sábado, 27 de octubre de 2007

¿Novísimos nuevos?

Leonardo Cabrera, por Larry (Alfonso Larrea)

Ayer a la tarde escuché una entrevista a Juan Rodríguez Laureano (Melo, 1980), Leonardo Cabrera (San José, 1978) y Pedro Peña (San José, 1975) en AM 1050 SODRE. El programa se transmitió desde la Feria del Libro de San José y, por lo que pude notar, al aire libre. Me gustó mucho, aunque me quedé con ganas de escuchar mucho más, porque al ser tres los entrevistados, y con el grado de locuacidad que tenían, el tiempo fue muy poco.
De inmediato los conductores, Alfredo Fonticelli y Pablo Silva Olazábal, destacaron el aspecto juvenil de los escritores, digamos que entre los 25 y los 30 años. Incluso en un momento, no sé si en serio o en broma (¡bah!, creo que en broma), Peña habló de "generación 2007" (¿porque en este año se hizo un programa sobre escritores jóvenes?). Como sea, lo cierto es que en el fondo me pareció un programa muy importante y por eso lo grabé. Creo que pudieron verse, siempre dirigidos por lo conductores en sus preguntas, algunos aspectos básicos de interés entre los entrevistados. Por ejemplo el tema, quizás puesto sobre la mesa por Leonardo Cabrera, de la relación entre la juventud y el impulso creativo, los orígenes de un narrador, y por qué se empieza antes con los relatos breves que con la novela. También el tema de los micro-cuentos (tan alentados desde las páginas de la revista La Letra Breve)... Pero algo que me pareció importante y que se rozó apenas fue la relación entre los narradores jóvenes y el mercado; por ahí fue Pedro Peña el que puso un énfasis, algo agregó Rodríguez Laureano y después Cabrera pasó a hablar de "una ética del narrar". Si se quería dar una idea de corte generacional, creo que también los entrevistados con sus respuestas dieron una idea cabal de diferencias precisas, de puntos de partida diversos, de disimilitudes dentro de ciertas supuestas similitudes. Creo que algo de eso se nota cuando hablan de sus relatos favoritos. Va ahora la transcripción de algunos pasajes...
Cabrera: Cuando uno es joven no tiene idea del largo aliento, digamos, ni tampoco un conocimiento y una experiencia de determinadas cosas que exigirían el envase de una novela, que exigirían desenvolverse de otra manera y con otra complejidad. Sin embargo, una idea que puede ser más o menos modesta, o un par de ideas se pueden articular en un cuento que tal vez no ocupe más de diez páginas con un éxito...
Fonticelli: ¿Ninguno de los tres arranca a escribir sin saber para dónde va?
Peña: Yo sí, dos por tres arranco a escribir sin saber adónde voy. Últimamente por ejemplo empecé a escribir una cuestión que tenía que ver más con el realismo y resulta que uno de los personajes, de tanto no saber adónde voy, se me terminó convirtiendo en un hombre-lobo, no sé, de buenas a primeras...
Fonticelli: Abandonando el realismo...
Peña: Sí, claro... Era... una especie de estudiante...
Cabrera: ¡Es un hombre-lobo realista!...
Fonticelli: ¡Ah, bien!...
Peña: Me parece que en determinado momento, si bien me ha pasado de todo, de repente una idea de un final te lleva a elaborar un cuento más logrado donde vos podés divertirte en la escritura. Si no, de lo contrario, sufrís mucho, porque tenés una idea o un personaje o una serie de cuestiones filosóficas que vos querés desarrollar y de repente eso se te trastoca, o va y viene... en el camino leíste algo que te motivó a hacer tal cosa o escuchaste una canción o te pasó algo en la vida cotidiana que influyó en la forma en la que vos estás escribiendo y el que paga el pato es...
Fonticelli: El lector...
Peña: No... y el cuento que estás haciendo...
Fonticelli: Juan, ¿cómo es tu vínculo con eso de escribir un cuento? ¿Sos de armar una idea, sos de arrancar y de ir retocando, cuál es tu camino?
Rodríguez Laureano: Me molestan algunas ideas a veces... La idea está ahí, y llevarla a un cuento, llevarla a un desarrollo es lo más difícil porque a veces ni siquiera tenés el desarrollo... Me pasó con este cuento del "Paco Espícola" [se refiere al cuento "La forma del Infierno", con el que ganó el reciente Primer Premio Paco Espínola de relatos breves], o sea la idea era en una nada de tiempo una secuencia de sufrimientos infernales para cualquier tipo...Escribirlo fue lo más difícil: soportar la idea hasta que estuviese el cuento terminado. Eso fue lo más difícil.
Silva Olazábal: Con respecto al cuento, Pedro Peña decía que él iba escribiendo y que iba cambiando, pero al final,cuando se termina el cuento, ¿ustedes creen la idea de que un cuento apunta a un solo lado, apunta al final como una flecha?
Peña: Bueno, a mí sí me gustaría que apuntara para el lado que yo quiero... El tema es que está el viento, la pericia del arquero, hay una serie de cosas que trastocan el lugar y el objetivo. Cuando tengo un objetivo claro a veces le erro. Hay una serie de cosas que se atraviesan en el medio, como te decía... Pero cuando le das, cuando ves que te quedó y le das al objetivo, empieza una satisfacción muy grande, tanto que te cuesta mucho volver a ese cuento porque no lo querés retocar en un principio, entonces lo que está bueno hacer, lo que yo he aprendido a hacer, un poco conversando con algunos, con Leonardo, por ejemplo, como con algunas otras personas cercanas a mí en el plano literario, es dejar las cosas dormitar un rato y después volver a ellas a ver qué tal, y resulta que después a los dos o tres meses "el gran cuento que llegó al objetivo" se deshace, se deshace un poco. Más si tenemos la constancia de ser autocríticos, que me parece que es lo que el lector se merece.
Cabrera: Yo creo que sí, que el cuento persigue un efecto, por lo menos el cuento como lo concibo yo. El tema es que, por ejemplo, cuando empecé escribiendo cuentos era extremadamente efectista. Perseguía un efecto... aunque la metáfora del box de Cortázar está extremadamente utilizada, la de que el cuento gana por knock-out y la novela te gana por puntos, creo que así, no porque sea muy utlizada y se haya repetido tanto, ha perdido verdad. A mí me pasa que considero que tiene que cumplir un efecto. Porque en ese tiempo la intensidad y el vértigo del cuento es lo que para mí le da la fuerza.Por eso el cuento hay que trabajarlo tanto como si fuera un mecanismo de relojería. El que lee un cuento tiene que decir: "Bueno, pero acá todo tiene que estar en un lugar por algo".
Fonticelli: ¿Un ejemplo de cuento?
Cabrera: "Por un bistec", de Jack London. Es uno de los mejores cuentos que he leído. Yo lo estaba leyendo, me acuerdo, en un verano, una noche en Atlántida, sentado en la playa mientras mis amigos revoloteaban, y yo decía: "No... Que no pierda, por favor... Que no vaya a perder este hombre". Y llega un punto en el que me digo: "Va a perder. Va a perder". Y perdió nomás.
Rodríguez Laureano: Un relato un poco más largo que un cuento: "Bartleby, el escribiente", de Melville... "Bartleby...". El personaje es lo menos efectista posible, es la negación total de las cosas. El cuento termina como un puch, pero la historia de Bartleby es justamente la más perfecta historia del anti-héroe. Todo el cuento es la relación que se establece por la falta de voluntad de Bartleby en sus acciones, en su cabeza y en la ignorancia del otro personaje de lo que le está pasando al tipo que tiene al lado, hacen que el personaje del cuento no sea ninguno de los dos sino la relación establecida, la relación vaga que al final tienen...
Silva Olazábal: Pedro Peña: ¿un cuento?
Peña: ¿Tres cuentos dijeron que se podía decir? (Risas)
Fonticelli: Vamos a ver si lo dejamos...
Peña: Uno es "Luvina", de Rulfo, que me parece un cuento notable... Después, hay un cuento que me impacta siempre que lo leo, que es "La tercera expedición", de Ray Bradbury, incluso me emociona y me hace llorar en algunas partes. Y el otro que siempre me gusta recomendar es "María del Carmen", de Paco Espínola, que ya que estamos en la tierra de Paco, "María del Carmen" es un de esos cuentos perfectos, donde además hay un gran papel del humor metido en toda esa situación morbosa de un casamiento entre una muerta y un pretendiente que la ha dejado embarazada.
Fonticelli: Pedro... Ustedes cuando hacían La Letra Breve, ¿alguna vez recibieron mini cuentos, micro relatos? ¿Qué opinan de ese género?
Peña: Recibimos. Más que nada el que los recibía era Leonardo, que era el que se encargaba de esa parte. Eran a mi entender un gran aporte a la revista. Eran como perlas que nosotros poníamos en el medio de las páginas, sobre todo siguiendo los criterios de edición de Leonardo que tenían que ver con facilitar la lectura de la revista, como una especie de descanso tras el artículo largo o el cuento largo. Sería injusto no mencionar también cuentos que he leído recientemente, inéditos, que salieron en la revista o de gente conectada con la revista. Por ahí hay un cuento que se llama "Matrimonio", de Damián González Bertolino, que es muy bueno y que es un cuento que está inédito, y en la revista no dio el tiempo para publicarlo porque la cerramos antes. Y por ahí otro cuento de un amigo de Leonardo, de Minas... Es un cuento que se llama "El tala de los angelitos", de Leonardo de León.
Cabrera: A mí el micro cuento me gusta mucho. Yo recuerdo que cuando empezamos a sacar micro cuentos en la revista algunas profesoras de literatura de acá los utilizaban en las clases y analizaban los micro cuentos y alentaban a escribirlos y a diferenciar que no era una adivinanza, no era que algo se escondía, era una historia a la que le faltaban partes y que estimulaba y que era más lo que no se decía que lo que se decía.
Rodríguez Laureano: Es difícil la diferencia me parece entre el micro relato y la poesía que hacen algunos relatos. Por ejemplo en Pizarnik. Hay cosas de Pizarnik que me parece mucho de los micro relatos: la presencia de lo ausente. Y eso es quizás la esencia del micro relato. En un micro relatos qué entrarán. ¿Dieciséis palabras, veinte palabras? No mucho más... Con veinte palabras encarar una situación, desarrollarla y terminarla es muy difícil. Entonces lo que me parece es que el micro relato lo que tiene que ser es un paréntesis.
(...)
Silva Olazábal: ¿Cómo ven ustedes el futuro o el presente en este momento en que la industria editorial casi que no publica cuentos?
Peña: Eso tiene que ver con difusión... Yo la verdad que reniego del cuento ahora mismo, quiero escribir una novela, en lo posible que se trate de la dictadura o que tenga que ver con alguna figura histórica del pasado, y voy a ver si me dedico a eso a ver si puedo hacer plata, porque escribir cuentos de ciencia-ficción me parece que en ningún momento me va a dejar. No, en serio... Creo que el ambiente editorial uruguayo casi que es pésimo con el tema de los cuentos. Quisiera pensar que el último libro de Ricardo Prieto es de cuentos. No lo tengo muy claro. El otro día estuvo en la Feria y habló un poco de ese tema. Pero se editan muy pocos. Los escribimos cuentos estamos casi que ninguneados. Hay una literatura que transita por lugares muy comunes. Y bueno, apelamos al morbo y a la figura conocida y escribimos algo como lo de Paco [Casal]. De todas formas, lo que a mí parece plantear es que es difícil, es raro que salgan cuentos, porque se aspira a otra cosa. Los libros más vendidos son de cocina o tienen que ver con esta especie de fenómeno de investigar una personalidad. Los formalistas rusos que hablan de la literariedad como designadora de la obra de arte literaria se arrancarían los pelos.
Rodríguez Laureano: Pensar en el cuento y en la venta masiva, por lo menos acá en Uruguay, es estar un tanto errado. Después buscar sus motivos, te lleva a una conclusión fácil: se edita poco. A todo el mundo cuando llega a una editorial [le dicen]: "No, cuentos no. Pensá mejor en una novela, o pensá mejor en un ensayo. Eso es lo que más se vende". El último libro de Ricardo Prieto es de cuentos... Hay pocos escritores que como Ricardo Prieto se hayan empecinado en editar libros de cuentos, que no son escritores que vendan muchísimo. Pero yo no recuerdo a cuentistas uruguayos que no hayan logrado una venta que no sea por los canales del boca a a boca o la del librero que leyó y que le gustó. Los canales de difusión de los cuentistas están cerrados, o por lo menos no están visibles.
Cabrera: El tema ahí está en la responsabilidad ética del creador, en ese empecinamiento del que hablaba Juan recién. Ese empecinamiento tiene que existir, porque no puede ser que el mercado a mí me marque qué es lo que yo tengo que hacer. Si yo voy a una editorial y me dicen "Escribite una novela", yo les voy a decir: "Yo voy a escribir una novela si me surge". El punto es que yo quiero ser leído por mis lectores. Pero bueno, habrá que seguir contra la pared. Habrá que esperar que surjan otras revistas como la que teníamos nosotros, y que de repente vuelve.
Peña: A ver, vamos a aclarar un tema. Yo soy crítico con el tema literario y con el tema editorial. Pero también no está en que sea una novela de dictadura... La literatura es buena o mala. No hay otra cosa. Así como hay novelas históricas como "¡Bernabé, Bernabé!", que es notable, me imagino que debe haber otras que no lo son tanto. El tema no es atacar el género, sino atacar cuando alguien persigue el éxito después de que uno lo colocó como arquetipo, y cuando aparece una novela histórica que logró un éxito determinado y después viene atrás alguien esperando el éxito y pensando con una mente comercial dice: "Voy a repetir esta fórmula". Eso es lo que yo critico. Yo tengo por ejemplo ahora las memoria de Damiani, una cosa así, después del éxito de Paco... de Paco Casal estoy hablando... Discriminar es muy bueno también, es saber qué es bueno y qué es malo, qué literatura de la dictuadura es muy buena, "El furgón de los locos", se me ocurre, y qué literatura es más advenediza. Ese es el tema.

4 comentarios:

Ignacio dijo...

jugoso

Rafael Tortt dijo...

Bueno…coincido en muchas cosas de las que se plantean. Sin embargo no en todas; creo que sería demasiado dogmático si lo hiciera. Es muy interesante todo lo que se dice y creo que usted no es el único que se quedo con las ganas de seguir escuchando. Con el tema “cuento vs novela”, la realidad es esa. En mi caso por ejemplo, me atrae mucho más un novela que un cuento(o un libro de cuentos).Lo único que puedo decir es mi opinión porque no se en realidad cuál es la causa de que pase eso. Creo que es como si tuviéramos una torta y si leemos un cuento nos la comemos en unos minutos, sentimos un placer muy grande, pero que dura poco. En cambio con una novela vamos comiendo un trazo cada día. El placer es más duradero. Si bien es necesario tener ciertos conocimientos para escribir una novela está bien claro que “no es para cualquiera”(por lo menos una novela que valga la pena leer),creo que lo que mas interesa no es una experiencia teórica, o sea sobre conocimientos literarios, sino de las ideas que necesitamos para una obra de este tipo. A continuación dejo planteadas algunas preguntas, de las cuales no solicito respuesta : ¿Que el cuento sea menos extenso que la novela lo hace mas fácil de escribir?¿El cuento siempre deja plasmado en el lector lo que el escritor quiso?¿Y la novela?¿En todos los casos lo escritores colocan los “objetos” en un cuento o novela intencionalmente?, ¿O algunos están por “accidente”?.

Damián González Bertolino dijo...

Gracias por el comentario, Rafael.
En realidad, a mí el tema de qué es más difícil, si escribir un cuento o una novela, no me quita el sueño. En mi caso, sí me parece más desafiante el arte de la novela. Pero es una sensación personal.En cambio, pasando a otro aspecto que señala tu comentario, me pareció lindísima y valiosa la imagen de la torta que utilizaste para hablar de la lectura de libros de cuentos o novelas. Creo que hay algo de eso.

Leonardo dijo...

La diferencia entre la novela y el cuento no es tan grande como parece. En el fondo, todo parecería estar limitado a la necesidad del creador, es decir, a ese pulso que lo lleva a escribir, y muchas veces, es el mismo pulso que el trae consigo la forma que habrá de sustentarlo. Hay ideas que pueden ser grandes cuentos, pero pésimas novelas... y viceversa. Pretender forzar la forma innata de una idea puede significar echarla a perder.
Respecto a lo que a cada uno pueda gustarle más, ahí ya no hay discusión posible... pretender entrar en el terreno de si ha de gustarnos más el cuento, como género, que la novela, o a la inversa, no tiene mucho sentido. Que cada quien escriba lo que sienta, y que cada cual lea lo que más placer le provoque.