encontrar lo que se podría llamar "el otro canon", o sea: esos escritores que han quedado desplazados de la historia de nuestra literatura debido a múltiples factores como la política, el centralismo montevideano o la inteligencia. Porque, ¿cuántos verdaderos valores han quedado al costado del camino sin que los lectores comunes y corrientes los conozcan o sin que los profesores de Literatura puedan poner sobre ellos pruebas sorpresas cuando no tienen ganas de dar clases y así poder entrar con sus celulares a salas de chateo porno para aficionados a los perritos pekineses? Autores de los que el "Diccionario de autores uruguayos" no refleja nada y que es un libro que como hemos visto consiste en realidad en dos tomos de color verde, uno que dice "uno" y el otro que dice "dos"; autores de los que los dos tomos de "Literatura uruguaya contemporánea", dirigidos por Raviolo y Rocca tampoco
dicen nada, porque la colección menciona autores que eran deudores del BPS; autores de los que tampoco dice nada la última edición del "Diccionario de la cultura uruguaya", de Miguel Ángel Campodónico, que es un libro con una tapa espantosa. ¡Sí! ¡Atención estudiantes y amantes de la literatura en general, atención profesores de literatura y empleados del Banco República que escriben después de las cinco de la tarde! Porque ahora llega la Historia de la Literatura Uruguaya a la que nadie le había dado bolilla, y no sólo en la Dictadura... Llegan los ANALES DE LA LITERATURA URUGUAYA, porque no hay mejor literatura que una literatura bastante abierta...


Vida y muerte de Ronnie "Chelo" Martinelli (Durazno, 1960-2004)

"Porque la gente se muere...",
Juan José Morosoli (en una carta a Santiago Dosetti)

Conocido en sus inicios como el "Mario Barakus pelado" de la poesía del sur del Río Negro, Ronnie "Chelo" Martinelli, de padre genovés y de madre judío-polaca hija de etíopes, destacó ya prontamente antes de salir del liceo por dos motivos: el primero fue la publicación de su primer libro de sonetos, titulado: "La pluma, por ser pluma, no es menos pesada ni menos dura; al contrario: es bastante dura", libro que le valió de inmediato el premio de la Asociación de Escritores del Interior al título que repetía más palabras. El segundo motivo de su notoriedad en sus años mozos fue la formidable paliza que le impuso a su profesora de Derecho de 6to año cuando la escuchó decir que Martin Luther King era un "negro mafia y bufarrón", cuestión que se aclaró luego, cuando desde el hospital la profesora, con todas las costillas, menos tres, fisuradas, envió un fax a la dirección liceal aclarando que había dicho en realidad "Don King" y no "Martin Luther King". Todo esto llevó a que un equipo multidisciplinario del Liceo Departamental de Durazno sometiera a Ronnie a diversos estudios, de los que quedó en claro que el joven poeta en realidad sufría de sordera completa en el oído izquierdo, cosa que aclaraba por ejemplo el hecho de por qué Ronnie no entendía nada cuando se sentaba contra la pared derecha del salón, además de su completa negación para la rima asonante. Completamente abatido, en su segundo libro de poemas, "Soy negro, y me la banco de hasta con cuatro", deja un verso memorable sobre este período de su vida: "Adiós oído, adiós a mí, adiós al jazz / Pero me queda, no obstante, / la dicha / de no ser disléxico". Sin embargo, la carrera poética de Ronnie "Chelo" Martinelli, si bien meteórica, se detuvo en ese período, cuando, dicho sea de paso, conoció la halterofilia, que le cambió la vida para siempre. Los años '80 lo vieron compitiendo a nivel nacional, batiendo récords por todas partes y representando al país en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en el año 1984, justamente cuando tiene el famoso accidente que ya lo hará volver a la poesía y los cambios de visión creativa que ya se conocen y se estudian a fondo, por ejemplo, en la "Sociedad Martinelli de Durazno", dirigida por el Coronel (R) Egidio Sasmundi. Famosa fue la noche en que compitiendo por un pasaje a la semi-final de 560 kilos, a Ronnie se le resbalan las pesas y sufre la caída de las mismas sobre su pie derecho. El dolor de la fractura es tan grande que en ese mismo instante, antes de que lo trasladaran al Hospital de Los Ángeles, el deportista y sonetista pierde el conocimiento y tiene una visión que le va a cambiar la vida, pues en medio de una nebulosa de color rosado que salía de un boliche funk de una calle de New York, se encuentra con Rodolfo Tálice, que le encomienda la misión de salvar a los jóvenes y al mundo a través de su poesía. Una vez recuperado y vuelto a su país, Ronnie publica ininterrumpidamente, ya habiendo abandonado la práctica activa de la halterofilia, una serie de libros entre lo místico y lo eto-ecologista, en consonancia con los libros que Tálice iba sacando por esos años. El culto naciente a la Naturaleza tuvo muchas repercusiones nuevas en su vida, como por ejemplo irse a vivir a un bosque nativo luego del resonado escándalo en el que una prostituta en un pasquín duraznense lo acusaba de tener los testículos "chiquitos y arrugados como nueces" luego de un presunto abuso con hormonas durante casi una década; así como su adaptación libre y teatral de "Hojas de hierba", de Walt Whitman, en la que Ronnie recitaba su traducción libre de los versos de "Canto a mí mismo" mientras en escena la mitad más uno de los ediles de la Junta Departamental se fumaban un porro de 62 kilos armado para la ocasión. De ahí nace la pronta y fructífera relación entre Ronnie y el actual intendente de Durazno: Vidalín. Y es de Ronnie justamente la idea de crear el Pilsen Rock, para que los jóvenes de todo el país recorrieran la verde patria en procura de la música. Ignacio Fernández de Palleja, cubriendo el primero de estos festivales (casualmente el único que llegó a ver Ronnie en vida) para la revista ISCARIOTE de Maldonado, llegó a entrevistar al poeta: "¿Cree que el rock y la poesía todavía pueden hacer una mezcla tan potente como la de hace cuarenta años?", preguntaba Fernández de Palleja; a lo que Ronnie contestaba: "Mirá, pelado, no te me hagás el loco porque te levanto para arriba". Lamentablemente Ronnie no vivió muchas horas más, ya que un inadaptado que había llegado de Montevideo, luego de vaciarse un litro entero de cerveza de un trago, arroja la botella hacia atrás; botella que entra de una en la jeta de Ronnie, que se disponía en ese preciso instante a recitar uno de sus últimos sonetos del libro "Ehhh... Todo bien...", un soneto que en definitiva terminaría siendo musicalizado por No te va gustar en su disco homenaje. El pico de la botella al final se incrusta a través de la garganta del poeta en la columna vertebral. Ronnie "Chelo" Martinelli muere luego de agonizar algunos minutos. Al morir va directamente al Infierno, donde justo se estaba armando un partido de fútbol para probar un nuevo modelo de pelota con la forma de la cabeza de Eduardo Galeano. Pero Ronnie tiene la mala suerte de pararse en el área rival y hacerle sin querer un gol de cabeza por los caños al demonio que atajaba para el cuadro del Tercer Círculo, que era nada menos que el hijo preferido del Diablo, hijo que había tenido con Delmira Agustini. La humillación del hijo es tan grande que le pide al padre que haga algo. Entonces el Diablo devuelve a Ronnie a la Tierra, reencarnado en un profesor de taller literario de Minas, taller literario que era sólo para maestras jubiladas y que pesaran más de 160 kilos.

5 comentarios:

Diegzor dijo...

Triste final de tan eximio poeta. Nos queda el consuelo de su reencarnacion, en la esperanza de que vuelva a deleitarnos con tan hermosos versos.

Saludos!

Damián González Bertolino dijo...

Estimado Diegzor:

En efecto, como decís, nos queda esa breve chance de reencontrarnos con él en alguna que otra edición de ultratumba. Pero los servicios que está haciendo en ese taller literario, según me han informado, no han sido pocos. Las maestras jubiladas del futuro pondrán su huevito.
Abrazo.

Hebert Zarrizuela dijo...

Damián:

Dice Hebert que te pasaste con el texto. Y yo digo lo mismo (también dice que no te vayas a olvidar de visitar su blog (hay textos nuevos)).
Ahora disculpameque me vaya; Hebert y yo queremos hacer la primera fogata hecha con leña de "bonsái". ¡Ya nos verás en el Guinness!
L.

Ignacio dijo...

Vasil lo conoció antes que yo, ya que el morenazo se paseaba blandiendo su boa garciamarquesca por el "Dancing Pamelita"

debrisking dijo...

Es increíble... uno pone "poesía" y "bufarrón" en el Google y me sale este blog... del Damián González!!! Tremendo lo tuyo pibe... muy buen artículo que encontré de casualidad, pero me alegro mucho por este emprendimiento, más que interesante... prometo pegarle una visita próximamente.

Abrazo,

Daniel Alessandrini (el Depa en el corazón!)

PD: mejor ni preguntes por qué estaba buscando justo estas dos palabras...