miércoles, 26 de noviembre de 2008

Comedia divina (II)


Mientras terminaba de leer "El lamento de Portnoy", de Philip Roth, me encontré con un fragmento en el que se habla del humor entre los judíos, tema que toqué en una entrada anterior. Publico el pasaje entero, por lo tanto, como complemento no sólo de la entrada referida, sino de los comentarios que algunos lectores dejaron.

"-¡La forma en que desapruebas tu vida! ¿Por qué haces eso? No le sirve de nada a un hombre desaprobar su vida como lo haces tú. Pareces experimentar cierto placer, encontrar cierto orgullo, convirtiéndote a ti mismo en blanco de tu peculiar sentido del humor. No creo que quieras realmente mejorar tu vida. Todo lo que dices está siempre retorcido, de una manera u otra, para que resulte 'divertido'. Todo el día lo mismo. En un sentido o en otro, todo es irónico, o autodepreciador. ¿Autodepreciador?
-Autodeprecador.
-¡Exactamente! Y eres un hombre muy inteligente, eso es lo que lo hace aún más desagradable. ¡La aportación que tú podías hacer!¡Esa estúpida autodeprecación! ¡Qué desagradable!
-Oh, no sé -dije -, la autodeprecación es, después de todo, una forma clásica de humor judío.
-¡Humor judío, no! ¡Humor de ghetto!
Le aseguro que no había mucho amor en aquella observación. Para el amanecer, se me había hecho comprender que yo era el epítome de lo más vergonzoso que existía en 'la cultura de la Diáspora'. Aquellos siglos y siglos de apatridia habían producido hombres tan desagradables como yo, aterrorizados, defensivos, afeminados y corrompidos por la vida en el mundo gentil".


2 comentarios:

Ignacio dijo...

El humor del diferente. Probablemente algo parecido a lo que le pasa a todo aquél que en su niñez pasó más tiempo en su cuarto con Julio Verne que en la calle con sus coetáneos. En este caso, más tiempo con la Torá y el violín que con los alemanes, los polacos, los rusos.
Tal vez lo que le pase al personaje es que se pasó de rosca, no logró el equilibrio, el más preciado de los dones. El menos publicitado.

SDVB dijo...

Esta entrada me saca la lengua, y yo quiero más ese libro.

Saludos