domingo, 2 de noviembre de 2008

From a Plymouth '57


Tengo una fotografía de un Plymouth modelo 57 en el escritorio de mi computadora. Está destartalado, realmente en un estado pésimo. Detrás de él, entre varios arbustos y árboles, se ven otros parecidos. No sé qué modelos son. Pero el que está en primer plano es un Plymouth '57. Creo que la imagen, al menos así parece, está tomada de algún bosque del sur de Estados Unidos. Ese Sur sí que existe, sí que logró existir. No puedo sacar la fotografía del escritorio. Significa un pacto con un amigo, un pacto que incluye poder llevar adelante una historia en su fase decisiva a como dé lugar, contra todo y contra todos. Y así es... Pienso en el tiempo robado... Fernanda Trías me dijo que en el sueño que titulé acá en el blog como "Pájaros de fuego" la gente que hace los trabajos al lado de la calle a esa hora de la madrugada, toda esa gente, así, soy yo. Me sacudió por completo esa lectura, porque tiene razón... Es de noche, es más de la medianoche... En cinco o seis horas me tengo que levantar para irme al liceo... En un cuaderno verde, sin que nadie se dé cuenta, escribo un poquito más de la historia... En un momento abro los ojos y releo una frase y no entiendo absolutamente nada del sentido que pueda llegar a tener... Un poco después me quedo dormido y veo un auto que se sale de una ruta y comienza a caer... Me despierto y anoto... Mi amigo me dice: si pasa cierta cosa tenemos que comprarnos un Plymouth, un Plymouth Savoy... Me acuerdo del sábado pasado, pasando en bici por la ruta 9, por un cementerio o algo así de autos clásicos... Todas las historias que contienen esas carcazas, las situaciones que habrán cubierto, el aire de otro país que les pasó por encima... Le escribo para decirle que la próxima vez que venga a Maldonado tenemos que ir hasta allí, al norte de San Carlos... Una con niñez y con autos viejos... Cuando era chico, en el Kennedy, había a una cuadra un taller entre abierto y cerrado por algunas temporadas en el año. El dueño era de Rivera, pero se iba a Montevideo cada tanto y dejaba unos perros enormes atados afuera, contra un portón enorme de chapa gris y con un amigo íbamos y le tirábamos piedra o lo toreábamos con un palo... A unos metros, debajo de unos ligustros, había un auto viejo, abandonado... Tenía los vidrios rotos y dispersos sobre el tapizado del asiento... El interior olía mal, algún borracho se quedaba a dormir ahí, quién sabe... entonces una vez llevé a mi hermana y agarramos un fierros y yo le pegué primero a una parte cualquiera, quizás al baúl. Hice un ruido espantoso y se sintió el silencio que había antes en el barrio... Le di un nuevo fierrazo y no pude parar, me vino como un ataque y cuando me quise acordar vi que a mi lado mi hermana estaba mandando fierrazo abierto por todas partes... Gritábamos o nos reíamos... ¡¡Damián y Andreaaaaaa!!, sentimos a lo lejos... Recién ahí nos dimos cuenta de lo que hacíamos... Si nuestra madre hubiera sabido nos habría dado una paliza... Corrimos hasta la esquina y recibimos un rezongo común y corriente por habernos escapado... Yo tendría 8 ó 9 y mi hermana dos años menos... Me quedo pensando en el estado de posesión... Encuentro en el cuaderno verde donde sigo con la historia una frase de Stefan Zweig, en "Amok": "Las gentes de las aldeas saben que ningún poder de este mundo es capaz de detener al que es presa de esta crisis de sanguinaria locura (...), y cuando lo ven venir, gritan desde lo más lejos que pueden, la siniestra advertencia: '¡Amok!' '¡Amok!', ante lo que todo el mundo huye. Y el poseído, sin ver nada, sin oír nada, prosigue su carrera, y continúa matando..., matando cuanto encuentra..., hasta que lo matan a él como un perro rabioso o hasta que se deja caer, exhausto, babeando espuma..."... ¿Por qué era?... Creo que hay algo de lo que quería hablar... Ese estado de suspensión en el mismo acto de la escritura, esa sensación de arrebatamiento en la que no se ve el papel, ni las letras, ni las manos que traducen en otro tipo de marca gráfica las imágenes que pasan por la mente... No sé cuánto dura, y si se produce más de una vez... Hay un momento en el que se esfuma y uno queda contemplando la página, regresando a la observación del trabajo que hay que llevar delante con cierta vigilancia... Pero uno veía la película o revivía algo de aquello que había presenciado... Y de repente se sale y aparecen todas esas letras ahí enfrente, salidas de no se sabe dónde...

5 comentarios:

Archiduque de Applecore dijo...

Lindo!!! Muy entretenido. Me gustó la reflexión final, pero no me agradan mucho los autos. Mi bici es lo único que me hace falta para investigar todo lugar aún no descubierto.

Abrazo!!!
A.A

Leonardo dijo...

D! Me encantó leer el post, fue como estar ahí de nuevo, fue como sentirme otra vez muy cerca de vos, de nuevo, en el asiento del acompañante del Savoy, rumbo a un destino siempre incierto. Ahora te escribo desde San Cristóbal, en el estado de Táchira, en Venezuela. Estoy fuera del hotel. A 5 metros, 20 personas recitan poesía. Detrás, otros 5 o 6 fuman y bromean. Hace calor y llueve una lluvia tropical, vertical, infinita. Yo estoy encerrado en un vértigo estático. Estoy agotado, esa es la verdad, desde hace un tiempo están pasando muchas cosas demasiado rápido, todas capaces de dar vuelta una vida. Sigo en pie. Hablaré más de esto por correo, pero por ahora me interesa decirte esto. Un gran abrazo, de tu amigo, Leo.

Archiduque de Applecore dijo...

pAAAAAAA!!! Esta versión de "Real Love" del Anthology está potente, loooooooooco!!!!!!!!!!
Jaja, ya leí el texto. Ahora sólo entro para escuchar música.
Abrazo!
A.A

Damián González Bertolino dijo...

Fabián: Gracias por el comentario, pero como te dije anoche: dale una chance a los tutús...
Leonardo: Bueno, ¡uf! Hay una frase hecha inglesa que hasta los Beatles tomaron para hacer una canción, y que nos calza más o menos bien. La frase es "That makes two of us". En la misma, valor... La verdad es que me conmovió muchísimo leer esas palabras. Así, de lo primero que me llegó del exterior mientras desayunaba. Anoche casualmente soñé que vivía en el Kennedy de nuevo y que vos llegabas de visita, pero era todo muy parecido a mi adolescencia, la casa sin reformas, con el fondo amplio y un limonero a punto de caerse. der repente a alguien se le caía, no sé por qué, una toalla en el fondo y se manchaba de barro y la mancha resultó tener la forma del continente americano, pero Sudamérica aparecía dos veces, como montada sobre sí misma. Sólo una cosa más: ¿Te acordás de esto? Va: "Sobre todo porque, sencillamente, yo no podía dejar de hacer que mi vida pasara frente a mí. Hacía años que no tenía una oportunidad tan clara de ver para atrás y no me lo iba a prohibir; habría sido un error muy grande."
Abrazo enorme.

Ignacio dijo...

Es bueno leerte.