martes, 2 de octubre de 2007

Cansado y feliz (¡aguante la ficción!)



Es de noche. Me recuesto en el sillón. Se me pierde la cara en la oscuridad. Tengo que dormir más. No quiero, no puedo. Aparece mi hermano con la cámara de fotos. Me solicita unas morisquetas... ¡Pero cómo no! Se hace de todo... Pidan lo que quieran...
Recuerdo que hace unas semanas estuve cenando con algunos escritores nacionales luego de las actividades del reciente 2do Encuentro de Escrituras aquí en Maldonado y que en determinado instante surgió una especie de controversia amigable entre dos narradores que tenía frente a mí en la mesa en que me había sentado y yo, que estaba hojeando un libro de poemas de Washington Cucurto. Uno de los escritores, el que tenía en frente, lo supe después cuando tuve que levantarme para cederle el paso a alguien más, se pasó toda la noche sentado sobre un ejemplar de la última edición de su último libro. Yo no sabía qué conclusión sacar. Luego, cuando salí del restorán, supuse que eso tenía que ver con los famosos derechos de autor. El otro escritor, el que tenía a mi izquierda tenía más o menos la misma edad del otro. Digamos que cualquiera de los dos habría vivido unas tres o cuatro décadas más que yo. No sé por qué en determinado momento yo me vi hablando de "Mientras escribo", de Stephen King y de una idea o una frase muy linda que hay en sus páginas. La idea es más o menos lo siguiente: si uno considera que escribir es una de las cosas más hermosas que le pueden pasar en la vida, ¿por qué no ha de hacerlo todo el tiempo que pueda? Las respuestas que se pueden anteponer fácilmente son las siguientes: a) porque uno puede tener que trabajar para comer, b) porque uno puede tener familia, c) porque no se trata de cortar carne y hacer chorizos (¿es así el dicho?), d) etcétera. Incluso recuerdo que uno de los escritores, el que estaba a mi izquierda, me dijo esto: "Es que escribir todo el tiempo, forzándose a hacerlo, suena a trabajo de oficinista". Yo le recordé a Balzac, caminando como loco por llegar a su casa y sentarse a escribir o redactándole cartas a sus amantes para que lo disculparan si no lo veían por un tiempo. Las frases subieron por el aire y se hicieron humo contra el techo. Por ninguna parte encontré eco. Me pareció que me miraban como si yo viera la escritura como algo frívolo, fácil. Aunque lo cierto es que me revienta bastante ese rollo del escritor sufrido y trabajoso, no creo en absoluto que la escritura sea una actividad fácil, porque bien difícil que es... pero, si uno halla placer en eso, ¿por qué no generar todas las instancias posibles para el placer? Creo que entre esos dos escritores no llegaban a diez libros escritos o publicados. Ahora pienso que si yo me muero y dejo diez libros publicados, entonces sí, me muero de vuelta.... Y me viene a la mente otra frase, pero que se dijo en el contexto del anterior Encuentro de Escrituras, en setiembre de 2006. Yo había invitado a Pedro Peña a mi liceo para que charlara un poco con mis alumnos. Pedro había ganado el Banda Oriental hacía escasos dos o tres meses. En un momento, en medio de un mar de alumnos que escuchaban con un silencio conmovedor, un chico levantó la mano y le hizo a Pedro una pregunta que al principio puede sonar ingenua. "¿Qué siente al escribir"? Pedro dijo algo así como que le pareció una buena pregunta y después contestó que para él la vida es como si comiera arroz blanco, pero que si un día en particular escribía, entonces era como si a ese arroz blanco le agregara algo. Yo me mordía los labios. Creo que no se notó. Me pareció una frase preciosa. Me hubiera dejado arrancar dos o tres mechones de pelo por que fuera mía, en serio. Y la verdad es que yo siento lo mismo. Cuando termino de escribir al menos unas pocas líneas por día, siento que camino unos centímetros por sobre el piso, que solamente hay muy pocas cosas que me pueden "tocar" a partir de ese segundo en que pongo el último punto del día. Es que es así. A veces siento que se me vienen tantas historias arriba que no doy abasto para poder escribirlas. Hace varios meses Valentín me dijo que el día que termine todo lo que tengo a medias o a punto de terminar, va a ser como un grano que reviente, o algo así. La semana pasada, por ejemplo, terminé de retocar finalmente la novela breve que empecé a escribir antes de mi convalecencia con el dedo gordo del pie derecho quebrado. Por aquí en el blog la he titulado "Papá es un tipo bastante mentiroso". Es probable que antes de que el año termine esté publicada. La cuestión es que en estos días, más precisamente ayer, cumplí la promesa de comenzar a escribir una novela con un amigo. Y para un par de días trabajamos bien y bastante. Escribimos un primer capítulo que en líneas generales nos dejó bastante conformes. Y eso me hace feliz. No tenía previsto empezar a escribir eso en estos días, días en los que estoy bastante sobreexigido laboralmente con una suplencia que me hace duplicar mi horario habitual de trabajo, a lo que hay que sumarle un nuevo trabajo en el que me contratan para escribir algunas notas breves de forma mensual. Llego a casa, me hago el café con leche y las tostadas y me tumbo en el sillón mirando el techo. Entonces me digo: "¿por qué no?"... y voy hacia el teclado... Y cuando me acuesto duermo profundamente (si no tengo que anotar algo nuevo en una libretita verde que hay al lado de la mesa de luz). A lo que voy es que yo no sé si es necesario que el escritor, quien escribe, llámese como se llame, deba disponer de todo el tiempo libre posible para lograr su obra. A mí, por ejemplo, no me ha dado buenos resultados. Creo que los mejores períodos creativos llegan cuando uno está haciendo funcionar la cabeza en varios canales. El escritor debe ser como un impostor o un adúltero, escribió o dijo en algún lugar William Faulkner. Si no, ¿cómo hacen esos tipos que falsifican dinero o esos que llevan una familia paralela sin que nadie note nada, ni un movimiento de pestaña que denuncie la otra realidad? El escritor debe ser así, el tipo que le robe minutos a la vida y, de última, a la muerte. Estoy agotado, pero estoy feliz. Estoy escribiendo. Como decimos con mi amigo, con el que escribo la nueva novela: "¡Aguante la ficción!"... (Más datos en breve... Debo consultar con la otra parte interesada...).

4 comentarios:

Ignacio dijo...

se suscribe teoría de adulterio, se pregunta qué mierda le encajaba al arroz, ya que parece que más que arrancarte mechones has arrancado algún condimento

Rafael Tortt dijo...

Damián: Bueno no me creo con demasiada autoridad como para opinar mucho en el tema. Cuando digo autoridad me refiero a saber, a conocer. Simplemente voy a decir que coincido con usted, cuando se refiere a que escribir es muy “bueno” y “satisfactorio”. Por otra parte leer es genial ¿No? .Entonces escribir es aun mejor o por lo menos igual de interesante. ¿Y eso por qué? .Porque cuando escribimos somos lectores (de nosotros mismo pero lectores en fin).

Damián González Bertolino dijo...

Perdón, Ignacio... Arreglé el post. Lo que faltaba decir de lo que Pedro le agragaba al arroz era simplemente "algo"... meté dentro de la palabra "algo" lo que se te ocurra de rico, salsa de ostras o curry de bergamotas, por ejemplo...
Rafael: Y sí, escribir me parece algo precioso, que me entretiene y me da vida... Ahora, por ahí andan algunas teorías (Sabato, etc.) sobre que escribir es echar las tripas para afuera y sentir permanentemente el dolor de hacerlo. No suscribo esa opción. Aunque también debo reconocer que algunas personas no la pasaron nada bien en la vida, y que el hecho de escribir se les hizo, necesaria y dolorosamente, la única opción posible para poder enfrentar al señor mundo.
Abrazos múltiples.

Anónimo dijo...

Este pibe come chorizos...está loco.